29 enero, 2012

REPROCHES

Dayer - Expectations of dreams

La erosión es un principio físico, en virtud del cual se explica el proceso de desgaste de los cuerpos ocasionado mayormente por el rozamiento. Una definición cogida con pinzas, desde la que el concepto se puede fácilmente extrapolar al ámbito de las relaciones humanas. Pues bien, pocas cosas erosionan más intensamente la convivencia que los reproches, esas respuestas nacidas de la frustración que aparecen con frecuencia en los periodos de desencanto. Aunque sea un cliché, pensemos en la mujer que, habiendo puesto mucho de sí en una relación, no ve compensados sus esfuerzos y recrimina a su pareja una gran falta de sensibilidad, de atenciones y detalles, sus constantes olvidos.
El reproche surge de la no-aceptación del ser amado tal y como es, de la decepción que encarna la otra persona cuando no cubre las expectativas que con ella nos habíamos creado. Entonces empezamos por afear su conducta, luego recriminamos su actitud, finalmente su forma de ser, y así el reproche se convierte en un arma arrojadiza, que acrecienta la situación de crisis y degrada la relación hasta hacerla a veces insostenible.
Personalmente, pienso que hay un ámbito de respeto casi sagrado, cuyos límites no deberían ser de ningún modo sobrepasados. Es preciso abordar las diferencias sin denostar la forma de ser, los posibles defectos, las capacidades del otro; sin meter el dedo en la llaga de sus contradicciones y pequeñas miserias. No tiene mérito ni sentido ensañarse con alguien, y mucho menos si le queremos. Porque quererle supone respetarle ante, con, desde, para y por lo que es. Y todavía más: a pesar de lo que es. Sabiamente decía Theodor W. Adorno que «sólo con quien te ama puedes mostrarte débil sin provocar una reacción de fuerza». Porque el amor deja de ser amor cuando la violencia se impone sobre el diálogo y el respeto.
Por lo mismo, la ironía no aporta nada positivo; ni la imitación ni la ridiculización. Trivializar las opiniones del otro, mofarse de sus inquietudes, sus temores o su vida íntima, toda esa pirotecnia verbal y gestual sólo genera dolor en primera instancia, después frustración y rencor, finalmente desamor. Y cabría preguntarse si la humillación o el insulto nos hacen grandes frente a alguien o, por el contrario, nos envilecen, al ser nuestros más mezquinos recursos.
En fin, una relación tramada con actitudes positivas que la nutran y doten de consistencia para sobrellevar los avatares del tiempo, ayudará a crecer a las personas en ella involucradas. De igual forma, los malos modos la van a magullar y corromper. Si evitamos los reproches, estaremos mimando y preservando de un modo efectivo nuestros afectos más cercanos, algo esencial en el desarrollo personal de esas destrezas adaptativas que tanto nos ayudan a vivir en armonía con quienes nos quieren y rodean.

22 enero, 2012

LOS ESTRATOS HORIZONTALES

Le coquelicot - Van Dongen

Oye, ¿tú has leído El túnel...? El de Sábato. ¿No? Bueno, es igual. El caso es que ahí habla de los estratos horizontales y tiene que ver con lo que te voy a contar. Esos estratos son como sociales; están formados por gente que tiene aficiones semejantes y donde no es raro que se produzcan encuentros casuales, y menos raro cuanto más minoritario sea el asunto que les junta. Pon que te va el rollo de la esgrima; bien, pues no será extraño que coincidas siempre con la misma peña, cada vez que hay un evento en la ciudad, porque la esgrima les gusta a cuatro chalados. ¿Me sigues? Vale. La cosa es que vi a una tía en el Principal, cuando estrenaron El cavernícola, ese monólogo de Becker tan bueno. Pues en la fila de delante, la mujer más bella que he visto en mi vida. Ni te imaginas. Sonríes... Pero no exagero un pelo. Fíjate que casi ni veo el teatro, de las ganas que tenía de mirarle, de tocarle el pelo, de... no sé; y eso que la obra era de troncharse de risa, pero no podía concentrarme. Así todo el tiempo, como ofuscado, ¿sabes? Total que, acaba la función y justo cuando encienden las luces, de repente ella se levanta la primera, avanza por delante de la gente de su fila... y veo que se ha dejado un fular en su asiento. ¡Joder, ésta es la mía! Lo cojo a toda prisa, voy a gritarle: “¡Eh...!” Pero ya es tarde para distinguirla entre el tropel que avanza por el pasillo hacia la calle. ¿Por qué te ríes? Va, para; no me cortes. En fin, la busqué, la reconocería entre un millón, y nada. Sin embargo, decidí que la volvería a ver, como fuera, y que aquel fular iba a ser la excusa perfecta. ¡El fular! ¡Si hasta duermo con él...! A veces lo huelo para llenarme del resto de perfume que aún guarda, me imagino oliendo su cuello... Así que, sin saber cómo, me acordé de la teoría de los estratos de Sábato y elaboré un plan. No sé de qué leches te ríes. Te hace gracia lo de los estratos, ¿eh? Pues bueno, que no te pase a ti; que, lo que es, yo no vivo. Entonces pensé que, si le gustaba el teatro y el teatro era eso, un estrato, volvería a la siguiente representación o a la siguiente... o a la siguiente. Lógico, ¿no? ¡Qué gilipollas eres!; no sé por qué te cuento esto. Para que te rías. ¿Te burlas de mí...? En fin, paso. Total que, desde que quitaron El cavernícola, me sigo acercando al Principal al comienzo de cada función. Cuando hay doble, antes de las ocho merodeo la puerta, con la esperanza de verla entrar; luego, mato el tiempo tomando una cerveza y vuelvo a las diez de la noche. Viernes, sábados y domingos. Así llevo dos meses, convencido de que daré con ella. Porque después de todo esta ciudad no es tan grande, ¿no crees? Aunque a veces me desmoralizo, de tanto rular por los alrededores del teatro en balde. Pero es que, si no, ¿qué puedo hacer? Si al menos conociese otro de sus estratos y... ¿Me quieres decir de qué coño te estás riendo, todo el tiempo? ¡Joder, qué tío insensible de las narices! Estoy enamorado, loco, y tú te partes de risa como un gilipollas. No has parado de hacerlo. ¿Y se supone que eres un colega? ¡Un colega, ja!; ahora me río yo de ti. Mira, ¿sabes...? Veo que eres incapaz de ponerte en mi lugar, que te interesa un pimiento lo que te cuento, así es que se acabó, hombre: ¡Que te den! Me piro. ¡Vete a la mierda!

15 enero, 2012

PROCRASTINAR

Ciclo - Matta

Pocas cosas son tan universales como el propósito de pulir alguno de nuestros hábitos menos saludables, siempre que estrenamos un nuevo año. Buscamos rehacernos siquiera un tanto, como lo más natural, presentándonos al examen de mejora en su convocatoria de cada enero. Conque, dadas las fechas corrientes, en éstas nos andamos algunos, sabedores de que, no bien transcurrido medio mes, otros ya habrán tomado la decisión de procrastinar sus intentos. Sí, de procrastinar; eso que parece una cosa bien perversa, sólo de lo mal que suena, y que, empero, es un verbo tan latino como inaudito; una acción traducible en inacción, que significa posponer, diferir, aplazar. Y algo que, por cierto, puede llegar a ser enfermizo, según cuánto uno lo haga y cómo lo viva o se lo cuente a su psicólogo de cabecera. Palabra de tal.
O sea que saco lo de procrastinar las buenas intenciones de año nuevo, pero también porque observo que, en los días de recoger las zarandajas fiesteras, hay gente que posterga hasta lo más peregrino y eso me llama la atención. El otro día, por caso, estuve en el piso de un amigo (íbamos al cine) y acredité que aún tenía sin retirar algún que otro derrelicto navideño: el árbol chino de incierto plástico y unos cuantos muérdagos por ahí colgando. Ya; lo tengo que subir al camarote, se excusa calzándose los zapatos. Y su mujer me apunta con sorna: El año pasado hizo récord y tuvimos arbolito hasta casi febrero... En fin, aquello del no dejes para mañana, lo que puedas hacer pasado mañana, que dicen que dijo Wilde. Luego, volviendo de la peli, crucé media ciudad y anoté, a día 11, hasta cinco olentzeros y papanoeles trepando aún miradores y balcones. Me pregunto qué extraño desprecio al prójimo impide a sus propietarios quitarlos de en medio, una vez liquidada la locura de los regalos. Semejante indolencia, les pinta de cuerpo entero... Pero, en fin, como yo también quiero ser algo mejor este año, me voy a limitar a animar a todos estos flojos de la resaca navideña a que obren como mi vecino y amigo Agustín, quien cada 7 de enero sale a tientas de su piso con un pedazo de árbol artificial erecto (cargado de bolas bailonas, espumillón y cables con lucecitas colgando), y lo conduce pegado al pecho, torcido de caer, la visibilidad nula, haciendo equilibrios escaleras arriba hacia el trastero. Y, tal y como fatigosamente en él lo aparca, prometo que así volverá a su casa en el siguiente Adviento. Práctico como él solo, también es todo un ejemplo; porque Agus no procrastina como otros, no... Y, tan digno y donoso, cuando sube o baja el pino, de verdad, es cosa de verle.

08 enero, 2012

AFORISMOS DEL SILENCIO

Edad de oro - Vaszary

VANITY
No solemos elogiar a quien nos habla, por lo que dice,
sino al que calla, porque nos escucha.

PARLAMENTO
Los silencios son a veces
las partes más provechosas de una conversación,
y sin embargo nos parecen las menos necesarias.

INTERPRETAR
Nunca se explica mejor el amor
que cuando lo hace en silencio.

EMANACIONES
Como el vaho que exhalas en invierno,
la verdad de las cosas se evapora
cuando abandona el calor de tu intimidad y la muestras al mundo,
disfrazada de inútiles palabras.

SUTILEZA
La lucidez es un fruto que madura en el fértil erial del silencio.

31 diciembre, 2011

EL NUEVO FLAUTISTA DE HAMELIN

Tenor - Basquiat

Termina el año; un año que pasará sin ninguna duda a los anales de nuestra Historia, la de los occidentales pulcros y acomodados. Un año que ha desenmascarado al nuevo flautista de Hamelin que regresó para mofarse de nuestra ingenuidad de nuevos ricos atrincherados. Lejos de llevarse a las ratas al río, vino con la lección aprendida de aquel entonces que cuenta la fábula, y nos ha arrastrado al precipicio para placer de, precisamente, varios millares de despreciables roedores que, a nuestra costa, engordan su opulencia. ¡Qué triste reconocerse, una vez más, en esta Europa desmembrada! Repensarla y rehacerla es una tarea enormemente compleja y ni la política secuestrada de nuestros dirigentes ni la economía con sus incomprensibles vaivenes, su extranjera terminología y sus violentas urgencias, han sido capaces de amalgamar a un viejo continente que forman cien pueblos, y cuya historia se ha escrito con la sangre de las guerras y desavenencias de sus países. Construir Europa, ahora lo vemos bien, era mucho más que dotarla de un lejano Parlamento y una moneda común. Y confieso que, dentro de ese proceso de construcción y asentamiento, me sentí, en este orden, ilusionado, desencantado y finalmente sangrado por su cámara de petimetres. Pero, ¿quién se cree que es esta gente, tan capaz de saltarse los derechos de las democracias europeas, como de provocar nuestra estupefacción rogando a los países emergentes que inviertan en una economía ultra-liberalizada que no han querido controlar? ¿Cabe mayor despropósito que pedir a India, Brasil, Rusia, la misma China, que nos ayuden? Viendo sus desesperadas actuaciones, uno comprueba con mal café que esto se nos ha ido de las manos y que estamos asistiendo no a una época de cambio, sino más bien a un cambio de época... de consecuencias imprevisibles.
Pese a todo, tal vez sea necesario que toquemos fondo de una vez por todas, para rebotar y salir a la superficie. La tercera ley de Newton y la Historia avalan que esto será así, como siempre ha sucedido. De modo que tal vez se trate de que encuentren fuerzas y ayudas para aguantar un poco más quienes están mal, y de intentar ser más sensibles y solidarios con ellos quienes por suerte aún nos mantenemos en pie... Amén.

Conque 2011 se esfuma por siempre jamás. Repaso lo escrito en este cuaderno de bitácora y compruebo que su contenido ha sido este año más social, más político. Pienso que no podía ser de otra manera, no únicamente por lo difícil que es sustraerse a los efectos de una realidad tan cruda y envolvente, sino porque tampoco es deseable hacerlo. Y uno, desde luego, no va a escabullirse, por más poesía con la que quiera aliñar lo cotidiano. Esta locura de mundo que habitamos, continúa siendo un torbellino en permanente cambio, con sus enmarañadas e incomprensibles relaciones, con sus endémicas enfermedades, sus brechas y cicatrices mal cauterizadas, sus sangrantes olvidos (África), bajo el gobierno cruento de los mercaderes... En fin, conque termina el año, que decía antes, y podría resumir algo de todo lo que se me agolpa en la cabeza anotando palabras como zozobra, vértigo e incertidumbre, pero también solidaridad y esperanza, dos voces marcadas a fuego desde tiempos inmemoriales en el corazón del ser humano. No puedo evitar verlo y contarlo así, con la sensación de que la cosa se aguanta todavía, aunque sea con las benditas pinzas de un buen montón de gente que, pese a todo y todos, sigue pensando y obrando de buena fe... Y si, al final de todo, nos sigue quedando amor, que es lo que fervientemente creo, pues dejémonos de pamplinas y démoslo a quienes lo necesitan. De corazón, que sí. Y punto.

23 diciembre, 2011

POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS - Donne

Cúpulas - Klee

«Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra. Si el mar se lleva una porción de ésta, toda Europa queda disminuida, como si se tratara de un promontorio o de la casa de uno de tus amigos o de la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad. Por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.»


«
Inor ez da irla bere osotasunean. Gizaki bakoitza kontinente puska bat da, lurraren zati bat. Itsasoak lur-atal bat eramaten badu, Europa osoa txikitzen da, lurmuturra bailitzan, edo zure lagun baten etxea, edo zeurea. Edonoren heriotzak gutxiagotu egiten nau, gizateriari lotua nagoelako. Beraz, ez galdarazi inoiz norengatik ari diren hil-kanpaiak. Zugatik ari dira.»

«Nul homme n’est une île, complète en soi-même; chaque homme est un morceau du continent, une part de l’ensemble; si un bout de terre est emporté par la mer, l’Europe en est amoindrie, comme si un promontoire l’était, comme si le manoir de tes amis ou le tien l’était. La mort de chaque homme me diminue, car je suis impliqué dans l’humanité. N'envoie donc jamais demander pour qui la cloche sonne: elle sonne pour toi.»

«No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main. If a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend's or of thine own were: any man's death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.»

Meditación XVII de Devotions Upon Emergent Occasions. John Donne (1624).

18 diciembre, 2011

PONER LA MESA

Peras y uvas - Gris

¿Para qué se usan ciertos cubiertos, qué vinos son aconsejables con determinados alimentos, por qué lado se sirve la comida? Como éstas y otras dudas más engorrosas se nos pueden presentar a cualquiera, daremos modesta cuenta de lo que son las buenas maneras, de un modo simple y práctico, por si a alguien le pudieran ayudar a salir airoso de algún brete. Así, pues, ¿qué tal comenzar preparando el escenario para una cena?
Raramente en el entorno familiar se presta importancia al aspecto estético y protocolario de la mesa. Sin embargo, cuando se nos presentan invitados siempre es agradable sorprenderles con una buena presencia, que garantice igualmente la comodidad. Para ello es preferible seguir ciertas normas. En términos generales, el anfitrión ha de garantizar que el espacio sea agradable y no esté sobrecargado de elementos decorativos, que la iluminación se halle a una altura media y no moleste a los comensales, y que la disposición de las sillas evite las fastidiosas patas de la mesa. Todo estará dispuesto de modo los invitados se vean bien, a la hora de conversar.
Una vez seleccionada la mantelería (tela o hilo), colocamos los platos, a cuya izquierda se disponen las servilletas. En algunos casos, según lo formal que sea la comida, se suelen colocar platitos para el pan (de plata, alpaca, porcelana), a la izquierda superior del plato. Igualmente, debajo de los platos a utilizar, se puede colocar un plato base (también llamado bajo-plato o de respeto), que no se usa para comer y que se retira antes de servir los postres.
Reconocer los cubiertos y las copas permite no equivocarse en los manejos, cuando uno es invitado. La disposición de la cubertería, la vajilla y la cristalería es importante. Los cubiertos se disponen teniendo en cuenta que los más alejados del plato son los primeros a utilizar. Los tenedores se colocan a la izquierda del plato y los cuchillos y las cucharas a la derecha. Fundamental: los cuchillos siempre con el filo hacia el plato. En la parte superior de éste se colocan los cubiertos para postre o fruta. Esta forma de disponer la cubertería, que es la europea, se llama continental.
En cuanto a las copas, lo más normal es situarlas un poco escoradas a la derecha superior del plato, en línea de mayor a menor y de izquierda a derecha... Aunque su adecuada ubicación no siempre asegura que sepamos para qué es cada una de ellas. Hasta hace unos años era de rigor que la copa del agua fuera la más grande, pero hoy ya se ve a mucha gente que prefiere servir los vinos tintos de calidad en las copas más hermosas, que, según los expertos, permiten la evaporación de aromas sin dificultad. Como es bien sabido, para el vino blanco, y también para el cava y el champán, se suelen usar copas alargadas de cuello estrecho y tallo largo que permite cogerlas sin calentar el vino con la mano. Por cierto, las copas nunca han de llenarse hasta el borde, en especial las de cava o champán.
Y, en fin, esto es lo básico... pero también lo suficiente, a la hora de dar un toque de distinción a la cena que ofrezcamos a nuestras amistades.

11 diciembre, 2011

ALEJANDRA

Mujer con vestido azul - Modigliani

Academia Richemont de Vannes, Bretaña. Ha comenzado la clase y Alejandra, la profesora de español, pregunta a Martine si ya tiene elegida la canción sobre la que un día trabajarán en el grupo. Martine asiente y comenta que hace años, durante unas vacaciones en Cadaqués, escuchó Mediterráneo y le había gustado aún sin entenderla. Se la ha descargado de la red, para el ejercicio, y precisamente la tiene en su pendrive. Buena elección, dice Alejandra. Cuando localice la letra, repartirá fotocopias para, entre todos, comprender y apreciar la poesía que entreteje el texto... Sin embargo, no va a esperar: Decide pedirle la canción a Martine y ponerla en ese mismo momento, con la intención de que su variopinto y adulto alumnado se vaya familiarizando al menos con la melodía. Así que introduce el dispositivo en su portátil y, a través de los altavoces, el tema de Serrat comienza a sonar en el aula. Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa, y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya...
Ya desde los primeros acordes, Alejandra siente su pecho invadido por una repentina emoción. Se le eriza el vello, parece estrechársele la garganta, respira hondamente... y un par de lágrimas comienzan a resbalar por sus mejillas. Durante los tres minutos y medio de Mediterráneo, en la mente de Alejandra se proyectan mil imágenes. De la mano de su memoria emocional, pasado y presente se intercalan, se funden: aquellas lejanas vacaciones bretonas, cuando conoció a Jean-Marc, el amor y los viajes, su trabajo como profesora, dos hijos, las distancias y las crisis, la añoranza, cuarenta y uno recién cumplidos, no esta mal, resume para sí. La vida... Nada existe más irrecuperable que el pasado, nada está más lejos; ni siquiera esos mil doscientos noventa y tres kilómetros que la separan de su madre y hermanas, de sus amigas, de su ciudad, de su niñez y su juventud...
Termina la canción y, saliendo de sí, Alejandra sonríe levemente azorada, pide tontamente perdón, explica en francés que no sabe bien qué le ha pasado, que la canción le ha debido pillar floja... Y se encoge de hombros suscitando una cariñosa compasión en el grupo, que sonríe con ella. Se enjuga el surco de una lágrima rezagada con un pañuelo de papel y no puede por menos que reír abiertamente delante de la clase, cuando uno de sus alumnos le jalea: Courage, la belle!, aunando la simpatía del grupo. Merci, Joël. Buena gente, se dice con un punto de entrañable satisfacción, mientras retoma el libro de texto. Y, abriendo la página en la lección cuarta, cuyo centro de interés es el pretérito indefinido, recuerda aquella frase de Aurore Dupin que hace ya un siglo anotó en su viejo diario: Dios ha puesto tan cerca el placer tan cerca del dolor que, muchas veces lloramos de alegría.

04 diciembre, 2011

MIGRACIONES

La jungla - Lam

Pronto cerraremos un año en el que apenas ha llegado a nuestras costas una decena de pateras y poca más gente por tierra y aire. Ahora la noticia es que no vienen, que no es buen momento; como tampoco lo es para quienes, una vez aquí, quieren quedarse entre nosotros y se resisten, como pueden, a regresar. El caso es que, de estos últimos, se habla mucho. Se habla de la amenaza que parece representar esa diversidad calidoscópica que han generado y de lo incómoda que resulta su presencia, porque a los de aquí de-toda-la-vida ha empezado a sobrarnos tanta más identidad... cuanto más nos está faltando trabajo. Sin embargo, cuidado: que los diversos no son únicamente los extranjeros; que la diversidad está en nosotros mismos, como lo está la multiculturalidad, porque si algo somos todos es mestizos, híbridos que tenemos en común lo humano, el irrefutable hecho de serlo.
Me viene la cifra del más de millón y medio de españoles que vive allende nuestras fronteras, y el dato de que la inmensa mayoría de ellos no marcharon precisamente de vacaciones. Algo que deberíamos considerar, antes de blandir juicios de valor sobre lo que los inmigrantes son y hacen en nuestro país. ¡Nuestro país, qué tristeza me producen algunas de sus voces! Llevo años escuchando críticas superficiales, baratas, demagógicas; descubro aquí mi cansancio... Como confieso mi vergüenza por los saqueos que perpetramos durante siglos, por la amnesia que sufrimos respecto a nuestros propios emigrados, por el trato despectivo que damos a todos estos extranjeros “de tercera”. Y no me explico, por más crisis que haya, esa tendencia a dirigir diatribas contra las ayudas que reciben los más desfavorecidos, en un país en el que defraudar a Hacienda tiene la categoría de deporte nacional. Gracias a los fulleros fiscales, que son decenas de millares, los hospitales presentan notables carencias, las carreteras baches peligrosos y el sistema educativo de nuestros hijos cojea, falto de recursos, mientras sus abuelos no tienen todo el confort que se merecen ni unas ayudas más justas quienes les cuidan. Eso por poner cuatro ejemplos. Y lo que quiero resaltar, por comparación con algunas airadas críticas que se vierten sobre la gestión de la asistencia social, es que no leo comentarios airados en los foros de Internet, en las redes sociales o en los periódicos, contra los defraudadores de Hacienda, que tampoco son blanco de tertulias radiofónica alguna ni objeto de las iras en las conversaciones de la calle. Solo tímidamente algunos hablan de una reforma fiscal... Pero yo no veo que se persiga a los estafadores, pese a que su habilidad suponga el menoscabo de miles de millones de euros para el erario público, necesitado de invertir en sostener nuestra calidad de vida y, sobre todo, en mejorar la de las personas más necesitadas.
En fin, terminando con la cuestión migrante, a veces me pregunto qué será de los nuestros, cuando nuevamente se vean obligados a salir de la vieja Europa; y, llegado ese momento, también me pregunto cómo serán recibidos por los habitantes de otras tierras. Sí, porque entonces será a los nuestros a quienes les tocará marcharse, no me cabe duda. Y si lo afirmo es porque estoy convencido de que no está lejos el día en que nuestro irracional modo de producir, consumir y endeudarnos, unido al agotamiento de los recursos naturales de una buena parte del planeta, haga que generaciones venideras de europeos terminen emigrando a los inmensos lugares vírgenes de la rica e inmensa África, sí, de África: donde todo o casi todo está aún por hacer.

27 noviembre, 2011

HISTORIAS DEL SEÑOR KEUNER - Brecht

Desnudos en el bosque - Léger

El señor K. contemplaba un día una pintura que representaba ciertos objetos bastante caprichosamente.
—A algunos pintores —dijo— les ocurre lo mismo que a muchos filósofos cuando contemplan el mundo. Tanto se preocupan por la forma que se olvidan de la sustancia. En cierta ocasión, un jardinero con el que trabajaba me dio una podadora, con el encargo de que recortase un arbusto de laurel. El arbusto estaba plantado en un macetón y se empleaba en las fiestas como elemento decorativo. Había que darle forma esférica. Comencé por podar las ramas más largas, pero por más que me esforzaba en darle la forma apetecida, no conseguía ni siquiera aproximarme. Una vez me excedía en los cortes por un lado; otra vez, por el lado opuesto. Cuando por fin obtuve una esfera, resultó demasiado pequeña. El jardinero me comentó decepcionado: «Muy bien, la esfera ya la veo; pero, ¿dónde está el laurel?».

20 noviembre, 2011

TE ESPERO

Esplendor de otoño - Manzañido

Discurren, cortos y quebradizos, estos días de un noviembre terciado y, secretamente, te espero. Sí, te espero... Te espero como aguardando al alba, tras una noche prolongada; como al claro de luz, que se abre paso entre las nubes de una temperie tormentosa. Miro a ratos cómo el cielo deshoja sus lágrimas otoñales y siento el corazón rociado de serena expectación, mientras te espero. Y lo hago calladamente, recogido en mi otoño de hojarascas, entre los argumentos cotidianos que amenizan un nuevo ciclo de grises y ocres partituras, y despertando a esa vida que cada ochenta y seis mil cuatrocientos segundos rebrota inexplicable a mi alrededor. Y en las calles vacías de la tarde, de aire melancólico y terrazas recogidas, en los parques acolchados de hojas sin barrer, bajo una marquesina que me resguarda de la lluvia y el viento, ahí también te espero... Como te espero rodeado de mis sencillos tesoros de papel y vinilo, leyendo un libro bajo la lámpara de mi estudio o pasando a limpio estas notas, aparentemente abstraído, mientras disfraza el silencio de la noche alguna canción del viejo Voulzy. Como sea, dondequiera que me encuentre, te espero...
Y mientras te espero sé que, cuando hasta aquí te acerques, sonreiré viéndote llegar, te tenderé mis brazos, el pecho franco para atraerte contra mí. Y te ceñiré con delicadeza la cintura y caminaremos enlazados; te preguntaré un par de cosas intrascendentes y me dejaré acunar en tu mirada cada vez que me respondas. Parecerá que no ha transcurrido un solo día, desde la última vez... y me sabrás como siempre me sabes: concernido por la vida que vivo y por la que, sin exactamente vivir, me rodea. Y entonces te daré breve cuenta de ella y compartiré contigo esos espacios que, sin buscarlo, he ido creando: lo habitual en mis tanteos diarios y lo íntimamente necesario, lo que me ocupa y además involucra. Acaso llueva cuando aparezcas, y nos veamos corriendo, buscando guarecernos en cualquier café; o quizá el paseo sea tranquilo y se remanse en lo abierto de la ciudad, entre árboles pelados y bajo un cielo casi invernal pero amable, de seda rosa y pálida. Como quiera que entonces sea, te mostraré una vez más los refugios en que me abrigo, mis lugares penúltimos... y tú sonreirás, sin reprocharme que una vez más me repita. Y en algún momento, entonces, me volveré hacia ti y te robaré delicadamente el aliento, comulgando de tus labios una sonrisa y de tu mirada un cómplice silencio...

Y quizá, también, finalmente te hable de estos merodeos literarios que en algunas de mis noches te rondan, mientras paciente te espero, y termine confesándote mi obsesión por llegarte, por encontrar, cuando en ti pienso y para ti escribo, una palabra más radiante que radiante, más hermosa que hermosa... Después de todo, y si existiera, también para mí una palabra que sea más feliz que feliz.

13 noviembre, 2011

ROMPER INERCIAS

País - Xul Solar

Resulta que se nos echan encima las elecciones generales, mientras liquidan nuestros candidatos otra anodina campaña, desplegada ante un pueblo maltratado por el desempleo y las medidas anti-crisis, y necesitado de ver cambios reales y efectivos, lejos del deprimente espectáculo de los reproches y las propuestas oportunistas. Uno termina por concluir que llueve sobre mojado.
Pero que no se confíen, sin embargo, en que como electores nos conformaremos con el dudoso privilegio de votar con una ley electoral nada justa y dentro de un sistema de listas cerradas
que no responde a una democracia interna real. No, eso ya no vale; como no valen las viejas artes de prestidigitación, nuevamente exhibidas en esta última cruzada por el voto que padecemos, porque no son sino variaciones sobre un mismo y agotado tema. Como dicen los franceses, on connaît la chanson.
Huelga recordar a estas alturas que la soberanía de un pueblo democrático reside en su parlamento y que es ejercida por aquellos en quienes la ciudadanía deposita su confianza para que gobiernen. Sin embargo, gobernantes y partidos no parecen representar tanto a sus electores como a quienes les financian, sean la Banca, las Corporaciones o ese etéreo Mercado, tripulado por un omnipotente puñado de gestores de fondos de inversión que fomenta y encauza la crisis, en beneficio de los sectores más ricos. Hemos llegado a un punto en que no resulta disparatado afirmar que no gobiernan los políticos sino los financieros y que estos han provocado una especie de suspensión cautelar de la democracia, a la que, cada día más desesperados y perplejos, venimos asistiendo. Pero, mientras nuestros dirigentes parecen secuestrados, incapaces de ponerse de acuerdo para acotar el despotismo de los grandes especuladores, muchos nos preguntamos: ¿es que sólo cabe resignarse?

Personalmente, por más que no ponga cara a quienes operan en el cruento escenario de la usura globalizada y no esté a mi alcance coger de la pechera a un petimetre de esas impresentables Moody’s o Fitch o a un
broker de Goldman Sach, para pedirles cuentas por su inmoralidad y sus desmanes, tampoco puedo cruzarme de brazos. La crisis será general, de acuerdo, pero aquí y ahora, en estas elecciones, nos volvemos a jugar lo más cercano, lo nuestro, y ésta es una nueva oportunidad de poner en su sitio y exigir responsabilidades a quienes tendrían que, efectivamente, representarnos. Alguien escribió en una pancarta de la Puerta del Sol que ya no es tanto una cuestión de la izquierda contra la derecha, sino de los de abajo contra los de arriba. En parte, lo suscribo. Sin embargo, también es cierto que es hora de romper inercias y, pese a lo que auguren los sondeos electorales, es posible hacerlo. Afortunadamente, la gran conversación en que se ha ido convirtiendo el 15-M continúa viva. Hablar de la separación de poderes y de la no-prevalencia del poder ejecutivo sobre el legislativo y el judicial, de la necesaria modificación de la ley electoral, de la reforma fiscal, de la persecución de la corrupción política, de la vigilancia y el control a los bancos, de repensar el futuro de instituciones como el Senado y otras, y un largo etcétera, está suponiendo un valioso y saludable ejercicio de cultura democrática de indiscutible vocación transformadora.
En nuestras manos (voten o no) está el evitar que se convierta en una verdad sin paliativos aquello que dijo Bukowski de que la diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en una democracia puedes votar antes de recibir las órdenes.


06 noviembre, 2011

VACÍOS QUE LLENAN

Rincón del Gualdalquivir - Palomo Reina

Me sucedió, por ejemplo, con el cuadro de Palomo Reina que compré en 2006, el día en que se inauguró su exposición en la galería de Aitor Urdangarin. Allí fue lo usual de estos vernissages: copa de vino en una mano, en la otra un canapé, y las predecibles charletas por corrillos. Conversaba así con unos conocidos, cuando reparé en el cuadro que digo: una perspectiva del Guadalquivir, que incorpora la majestuosa nobleza del río, con matas de arbustos en ambas riberas y, alejadas del primer plano, cuatro solitarias barquitas bajo un cielo azul en el que se insinúan los primeros cárdenos del atardecer. El resto del lienzo agua, sólo agua. Hasta tal punto que, yo diría, esta es la particularidad del cuadro: la ausencia de un motivo, más allá del río, de su propio y magno caudal. Fue descubrirlo y, todo uno, quedar prendado por la armonía de esa gran masa de agua, el espacio vacío de elementos, la rotunda serenidad del paisaje. ¡Un amor a primera vista...! Entonces sondeé a mis consocios al respecto y uno de ellos opinó: «Demasiado río, ¿no crees? A mí me sobra la mitad inferior del cuadro.» Y, al escucharle, supe que era la fuerza que provenía precisamente de esa mitad inferior, la que me hacía desearlo. Una vez más, la sensación de conformidad y de plenitud me llegaba a través de lo que era un aparente vacío.
Acaso porque he ido abandonando la preocupación por rematar con ambages, por vestir los tiempos, por motivar cada uno de los horizontes que dan sabor a mis días, ciertos vacíos me seducen. Y relaciono esta idea con el mayor atractivo que asimismo descubro en la simplicidad y en la tersura, en la preeminencia diáfana, en la ausencia de retórica. Incluso acotarme entre paréntesis, y no hacer nada, me remunera con un calmoso bienestar. Por esto, cuando puedo invierto unos minutos en estar; en solamente estar. Porque en el vacío, pese a lo que pueda parecer, hay energía. Hay energía, como dice Salvador Pániker, “en cada efímero y eterno presente, donde todo nace y muere.”
Así rodaba, pues, esta tarde de sábado en la que, con Lorie Line de fondo, he permanecido durante un rato observando el bello retazo del Guadalquivir que tengo en casa, dejándome llenar por su extraordinaria y aparente vacuidad. Y ha sido entonces cuando me ha espoleado de improviso una de esas pulgas que, para Stanislas Lem, son las ideas, que saltan de uno a otro, pero no pican a todo el mundo. Conque he hecho un inciso y me he puesto a escribir lo que ahora ya concluyo: Una pincelada vespertina inspirada en ese oxígeno que enriquece también el vacío... y felizmente lo colma. El vacío, digo; sin más vueltas ni misterio.

30 octubre, 2011

LA TETERA - Russell

Cheyt - Vasarely

«Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores.»

23 octubre, 2011

EN EL TRASTERO

Luz de patio - Iturria

—¿Te encuentras bien, Edu?
—Sí, gracias; sólo ha sido un mareo —mentí—. A veces me pasa...
Eso es lo que le dije al del tercero, desde el suelo. Mi trastero es el 7-A, en el sótano del edificio. Y no te imaginas lo que fue bajar aquel día, para guardar unos cachivaches que me estorbaban en el piso, abrir la puerta... y verme arrollado por aquel increíble vendaval. Sí, vendaval, has oído bien. Que tú gires la llave y recibas un huracán, una ventolera de tal magnitud que te arroje violentamente contra la pared del corredor; ¡que te pase eso, y luego me cuentas! No, ni te lo imaginas ni te lo crees, ya lo sé. Y sin embargo sucedió la tarde aquella. Quedé conmocionado en el suelo, ¡Dios, el miedo que me entró!, hasta que apareció el vecino, que andaba por allí abajo, me vio tirado sobre la loseta y me ayudó a levantarme. ¡Un mareo...! Por supuesto no entré en el trastero, lo cerré y subí a casa con las cosas que había bajado. Durante días tuve dolorida la espalda, del batacazo, pero sobre todo me angustié. ¿Qué sucedió en esa décima de segundo, según abrí la puerta? ¿Qué produjo aquel ciclón, en un cuartucho ciego, sin ventilación ni corrientes de aire? ¿Cómo fue posible que me lanzara contra la pared...? Buffff. Hoy me he decidido a contártelo, y es que hasta ahora no lo he hablado con nadie... Ni he vuelto a bajar al sótano. ¡Que le den por el culo al trastero, y a todas las mierdas que tengo allí amontonadas!
Pero no me puedo quitar la obsesión y ya me está jodiendo. El caso es que hace diez días me acerqué hasta el catastro, a investigar. Sí, suena ridículo, pero métete en mi piel. Sin embargo, verás que no perdí el tiempo. Allí me dijeron que en la finca de mi edificio hubo un caserío, que se quemó totalmente el día de Nochebuena de 1913. Después sólo quedó un solar vacío, hasta hace unos años cuando hicieron la urbanización en la que vivo. Supe también quién fue su último propietario, así que esa misma mañana me acerqué al Archivo Diocesano, donde guardan microfilmados los Libros Sacramentales de la provincia; ya sabes: los de bautismos, casamientos, defunciones. Me ayudó a manejarme el encargado y, con los datos de que disponía, pude ver las partidas de los últimos moradores del caserío, un matrimonio y sus tres hijos. Se habían casado en 1905, tuvieron primero una niña y dos niños gemelos después. Cuando acudí al Libro de Defunciones vi consignadas las muertes de Fermín P. y de Águeda G. y de sus dos hijos varones, en la madrugada del 25 de diciembre de 1913. Sin embargo, no hallé rastro alguno del fallecimiento de Nieves, la hija mayor. Acudí otro día, esta vez al archivo municipal en donde encontré documentado aquel incendio y únicamente pude saber... que no hallaron el cadáver de la niña entre los escombros. Hubo al parecer una investigación en aquel entonces, la dieron por desaparecida. ¿Lo captas? ¡Desaparecida! Es que sólo lo pienso y ya se me congela el estómago. Y dirás, este Edu está del tarro. Ya; cree lo que quieras... Pero, dime al menos: ¿te explicas que no siguiera indagando? ¿Entiendes por qué no he vuelto a bajar a la mierda del trastero? ¿Y por qué no quiero hablar con nadie de esto? Por cierto, ¿sabes que he puesto el piso en venta, que me quiero largar de aquí? Sí, ríete, llámame flojo, sí, y cagueta... Pero ya te digo que no, que es que no te imaginas, ni remotamente, lo que sentí aquel día en el sótano. Claro que no, que no, tío; ¡que ni de coña te lo imaginas!

16 octubre, 2011

DESLICES

Flying Saucer - Brown

UN YERRO
Varios participantes en el concurso de adivinos
se acercaron a recoger el primer premio,
cuando el jurado aún no había deliberado.

UNA FALTA
Terminaron excomulgando al viejo cura.
Había llegado a oídos del obispo
que solía lamentarse exclamando:
«¡Ay, si Dios levantara la cabeza...!»

UN TRASPIÉ
Dejó de fumar en un santiamén.
Le bastó el gesto de sacudirse aquel pitillo
que se le había caído en la entrepierna
mientras conducía.

UNA PIFIA
Sorprendieron al alcalde en otro ayuntamiento:
el que disfrutaba con su secretaria.

Y UN DESQUITE
Estaba yo esperándote, cuando me vino una idea.
Cansado de que no aparecieras, me largué con ella.


 
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