17 junio, 2012

EL ARTE DE AMAR - Fromm

Los amantes - Magritte
«En contraposición a la unión simbiótica, el amor maduro es ser-uno bajo la condición de conservar la propia integridad e independencia y, por ello, también la propia individualidad. El amor del hombre es una fuerza activa que derriba los muros por los que el hombre está separado de sus prójimos, y que los une con los otros. El amor le permite superar el sentimiento de aislamiento y separación, pero le permite también permanecer fiel a sí mismo y conservar su integridad, su ser-así. En el amor se da la paradoja de que dos seres llegan a ser uno y, sin embargo, siguen siendo dos... El amor es una actividad, y no un afecto pasivo. Se puede describir, de una forma muy general, con la afirmación de que el amor es, sobre todo, un dar y no un recibir.»

10 junio, 2012

QUE ASÍ SEA

Les coquelicots - Monet

Me reconozco en ti, cuando en ti pienso. Y lo hago mientras mi historia se improvisa a tu lado, en los espacios embellecidos con esencias de cada lugar que recorro contigo; esencias con las que, un poco a borbotones, coloreo para ti estas acuarelas...
Dejo el pincel, miro mis manos, las cápsulas de una paleta imaginaria, y me pregunto, al cabo, qué hago. Qué, sino bosquejar imágenes, llevado por la corriente de la memoria hasta el último recodo del camino; qué, sino recalar en los horizontes que descubrimos, en los senderos trillados y en las habitaciones en que me revelé tu amante... Te miro detenidamente, más allá de este pliego, y trazo estelas que avalen cada pasaje vivido, los vagabundeos por el pavés de las calles viejas, aquellas travesías entre los verdes viñedos y sus amapolas y rosales, el apego de mi cuello a la tibia ternura que desprenden tus manos cuando lo rodean. Qué hago, me digo, y qué puedo hacer, sino combinar para ti una nueva textura de fragmentos perdurados, que repare la distancia desde el recuerdo de cada día compartido...
No te extrañe, pues, que piense en ti, y que piense en la historia de este amor, que es un amor nacido de viejas devociones y erigido con exploraciones recíprocas. Un amor que se sustancia en el anhelo de aprender y crecer juntos, de compartir la pincelada intelectual y el sondeo sensorial, de retratarnos el uno ante el otro desde la desnudez confesada, desde el placer de la permanente sorpresa que nos regala el simple hecho de estar vivos.
Y, ahora que pienso en ti y en el amor, recuerdo una de aquellas últimas noches: Yo inventaba una caligrafía recorriendo tu espalda, los flancos desnudos del instante, esas últimas terminaciones nerviosas que aletean rezagadas antes del sueño. Entonces te volviste para estrecharme sin urgencia, relegando tu amazónica idea de festejar el amor con una renovada conquista. Te besé en la frente y supe que era el momento elíptico del abrazo entero, del latido acompasado de los cuerpos, el musgo contra el musgo, la entrega al silencio en el sagrado anonimato de la noche... Permanecimos así unos minutos y, antes de musitarte que descanses, recordé a Kundera: aquello de que el amor no se manifiesta en la ambición de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien... Y, complacido en la belleza del sentimiento, cerré los ojos, como orando al cielo, y pensé: Así es... y que así sea.

03 junio, 2012

RESOLUCIONES

Marilyn - Warhol

Soy un tipo ordenado y, como así me va bien, no tengo mayor interés en cambiar; y menos a estas alturas de la película. Menciono lo del orden, por mi afición a hacer listados: listados de dietario y de asuntos pendientes, de libros que gloso, de pelis que veo. No es algo nuevo, que ya los hacía a los quince, hasta de las chicas que me robaban el aire...
Así es que no podían faltarme listas en materia de propósitos: esas buenas intenciones que uno busca sustanciar cada vez que inicia el año o un nuevo ciclo vital. Como tengo vencido al tabaco y me saneo regularmente en el gimnasio, lo que hago es endilgarme una veintena de posibles que, en una tabla y con método, reviso mes a mes. Total que, en esa miscelánea de objetivos que listé el último diciembre, recojo un poco de todo: Desde mi intención de cocinar nuevos platos, hasta la de revisar mis contratos y seguros (y cambiar de compañía, ante el mínimo abuso tarifario), pasando por eliminar plásticos y polietilenos de mi vida, verdecer los consabidos planes solidarios o mejorar mi asistencia a las salas de cine, en caída libre desde hace años, muy a mi pesar. Pues bien, llevo mis registros con resultados aceptables, salvo precisamente en esta última cuestión. Hago arqueo de mayo y vuelvo a anotar en rojo lo de ir al cine. La razón: que me supera cohabitar la sala con decenas de personas que aterrizan en ella de merendola. A fuer de ser claro, no puedo con el hábito de apalancarse con las palomitas, los frutos secos y el medio litro de cola ante la gran pantalla, como si en pantuflas y ante la tele de la propia casa. ¿No ven estos incontinentes glotones que, al manipular sus envoltorios, al masticar y al sorber, molestan; que sus emanaciones invaden desagradablemente las narices de quienes sólo buscan disfrutar de una película? Pues bien, amo el cine, pero repruebo la suerte de merenderos que son las salas de proyección. Consecuencia: voy poco y, lo poco, en la France, donde las taquillas tienen largas colas (la cultura en Francia es un valor social; basta con entrar en una librería o acercarse a una exposición para comprobarlo) y donde la escena de alguien abriendo una bolsa con maíces tostados en medio de una peli es inimaginable. Los franchutes tendrán cosas que sí y otras que no tanto, pero en materia de cine, sea por las buenas películas que hacen, por su hábito de ir a verlas o por el civismo que exhiben durante las proyecciones, nos dan sopas con honda. Las mismas que, por lo visto, les damos nosotros a ellos en el deporte de competición; algo que me trae al pairo, y mucho más a tres telediarios de que estalle la burbuja futbolera y viendo cómo se toleran las evasiones de impuestos de buena parte de los que dan patadas al balón, sacuden la raqueta o se suben a un Fórmula-1. ¡Qué país este, mon Dieu!
Como sea, repaso con método mis resoluciones y veo que no conseguiré cubrir mi objetivo para este año en lo que concierne a ir al cine... Salvo que pida asilo cultural al otro lado de la muga y me haga ciudadano francés, como Montaigne o Voltaire. Eso sí: si pudiera ser, a condición de que me permitan seguir viviendo por aquí, en este desorientado, consumido y contradictorio país.

27 mayo, 2012

MADUROS Y GENUINOS

Los jugadores - Rousseau

Se asocia la madurez a una cualidad cuya consecución va más allá de la edad y del simple trascurso de los años. Cabe pensar que alguien madura según aprende a manejarse, y que aprende a manejarse en la medida en que va exponiéndose a la temperie circundante y desarrollando y afianzando una serie de técnicas adecuadas para vivir. Lo que sucede es que, cuanto más se expone uno, más vulnerable se siente y mayor necesidad tiene de guarecerse de las inclemencias vitales. Y, ante éstas, parece que lo aconsejable sea cubrirse, enmascarar la propia naturaleza, tomar un patrón social de autoprotección y seguir las instrucciones. Adaptarse para sobrevivir, tal es la cuestión. Así, entonces, uno llega a ser un tipo juicioso y formal (maduro, vaya), y su entorno se lo reconoce y le da su respaldo; sabe que está preparado para funcionar, que ha conseguido ser alguien, una persona seria, estable, competitiva. Lo único...
Lo único que, el acceso a ese estado de competencia, conlleva peajes tales como el de sofocar lo más genuino de uno tiene: su inocencia. La inocencia poliédrica representada en el niño que contemplaba la vida sin entenderla y aún sonreía, en la chiquilla ilusionada que lloró sus alegrías y desencantos, en aquel gamberrete que perpetraba bromas, desafiando todas las leyes no escritas o, en fin, en el rebelde inconformista que se amoldó, pero mantuvo rescoldos de su fe en que un mundo mejor todavía es posible...
Supongo que el coste de intentar vivir de un modo equilibrado y eficaz, pasa por dejar jirones de candor en la cuneta. Ahora bien, pese a la pérdida de pureza y de frescura, intuyo que el quebranto personal que uno sufre no es tan definitivo. Puede que no se nos vea del todo (porque nos cubrimos), pero apuesto a que en cada uno de nosotros coexisten, con mayor o menor desahogo, el niño, la chiquilla, el gamberrete, el rebelde y cuantos hemos sido hasta ser lo que hoy somos. Y creo que tener esta perspectiva es saludable, considerando que nuestro pasado y el presente, e incluso los sueños que perseguimos, nos conforman.
Socialmente se premia la madurez bruñida de competencia, pero no confundamos nuestro desempeño funcional con la necesidad de sepultarnos en la gravedad, en la circunspección utilitaria. Somos mucho más que un rol, y la vida diaria nos suministra múltiples ocasiones de mostrarnos sin tapujos. Es ahí donde se nos reconoce; ahí, donde radica nuestra forma de ser genuinos, a pesar de los rigores del clima social y del tiempo reglamentado.
Observo en muchos de nuestros mayores el sabio retorno a la autenticidad que protagonizan. Y, viéndoles, concluyo que es sano relajar el semblante y despojarse con frecuencia de esa coraza funcional con la que uno despacha eficazmente tanto asunto inaplazable. Hasta es posible que, entonces, ese uno se sienta renovado, más en sintonía con lo que realmente es... y con lo que siempre quiso hacer de sí. Mostrarnos como somos con quienes nos quieren, es un gesto de nobleza y de autenticidad. Precisamente porque nos quieren, merecen nuestra sinceridad. Y, precisamente porque somos lo más importante que tenemos, también nosotros mismos nos la merecemos.

20 mayo, 2012

ESCOGER Y SERVIR EL VINO

La copa de vino - Vermeer

Hace tiempo que la cultura del vino dejó de ser un coto cerrado para ceremoniosos entendidos, debido sobre todo al esfuerzo de muchos viticultores y al respaldo institucional, que impulsaron la aparición de los cursos de catas, las rutas enológicas y el enoturismo, en general, propiciando su progresiva y feliz popularización. Como sea, siempre viene bien tener unos conocimientos básicos sobre los vinos, su cuidado, la manera de servirlos y su relación con la gastronomía, que ayuden a saber elegir de acuerdo con el menú. Modestamente, intentaré condensar cuatro apuntes en torno al tema.
Pensando en maridajes, los entremeses (ensaladillas, hojaldres), pescados y mariscos se suelen acompañar con vinos blancos, si es posible cosecha del mismo año, para que conserven fresco el sabor afrutado. Para el fuagrás, se reservan los blancos dulces. Los más secos, incluso un buen jerez, para las sopas. Si se van a ofrecer dos tipos de vinos diferentes, los pescados se servirían primero, ya que el blanco no debe ir después del tinto, porque los vinos de cuerpo inundan la boca con sus sabores de taninos (resultado de su reposo en barricas de roble) e impiden degustar el delicado emboque del vino blanco.
Las llamadas carnes blancas (pollo, pavo y otras) van bien con rosados y tintos ligeros, mientras que las carnes rojas y de caza se presentan con tintos de cuerpo, para que los fuertes sabores del plato tengan su compensación en la boca.
Los quesos, que se sirven entre el último plato y el postre, han de ir escoltados por tintos afrutados o muy jóvenes. Finalmente, el cava puede tomarse como aperitivo (mi preferencia), como vino único para acompañar el plato principal o cortejando a los dulces tras el postre.
Respecto a la temperatura del vino, existe la costumbre de servir los rosados y los blancos, y el cava, casi helados. Sin embargo, estos vinos conservan su aroma y su sabor intactos con 7º u 8º (el cava y el champán entre los 4º y los 6º), lo que significa que con ponerlos en la nevera tres o cuatro horas antes de la comida será suficiente. Luego, es cuestión de presentarlos a la mesa en una cubitera con abundante hielo.
La temperatura ideal para servir los vinos tintos es de 18º. Y hay quien sostiene que es preferible que sea algo más elevada, antes que darle un choque a la botella en la nevera, para bajarla a los 18º de rigor. En todo caso, conviene abrir los vinos tintos un par de horas antes de tomarlos para que se oxigenen, e incluso decantarlos y servirlos en una jarra, especialmente aquéllos que tienen más años, como los reservas. También es adecuado, al descorchar, despreciar en privado una pequeña cantidad de vino, no fuera que en la superficie del cuello quedara algún resto de corcho.
Finalmente, el vino suele servirse por la derecha (a la inversa que los platos) sin llenar la copa, sino hasta la mitad o un poco más. Lo usual es que al abrir una botella se dé a catar, sirviendo muy poca cantidad al más entendido de la mesa o al invitado de más edad. Cuando me ofrecen ser quien lo prueba (más por maduro, empiezo a temer, que por experto), prefiero agitarlo levemente en la copa y limitarme a tantearlo con el olfato, evitando el excesivo sabor a alcohol que tiene el primer sorbo de la botella recién abierta.
De cualquier modo, a la hora de hablar del vino y de sus propiedades, conviene ser prudente y comedido. Alrededor de este tema existe a veces demasiada ceremonia injustificada y no es nada extraño observar conductas y escuchar expresiones que son de un formalismo que llega a rozar lo ridículo. Una vez oí decir a alguien que el vino que estaba bebiendo tenía un ligero sabor a cuero, pero a cuero... de silla de montar. En fin, todo un artista.

13 mayo, 2012

SEGUIR EN PIE

Tríptico de Haywain - Bosch

De acuerdo, la realidad se impone caótica e impredecible y ese desayuno cotidiano a base de injustificables recortes, macrocifras negativas y corruptelas en las altas esferas se le atraganta a uno y le corta el apetito y hasta el aliento. Las informaciones se abren paso con tanta severidad como incertidumbre, y España se está convirtiendo en un país en vías de subdesarrollo, precipitado al vacío por la voracidad de los mercados, el autismo de una banca sin escrúpulos y la nefasta gestión política de los últimos años. Aún así, aquí no se investiga nada, a nadie se le exigen responsabilidades por arruinar la vida de cada vez más gente... Y esto es realmente duro de tolerar, en medio de un padecimiento social cada vez más generalizado.
De modo que seguir la traducción que de todo ello hacen los noticiarios resulta insufrible. Uno llega del trabajo, escuchando los informativos en el coche, y se desinfla estremecido; luego, cena, se sienta en la sala, pone el telediario y, cuando concluye el relato de tanta adversidad encadenada, casi siente la necesidad de palparse para verificar que, en este despropósito de mundo, aún continúa ileso.
En vísperas del aniversario del 15-M, tristemente parece tan real, como nunca antes imaginé, el sombrío final de aquel poema de Benedetti:
... Seguir en pie
quiere decir coraje
o no tener
dónde caerse muerto.

06 mayo, 2012

EL LOCO - Gibran

Incomprensión - Humberto Viñas

Me preguntáis cómo me volví loco. Así sucedió.
Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras. Sí, las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado y que llevé en siete vidas distintas. Corrí sin máscaras por las calles atestadas de gente, gritando:
-¡Ladrones, ladrones! ¡Malditos ladrones!
Hombres y mujeres se reían de mí y, al verme, varias personas llenas de espanto corrieron a refugiarse en sus casas. Y, cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa me señaló gritando:
-¡Miren: es un loco!
Alcé la cabeza para ver quién era y, por primera vez, el sol besó mi desnudo rostro y mi alma se inflamó de amor hacia su luz, y ya no quise tener más máscaras. Y, como si fuera presa de un trance, grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis siete máscaras!...
Así fue como me convertí en un loco. Y en mi locura he hallado la libertad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.
Pero una cosa os pido: No dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad, porque ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

29 abril, 2012

UNA MALA NOCHE

Mujer de espaldas - Hammershoi

Hace un año que Berta y Gonzalo decidieron vivir juntos, sin imaginar siquiera que, unos meses después, él perdería su trabajo. Para Berta tampoco fue fácil. No sabía qué obraba en su interior, para estarse volviendo cada vez más desconfiada e irascible con Gonzalo, quien padecía sus desajustes con buenas dosis de resignación y la secreta esperanza de que todo aquello fuera cosa de una mala racha. Como fuera, Berta había adoptado la rutina de llamarle varias veces desde el trabajo, para preguntarle qué haces, sin más.
—Te doy un toque si me retraso —dijo ella.
—No, no hace falta. Tendré la comida preparada para cuando...
—Bien, si no quieres que te llame, no te llamo.
—No, mujer, yo no he dicho eso...
Pasaban los días y Berta se mostraba intratable con Gonzalo. Le cercaba a preguntas, pretendiendo que le diera cuenta de todo: de lo que había hecho o fuera a hacer durante la jornada, de lo que le quería...
Una tarde fueron de compras a Carrefour y aprovecharon unos cupones promocionales para adquirir a buen precio cuchillos de cocina. Se acercaron al punto de información para canjear uno y, nuevamente, discutieron. No se ponían de acuerdo en la elección y la dependiente, joven y agraciada, hizo algún comentario que a Berta le hizo pensar que se ponía del lado de su pareja. De malos modos, entonces, zanjó el asunto cogiendo un gran cuchillo de cocina, en vez del otro más pequeño y manejable que prefería Gonzalo. Al llegar a casa, Berta seguía malhumorada, recriminándole el coqueteo que se había traído con la chica de Carrefour, y él, los ojos en blanco, sacudió la cabeza incrédulo y se refugió en el ordenador, por evitar enmarañarse en otra irracional disputa.
Así les iba, en esos días en que Gonzalo no cesaba de mover su currículo, hacer llamadas, enviar correos y buscar por la red ofertas de trabajo, mientras Berta salía y regresaba a casa huraña, suspicaz, molesta por todo.
Una noche de enfado, ya en la cama, ella resoplaba entre inquieta y rabiosa. Aún despierto, Gonzalo vio que se levantaba con brusquedad y salía del dormitorio. Decidió no hacer nada y terminó durmiéndose, para volverse a despertar a las cinco de la mañana. Como Berta no había vuelto, se levantó y echó un vistazo a lo oscuro. Debía estar en la otra habitación, una suerte de trastero con una cama. La puerta estaba cerrada, conque volvió a acostarse, esta vez sin lograrse dormir. ¿Conocía realmente a Berta...? No pudo evitar acordarse del cuchillo que habían canjeado y, en esa traidora confusión de la noche, comenzó a sentirse intranquilo, bajo una estúpida alerta que no acertaba a controlar. Total que así, entre devaneos, pasaría un par de horas, hasta que, al abrir los ojos, varios haces de luz natural le llegaron de entre las lamas de la persiana. Se levantó, la puerta del otro cuarto estaba abierta: Todo en orden; la cama, incluso hecha. Entonces fue a la cocina, donde vio los restos del desayuno de Berta y junto a ellos una nota: «He dormido mal, luego te llamo.» Bueno, al menos no parecía enfadada. Tomando un café, Gonzalo recordó sus desvaríos nocturnos y bufó sintiéndose un poco necio. Luego, fregó las tazas y, tras recoger la cocina, encendió el ordenador de la sala y se llegó a la habitación para hacer la cama, como todos los días...
Sin embargo, todo habría de cambiar repentinamente, a partir del momento en que introdujo la sábana bajo el colchón, por el lado en que dormía Berta, y casi le da un síncope cuando tropezaron sus dedos con el filo acerado del cuchillo de Carrefour.

22 abril, 2012

AMORES MICRORRELATADOS - Varios

Abrazo - Schiele

HIEROFANÍAS

Y el fantasma vino corriendo y me atravesó.
Cuando quise verlo, ya no estaba.
Ahora, dos pulsos me habitan y mi sombra
algunas veces me besa en plena boca.
—Lilian Elphick—

STREPTEASE
Por favor, no te desnudes más.
Te vas a quedar en carne viva.
—Antonino Ney—

OTRA VUELTA DE TUERCA
Para los más sofisticados
(admitamos que se trata de una perversión muy cara),
la madame está en condiciones de contratar
los servicios de sus propias esposas.
—Ana María Shua—

NOCTURNO
Ellos son dos, por error que la noche corrige.
—Eduardo Galeano—

15 abril, 2012

EL CANTO DEL CUCO

Pas de Mercusot - Cuixart

Comenzaron a brotar las rustifinas que cuido en mi terraza y este hecho fue uno de los modos en que abril felizmente se anunciaba hace unos días. Abril, mi mes, con su hora y cuarto más de luz y el escenario de escarceos entre el sol y las nubes, batallando por despuntar en un cielo tan inestable como prometedor. Y es que, en la atmósfera magna e inigualable de abril, principia el acomodo de la nueva primavera, y por esto algún mayor de nuestros pueblos comentará con regocijo que, un año más, vuelve a oír cantar al cuco, ese sorprendente pájaro, con fama de taimado, que pone los huevos en nido ajeno y da fe del advenimiento de las floraciones; el cuco, con su canto aflautado, dos notas breves y volanderas y, tras ellas, una laguna de silencio.
Hace siglos que no oigo el canto firme y poderoso del macho (dicen que la hembra burbujea), el inconfundible cucú que se hace notar por los bosques de mi país en las mañanas de abril. Hace mucho, ya digo, y hoy, desde el pacífico exilio de una distancia tejida de tiempo, aquel canto del cuco tiene algo de mágico en la melódica transición de mis evocaciones. Era entonces mi niñez, domingos montañeros, las piernas arañadas de atajar por entre pinos y helechos, de rozar las matas floridas de otaca y brezo de los alrededores de aquel Llodio de entonces. Todavía, según escribo, casi oigo al cuco, como si fuera aquí al lado donde impertérrito aún permanece en su rama. Calculo que, si saliera de la ciudad hacia el bosque, a una hora de marcha no tardaría en escucharlo, y sé que, pese a no ser los mismos caminos y montes ni las mismas sensaciones, su canto sonaría inalterable en mis oídos, emitiendo señales de una entrañable complicidad. Cu-cu, cu-cu, cu-cu...
Tiene su gracia que recordar el canto del cuco me infunda una cierta añoranza. Y pienso que será secuela de tener la edad que tengo, esa perspectiva que da el ir haciéndose mayor, como también brindan los años la de gozar de estos minúsculos detalles, incluso desde una razonable nostalgia. En lo que más cercanamente me atañe, he aprendido a recrearme en las cosas sencillas. Noto que a veces mi felicidad se asienta en la discreta sorpresa que experimento de ser real, de existir, y que sus exigencias no van mucho más allá de abrir cada mañana las contraventanas y volver a cerrarlas al atardecer. Esto también es bienestar: una cierta lentitud, los mil tonos verdes que motean de vida cada día de abril, y esos momentos en que contemplo las rustifinas de mi terraza urbana, mientras en algún lugar vuelve a sentirse al cuco, un año más, con su canto aflautado: dos notas breves y volanderas entre los pinos, y tras ellas, atento, el niño que llevó mi nombre... y una laguna de silencio.

08 abril, 2012

EL PÉRIGORD NEGRO

Primavera - Millet

El Périgord es una de las regiones francesas que goza de mayor encanto y muy especialmente en primavera o en otoño, cuando no hay demasiada gente. Es una tierra de castillos, célebre por sus bellos pueblos y surcada por el limpísimo Dordoña. En mi primera visita a la comarca, recorrí el llamado Périgord Noir, cuya joya por excelencia es Sarlat, una localidad que tomó auge alrededor de una gran abadía benedictina y que, gracias a sus preciosos edificios medievales y a sus palacetes renacentistas, tiene el mayor número de construcciones protegidas (por m2) de Europa.
Saliendo de Sarlat, rumbo a Montignac está la Cueva de Lascaux II, considerada la Capilla Sixtina de la Prehistoria: una reproducción exacta de la gruta original. Las explicaciones que guían la visita son en francés, pero uno puede informarse en internet antes de ir, para tener una idea de lo que va a ver, en todo caso una maravilla.
En el valle del Dordoña, se sitúan la mayor parte de los castillos y manoirs (palacetes) de la región. Varias de las localidades de esta zona figuran entre los pueblos más bellos de Francia: la bastida de Domme, La Roque Gageac, junto a un abrupto acantilado, Belvès o Castelnaud. Cualquiera de ellos, merece una relajada visita. En La Roque, por ejemplo, es obligado tomar una gabarra para navegar por el Dordoña, durante una hora, y ver desde ahí las boscosas riberas. Sobre éstas, y de cada lado del río, resaltan espléndidos los castillos medievales de Beynac y de Castelnaud.
En el valle del Vézère se puede pasar por el acantilado de la Roque Saint-Christophe, un pueblo troglodita (la Madeleine) y el pueblo de Saint-Léon-sur-Vézère, con su coqueta iglesia románica. Hay muchos monumentos y lugares que, por su notable interés prehistórico están incluidos en el Patrimonio Mundial de la Unesco. Esta opción es para quien se interese por ver y saber cómo vivían algunos de nuestros más lejanos antepasados.
Por cierto, se dice del Périgord Negro que es una región que se visita con el paladar. Su generosa naturaleza ofrece productos deliciosos como el foie gras, las trufas, setas, nueces, el queso cabécou (de cabra), los vinos, etc. A la hora de comprar y comer, el rey de la gastronomía del suroeste francés es precisamente el foie-gras, o sea el hígado de pato o de oca, a no confundir con el paté, que es una mezcla de carnes, bastante más barato y que, en los restaurantes, se sirve en porciones o terrines (recomendable). Finalmente, un buen vino de la zona es el Monbazillac, blanco y dulce, de un precioso color entre pajizo y dorado, que acompaña estupendamente al foie gras como aperitivo; pero también hay otros blancos de Bergerac, algo más sencillos e igualmente sugerentes, muy en sintonía con lo que es y brinda toda esta atractiva región.

01 abril, 2012

NOCHES JUNTO A TI VIVIDAS

Y llegó la noche - Mercero

Desfallece el día y con su partida me vienen aquellas otras noches, que junto a ti he vivido. Noches intensas y envolventes, noches que colman el vaso del momento para encharcarme con la cadencia de un arroyo calmo... Olas mansas que acarician las riberas del crepúsculo y ondulan el reflejo esmaltado de otras lunas; de lunas que eran nácar sobre ríos de plata, de lunas que alumbraron nuestros hombros uncidos al andar, los caminos de sombras que inventaban nuestros pasos. Miro atrás y se me cuela aquel aire que aún respiro, y me entra por la boca hasta el pulmón y hasta lo más vivo, como una bocanada de complicidad y silencio, de letras inescritas en cada página del breviario de amores que juntos compusimos. Seguro que recuerdas la penumbra imperiosa que gobernaba los paisajes, y, común a todos ellos, aquel explorable silencio que se volvía nocturno; y cómo lo quebrábamos de risas, pisadas y besos, conmovidos en la insomne connivencia de tenernos a ratos, de tenernos siquiera de la mano.
Tal vez por esto que te cuento, me vuelven las noches junto a ti vividas; sosegadas se adentran en mis poros abiertos, en mis oídos como una balada al piano... Y un resto de mí mismo torna a transitar por senderos que son el musgo fresco en mi memoria, y las recupera para esta consagración de palabras: el poema inédito que emborronan mis manos, la idea del tiempo desnudo que no atiende a relojes, la misma vida rehaciéndose cada vez que alguien, en un lugar cualquiera, se despide y parte. Y el murmullo del agua cuando escribo...
Surca el cielo un jirón de estrellas, arrimándose perezosas a la alborada, y me amarro a un hilo de turbia realidad en la evocación última de aquellas noches que te digo, de sus ríos y caminos, de la luna que era nácar sobre plata, de los espejos que te vieron y se empeñan en retenerte... cuando ya no estás. Calla lejanamente el piano, cierro los ojos y renuncio a vigilar mis fronteras. Te busco a tientas en algún rincón del sueño y muy lentamente me extravío. Algo me dice que ahí fuera ya clarea.

25 marzo, 2012

FUERZAS DE FLAQUEZA

En el balcón - Iturria

Me escandaliza, todavía más de lo que me perturbó la gestión de la crisis del anterior Gobierno, lo que éste ha comenzado a hacer. ¿Qué nos adormece hasta el punto de que la respuesta social a sus nuevas medidas (reformas financiera y laboral, modificaciones en materia educativa, en la justicia, etc.) vuelva a ser, salvo en casos aislados, prácticamente inexistente? Me lo pregunto, sin acertar a calcular el eco que tendrá la huelga general del 29-M, convocada por unos sindicatos moralmente bien poco legitimados para encabezar cualquier protesta. En todo caso, tal vez sea el miedo lo que nos agarrota...
Noam Chomsky elaboró un inventario de estrategias mediante las cuales el poder (cada vez menos visible) controla a la población a través de los medios de comunicación. Habla de tácticas como la distracción (desviar nuestra atención de los asuntos importantes), la creación de problemas para después ofrecer soluciones (se permite un incremento de la violencia al objeto de que la ciudadanía demande seguridad y acepte políticas y leyes que cercenen sus libertades), la utilización de las emociones para llegar al individuo, neutralizando su análisis racional y su discurso crítico, la promoción de la mediocridad en todos los ámbitos de la vida social, en fin. Es chocante que aceptemos como un mal necesario el continuo recorte de derechos sociales y el gradual desmantelamiento de servicios públicos, hasta hace cuatro días incuestionables. El propio Chomsky menciona la gradualidad como el sutil modo de imponer con cuentagotas una serie de condiciones socio-económicas totalmente nuevas, destinadas a demoler el Estado del Bienestar: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que no garantizan unos ingresos decorosos... Cambios todos que, de haber sido aplicados de golpe y porrazo, hubieran provocado una auténtica revolución.
Como sea, formamos parte de una población sugestionable y atemorizada, gobernada por meros intermediarios de la Banca, el Mercado y las Corporaciones; de una población que tolera el desempleo como un “mal de muchos” y ocupa su tiempo rellenando currículos, viendo fútbol y dormitando ante una televasión colonizada en sus horas estelares por unos cuantos payasos de plató sin signos externos de inteligencia.
Muchos auguran ya que la nuestra será la primera generación en la Historia de la Humanidad que va a legar a sus hijos un mundo peor que el que conoció. Yo, también, así lo creo; como creo que, frente a tan desalentador pronóstico, cualquier iniciativa por contrariarlo pasa por combatir esa idea establecida según la cual lo normal es aceptar lo que existe y lo anormal es intentar cambiarlo. Educar, en este contexto, sigue siendo la mejor herramienta para el cambio. Hasta hace no mucho, la educación de un niño básicamente consistía en inculcarle una serie de creencias sobre las que desarrollar un pensamiento temeroso y hasta cierto punto infantilizado que diera un “sentido” a su existencia. Hoy, a pesar de otros modernos condicionantes, podemos educar a nuestros hijos con sentido crítico, estimular su lucidez, su aprendizaje racional y emocional, y permitir que sus creencias lleguen naturalmente, sin adoctrinamientos ideológicos que los suman en la perplejidad y el temor.
Cuando pienso en cómo vencer precisamente el temor que ahora nos paraliza, también reparo en todo cuanto engrandece a la condición humana: No otra cosa sino la esperanza, que demuestra con su capacidad heroica para arrostrar los contratiempos y su voluntad de acción y de cambio. Porque el ser humano se descubre a sí mismo en situaciones de crisis real y profunda, cuando todo a su alrededor se derrumba, mostrando muchas veces lo mejor que tiene, justamente ese valor de la gente común, dispuesta a sacar fuerzas de flaqueza, para superar el desaliento. Por esto creo que, en buena medida, está en nuestras manos provocar la llegada de tiempos mejores, promoviendo el compromiso solidario y avivando la llama del pensamiento y de la acción crítica... Salvo que prefiramos claudicar ante la realidad que se nos impone y aceptarla amedrentados como algo normal e ineludible; como la más cruda fatalidad.

18 marzo, 2012

ESTRELLAS FUGACES

Se roza el domingo - Úbeda

UNA PARADOJA
El destino es la consecuencia de nuestro pasado,
que nos sigue por delante.

HAZ Y ENVÉS
Es el hombre el que ha creado un dios,
injusto y mezquino, a su imagen y semejanza.

NARICES
La intuición es el olfato de la experiencia.

DEL MONTÓN
Un mediocre es aquél que únicamente destaca
por ser tan normal como la inmensa mayoría.

SIN PUDORES
Frecuentemente caigo en la cuenta de que tengo que cambiar,
para seguir siendo yo mismo.

11 marzo, 2012

UNO Y LOS OTROS

La ciudad - Grosz

Pero, veamos: ¿adónde le conduciría a uno, el decirlo todo? ¿Acaso no vivimos instalados en la paradoja de ser y no ser, de hablar y callar, de estar y permanecer ausentes? ¿Qué y quiénes somos realmente, entonces? Los que hablan y ríen, los que miran, los que copulan, los que lloran, sienten, piensan; quienes mueren. En el ejercicio de su humana condición de ser, uno ha de caminar segregando jirones de sí mismo, inventando una estrategia moral para la vida, un estilo de supervivencia, el modo de estar, un lenguaje. De manera que parece oportuno mostrarse convencional ante los demás, revelar las propias coartadas y exhibir argumentos comprensibles, minimizando las defensas para ser admitido, como si tal igual, haciendo concesiones de palabra y actos a quienes le observan e interpelan. Uno, también, ha de enmascararse para habitar la temperie de zozobra en la que vive, para soportar el ruido del mundo, la ceguera abisal de sus extraños congéneres, a quienes ya apenas reconoce...
Es preciso ser considerado incluso con aquéllos a quienes no se ama, pues si realmente uno confesara abiertamente las razones últimas de cuanto cree, sostiene y defiende, se quedaría solo; incómoda, su propia sombra le rehuiría.

04 marzo, 2012

ROLLOS DE PAPEL

Suerte - Lorenzo Fernández

Buena parte de las guerras domésticas que libraban Elisa y Fernando, tenía que ver con ciertos descuidos que acontecían en el cuarto de baño y en los que, invariablemente, él resultaba inculpado: fuera por dejar pelos en la bañera, no cerrar los envases del gel y del champú, e inundar el suelo tras ducharse, o por machacar el tubo del dentífrico dejándolo abierto y hecho un churro. Semejante despreocupación por estos detalles, tras cinco años de convivencia, sacaba de quicio a Elisa; y, vista la dificultad que para Fernando parecía ofrecer cualquier enmienda al respecto, el asunto de su dejadez era fuente de repetidas discusiones.
Sin embargo, existía una suerte de batalla conyugal, asimismo de toilette, que se daba sin que entre ellos mediara una sola palabra, y que tenía que ver con lo que cada quien consideraba que era la “correcta” colocación del papel higiénico alrededor del cilindro de sujeción. Que el extremo de aquél colgara por dentro o hacia fuera, motivaba en ambos una reiterada operación de cambio posicional del rollo, que sibilinamente era despachada en el silencio del retrete, con asiento, deliberación y disimulo. Y, a juzgar por la tenacidad con la que perseveraban en su manía, un espectador neutral pudiera haber deducido que, tras la apariencia irrelevante de estas manipulaciones, se ocultaba un algo profundamente simbólico; como si, al recolocar el papel higiénico, Elisa y Fernando se jugaran, el uno frente a la otra y viceversa, no sólo la defensa de lo estrictamente correcto, sino, además y sobre todo, el prurito de reafirmar la propia posición de primacía en la relación marital.
Como fuera, dos meses después de que, por iniciativa de Elisa, firmaran un divorcio de mutuo acuerdo, Fernando se sentaba sobre la tapa del inodoro de su nuevo apartamento para reponer el rollo de su exclusivo cuarto de baño. Lo colocó, faltaría más, con el extremo del papel colgando hacia fuera. Luego, demorándose unos segundos, observó el tubo del dentífrico, apachurrado y sin cerrar, y tentado estuvo de taponarlo y ponerlo en su sitio... Pero se dijo que nanay, con la cosa esa de hacer lo que le petara, dueño y señor de sus dominios. Así es que apagó la luz del aseo y, pensando en comprar tabaco, se calzó y se echó al hombro una cazadora. Fue entonces cuando, al pasar junto al gran espejo del recibidor, un algo inconcreto (no supo qué) le perturbó y le hizo sentirse incómodo. En aquel momento no lo podía saber, pero esta sería la primera vez, de una larga serie por llegar, en que le pareció que ese "algo" proyectara desde su fuero interno una nueva y extraña sombra de sí mismo, gris y difusa, que no le gustó nada. Maquinalmente, regresó entonces al cuarto de baño y cerró la pasta de dientes, recogió una muda del suelo y la echó al cesto de la ropa sucia. Y, con la misma rara sensación a cuestas, sintió una punzada bajo el esternón cuando pensó en Elisa. Torció el gesto con un rictus de pesadumbre y, cabizbajo, tomó el ascensor y bajó a la calle. Cuando salió del estanco, su único propósito era deambular hasta sumirse en un estado de suficiente fatiga; la justa como para no pensar; como para, cuando cayera la noche, al menos poder dormir.

 
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