29 junio, 2008

LA ESTAMPA DE TERENCI

Autorretrato - Basquiat

(Terenci Poquet, torturado opositor ajudicatura, vive desde hace medio año en un ático de alquiler en Barcelona, adonde llegó con el solo objeto de acartujarse para estudiar. Su aislamiento es cada vez mayor y apenas sí sale, casi únicamente a proveerse de embutidos).

«A todo lo cual, por fuera, la estampa que lucía Terenci era la de un desenterrado recién salido de sus propias exequias. No se afeitaba por pura desidia, y el pelambre se le entreveraba grasiento asfaltándole el cráneo de lacias crenchas, toda vez que una sombra levemente azulada almohadillaba sus marcadas ojeras. En el itinerario usual de compras, bajo un soleado mediodía, de tal facies fruncida, cual era la suya, afilada, de malcomido, parecía colgar su escabullido tronco que, haciendo de percha, soportaba un tronado atuendo.
Claudio el charcutero, su proveedor por excelencia, advirtiendo la mala cara que gastaba, le preguntaría afablemente si había estado enfermo. Argumentó, para no pecar de ligereza, que hacía un tiempo que no le veía por la tienda.
—¿Yo? No, qué va —le había pillado fuera de juego, esperando la vez, y efloreció pigmentándose milagrosamente como un heliotropo—. Me encuentro... bien —atinó a decir—. Gracias.

—Pues me alegro —apuntó Claudio, él ya de por sí colorado, de rollizo, exhibiendo una comercial sonrisa—. La salud es lo primero, sí señor.»

22 junio, 2008

DÍAS DE JUNIO

N.º 8 - Pollock

Tienen algo privativo estos días de junio. Será que, pese la obertura estival, no han terminado de acaecer en su benéfica plenitud los contrastes de la primavera. Antes bien, todo ha sido lluvia: lluvia a diario y casi sin parar en las últimas semanas. Y quizá por ello hay algo de inopinada premura en el correr del calendario, algo de desconcertante espera en una transición que subsiste en sí misma, y un resto de perdurada expectación en la gente. Estas fechas tienen, sobre todas las cosas, que el sol se hace de rogar, inaccesible tras las nubes que, allá por marzo, se instalaron bíblicas y eternas en nuestro cielo, y que la luz y el calor no llegan con la intensidad de la época... Tienen estos días de junio que las aguas consagraron su reinado absoluto, al parecer para la perpetuidad.
Pero, según escribo, me corrijo y pienso en ser justo: Son las seis, acaba de amanecer y, ahora en la cocina, escucho cercano el gorjeo de los pajarillos, sé que los ríos y embalses se han visto plenos y magníficos, y siento cómo la tierra revienta agradecida con la primera claridad, henchida de verdes matices que abrigan los extrarradios de la ciudad. Incluso, al desperezarme con un café hacia el frescor de la terraza, veo un hermoso claro avecinándose a lo lejos, entre los edificios y las cuatro torres del casco medieval que perfilan enhiestas el horizonte urbano. Emisario del verano, parece asomarse por detrás de la catedral de Santa María un benéfico y raso chorro de sol. Añoranza de luz y calor para todos aquellos que, en estos días de junio, aún sienten en sus vidas la humedad incómoda del desaliento...
La naturaleza es sabia, concluyo convencido. Y según la observo ahí fuera, huelo el café antes de sorber, y deseo fervientemente que, pese a nuestra falta de escrúpulos, así siga siendo.

15 junio, 2008

SER Y NO SER - Ortiz Osés

Vasarely - Pareja de cebras

«He aquí la cuestión: ser español o no serlo, ser vasco o tampoco, ser católico o negarlo. Para algunos fundamentalistas el ser es una esencia fija e inmutable, por eso son españoles y nada más, son vascos eta kitto (y se acabó), son católicos y amén. Pero un tal ser como esencia es una abstracción, algo que no es real sino suprarreal o metafísico, algo que no es humano... sino inhumano o dogmático. En efecto, en la realidad vital somos y no somos, somos variada y diversamente, somos en el modo existencial del estar: pues no somos de una pieza ni de una vez para siempre, sino que somos en proceso, estamos en devenir, existimos abiertamente.
»Así que la cuestión no es ser o no ser, sino ser y no ser. Pues somos hombres y animales, españoles y europeos, vascos y españoles o franceses, católicos y ecuménicos, listos y tontos. No nos podemos definir por la esencia purista o puritana, sino por la existencia impura o concreta. Por eso tampoco somos de derechas o de izquierdas, heterosexuales u homosexuales, ricos o pobres, buenos o malos, sino que lo estamos existencialmente. El estar es un modo de ser pos- moderno, fluido o fluente, abierto y mixto, ambivalente y relacional. Pues somos no solamente lo que somos, sino también lo que no somos por modo de privación, ya que tanto nos marca ser o estar en un lugar como no estar en otro; ser o estar leyendo este escrito como no estar leyendo otro diferente; ser o estar siendo católico como no estar siendo protestante o agnóstico.»


Extraído de La herida romántica, Andrés Ortiz-Osés. Ed. Anthropos, Barcelona.

Andrés es (y no es) teólogo, filósofo doctorado en hermenéutica, profesor de la Universidad de Deusto-Bilbao, y unas cuantas cosas más, además de un tipo estupendo. Precisamente el lunes, día 16, le entrevistan en el El Correo, y es mencionado este libro suyo.

08 junio, 2008

UNA DE MIEDO

Misterio - Katia Loritz

Tendría yo veinte años, cuando en la madrugada de un domingo de invierno sucedió lo que voy a contar. Dormía por entonces en el camarote de la casa de mis padres: un amplio compartimiento abuhardillado (con su tragaluz y algunos muebles antiguos, separados por cortinas de mi zona de estar), en un quinto y último piso ocupado sólo por trasteros, y en el que atesoraba esas pequeñas posesiones investidas de incontables huellas emocionales, que acompañan a uno en ciertos tramos de su vida. En aquel rincón disfrutaba de una autonomía funcional suficiente como para garantizarme el poder escuchar música tranquilo, echar mis pitillos (entonces fumaba), estudiar, escribir poemas y no tener que rendir cuentas a nadie cuando salía o entraba a horas intempestivas.
Pues bien, la noche que comento regresé a mi cubil eso de las tres de la madrugada. Acababa de dejar a mis amigos y no había bebido una gota de alcohol (creo importante anotarlo), porque estaba tomando antibióticos a cuenta de una molesta faringitis. Conque estuve un rato leyendo y, vencido de sueño, apagué la luz y me metí en la cama, cuya cabecera quedaba contra la pared, justo al lado de la puerta. El silencio era absoluto a esas horas, y me arrebujé confortado bajo las sábanas... Sin embargo, no llevaba cinco minutos con los ojos cerrados cuando, de repente, sentí que una llave se introducía en la cerradura, hasta abrir mínimamente la puerta y dejar entrar un haz de luz de la escalera en mi habitación. Sobresaltado, me incorporé como un resorte y, alargándome entero hasta casi caer de la cama, cerré de un fortísimo palmetazo.
—¡Quién es! ¡Quién anda ahí!
Pegándome a la puerta, di la luz, agucé el oído... pero sólo fui capaz de escuchar los latidos de mi corazón, que parecía írseme a salir por la boca.
—¡Quién eres! —repetí en voz alta...
Pero nada: Ni el ascensor, ni siquiera un ruido de pasos que se alejaran por el descansillo hacia la escalera... Recuerdo que mantuve bastante tiempo la luz encendida y que, de nuevo en la cama y totalmente espabilado, me costó conciliar el sueño. Confieso que tenía miedo.
Al día siguiente, al bajar a casa a desayunar (mis padres y hermanos vivían en el tercero), pregunté hoscamente quién había tenido la feliz idea de subir al camarote de madrugada, abrir la puerta y largarse de puntillas dejándome con un susto de muerte en el cuerpo. Pero no conseguí sino que todos me miraran perplejos, sin entender de qué les estaba hablando. Huelga decir que no logré resolver el misterio. El ruido de la llave al girar se produjo, se había abierto lentamente la puerta, entró un nítido filamento de luz, yo cerré de un golpazo... Todo lo sucedido resultó espantosamente real...

Menos mal que aquella extraña noche, mientras intentaba conciliar el sueño, casi sin atreverme a cerrar los ojos, únicamente consideré una de las dos hipótesis más probables: La de que, en la oscuridad de mi estancia, ese algo o alguien hubiese abierto la puerta... desde fuera.

31 mayo, 2008

LA DEGLUCIÓN - Juan Yanes

Le iene - Galliano

Nadie sabe lo que puede un cuerpo.
B. Spinoza

«Decía el informe que la secuencia axial mostraba un cartílago excéntrico de aspecto protuberante en ambos cuernos, anterior y posterior, con una concavidad irrisoria indemne del cuerpo delicuescente anterior. Decía que había rotura oblicua de grado II del cuerno histriónico de carácter metafísico. Los ligamentos oblongos, anterior y posterior, y laterales aparecían dislocados, formando un dédalo, encontrándose fisuras retroparietales con líquido de coloración de gules tornasolados. Decía que había plicas de conglomerados orgánicos en los recesos laterales. Decía que la rótula mostraba una lesión crónica, como consecuencia de una degeneración erosiva condrial en edema patelar, sin subluxación valorable, con lesión parcial de tendinitis del cuadricipital e indemnidad del rotuliano, sugestivo de condriopatía moderada...

»No pude seguir leyendo el informe. Me quedé hipnotizado por aquella sucesión misteriosa de palabras. Empecé a darme cuenta de la verdadera naturaleza de la escritura fantástica. Fue entonces cuando me saqué el menisco con los dedos y me lo comí. Tenía un sabor amargo y su consistencia era la de una lámina de vidrio.»

Texto de Juan Yanes, publicado en su genial Máquina de coser palabras.

25 mayo, 2008

SIN URGENCIAS

Los novios - Antonio López

(Dirás que soy una tontorrona o que me hago la niña, porque te pido que me vuelvas a contar cosas. Lo dirás una vez más y no me importará escucharlo de tus labios, ver bosquejarse la sonrisa que entreabre tu boca.)
—Pareces una niña pequeña. Si te lo he contado mil veces...
(¿Ves? Lo has dicho: una niña. Y a mí me gusta oírlo; que me lo digas de nuevo. Como aquello del cosquilleo que se te ponía en el estómago, cuando quedábamos para vernos, y terminábamos conquistando rincones urbanos en los que besuquearnos a hurtadillas...)
—¡Mil veces!... Venga, no te pases tío. Anda, ¡cuéntamelo!
—Hacía lo imposible por estar contigo.
—¿En serio?
—Aunque fueran cinco minutos.
—Y qué más.
—Me dirás que no te acuerdas...
(Claro que me acuerdo.)
—De qué.
—Pues de eso, chica: de lo que tantas veces te he contado.
—¿Y ahora?
—Ahora lo llevo con otra serenidad.
—Por la edad.
—Por el tiempo que ha pasado y por lo que hemos compartido.
—Yo también. Me siento más tranquila...
—Sí, sin urgencias.
—Pues, ¿sabes qué? Que también me gusta cómo es ahora. Y creo que esto es así por la manera en que ha sido antes.
—Seguramente.
—Pero me gusta recordar. Y al recordar me siento más cerca de ti, te noto más dentro. No sé...
—¡Ay, estas mujeres...!
(Me habrás puesto los ojos en blanco y yo te daré un amistoso codazo y caminaré a tu lado, cavilando que sí, que es cierto, que casi sin darnos cuenta hemos dejado de lado las premuras. Y, entonces, te diré lo importante que sigues siendo para mí...)
—¿En qué piensas ahora?
—En que eres un granuja, chaval.
—Por cierto, yo también te quiero.
—¿Lo ves?: Un bicho.
(Gracias por contármelo, una vez más. Será así como dices, sin urgencias, pero suena tan bien...)

18 mayo, 2008

IDENTIDADES

1fk - Toffoletti

Me llama la atención constatar que, de algún modo, el camino hacia la identidad personal se plantee como una tensión permanente entre el deseo de libertad y la demanda de seguridad. Parece que ambas aspiraciones se invadan mutuamente, disputándose nuestra vida interior en una lucha sin cuartel. Y este es un asunto que me preocupa y al que vengo dando vueltas desde hace un par de siglos.
El psicólogo norteamericano de impronunciable apellido, Mihaly Csikszenmihaly
, relaciona la libertad con la diferenciación y la demanda de seguridad con la integración. Según él, una personalidad madura es el resultado de estos dos procesos psicológicos: La diferenciación implica un movimiento que se dirige hacia uno mismo, hacia la originalidad y, en este sentido, hacia la separación de los demás. La integración, por el contrario, es el movimiento opuesto: uno sale de su ser individual y, de un modo centrífugo, tiende hacia la unión con otras personas, con ideas y entidades que existen más allá de sí mismo. Según el autor de Flow, ambos movimientos son necesarios y deben guardar entre sí un equilibrio.
Intuyo, después de todo, que una personalidad rica y compleja es la que consigue combinar ambas tendencias sin desgarrarse; armonizarlas, por opuestas que entre sí sean... La identidad de uno depende en cierto modo de esta elasticidad y hace que que ese uno sea quien realmente es: un ser único e irrepetible.

11 mayo, 2008

A VUELA PLUMA

Dos cabezas - Guayasamín

CRUDAMENTE
Lo siento terriblemente —le confesó—:
En realidad estoy enamorado de tu ausencia.

UN SARCASMO
Era un desdichado. Lejos de sonreírle,
la vida se le carcajeaba.

EVIDENCIA
Hoy he visto a un hombre con la mano agujereada. Era un mendigo,
y lo sé porque en su hueco cabía una moneda.

CARPANTA INSACIABLE
Comía con la vista. Tras una somera exploración,
el oftalmólogo diagnosticó un Síndrome de Diógenes en su retina.

SIN PROBLEMAS, HOUSTON
Ni siquiera supo que perdía definitivamente
toda conexión con la Tierra.
Absurdos, los pensamientos erraban
felizmente ingrávidos por la mente del astronauta.

PRESUNTUOSO
Me encanta definir las cosas. Por ejemplo, el amor:
El amor viene a ser eso, digamos que no es que yo, pero bueno;
o sea que vaya de algún modo en fin.


04 mayo, 2008

UNA RICA RECETA

Bodegón con peces - Isidro

No pretendo rivalizar con mi amigo Modes Amestoy, todo un experto en la materia, pero la cocina me gusta. Cuando uno ha crecido en un país en el que, desde tiempos inmemoriales, se rinde culto tanto al hecho de preparar la comida como al de degustarla, la verdad es que no tiene gran mérito confeccionar media docena de platos. Esto es lo que yo hago, que nadie se lleve a engaño. Con productos saludables y de temporada (esto sí: salpimentados con cariño), se pueden hacer pequeñas y sencillas delicias.
Hace un tiempo improvisé la receta que hoy os paso. Como no requiere grandes preparativos, ni tiene mayor secreto, cualquier día es bueno para prepararla.

Ingredientes para 4 comensales:
· 1 merluza o pescadilla
· 350 gr. de setas
· 1 calabacín
· 2 dientes de ajo
· 1 guindilla seca
· Aceite de oliva virgen
· Sal

Poned a fuego medio una sartén con un poco de aceite, dos dientes de ajo fileteados, una punta de guindilla o cayena y las setas cortadas (de cultivo, como los Pleurotus Ostreatus), para que se vayan haciendo. Mientras tanto, en la fuente de horno echad el aceite y extended un lecho de calabacín sin pelar, que previamente habréis pasado por agua, secado con un trapo y cortado en láminas finas.
Encended el horno a 180º y, mientras se calienta, podéis introducir ya la fuente con el calabacín para que se vaya haciendo. Cuando lleve diez minutos, sacad el recipiente y colocad la merluza, abierta y convenientemente salada, sobre la base de calabacín y esparcid las setas, que habrán de estar ya prácticamente cocinadas.
Tenedlo entre 16’ y 20’ en el horno (según vuestro gusto) y servidlo caliente, a ser posible con un chacolí o un vino blanco bien fresco.
Animaos. Os quedará una merluza bien sabrosa y disfrutaréis de un buen plato.

23 abril, 2008

EN EL BALCÓN DE LULLY

El balcón - Manet

Como todo el mundo, tengo mis propias normas... y una de ellas, precisamente, es la de saltármelas de vez en cuando. Así es que, contra la costumbre de editar en domingo, lo hago hoy miércoles y San Jorge. La responsable, Lully Posada, periodista fundadora de la revista digital EquinoXio y editora de Al desnudo en mi balcón, sección en la que ha entrevistado a cuarenta personas de diferentes países que comparten el hecho de tener un blog personal. Lully contactó conmigo para saber si estaba dispuesto a ser uno más en su espacio y, desde entonces, hemos mantenido varios contactos (ella está en Medellín, yo en este rincón del norte del sur de Europa) gracias a la tecnología, que nos ha echado un cable para hacer viables nuestros encuentros virtuales.
Ayer me llamó para decirme: «Ya está». De modo que hoy os doy cuenta de su estupendo trabajo. Por su sección han pasado buenas amigas y amigos de estos vuelos internáuticos que realizamos a lomos de extraños códigos binarios. Gente estupenda como Carlos, Evan y Angélica, quienes, también en la página de Lully, aguardan vuestros comentarios.

P.S. Y, por Dios, que quede bien claro a quien lea la entrevista: ¡No uso peluquín: era sólo una broma!

20 abril, 2008

MANET

El bar del Folies-Bergères

Manet es para ver y para gozar. Hace un par de años hubo una temporal suya en El Prado: Merecía el viaje a Madrid, sólo por ver la exposición... Pero finalmente no encontré el momento adecuado y el tiempo se merendó mi afán. Fue una pena no haber llegado a ver El Pífano, Almuerzo campestre, El balcón... y otras de sus obras más representativas. Esta es una de las desventajas que tenemos quienes no estamos cerca de las grandes metrópolis, en donde la oferta es amplísima y la renovación cultural no se consiente una tregua. Pero no es cosa de quejarse: La vida en una ciudad mediana o en un pueblo también tiene algo grande y uno sospecha que la calidad de vida está más cerca de lo pequeño que de lo inconmensurable. En fin, sobre gustos... ¡hay tanto escrito!
Pero, volviendo a Manet, he querido poner el que es probablemente su cuadro más conocido: El bar del Folies-Bergères, que pintó un año antes de su muerte a finales de abril de 1883; es decir hace 125 años. A nada que os fijéis, os llamará la atención el ensimismamiento de la joven camarera, que contempla el barullo y la diversión como distante, con la vista cansada. Permanece aparentemente ida, y este aislamiento es lo que comentan los estudiosos del pintor que éste quiso mostrar. Ante la barra, a la derecha de la mujer, se encuentra un hombre con sombrero, a quien, gracias a un sutil ángulo de incidencia, sólo se ve en el espejo. Su imagen reflejada en el azogue bien podría ser la del espectador.

13 abril, 2008

TERENCI POQUET

Urbe - Basquiat

(Terenci Poquet es el torturado opositor a judicatura que protagoniza mi novela inédita El sabor de los días, de la que iré dejando algún que otro retazo, al azar, sin otro afán que sacarla del oscuro cajón en que mora y airearla un poco. Por eso no hay ni habrá trama que seguir. Este pasaje del Capítulo II transcurre cuando lleva ya medio año en un ático de alquiler de Barcelona, ciudad a la que llegó de un pequeño pueblo catalán, con el único objeto de aislarse para estudiar).

«Terenci se avituallaba una vez por semana. No era partidario de acumular alimentos en la nevera, ya que ocasionalmente se le pasaban los productos perecederos y enmohecían toda suerte de latas abiertas, regalando pestilencias que sus conservantes químicos no llegaban a neutralizar. Esto cuando no se le congelaban, lo más habitual. En todo caso, abrir aquel frigorífico, derrotado por el uso, le endosaba con frecuencia una ingrata sorpresa. Y naturalmente, de comprar fresco, salvo el pan, nada, que lo fresco se echaba enseguida a perder. De esta forma, la cocinilla había adquirido la categoría de objeto ornamental, máxime cuando, para una naturaleza frugal y ahorrativa como la suya, utilizarla acarreaba un innecesario gasto de energía y tiempo. Ni a propósito, pues, su dieta hubiera podido auspiciar fundadamente la aparición de un cuadro de escorbuto, en una latitud fuera de todo contexto endémico. El fuagrás lo devoraba, las conservas escabechadas también. Pero Terenci Poquet padecía una feroz y adictiva querencia por la longaniza, tan reina de su carpanta que reponía las piezas consumidas, antes de llegar a ventilarse la última. Lo normal es que de una alcayata colgasen varias barras y, considerando que caía una por día, en los seis meses que llevaba de opositor sus dientes habrían triturado cerca de setenta metros de embuchado, con un coste cercano a las ochenta mil rubias. Lo cual es que, tras el alquiler del ático, y superando al de tabaco, la longaniza se había instalado sin zozobra en el segundo lugar de su apartado de dispendios.»

06 abril, 2008

RUBAIYAT - Omar Kheyyam

Café árabe - Matisse

57

«Escucha lo que un día un ruiseñor me dijo:
“Bebe, bebe Kheyyam, porque la vida es corta
y tú no te pareces a la planta que crece
nuevamente después de haber sido cortada”.»


154

«Tuve grandes maestros. Llegué a estar orgulloso de mis progresos.
Cuando recuerdo que fui sabio, me comparo
a ese líquido que llena el vaso y toma su forma,
y a ese humo que el viento desvanece.»


169

«Ser o no ser. Supremo o inferior.
Lo sometí todo, todo a la regla de la lógica:
en vano traté de sondear el fondo de las cosas,
pues no encontré otro fondo que el de mi misma copa.»


OMAR IBN IBRAHIM AL-KHAYYAMI (1022-1123).
Poesta y astrónomo persa.

30 marzo, 2008

EL PARAÍSO PERDIDO - Balzac

Entra la luz - Belanger

«Pero debes aprender una cosa e imprimirla en tu mente todavía maleable: el hombre tiene horror a la soledad. Y de todas las especies de soledad, la soledad moral es la más terrible. Los primeros ermitaños vivían con Dios. Habitaban el más poblado de los mundos: el mundo de los espíritus. El primer pensamiento del hombre, sea un leproso o un prisionero, un pecador o un inválido, es este: tener un compañero en su desgracia. Para satisfacer este impulso, que es la vida misma, emplea toda su fuerza, todo su poder, las energías de toda su vida. ¿Hubiera encontrado compañeros Satanás, sin ese deseo todopoderoso? Sobre este tema se podría escribir todo un poema épico, que sería el prólogo de El Paraíso Perdido, porque El Paraíso Perdido no es más que la apología de la rebelión.»

Los sufrimientos del inventor, Honoré de Balzac.

23 marzo, 2008

DENTRO DE MÍ

Persistencia de la memoria - Dalí

Dejo el libro que estoy leyendo, pongo música, me acerco a la ventana del estudio, levanto la vista al cielo vespertino de este marzo abriéndose paso a ráfagas de viento frío: Es de un gris homogéneo el cielo de hoy, como el azúcar mojado. «Adiós invierno...», me despido escuchando el sereno punteo de una guitarra; y pienso en el tiempo, no en el meteorológico sino en el que no ha de volver... Porque nada es tan terriblemente lejano como el pasado. Pienso en la calle que contemplo, en las largas hileras de tilos: decenas de tilos recios y desnudos, jalonando las aceras de mi paisaje más inmediato; pienso en las montañas neblinosas de allí, al fondo de todo cuanto llego a ver, recortando un horizonte recién nevado y difuso... Tengo la certeza de que todo está en su lugar. Si presintiese que mañana no pudiera volver a descubrir este cuadro tan habitual y hogareño, el escenario que se me ofrece se convertiría en algo único, precioso y entrañable para mí. Siendo conscientes, todo cuanto podemos perder adquiere un inusitado y mágico valor que nunca deberíamos despreciar. La lucidez nos mueve a contemplar y sólo entonces sentimos impostergable el deseo de retener cada momento como un aliento, respirándolo una y otra vez, por y para siempre...
Miro tras los cristales de la ventana, más allá de esta atmósfera y del momento, y siento que trasciendo. Registro un lugar desenfocado en mi retina, un lugar tan impreciso como íntimo que acaso ahora no existe como lo represento, pero que igualmente me pertenece: Lo ocupan las playas de mi vida, sus rocosos acantilados, los olores eternales a yodo y salitre del verano; esos lugares de arenas resplandecidas... Días que se alargan, saben a calores venideros. Pienso hacia delante y vuelvo hacia atrás; el haz y el envés de una vida incesante y plena, aún sin embargo a medio apurar. Pienso en la distancia, pienso en el tiempo, pienso en el vértigo. Pienso en las partículas de luz de la media tarde y en sus sombras, las sombras de un marzo gris...
Y sé que todo ello nunca me abandona; que viene siendo empapado por mis sentidos, extrañamente absorbido... Y nuevamente pienso que todo está en su lugar y que, por esto mismo, me pertenece de un modo antojadizo y singular; porque todo ello, definitivamente, se encuentra aquí dentro, tan dentro... Dentro de mí.
nte y plena, aún sin embargo a medio apurar. Pienso en la distancia, pienso en el tiempo, pienso en el vértigo. Pienso en las partículas de luz de la media tarde y en sus sombras, las sombras de un marzo gris...
Y sé que todo ello nunca me abandona; que viene siendo empapado por mis sentidos, extrañamente absorbido... Y pienso, nuevamente, que todo está en su lugar y que, por esto mismo, me pertenece de un modo antojadizo y singular; porque todo ello, definitivamente, se encuentra aquí dentro, tan dentro... Dentro de mí.

16 marzo, 2008

CHAGALL

El cumpleaños

Era yo un adolescente cuando, sin darme cuenta, oí por primera vez algo de Chagall. Mediaban los 70, el tiempo en que descubrí a Silvio y, entre sus canciones, Óleo de una mujer con sombrero me cautivaba. Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción... era una advertencia sencillamente sublime. Sucedió que mi decodificación auditiva, unida a la precariedad de mi rudimentario radiocasete, me llevaba a canturrear algo así como Una mujer con sombrero, como un cuadro del viejo chaval... ¡El viejo chaval! ¡Cuánto tiempo la canté así, sin saber que tras mi chaval se emboscaba uno de los genios de la pintura del siglo XX! No sabría decir en qué momento corregí mi error, si afiné el oído o tal vez leí la letra, y supe que aquella canción hacía referencia a la quimera onírica de un anciano maestro...
Quizá por esto Marc Chagall ha permanecido ligado a Silvio, a las correrías románticas de mi primera juventud y a mi naciente amor por la pintura. Sé que quienes os acercáis a esta página conocéis a este genial pintor, pero también sé que aceptáis de buen grado que, el viejo chaval en quien yo mismo me he convertido, le rinda hoy un sencillo homenaje: 23 años después de que, casi centenario, falleciera en las cercanías de Niza.

El violinista celeste

Marc Chagall nació en 1887, en el gueto judío de la ciudad de Vitebsk (Bielorrusia), y falleció en Francia, en 1985, a la edad de 98 años. Su cuadro El violinista celeste se puede ver en el Museo Municipal de Tossa de Mar (Catalunya), en donde pasó los veranos de 1933 y 1934.

 
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