30 septiembre, 2012
LA PARADOJA DEL CONOCIMIENTO
23 septiembre, 2012
SERVIR Y TRINCHAR
Tanto si el anfitrión sirve desplazándose alrededor de la mesa (poco habitual), como si demanda los platos, siempre debe servir en el sentido de las agujas del reloj, tradicionalmente comenzando a partir de la mujer que tiene más cerca de sí. Cuando sirva de pie, lo hará por la izquierda de cada comensal y luego retirará los platos por la derecha. Él es siempre el último en servirse. Pero si se opta por hacer circular la fuente en una comida informal, la circulación es a la inversa: de izquierda a derecha, para permitir que todos reciban la comida por su izquierda.
Pero ser un buen anfitrión no sólo se demuestra con la amabilidad y las gentilezas manifiestas en el trato con los invitados. Uno de los trabajos más duros y peligrosos que debe realizar es el de trinchar y trocear las aves o los redondos de ternera. Para hacerlo en la mesa y frente a los comensales, es necesaria una ligera dosis de valor, además de experiencia, un conocimiento moderado de la anatomía del animal a trinchar y fortuna para no salpicar a nadie con la salsa en un descuido. Tampoco hay que olvidar disponer de un pincho fuerte, un cuchillo bien afilado, tijeras de trinchado, espacio suficiente para maniobrar y la fuerza y seguridad que exige la situación. En fin, que trinchar es un arte.
Los pollos, patos y demás aves se separan por sus articulaciones: primero las alas, luego los muslos y finalmente se divide la pechuga con las tijeras. El redondo de ternera se corta en medallones, de un grosor medio, mientras que las paletillas y las piernas de lechal se rebanan en lonchas no muy gruesas, utilizando un corte oblicuo hasta encontrar el hueso.
Pero, para trinchar sin sobresaltos, lo recomendable es hacerlo en la cocina, donde el saberse solo ayuda a evitar esos posibles errores que, de hacerlo frente a los invitados, como en la televisión en directo, serían irremediables. Una vez cortada la comida, nos serviremos de una bandeja para acercarla a la mesa. Y un último detalle de estilo: nunca se deben llevar los platos ya servidos desde la cocina, salvo que se trate de pequeñas cazuelas, que lleguen al comensal en el mismo recipiente en que pasaron por el horno.
16 septiembre, 2012
DE DOS COSAS ME ARREPIENTO
Porque estoy sola, vacía y desorientada. A día de hoy, confieso no tener un proyecto de vida y sí, en cambio, sendas cajitas de Tofranil y Diaceplex en mi mesilla. Y lo que más me revienta y me deprime es pensar que tal vez debí haber aguantado con él. Mis amigas lo hacen, esto de aguantar; dicen que es sencillamente práctico y que en el mercado, a estas alturas, no quedan más que restos y saldos de dudoso provecho; que es complicadísimo encontrar un hombre que no termine por repetir lo mismo que el que tienen en casa lleva haciendo durante años. Vamos, que, visto el panorama, ¿para qué tomarse la molestia de cambiar...? Eso dicen. Mira, que quedo poco con ellas, pero cada vez que sale el tema, y sale casi siempre, me terminan grapando al suelo. O lo hago yo sola, que ya no sé si estoy en una racha mala o si esta depresión la traigo de serie... y, todavía, mi ex tiene razón, cuando dice que llevo la infelicidad en el ADN, porque me crie en ese “oscuro y enfermizo lugar de desencuentros que siempre fue mi familia”. ¿Y si fuera cierto? ¡Pues vaya una mierda! Después de todo, recapitulo y ¿qué tengo? Una hija a cien kilómetros, las amigas, y, bueno, este diario; porque lo que es mi psiquiatra... Ella también está divorciada. Su marido se le fue con otra mucho más joven y, desde aquello, ha cambiado varias veces de pareja, se ha hecho por lo menos los labios y los pómulos, viste como una Barbie, y eso que tendrá mi edad, y me pega que tiene una buena crisis, no sé si de identidad o de qué, pero aún más gorda que la mía.
Total, que veo que no avanzo en ningún sentido. Y que este es el emocionante resumen de mi vida. A lo mejor, lo que nunca tenía que haber hecho es casarme o soñar tanto... ¡yo, que tantas ilusiones me hacía! Pero, si no hubiera soñado siquiera o no hubiese salido de la casa de mis padres, entonces, es que no quiero ni pensarlo... ¿Qué habría sido de mí?
09 septiembre, 2012
AGOSTOS
02 septiembre, 2012
APRENDER A CALLAR
Bien porque nos invaden pensamientos beligerantes, porque sentimos la absurda necesidad de demostrar que tenemos una opinión formada sobre cualquier tema o porque, sencillamente, queremos que se nos escuche, tendemos a hablar más de lo conveniente, como si lo realmente agotador fuera permanecer en silencio. Sin embargo, hablar no siempre reporta consecuencias placenteras y, en ocasiones, el saber callar se revela como una habilidad adaptativa de indudable profundidad y trascendencia, entre otros motivos porque, como decía Jerzy Lec, para hacerse oír, a veces hay que cerrar la boca.
Lo cierto es que aprender a hablar resulta insultantemente sencillo para la mayoría de los mortales, mientras que nos puede llevar lustros aprender a callar, principalmente porque existe la creencia generalizada de que, en el juego dialéctico de la discusión, sabe, vence o convence aquél que pronuncia la última palabra. Lo cual no es sino una soberana tontería: Antes bien, el hecho de callar introduce una acción inteligente que puede desorientar al contrario (a veces basta con que nos reservemos nuestro parecer) y que con frecuencia contribuye a evitar daños innecesarios para uno mismo y, en general, para los contendientes. Manejar adecuadamente los silencios no sólo va a librar de soltar más de una estupidez (a Wim Wenders siempre le llamaba la atención que alguien hablara de cosas de las que entendía) sino que, además, sirve para atajar posibles disputas, desactivando la violencia implícita en el enfrentamiento y otorgando a quien calla una íntima satisfacción, en detrimento de la que perseguía obtener quien le provoca. No sé si, como escribió el historiador Curcio, los ríos más profundos son siempre los más silenciosos, pero no encuentro argumentos para contradecirle. Como sea, para desarrollar la saludable habilidad de callar sólo se requiere una cierta inteligencia ejecutiva, al alcance de todo aquél que, estando convencido de su valor, se entrene adecuadamente.
En lo que más de cerca me toca, con los años y el necesario ejercicio, he aprendido a callar cuando considero que vencer la tentación de seguir hablando favorece mi salud o mis intereses. Por esto, garantizo personalmente los beneficios de un silencio calzado a tiempo; y si lo afirmo es porque presumo de que, al menos esto de cerrar el pico, lo hago bien... O sea, muy bien.
15 julio, 2012
AQUELLA VIEJA PLEGARIA
La condición humana - Magritte08 julio, 2012
VIRTUDES CARDINALES
Decía Rousseau en El contrato social que, en una democracia, las personas han de renunciar a una parte de su voluntad individual para construir una “voluntad general”, en favor de la colectividad. Pues bien, en nuestra democracia representativa, lo que se defiende sobre todas las cosas es el beneficio particular. La ausencia de pactos ante la crisis actual, refleja esa falta de perspectiva en torno al interés común. Así, la crisis no solamente tiene que ver con la economía y la política, también con la ética (el interés común no puede ser ayudar a la Banca y olvidar a los más desprotegidos), y se están cruzando demasiadas líneas rojas en los últimos años, hasta el punto de que peligra seriamente el Estado del Bienestar. Mientras esto sucede, cabe preguntarse: ¿Podemos hacer algo, para que el mundo vaya mejor?
A finales de mayo asistí a una conferencia sobre ética de Victoria Camps, quien hizo una sugestiva reivindicación de aquellas virtudes cardinales (justicia, prudencia, fortaleza y templanza) que el cristianismo sintetizó de las aristotélicas. Habló de la justicia, que busca corregir la desigualdad distribuyendo desigualmente los bienes básicos, como el valor fundamental de la ética, porque nos remite al concepto de solidaridad, y éste al de respeto, al reconocimiento de la dignidad del otro. No en vano, respeto viene de respectare, que significa «volver a mirar».
En el sentido clásico, prudencia significa adaptar la norma general a la situación concreta, algo tan importante en muchos desempeños públicos, desde el momento en que la burocracia parece ciega cuando aplica la norma pero no ve a la persona. Como la Ley no puede ser aplicada a cada quien de la misma manera, hay un margen de discrecionalidad relacionado con la prudencia, es decir: con la búsqueda de una actuación adecuada.
Finalmente, habló de la fortaleza, que quiere decir coraje, valentía para criticar y denunciar... pero también para reconocer; y de la templanza, sinónimo de moderación y comedimiento, del saber dominarse. Pues la ética no es sólo una cuestión de raciocino. Cultivar las virtudes —decía Victoria Camps— tiene que ver con gobernar los propios sentimientos y emociones, al servicio de los valores humanos. Si la ética prescinde de estos valores, no prosperará. Y, sin una ética basada en el compromiso, la felicidad será mucho más cara de conseguir.
En un pasaje de la honrada y conmovedora película de Guédiguian, Las nieves del Kilimanjaro, Michel, un viejo y comprometido luchador, pregunta a su mujer:
—¿Si nos viéramos a nosotros mismos desde nuestra juventud, qué crees que habríamos dicho de lo que ahora, con 50 años, somos?
Y ella, Marie-Claire, le responde con una bella y decorosa clave:
—Habríamos dicho: Se les ve felices. Y para ser así de felices, no han debido hacer sufrir a nadie... y seguro que nunca han sido indiferentes a lo que les pasaba a los demás.
01 julio, 2012
BASTIÁN, LOS PAJARILLOS Y UN NIÑO QUE LLORABA
Detecto una brecha de silencio y, después, las suaves caricias de la brisa; mi respiración relajada, mis sentidos memorizando el lento declive de la tarde, el momento en que agoniza junio, y la idea de que con él se irán estos minutos, irrecuperables... Y no habrá nada que le haga recordar a Bastián que ha estado jugando con su pelota; el niño de lejos no llorará igual, las chicas se volverán a juntar y reirán, sí, pero distintas; los pajarillos trinarán desde a saber qué ramas y solamente el reloj de la iglesia permanecerá impasible, refrendando con sus campanadas el transcurso de un tiempo huidizo y convencional. Y el sol... Este sol es y será también otro, me digo, mientras pienso en Bastián, los pajarillos y el niño que lloraba. Entreabro los ojos. Hay una luz rasante increíblemente dorada, que me invita a sumirme de nuevo en la agradable opacidad de mis párpados. Pero venzo la tentación de hacerlo, dejo la tumbona y entro en la casa; quiero capturar este soplo de tiempo, por insignificante que parezca, deseo que perdure. Así es que cojo un papel, un lapicero; me digo que lo voy a escribir... Y lo escribo.
24 junio, 2012
BURDEOS
Les quais de Bordeaux - SmithQue Burdeos esté catalogada como Patrimonio Mundial por la UNESCO, es motivo suficiente para hacer una escapada de puente, e incluso de finde para quienes la tenemos a tiro de piedra. Porque esta no es una ciudad cualquiera y, de ello, uno se da pronto cuenta, a la vista de sus magníficas construcciones, amplias avenidas y grandes plazas. Plazas como la del Parlament, configurada por edificios nobles y cafés de pobladas terrazas, dispuestas alrededor de una espléndida fuente neo-renacentista, y que se inserta en el animado barrio de Saint-Pierre, del viejo Burdeos, un entretejido de callejas adoquinadas, llenas de coquetos restaurantes para todos los gustos y bolsillos.
Cerca de la Place du Parlament, se halla la de la Comédie y su Gran Teatro, de estilo clásico, provisto de una característica y regia columnata, en cuya fachada superior destacan doce estatuas de musas y diosas que dotan al edificio de una robusta y singular belleza.
Tocante a los templos religiosos, son sugestivas la catedral gótica de Saint André, en cuyo interior veremos un espectacular órgano catedralicio, y la curiosa basílica de Saint Michel, de la que llama la atención su imponente torre en aguja, de 114 metros de altura. A su alrededor, los fines de semana hay un variopinto mercadillo de puces (objetos de ocasión), en el que pequeños anticuarios y chamarileros, venden todo tipo de objetos de decoración, utensilios y cachivaches.
Por lo demás, el comercio de Burdeos es sorprendente por su alto nivel. Para apreciarlo, basta con recorrer los vistosos escaparates de las boutiques del centro histórico, de las mejores marcas. La calle comercial por excelencia es la rue Sainte-Cathérine, en la que hay de todo, incluidas tiendas de baratillo, según nos acercamos a otra de las grandes plazas de la ciudad: la Place de la Concorde.
Un más que agradable paseo es el de la ribera del poderoso Garona, parando en la place de la Bourse, de bellísima factura, con su fuente de las Tres Gracias, junto al celebrado Espejo de Agua. Tras ella, vadearemos la vasta explanada de Quinconces y su monumento a los girondinos (¡majestuoso!), para llegar hasta el barrio de Chartrons, de mansiones, bodegas y almacenes que dan buena muestra del dinamismo económico de la ciudad. Antiguamente en él vivían los armadores y negociantes de vino, y en sus muelles se puede disfrutar un mercado dominical al que muchos bordeleses acuden para degustar ostras y vino blanco.
Y una última observación, ya gastronómica: La oferta alimentaria de toda la región de Aquitania es fenomenal, destacando sus excelentes y archiconocidos vinos, el fuagrás y la repostería. Un dulce típico de Burdeos es el cannelé y los más populares son los de Baillardran, que se pueden adquirir en diferentes puntos de la ciudad y que, doy fe, están bien ricos.
17 junio, 2012
EL ARTE DE AMAR - Fromm
10 junio, 2012
QUE ASÍ SEA
Dejo el pincel, miro mis manos, las cápsulas de una paleta imaginaria, y me pregunto, al cabo, qué hago. Qué, sino bosquejar imágenes, llevado por la corriente de la memoria hasta el último recodo del camino; qué, sino recalar en los horizontes que descubrimos, en los senderos trillados y en las habitaciones en que me revelé tu amante... Te miro detenidamente, más allá de este pliego, y trazo estelas que avalen cada pasaje vivido, los vagabundeos por el pavés de las calles viejas, aquellas travesías entre los verdes viñedos y sus amapolas y rosales, el apego de mi cuello a la tibia ternura que desprenden tus manos cuando lo rodean. Qué hago, me digo, y qué puedo hacer, sino combinar para ti una nueva textura de fragmentos perdurados, que repare la distancia desde el recuerdo de cada día compartido...
No te extrañe, pues, que piense en ti, y que piense en la historia de este amor, que es un amor nacido de viejas devociones y erigido con exploraciones recíprocas. Un amor que se sustancia en el anhelo de aprender y crecer juntos, de compartir la pincelada intelectual y el sondeo sensorial, de retratarnos el uno ante el otro desde la desnudez confesada, desde el placer de la permanente sorpresa que nos regala el simple hecho de estar vivos.
Y, ahora que pienso en ti y en el amor, recuerdo una de aquellas últimas noches: Yo inventaba una caligrafía recorriendo tu espalda, los flancos desnudos del instante, esas últimas terminaciones nerviosas que aletean rezagadas antes del sueño. Entonces te volviste para estrecharme sin urgencia, relegando tu amazónica idea de festejar el amor con una renovada conquista. Te besé en la frente y supe que era el momento elíptico del abrazo entero, del latido acompasado de los cuerpos, el musgo contra el musgo, la entrega al silencio en el sagrado anonimato de la noche... Permanecimos así unos minutos y, antes de musitarte que descanses, recordé a Kundera: aquello de que el amor no se manifiesta en la ambición de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien... Y, complacido en la belleza del sentimiento, cerré los ojos, como orando al cielo, y pensé: Así es... y que así sea.
03 junio, 2012
RESOLUCIONES
Así es que no podían faltarme listas en materia de propósitos: esas buenas intenciones que uno busca sustanciar cada vez que inicia el año o un nuevo ciclo vital. Como tengo vencido al tabaco y me saneo regularmente en el gimnasio, lo que hago es endilgarme una veintena de posibles que, en una tabla y con método, reviso mes a mes. Total que, en esa miscelánea de objetivos que listé el último diciembre, recojo un poco de todo: Desde mi intención de cocinar nuevos platos, hasta la de revisar mis contratos y seguros (y cambiar de compañía, ante el mínimo abuso tarifario), pasando por eliminar plásticos y polietilenos de mi vida, verdecer los consabidos planes solidarios o mejorar mi asistencia a las salas de cine, en caída libre desde hace años, muy a mi pesar. Pues bien, llevo mis registros con resultados aceptables, salvo precisamente en esta última cuestión. Hago arqueo de mayo y vuelvo a anotar en rojo lo de ir al cine. La razón: que me supera cohabitar la sala con decenas de personas que aterrizan en ella de merendola. A fuer de ser claro, no puedo con el hábito de apalancarse con las palomitas, los frutos secos y el medio litro de cola ante la gran pantalla, como si en pantuflas y ante la tele de la propia casa. ¿No ven estos incontinentes glotones que, al manipular sus envoltorios, al masticar y al sorber, molestan; que sus emanaciones invaden desagradablemente las narices de quienes sólo buscan disfrutar de una película? Pues bien, amo el cine, pero repruebo la suerte de merenderos que son las salas de proyección. Consecuencia: voy poco y, lo poco, en la France, donde las taquillas tienen largas colas (la cultura en Francia es un valor social; basta con entrar en una librería o acercarse a una exposición para comprobarlo) y donde la escena de alguien abriendo una bolsa con maíces tostados en medio de una peli es inimaginable. Los franchutes tendrán cosas que sí y otras que no tanto, pero en materia de cine, sea por las buenas películas que hacen, por su hábito de ir a verlas o por el civismo que exhiben durante las proyecciones, nos dan sopas con honda. Las mismas que, por lo visto, les damos nosotros a ellos en el deporte de competición; algo que me trae al pairo, y mucho más a tres telediarios de que estalle la burbuja futbolera y viendo cómo se toleran las evasiones de impuestos de buena parte de los que dan patadas al balón, sacuden la raqueta o se suben a un Fórmula-1. ¡Qué país este, mon Dieu!
Como sea, repaso con método mis resoluciones y veo que no conseguiré cubrir mi objetivo para este año en lo que concierne a ir al cine... Salvo que pida asilo cultural al otro lado de la muga y me haga ciudadano francés, como Montaigne o Voltaire. Eso sí: si pudiera ser, a condición de que me permitan seguir viviendo por aquí, en este desorientado, consumido y contradictorio país.










