31 julio, 2011

FRANZ Y ANTOINE

Vuel Villa - Xul Solar

El compositor y músico Franz Liszt fue un niño prodigio que, de la mano de su padre y tras dar conciertos por toda Europa, recaló en París, en donde pasó su primera juventud y vivió con intensidad aquellos tres días gloriosos de la Revolución de 1830, a los que consagró su primer esbozo de sinfonía.

Liszt conocería en París a escritores como Víctor Hugo, quien, a su vez, dejaría constancia de esos mismos acontecimientos en varios capítulos de «Los miserables», y que fue un incansable defensor de las ideas democráticas de su tiempo, algo que le costaría incluso un exilio temporal.
Justamente en su destierro, Hugo entabló relación con diferentes personajes relevantes de la época, uno de los cuales fue Julio Verne. Ambos publicaron sus obras gracias al editor Pierre-Jules Hetzel, que inmortalizaría los libros del autor de «20.000 leguas de viaje submarino» y «Miguel Strogoff» gracias a sus famosos y vistosos cartonages ilustrados. Como es bien sabido, la increíble imaginación de Verne le llevó a realizar numerosas predicciones a través de sus novelas; predicciones como la llegada del hombre a la luna o la de intuir el rumbo que tomaría la aviación, cuando en «Robur, el Conquistador» ideó el Albatros, artilugio que navegaba en el aire gracias a setenta y cuatro patas giratorias, movidas por motores eléctricos.
Precisamente la aviación fue, junto a la narrativa, una de las pasiones de Antoine de Saint-Exupèry, quien publicó «El Principito» en 1943, justamente cien años después de que Hetzel fundara en París su conocida editorial. En el famoso libro del piloto de Lyon, el entrañable Principito expresa, con su natural e ingenua sabiduría, pensamientos de inigualable belleza. Por ejemplo, cuando dice que lo hermoso de un desierto es que en cualquier parte esconde un pozo... O bien que sólo se ve bien con el corazón, porque lo esencial es invisible para los ojos. También Franz Lizst escribiría que hemos de tratar de ver con el corazón y que la música es el corazón de la vida, pues por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.

Franz Liszt y Antoine de Saint-Exupèry murieron en 1886 y 1944, respectivamente; ambos en un día como hoy, 31 de julio
.

24 julio, 2011

EL AMOR DE CARLOS

Estación - Descals

Carlos conoció a Clara en un tren de cercanías que, más tarde supieron, llevaban tiempo cogiendo a la misma hora para regresar de Llodio a Bilbao. Aquel día, sentado frente a ella, vio que leía con una sonrisa dibujada en sus labios. Terminó mirándola furtivamente, guapa que era; se le antojó que la expresión de su cara, ligeramente inclinada sobre el libro, revelaba un espíritu franco y libre. Y, con este convencimiento, no se resistió a interrumpir su lectura:
—Perdona —le entró—, ¿qué estás leyendo?
—Ah... El sabor de los días, ¿pues?
—Es que te veo sonreír... y me ha picado la curiosidad.
Amable, ella le hizo un comentario sobre la novela, dando pie a que siguieran hablando, ya de otras cosas, hasta llegar a la estación. Fin de trayecto, buenas vibraciones, nos vemos.
Como fuera, Carlos no se quitó de la cabeza a Clara durante el resto del día. ¿Se volvería a enamorar? Una punzada de angustia le recorrió el plexo solar. Pero, ¿puede sentir uno angustia por amar? Que se lo preguntaran, justamente a él. A él que, sin buscarlo, se vio garabateando con bellos poemas la acuarela de su adolescencia. A él, que escribía para el amor, porque al amor se debía, cuando aún éste no se le había representado con rostro de mujer. A él, que tan intensamente soñó amar que no encontró otro modo de vivir que no fuera amando, ni otro modo de habitar el mundo que no fuera escribiendo. A él, sí, ¡que se lo preguntaran! Porque el riesgo de idealizar el amor es terminar enamorándose de él, de la idea del amor, y no de la persona amada. Y el tributo del conocimiento real del ser a quien se adora es la decepción, y en la decepción se subsume el dolor, y en éste el fracaso. Por eso aquel primer día que Carlos habló con Clara, todos sus miedos se le concentraron urgentes en la boca del estómago.
Llegó la tarde siguiente y ambos se buscaron en la estación de Llodio. Subieron al último vagón, se sentaron juntos. Tras este nuevo trayecto, prolongado en la barra de un bar y con el propósito de verse el sábado, Carlos y Clara padecieron de forma muy semejante una secreta combustión interior. Algo hermoso germinaba entre ellos, un dulce fuego... De manera que Carlos no dejó que pasara el tercer encuentro sin revelar a Clara sus aprensiones más íntimas: esa angustia por amar, su zozobra ante el abismo de la responsabilidad, la obsesiva inquietud que anticipaba su temor al fracaso. Habló largamente de sí, porque comenzaba a quererla, así se lo dijo; y al sincerarse saldó viejas deudas contraídas con su corazón. Ella le escuchó con paciente dulzura y le entendió, y, tomando una de sus manos entre las suyas, le retribuyó la confidencia.
Fue así como ese mismo día Carlos y Clara se hicieron cómplices antes que amantes, y caminaron enlazados por la cintura al atardecer. Así fue como comulgaron sus ilusiones, sus anhelos y sus miedos... Y así como, sin saberlo, al despedirse junto al portal de ella, aquel primer beso comenzó a sanar en Carlos sus más antiguas y mal cerradas cicatrices.

17 julio, 2011

POCO, NADA Y TODO

El ojo del silencio - Ernst

Hablo poco
y, lo poco, hablo de lo que sé.
De lo que sé, que también es poco. Poco o nada,
que ya no sé si, incluso, nada es todo...
Y, en fin, será que esto es todo.
Después de todo, poco. O quizá nada...
Pero, en todo caso, todo;
lo poco, nada y todo cuanto sé.

10 julio, 2011

MI ORGANISMO Y YO

Retrato de Sylvia von Harden - Dix

Digo que mi organismo me desconcierta, muy sobre todo en lo que concierne al sueño. Unas cuantas noches seguidas, despertándome a eso de las tres, de las cuatro, para no volverme a dormir. Morfeo me toma con desgana en sus brazos, endosándome una impotencia que procuro gestionar con cargo a esa propensión que tengo a relativizarlo todo. Así es que me repito que no pasa nada, que hay cosas peores; y casi ya está. Casi, porque, a cuenta de estos desvelos, anoto la falta de concentración, lo de mis eventuales olvidos y un fondo de irritabilidad que procuro disimular. Todo ello, como que se me va cronificando; sobre todo lo de los olvidos. Y yo que lo asumo, faltaría más.
Lo cierto es que, vigilias aparte, nunca he tenido una memoria como la que me hubiera gustado tener. Leo un libro y semanas después me queda un poso peregrino. Y lo mismo con la mayoría de las pelis, las características técnicas de mis cachivaches o los condumios de una reciente cena y muchos rincones de lugares visitados. Un desastre con patas, es lo que soy en materia de evocaciones. No así, empero, me pasa con las caras, los nombres de los camareros, las frases ocurrentes y cantidad de detalles superfluos, que retengo... así como, dicho sea de paso, los hitos de mi aprendizaje emocional, pues el corazón que me habita recuerda casi todos los episodios que le han hecho latir dichoso.

Decía Alexandre que todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia. Y yo digo que nanay, que me quejo de ambas, que mil cosas más que las que olvido son las que no logro comprender. Cosa de tener una inteligencia más bien adaptativa y relacional; un caletre de andar por casa, vamos. Por eso nunca diría a favor de mí mismo que soy un tipo brillante, porque conozco bien mis limitaciones. Y tampoco me va la vida en ocultarlas. ¿Qué apariencia pretendo dar de lo que soy? Pues la que tengo, para qué engañarme. Así todo resulta más fácil, en serio.

Cuando me tocó estudiar la inteligencia, en aquella época geológica en que tuve veinte años, el concepto era injusto y miope. Se asociaba a la tenencia de determinadas capacidades para el lenguaje, la abstracción y el razonamiento numérico, muy relacionadas con la erudición académica y, de paso, con la cultura dominante. Así se comprende que un labrador, por poner un caso, no diera la talla en la escala del test al uso. Hoy, superado tal despropósito, la inteligencia viene a ser algo así como
la capacidad para solucionar problemas nuevos, procesando información y reestructurando la adaptación al ambiente. Con lo que, sentando jurisprudencia, hemos salvado de la idiocia al mentado campesino.

Pero, en fin: Regreso al principio, a lo de mi nocturno aturdimiento. Son ahora mismo las 4:34 de la mañana y dentro de hora y media se encenderá mi despertador luminoso, de no ser que... ¡Clic!, ya lo he desactivado. Conque dejo el cuaderno, me siento en el borde de la cama, bostezo. Tendré un par de crisis matutinas que espero no evidenciar, echaré mano de mi relativismo existencial, nada de irritarme... y, vaya, me repetiré varias veces lo de siempre: que no pasa nada. Y es que es bien socorrido hacerlo. En fin, ¡hay tantas cosas peores...!

03 julio, 2011

DIARIO ÍNTIMO - Kierkegaard

Fruehling - Vogeler

«Imaginemos a un pajarillo: por ejemplo, una golondrina enamorada de una jovencita. La golondrina podría conocer a la muchacha (por ser diferente a todas las demás), pero la joven no podría distinguir a la golondrina entre cien mil. Imaginad su tormento cuando al retornar en primavera ella dijera: «Hola, soy yo», y la joven le respondiera: «No puedo reconocerte...» En efecto, porque la golondrina carece de individualidad. De ahí se deduce que la individualidad es el presupuesto básico para amar, la diferencia de la distinción. De ahí se deduce también que la mayoría no puede amar de veras, porque la diferencia de sus propias individualidades es en realidad demasiado insignificante. Cuanto mayor es la diferencia, mayor es la individualidad, mayores son los caracteres distintivos y mayores los rasgos reconocibles. En este profundo sentido se comprende el significado del hebreo: conocer a su mujer, refiriéndose a la unión matrimonial; pero cobra un sentido más profundo en lo que se refiere al alma, al carácter distintivo de la individualidad.»

26 junio, 2011

DIVINA FRAZADA

El abrazo - Carbonell

Regreso hoy a tu lado, cansado de batirme en las afueras de mí mismo, y una vez más encuentro en ti el bálsamo que me conforta. Tal vez porque interpretas mi gesto y cuanto callo, tus manos han comenzado a recorrer mis hombros desnudos. Me duele el alma, rebosada y enferma de mundana realidad, pero, bajo el delicado gobierno de tus caricias, ahogo una queja y cierro los ojos. Siento un grato alivio cuando me aflojo, rendido a la exploración que nace de tu intuitiva ternura y dejo de pensar, en medio de esta atmósfera que sabiamente has creado: el silencio de la habitación, la luz trémula de una vela, blanca la sábana que huele a lavanda fresca y sobre la que, boca abajo, me pides que me tumbe... Y te acomodas a horcajadas sobre mí, deslizando tus dedos lentamente por mis omoplatos, mis flancos, la espalda entera, repasando cada uno de los poros por los que respira mi piel. Me siento mecer, como un crío en su cuna; comienzo a notarme mejor. Entonces susurras algo que apenas sí entiendo y ronroneo ligeramente aturdido. Sigue, pienso; sigue un poco más... Y sólo percibo la fricción de tus caricias reconociendo mis músculos, cada inserción en los huesos, amasando la carne que los recubre. Me concentro en la fugacidad del momento; registro casi imperceptible la respiración pausada que acuna cada uno de tus balanceos, la cadencia de tus manos repasando pacientes mi nuca, cercando mi cuello como si lo quisieran mansamente atrapar... Ven, te digo al fin; no te canses. Y en ello vas cediendo, te dejas abatir sobre mí, ingrávida, con la ligereza de un velo de seda. Tu pelo se desborda sobre mi cara ladeada, tus hombros y brazos van cerrándose sobre los míos, la blanda presión de tu pecho en mi espalda, la de tu vientre amoldándose en un ligero vaivén a mis glúteos, tus piernas y pies... Siento el abrigo protector, el peso de tu cuerpo arropándome ahora como una divina frazada. Y ya no percibo fatiga alguna...
Por breve que sea lo que entre nosotros acontece, me olvido del mundo y nada existe más allá de este cuarto ni de este instante. No sé si acaso ya duermo, no sé si tal vez sueño... Estamos tú y yo, solos, y el aire aposentado que compartimos parece absorber nuestra misma presencia. Anhelos que se diluyen morosamente en los sumideros de mi conciencia. Me olvido del reloj para apropiarme del tiempo, forcejeando en los confines de todo cuanto existe... Mientras mi amor por ti parece dirimirse en la penumbra de la habitación, cuando, con un hilo de conciencia, mis labios musitan leales tu nombre. En este apartado oasis, mi última palabra... Tu nombre.

19 junio, 2011

LOS REINOS DE LA CASUALIDAD

Barreras melódicas - Xul Solar

Supo algo después que se llamaba Marta, pero, en la fría tarde de invierno, era una de las dos chicas a las que preguntó por el centro cívico de aquel barrio, en cuyo auditorio se representaba Melocotón en almíbar, de Mihura.
—Es aquí mismo; nosotras también vamos.
Pepo hizo el corto trayecto con ellas. Al llegar, Marta sacó de su bolso un par de entradas.
—Perdonad, pero el pase... ¿no era libre?
—Sí, pero las entradas había que retirarlas de antemano. Si no tienes, estás de suerte, porque me sobra una.
—¡Genial! Me estáis salvando la noche.
Ambas sonrieron el cumplido, según accedían a la sala. No era una función numerada pero, por no abusar de confianza, Pepo se despidió con un hasta luego y gracias, sentándose dos filas detrás de ellas. Poco después, comenzada la obra, Marta se volvió hacia él y cruzaron sus sonrisas en la penumbra del auditorio. Pepo la observaría a su antojo en diferentes momentos: Treinta y tantos, pelo rojizo y una cara exclusiva, rebosante de gracia; con un toque intelectual, realzado por las gafas con las que seguía la representación...
Cuando ésta terminó, con una prolongada salva de aplausos y tres bises de los actores, Pepo aguardó a las chicas en el pasillo lateral:
—Tenéis diez segundos para tramar una excusa y no aceptarme un pote por aquí cerca.
Ellas se miraron entre sí.
—La verdad es que hemos quedado con una persona...
—Vaya, me lo temía.
—Pero igualmente puedes venir —resolvió Marta—. ¿Te animas?
Pepo dijo que encantado. Y pensó que así solían surgir los mejores planes, en uno de los reinos que la casualidad improvisa sin descanso. Cuestión de saber detectarlos, de estar fino. Porque la casualidad es la revelación de un orden que se nos escapa, y se explaya en longitudes de onda difíciles de registrar... Salvo que uno adiestre y dirija con pericia sus humanas antenas, se dijo ufano. Así es que, ya en la calle, hablaron de la obra y Pepo fue consciente de estar mirando a Marta de un modo privativo, como se mira a la persona en quien, precisamente, la casualidad parece encarnarse para erigir uno de sus infinitos dominios. Supo como por ensalmo que se podía enamorar y el hecho trivial de ir a tomar un vino con ella y su amiga, dio una inesperada mano de felicidad al momento.
Llegados al bar, Pepo conoció a la persona con quien habían quedado. Fue Marta, siempre más locuaz, la que hizo las presentaciones:
—Por cierto —dijo—, yo soy Marta, ella Carol, ya nos conoces —rió—, y él Luis, mi novio. Y tú, ¿cómo te llamas?
—Yo, Pepo; me llaman Pepo —dijo entonces, chocando la mano al tal Luis.
Y tragó saliva, maldita sea, mientras se comenzaba a ciscarse en sus estúpidas teorías sobre la casualidad, las longitudes de onda y su birria de antenas de plástico... y exhibía, en aquel malogrado momento, su más cumplidora y resignada sonrisa.

12 junio, 2011

15-M: COMPROMISO Y PRUDENCIA

Conversación - Genovés

Vivimos semanas en los que se respira una atmósfera de ilusión en buena parte de la sociedad española. Una sociedad en la que la contestación ha aflorado con enorme fuerza, haciendo que miles de conciencias, que parecían entumecidas, estén viviendo un genuino despertar. Tan es así que la indignación se ha convertido en un valor que bulle febril entre la gente más joven, calando intensamente en todos los sectores sociales. Y se habla constantemente de los indignados, sí... Aunque ni estos son los primeros, ni los únicos. Desde la derecha más refractaria de este país hasta ciertos grupúsculos anti-sistema, diferentes frentes vienen mostrando una virulenta indignación con respecto a la política de los Gobiernos español y europeo, y su tan decepcionante gestión de una crisis provocada por la Banca y los Mercados. Cabría preguntarse, entonces: ¿cuál es el elemento diferenciador de este nuevo movimiento?
La indignación es básicamente una emoción y, como tal, nace de nuestra humana química; esa misma que ha movilizado a tanta gente apremiándola a tomar las plazas para protestar y reivindicar una democracia real ya. Afortunadamente, la energía de esta vivificante y multitudinaria expresión ha sido hasta el momento adecuadamente canalizada y el civismo protagonizado por quienes han tomado las calles está siendo mayormente ejemplar. Lo cual, en mi opinión, ya marca una diferencia, con respecto a otras indignaciones.
Pero, en este contexto, no sólo quienes parecen poseídos por una irritación ultramontana, también distintos medios de comunicación conservadores y situacionistas, ponen todo su celo en desacreditar las concentraciones y asambleas, las acampadas de perroflautas, aprovechando su incipiente descomposición y el previsible riesgo de que se vayan degenerando hasta su extinción, con el colateral desencanto de gran parte de la ciudadanía. Por eso, para continuar forjando la estructura que convierta esta corriente en una plataforma de reivindicación cohesionada, en un grupo de presión eficaz, va siendo hora de cambiar de estrategia. Nada surgirá de lo vivido, si la indignación no se transforma en compromiso. Compromiso activo para trabajar de un modo organizado, con disciplina, método... y prudencia.
La ocupación ha hecho visibles tanto una decepción profunda como la inequívoca exigencia de promover grandes cambios en la vida política actual, y el 15-M ha aglutinado a demasiada gente como para que sus impulsores puedan permitirse dar pasos en falso. Por esto, a partir de ahora, para hacer pedagogía no va a ser suficiente con estar en-contra-de o a-favor-de una idea o propuesta. Porque la calle crea vínculos mientras duran las emociones y las complicidades, pero, tras la retirada de los espacios públicos, todo ese ímpetu corre el riesgo de diluirse; algo que sólo se evitará si se impone el pragmatismo. Lo realmente necesario es continuar reflexionando, debatir, proponer, hacer... y todo ello desde la constancia, la serenidad y la mesura. Así puede entenderse el salir a la calle como un extraordinario medio de expresión reivindicativa, pero la enérgica protesta manifiesta en las plazas no servirá de gran cosa si no es trabajada a cubierto.
En fin, la indignación que muchos venimos sintiendo será un inestimable manantial de energía transformadora si se logra derivar hacia el compromiso. De ahí, la necesidad de elaborar propuestas creativas y audaces, pero también realistas y viables, que puedan ser comprendidas y apoyadas por amplios sectores de la ciudadanía. La capacidad de esperanzar es, sin lugar a dudas, otro elemento diferenciador de este prometedor movimiento. Y consolidarse su siguiente gran reto.

05 junio, 2011

VIEJAS RUTINAS

Manet en Wraight - Morisot

Vuelvo a escribir, hoy que es un día cualquiera, por experimentar el tornadizo placer de la exploración literaria. Sin saber bien adónde llegaré, pero yendo, y empezando justo en el punto en que dejé este cuaderno, para cerrar el paréntesis que a principios de año decidí regalarme. Buscaba entonces un entreacto en el que descansar y obtener perspectiva, la que supuestamente proporcionan la pausa escénica, el dejar de actuar, ese tiempo de barbecho en medio de la obligación contraída... Y creo haberlo logrado. También procuré fortalecer las rutinas que inveteradamente me ocupan: el ejercicio físico, un cierto orden entre mis quehaceres más prójimos, la intendencia de las propias cosas, los paseos sabatinos, la lectura en la cama antes del sueño. Inseparables compañeras de viaje, me envuelven las rutinas: esas viejas usanzas cuyo cortejo admito con moderado placer de chico aplicado y que, de algún modo, me defienden del vacío y me restauran, haciendo que me sienta a gusto con lo que soy... y agradecido por lo que tengo. Que, reconozco, no es poco.
Además he podido revisar mis compromisos, redescubriendo frente al espejo a un tipo idealista y práctico que se mimetiza inadvertido en la fotografía de la cotidianidad. Alguien que carbura a golpe de dietario y, según observa, goza, se indigna y bromea, también intenta conducir sus inquietudes, reinventando el propio guión de vida. Quizá de todo ello se deriva el que, igualmente en este tiempo de rutinas, haya mantenido la relativa armonía de mi ecosistema íntimo y una serenidad suficiente en medio de la agitación que en la calle se respira. Lo cual aprecio considerablemente, porque cuando se pretende actuar viene bien tener a mano un ramillete de estrategias para tenerse en pie, y esto lo tengo bien aprendido. Con todo, albergo un notable grado de convencimiento de que las rutinas terminan por hacerle a uno la vida más llevadera.
Pero amo a la vez la rutina y la aventura, y así sucede que he disfrutado tanto, cada vez que decomisaba al calendario un tiempo para mí, desviándome de mi hoja de ruta, por el placer de descubrir otros panoramas. O cuando me he entregado a una batida nocturna con algún viejo amigo, o consumado la inofensiva gamberrada anual que me reconcilia con el joven que aún rabia en mi pecho... dedicando un brindis a esa memoria privativa de cada cual, que también cada cual va escribiendo en los márgenes de su cuaderno de bitácora.
Después de todo, tal vez porque mi vida interior se aposenta en la curiosidad, en la inquietud por saber y hacer, miro a mi alrededor y constato que, entre las cunetas de las viejas rutinas, camino. Que camino en ocasiones sin un por qué, persuadido de la importancia esencial del movimiento. Y confieso que me sienta de primera que así sea... Como asimismo sucede hoy, que es un día cualquiera, y me agrada tanto esto de ponerme de nuevo a escribir, sin saber bien adónde llegaré, pero llegando, y habiendo empezado justo en el punto en que dejé este cuaderno, para cerrar un paréntesis. Aquel paréntesis de entonces... al fin y al cabo, más bien por todo, digo yo, o sea y sin embargo.

19 mayo, 2011

¡INDIGNAOS!

La familia del peón - Berni

A primeros de este mes de mayo, me llegó la onda de que algo parecía irse gestando alrededor de los postulados de ¡Indignaos!, el famoso librito de Stéphane Hessel, y, sólo dos semanas después, viendo las concentraciones multitudinarias que inundan muchas de nuestras plazas, tengo la sensación de que, en medio de esta crisis devastadora, estamos viviendo un momento muy especial.
Leí ¡Indignaos! en febrero, a rebufo del gran éxito editorial que tuvo en la vecina Francia. Ya en el prólogo de la edición española, José Luis Sampedro (no es casual que sea, precisamente él, su autor) cuestiona una vez más que realmente estemos en una democracia. Mientras los financieros, culpables de la crítica situación que nos envuelve, han salido del bache y prosiguen su actividad habitual con enormes ganancias, sus víctimas lo siguen pasando mal, muy mal. Y retóricamente se pregunta: ¿Qué han hecho los gobiernos, aparte de salvar a los bancos? No han suprimido las operaciones de alto riesgo, siguen consistiendo la existencia de paraísos fiscales... "El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos. Los bancos se preocupan de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general..."
¡Indignaos!, dice Hessel a los jóvenes, porque de la indignación nace la necesidad de actuar, la voluntad de comprometerse activamente con la Historia. Tras los atentados del 11-S en Nueva York y las desastrosas intervenciones emprendidas por los Estados Unidos y sus aliados, como respuesta a aquéllos, este primer decenio del siglo XXI ha visto cómo eran recortadas gran parte de las conquistas sociales, de los logros democráticos basados en valores éticos como la justicia y la libertad, que tanto dolor y sufrimiento costaron a quienes nos precedieron, y que son los fundamentos mismos del Estado del Bienestar.
En este contexto, no es de extrañar que testimonios como los de Hessel y Sampedro, dos de los luchadores más comprometidos que conozco, hayan calado entre los más jóvenes haciéndoles salir de la atonía generalizada que, como una espesa bruma, parecía empañar y debilitar cualquier respuesta social, ante los desmanes y desatinos de la clase política, al servicio de las Corporaciones, la Banca y el Mercado. Así, la energía de la indignación se ha transformado en acción, en compromiso activo, en resistencia cívica y no-violenta frente a situaciones de todo punto inaceptables. "Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir", reza una de las pancartas de estas quedadas. Porque el movimiento de los indignados no es apolítico, pero cuestiona profundamente la gestión de los partidos y los sindicatos, les emplaza con rotunda firmeza a recuperar su esencia democrática, y a ponerse las pilas y cambiar urgentemente de rumbo. De eso se está hablando por aquí estos días, desde las primeras concentraciones asamblearias. Y de esperanza.
No sé si fue de un modo intencionado, pero parece simbólico que la primera gran manifestación de Democracia Real ¡Ya!, el 15-M, tuviera lugar en la Puerta del Sol de Madrid, como si fuera un punto de inflexión y partida, en el kilómetro 0. Desde entonces les sigo, porque yo también estoy indignado. Y porque creo en sus mensajes, en su compromiso y en su lucha, y los hago míos, me siento y soy uno más de ellos.

31 diciembre, 2010

GRACIAS, DE CORAZÓN

Lento nacer - Úbeda

Tras un tiempo de darle vueltas a lo que me ocupa, he decidido entornar la ventana desde cuyo alféizar, cada fin de semana, me vengo asomando a la red. Hace ahora cuatro años que inicié esta singladura y voy a consentirme un pequeño descanso. No sé si serán dos, seis o diez meses los que me ausente. Lo que me atrevo a decir es que no preveo un cierre y que, por eso, hablo de entornar.
Y, así como hice el pasado año, he aprovechado el puente de diciembre para trabajar y dar forma a la nueva edición en libro de El alféizar, en la que he recogido los textos más personales de cuantos he ido editando cada domingo. Aquí lo dejo, como vengo dejando todo, en el éter de esta inconcebible malla que tanto ha modificado nuestras vidas. Aquí queda el trabajo, tanto en papel como (gratuitamente) en formato pdf. A día de hoy más de 350 personas os habéis descargado en vuestro ordenador la primera compilación de estos textos y eso me llena de satisfacción. Como igualmente me recompensa, de un modo difícil de expresar, el esfuerzo que habéis hecho quienes llegasteis a comprar la anterior edición de este libreto o mi novela El sabor de los días. Sinceramente, es mucho más de lo que podía hace no mucho imaginar y os estaré siempre infinitamente agradecido. Entre otras cosas porque, como escribía aquí, asimismo el pasado año, sois vosotras y vosotros los que me venís empujando, no ya a publicar sino, por encima de todo, a seguir escribiendo. Cada visita a El alféizar la interpreté siempre en clave de aliento y por esto, en cierto modo, os debo la disciplina que me exigí para llegar a tiempo a nuestra cita de cada domingo.

Gracias por estar ahí, queridas y queridos amigos; gracias, una vez más, desde el rincón más soleado de mi corazón.

Juanan Urkijo Azkarate.


26 diciembre, 2010

DESPUÉS DE TODO

El estudio - Bazille

«En resumen, podría echar a suertes quién soy o, más bien, quién fui. Es lo mismo. Después de todo, no soy sino la persona que habla. Pero que habla, ¿a quién?»
(Paul Éluard).

Imagino a Miguel Ángel, en su taller, el día en que recibió el enorme bloque de mármol que había encargado. Le veo; veo cómo, ya a solas, se da a observarlo, a acariciarlo, a mimarlo; cómo se arranca a desbastarlo con sus formones y buriles, comenzando quitar de la piedra caliza todo aquello que sobrara en su obra. Restos, fragmentos inútiles, basto jaspe, lo que no fuera La Piedad... Y siempre he pensado que semejante trabajo era asimismo, en otra escala, el mío: Hacerme, labrarme y apartar de mí todo aquello que no fuera mi modesta obra, para dejar únicamente esto, lo que soy...

Cuando pienso en clave de cinceles, tengo presente que en esta tarea de segregar de mí cuanto sobra he tenido ayudas impagables. Gracias a ellas, sigo esculpiendo mi alma, puliendo el detalle, de un modo cada vez menos obsesivo y arrebatado, con mayor sosiego. A día de hoy, no me asaltan mayores prisas. Tomo distancia y perspectiva, me observo y concluyo que soy lo que conozco y lo que ignoro; lo que reprimo y sueño; lo que digo y lo que callo; lo que hago y omito hacer. En parte, cuanto de mí atenazo, transpiro y desgajo fundamenta lo que he ido anotando en las páginas de este cuaderno, primero para mí, después también para contar.

Hago un alto y respiro conscientemente. Pienso en Miguel Ángel y en todos los bellos mármoles pulidos que me han servido de ejemplo. Y lo anoto agradecido, y lo cuento aquí, persuadido de que, lentamente, se va acortando aquella distancia que existía cuando, en un lejano día de mi primera juventud, escribí en una servilleta de papel que, después de todo, «soy un poco lo que soy, y otro poco lo que persigo.»

24 diciembre, 2010

LOS LOBOS

Howling dog - Klee

Cuenta una leyenda del pueblo cherokee que un viejo indio hablaba con su nieto y le decía:
—Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de ellos vive enojado y es violento y vengativo. El otro, sin embargo, está lleno de amor y compasión.
El nieto, inquieto, le preguntó:
—Pero, entonces, abuelo dime: ¿Cuál de los dos lobos ganará esa pelea que se libra en tu corazón?
Y el abuelo, con una tierna sonrisa, le contestó:
—Aquél a quien yo alimente.

19 diciembre, 2010

IGUAL QUE EL AIRE

Mujer - Toffoletti

Por más que consagre una y cien noches a escribir sobre ti, no logro revelar ni el más leve matiz de lo que eres y representas. Lo busco, lo pruebo, y en cada intento se me apodera la certeza de no tener un solo pensamiento original con el que agradecer al cielo la dicha de haberte hallado... Pienso ahora en ello y deambulo por el desierto de este pliego, con la terquedad de un quijote desvariado, viendo cómo la magia de las palabras se me niega cuando persigo distinguirte y anhelo asir del viento el resplandor de vida que tu evocación desprende...
Y me repito a mí mismo: Cómo expresar una vez más que, igual que el aire, siempre estás; que eres el vaho que exhalo con los primeros fríos, y el agua de todas las lluvias que me mojan en otoño, y la luz última que hiende el cielo de este atardecer tan prematuro... Sí, que eres aire y agua, que eres luz, ¡cómo decirlo...! Porque como luz te presiento, sueño y nombro, cuando adivino tu sonrisa en el lago blanco en el que escribo... Y porque luz es incluso tu ausencia, ese otro ingenio tuyo de perdurarte a mi lado, el ardid que te traza en el aire como una nota de violoncelo y alienta mi voluntad más esteparia y me reconcilia con mi modo de ser lo que después de todo soy: un hombre en pie...
Tu luz permanece en mi ronda, tu luz corteja mis pasos y tu luz los guía... Pues así como la luna furtiva se anuncia, deslizando su reflejo en los charcos, lagos, ríos y mares, así tu imagen me frecuenta, indeleble y leal, brillando en cada uno de mis días.

12 diciembre, 2010

ENTRE LOS GALPONES - Frankl

La casa gris - Chagall

Quienes hemos vivido en campos de concentración podemos recordar a aquéllos que caminaban entre los galpones, reconfortando a los demás y dando su último trozo de pan. Pueden haber sido pocos en número, pero ofrecieron prueba suficiente de que al hombre puede serle arrebatado todo excepto una cosa, la última de las libertades humanas: La de elegir su actitud ante una circunstancia dada, la de elegir su propio camino.

De los campos de la muerte al existencialismo, Víctor Frankl

05 diciembre, 2010

LA STANZA

La stanza - Damaride Marangelli

Todo comenzó con aquel cuadro de Damaride, ya le digo. Lo había comprado en una exposición colectiva, en Milán, porque me gustaba la sugerencia de infinitud que me transmitió desde el primer golpe de vista. Un viaje al universo de lo imperceptible, a partir de la reducción a la mínima expresión de una imagen en la que el lienzo que la sostiene es, aparentemente, lo de menos. En fin, para que se haga una idea, se trata de una estancia con un cuadro representando la misma estancia, a su vez con otro cuadro... Lo imagina. Bien; el caso es que al cruzar la sala, en una de cuyas paredes lo había colgado, sentía frecuentemente la necesidad de detenerme ante él. Lo observaba sin ver nada especial... y, sin embargo, algo de aquel lienzo me llamaba poderosamente la atención. Algo, no sé qué, que no alcanzaba a entender. Una, otra vez... Hasta que un día eché mano de la lupa de los sellos, no le he dicho que soy filatélico, y me puse a examinarlo... Entonces descubrí una especie de borrón mínimo que me llevó a coger mi cámara digital y tomar una imagen de aproximación con los tubos de extensión. Esta es otra de mis pasiones, la fotografía. Montando los tres tubos junto al objetivo, conseguí una ampliación extraordinaria. El zoom aplicado en la edición de la imagen hizo el resto. ¡Increíble, lo que descubrí...! En el centro de la pantalla de mi ordenador, es decir en el fondo del lienzo, había una figura humana, de perfil, un hombre ataviado como un caballero renacentista, con melena y mostachos en punta, cubierto con un holgado blusón. Empuñaba la paleta de óleos, frente a un caballete y un lienzo en blanco, tal vez el último cuadro de la serie, pensé... Permanecí estupefacto. De verdad, sólo un virtuoso del miniaturismo podría haber ejecutado aquello con semejante precisión. Una mujer: Damaride. ¡Qué maravilla!, me dije. Qué maravilla...
Y fue curioso: A partir de este singular hallazgo, podría decirle que casi lo olvidé. Casi... porque, tras unas breves vacaciones en el lago de Como, ya el mismo día de mi regreso comencé a tener sensaciones extrañas al moverme por la casa. Sin saber qué era, me encontré una vez más frente el cuadro. Supe que allí había algo diferente, imperceptible, pero diferente. Así es que tomé una nueva fotografía de aquella tela, la amplié en el ordenador... y para mi mayor asombro, créame: ¡el pintor ya no estaba! ¿Cómo podía ser...? ¡Había desparecido! Quedé boquiabierto, comparando durante minutos las imágenes obtenidas con apenas un mes de diferencia: La que le he descrito y esta reciente, en la que, aquel lienzo en blanco de la primera, ahora era la representación de una nueva estancia, réplica de las anteriores... Imagine mi turbación. El cuadro de Damaride desde entonces se convirtió para mí en una auténtica pesadilla. Más cuando, aquella misma tarde, comencé a presentir que no estaba solo en la vivienda, que allí había otra... presencia. Perdone, me falta el aire... Ufff...! Un día, exhausto, terminé envolviendo el cuadro en una sábana vieja y guardándolo en el fondo del trastero. Total, para nada. Seguí y sigo igual de desazonado, con este insomnio que me martiriza... Y, fíjese en lo que le digo, por las noches he comenzado a pintar. Sí, a pintar obsesivamente. Pinto ruidos, los ruidos de la madera que piso, los de las puertas que se cierran y... Usted me cree, ¿verdad...? A veces siento que algo me atraviesa, que mi pulso se desdobla. Permanezco por segundos terriblemente agitado y es que ni mi propia respiración parece pertenecerme. Por increíble que le parezca, aquel hombre... Aquel hombre me habita. Sí, tengo la plena certeza de que es así. Por eso he venido. Y porque estoy desesperado, como no puede imaginar. Se lo ruego, ahora dígame lo que piensa... Porque usted entiende de esto y me va a ayudar, ¿verdad, doctor
?

( La web de Damaride: http://damaride.blogspot.com )
 
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