29 junio, 2007

KLEE

El Pez de Oro

Me gusta la pintura, leo sobre pintura y, siempre que puedo, visito museos y exposiciones. Incluso he comprado algún óleo, de esos no prohibitivos que por suerte están a mi alcance. No soy un crítico y me guío básicamente por sensaciones. Los cuadros que me gustan son como esos amores a primera vista; los guardo en la retina, los memorizo con el sentimiento, absorbo de ellos cuanto puedo, los llevo conmigo… Algo así me pasa con determinados pintores: De Durero a Millet, de Monet a Klimt, Chagall, Kandinsky, Sorolla, Magritte, Hopper, Agustín Úbeda... o Paul Klee. Podría haber tomado cuatro notas en Internet, a propósito de este último, porque es uno de mis preferidos. Pero he optado por seleccionar algo de lo que hizo, pensando que dice más una mirada a uno de sus cuadros que cuanto yo intente copiar aquí.

Pirámides de Agua

Si recuerdo hoy a esta figura del arte abstracto que fue Klee y le acerco a mi página, de un modo especial, es porque murió en Locarno (Suiza), tal día como hoy: un 29 de junio de 1940.

Los Arcos del Puente

21 junio, 2007

EL CAMBIO QUE NO CESA

Cielo - Iman Maleki

Cambios, cambios y más cambios. Antes teníamos un trabajo, un amor, una vida; sin embargo, ahora tenemos muchos trabajos, muchos amores y hasta muchas vidas, algunas incluso paralelas. Vivimos instalados en el cambio y, colateralmente, en el riesgo, pues cada vez es mayor la imprevisibilidad de todo... y también nuestra fragilidad ante todo. Somos más vulnerables. En medio de las profundas convulsiones a que asistimos, dos amigos que hace tiempo no se vieran podrían, perfectamente, preguntarse: ¿Aún trabajas en el mismo sitio? ¿Todavía sigues casado?
Leí ayer que en el Reino Unido el 50% de las casas han suprimido la mesa del comedor, y recordé a Bertrand Russell diciendo que él, a los nueve años, interrumpió su educación para ir a la escuela. La familia, hasta hace tres décadas era fundamental... y admito lo absurdo de evocar algo que difícilmente va a volver, pero, aún así, creo que es importante saber de dónde se viene, para decidir hacia dónde se quiere ir.
Como sea, esta es una sociedad cada vez más individualizada, en la que uno pierde progresivamente sus contactos y sus vínculos. Si el eje clásico de la desigualdad antes era vertical (los de arriba y los de abajo), ahora existe otro esquema axial: los de dentro y los de fuera; o sea: excluidos y no, solos y acompañados. Ha ido dejando de existir el ciudadano estándar y hoy en día cada quien se representa a sí mismo: un tipo único en su especie, que acarrea una mochila bien diferente a la de otros... y bastante compleja, por cierto. Porque es que además vivimos en la época de la diversidad, un valor que está pillando a los tecnócratas con el paso cambiado. La Administración, por ejemplo, con su pesada y lenta maquinaria burocrática asiste perpleja a tanto cambio, pues en sus genes está la idea de que todos los ciudadanos responden a un prototipo y que, en este sentido, son, y somos, casi iguales. Concebida para atender categorías, se las ve y se las desea para atender a personas, a casos concretos, e intenta convertir los problemas de la gente en algo aceptable para el sistema. No tiene compasión con el usuario, cuando se presenta en una ventanilla:
—Yo tengo un problema.
—Está bien. Tráigame los papeles.
En consecuencia, parece que es necesario dar una nueva respuesta a las nuevas necesidades. Y la diversidad ha de ser abordada transversalmente, por gente que trabaja junta, para resolver los problemas de un modo integral. Las políticas sociales tienen que recobrar su visibilidad. El bienestar de la ciudadanía no es un elemento abstracto sino algo concreto, del día a día, que implica la descentralización y la atención personal, la proximidad. Abordar un caso conlleva romper con la lógica de la derivación y ponerse a trabajar en red, sobre la base a una interdependencia estructural y horizontal (no jerárquica). A los cambios, en fin, hemos de responder con cambios. Por esto, la audacia tal vez deba de ser un nuevo valor en alza. De lo contrario, probablemente, estamos apañados.

16 junio, 2007

JOYCE

El jueves 16 de junio de 1904 sería inmortalizado por James Joyce, a través del Ulises, aquel extraordinario meteorito que le cayó al planeta novelístico en 1922.
Confieso que fue cien años después de aquel día, en verano de 2004, cuando en un arrebato de pundonor me enfrenté por quinta vez a la tarea de leer esta obra maestra. No sé qué me pudo haber sucedido en las cuatro anteriores ocasiones, en las que no pasé de las ochenta primeras páginas; es probable que aún no estuviera preparado para gozar de su lectura. Pero entonces lo conseguí, con enorme agrado. Con ser difícil, lo que puedo garantizar a quien se acerque al Ulises es que la excelencia en el manejo de la técnica narrativa de Joyce, el modo en que usa el fluir interior de la conciencia y su virtuosidad verbal, no le dejarán indiferente. Dicen que Joyce se inspiró en La Odisea de Homero. Lo cierto es que el Ulises viene a ser también un viaje: el que el judío irlandés Leopold Bloom emprende en Dublín, a lo largo de un solo día cuyo clímax llega en el momento en que se encuentra con el estudiante Stephen Dedalus. El fondo argumental de la novela gira en torno a la búsqueda simbólica de un hijo por parte del propio Bloom y a la conciencia emergente de Dedalus, entusiasmado por dedicarse a la escritura.
Como pequeña muestra, el comienzo del Capítulo II del Ulises:

«El señor Leopold Bloom comía con fruición órganos internos de bestias y aves. Le gustaba la espesa sopa de menudos, las ricas mollejas que saben a nuez, un corazón relleno asado, lonchas de hígado fritas con raspaduras de pan, ovas de bacalao bien doradas. Sobre todo le gustaban los riñones de carnero a la parrilla, que dejaban en su paladar un rastro a sabor de orina ligeramente perfumada.»

04 junio, 2007

CON EL CORAZÓN

Figuras - Montserrat Gudiol

Al contestar un correo, observaba ayer la cantidad de encajes que nuestro idioma nos permite hacer con el corazón. Se lo debemos lógicamente a ese latín, moribundo en las aulas de algunos institutos y universidades, que nos ha nutrido durante siglos como una buena madre, hasta que nos fuimos haciendo lo suficientemente mayores como para correr por nuestra cuenta.
Ilustra lo que comento (pues cor-coris es la raíz de la palabra corazón), el que despidamos los escritos con «un cordial saludo», que es un entrañable modo de llegar al otro. Lo mismo sucede cuando decimos a alguien «te recuerdo», ya que, sin saberlo (al re-cordare), estamos pasando a ese alguien nuevamente por nuestro infatigable corazón. O, también, cuando discrepan unos cualesquiera y se oyen sus «discordantes» voces.
Acordar
, incordiar, coraje, concordancia, cordíaco o cardíaco y sus derivados, cuerdo, etc., son sólo una parte de los casos que indefectiblemente nos remiten al corazón cuando hablamos. Un viejo atavismo que deriva de las tinieblas científicas de unos tiempos en los que se reverenciaba la primacía absoluta del corazón sobre los demás órganos, y así lo trasladaba el lenguaje.
Dicho lo cual, me permito una recomendación: A quienes tengan cierto entusiasmo cirujano por satisfacer su curiosidad, hendiendo la epidermis de nuestra lengua para conocer algo mejor sus entrañas, el «Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana», de Corominas, es un excelente escalpelo.

31 mayo, 2007

LO QUE QUEDA POR VIVIR - Neruda

Mujer con sombrilla - Renoir

LO QUE QUEDA POR VIVIR


Para que no crean que voy a morirme,

me pasa todo lo contrario,

sucede que voy a vivirme,

sucede que soy y que sigo.


Se trata de que tanto he vivido

que quiero vivir otro tanto.


Pablo Neruda


23 mayo, 2007

LEVANTAR ACTA

Cativo - Klee

Me levanté el pasado sábado de buena mañana y, apurando un café, pergeñaba un par de planes para la jornada cuando se me insinuó repentina una cierta necesidad de ponerme a escribir. Escribir, eso es, como un acto habitual más, nuevamente escribir. Me preguntaba entonces por qué siento que debo hacerlo; deber, como imperativo vital. Y dejando un poso de aguachirle en el fondo de la taza, cogí papel y un boli que tenía a mano, sin mayor propósito que escribir buscando saber por qué lo hago...
Pues bien, he aquí la cuestión y también he aquí la probable respuesta que se me reveló: Escribo sencillamente porque me ayuda a vivir. Y lo puse y lo digo así, con rotundidad, porque sé que al escribir, de algún modo, trasciendo sobre mi propia existencia. Pero, trascender, entendámonos, no en términos de perpetuarme (¡pobre de mí!), no como un modo de acceder a la Historia (después de todo, también cabría preguntarse: ¿y quién era ese tal Cervantes?). No. Cuando digo trascender, pienso en ensancharme sobre el presente, que se me escapa, en atrapar el ahora mismo en el que eternamente se desarrolla mi vida. Porque comencé a escribir cuando para mí era el momento presente y continúo haciéndolo en el que es mi momento presente. Será el momento presente, también, cuando ponga punto final a estas líneas...
Y es que soy ahora. Tal vez parezca insólito, pero esto es así.
—¿Usted escribe para la posteridad? —le preguntó un periodista a Groucho Marx.
A lo que éste contestó:
—La posteridad, la posteridad... Dígame, por favor: ¿qué ha hecho por mí la posteridad?
El tiempo que siento, el que vivo en lo cotidiano, me lleva a rehacerme constantemente. Mi pasado nunca es el mismo, se hace distinto cada día que transcurre. Y siento la necesidad de dejar constancia de ello, de dar fe de haberlo vivido y de confirmar que estoy vivo. Quizá por esto, algo en mi interior me emplaza a levantar acta del acontecer de mis días, del eterno devenir que decía Heráclito. Quizá por eso me ensayo en esta página abierta, mientras desnudo mi miedo (un miedo doméstico y familiar) a aventurarme en el cielo atormentado de otras empresas de mayor calado...
Y quizá por esto, también y una vez más, cobra sentido aquel epigrama que un día apunté de corrido en mi libreta de notas, cuando me aseveraba a mí mismo que siento la necesidad de escribir, cada vez que el alma me pide a gritos un espejo.

12 mayo, 2007

SOBRE HABLAR Y CALLAR

Noche de fiesta - Cain.


Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien,
ni la ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca.

JEAN de la BRUYÈRE.


Existen dos tipos de personas que no dicen mucho:
las que no hablan y las que hablan demasiado.
LEIN AN-JAI.

A quien habla mal a mis espaldas, mi culo le contempla.
WINSTON CHURCHILL.

Callando es como se aprende a escuchar;
escuchando es como se aprende a hablar;
y, luego, hablando se aprende a callar.
DIÓGENES.

Dos buenas maneras de molestar a los otros son:
hablarles con la boca llena y hablarles con la cabeza vacía.
LEÓN DAUDÍ.

Hay personas que hablan y hablan...
hasta que encuentran algo que decir.
SACHA GUITRY.

Se necesitan dos años para aprender a hablar
y sesenta para aprender a callar.
ERNEST HEMINGWAY.

Es mejor estar callado y parecer tonto,
que hablar y despejar las dudas definitivamente.
GROUCHO MARX.

Si la gente sólo hablara cuando tuviera algo que decir,
el ser humano perdería muy pronto el uso del lenguaje.
WILLIAM SOMERSET MAUGHAM.

Siempre me llama la atención que alguien hable
de cosas de las que entiende.
WIM WENDERS.

A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo
y soy tan inteligente que, en ocasiones,
no entiendo ni una palabra de lo que me digo.
OSCAR WILDE.


09 mayo, 2007

APRENDER A SER FELIZ (I, II y III)

Las 11 a.m. - Hopper

Al parecer, la felicidad está condicionada por ciertas características de la personalidad, de una elección o de una actitud que pueden ser modificadas mediante el aprendizaje. Analizando características de gente que se considera feliz, Michael Fordyce elaboró un programa de formación para la felicidad centrado en determinados rasgos fundamentales que he intentado resumir. No se trata, desde luego, de aportar recetas (que no hay), sino de ofrecer ciertos puntos de reflexión. El principio en el que se inspira el trabajo de Fordyce es sencillo: Si uno puede ser como es la gente feliz, podrá también ser feliz. La felicidad se puede aprender...

Ser más activo y permanecer ocupado
.La gente feliz se implica activamente en la vida y pasa más tiempo que las demás personas realizando tareas que le resultan agradables y entretenidas. Una vida activa genera más felicidad que una vida pasiva, lo cual viene a acentuar los contrastes existentes entre la vida llena, activa y placentera, propia de la gente feliz, y la vida tensa y crispada de la gente infeliz o incluso la vida inactiva y aburrida de otros.
Dedicar más tiempo a la vida social. Los vínculos sociales son fundamentales. La gente feliz participa en actividades tanto formales (organizaciones, clubes) como informales (amigos, colegas de trabajo, familia extensa). Estas interacciones contribuyen a crear sentimientos de satisfacción, mantenimiento y pertenencia que se suman a la sensación general de bienestar.
Ser productivo en un trabajo satisfactorio. La felicidad se asocia a menudo con un trabajo destacado y una actividad productiva. La satisfacción de vivir parece estar vinculada a un empleo agradable.
Organizarse mejor. Alguien feliz se organiza bien, no deja asuntos para otro día, es eficaz y se planifica. Su capacidad organizativa no se manifiesta sólo en su visión cotidiana de la vida, sino también en sus proyectos a medio y largo plazo y en su sentido de la orientación vital.
Evitar el agobio. La felicidad de uno es inversamente proporcional a la cantidad de tiempo que dedica a pensamientos negativos. Así, la inquietud es enemiga de la felicidad; esto aunque la mayoría de las inquietudes no se cumplen nunca y la mayoría de las preocupaciones superan, a menudo, la capacidad de control de una persona. El equilibrio entre una planificación adecuada y una inquietud mínima, favorece un buen porcentaje de éxito en la vida y un mínimo de pensamientos desagradables y de coerción mental.
Adecuar correctamente las expectativas y las aspiraciones
: Nuestra felicidad no descansa únicamente en lo que nos ocurre, sino también en lo que anticipamos. Las expectativas, las aspiraciones y el éxito repercuten en la felicidad:

Las expectativas demasiado elevadas rara vez se cumplen y suelen generar decepción; en cambio, expectativas moderadas suelen conducir a una satisfacción mayor de la prevista.
Nuestra cultura sobreestima el protagonismo que ejerce el éxito en la felicidad. Incluso aunque el éxito parezca incidir en ella, su impacto y efecto a largo plazo es menor, cuando se compara con factores más influyentes, como la calidad de la vida familiar y social.
Se considera equivocadamente que la felicidad es resultado de una vida exitosa y, dado que el éxito se alcanza tras años de sacrificio y trabajo, la gente percibe la felicidad como algo que tuviera que remitir para más tarde, en espera de que ese éxito se cumpla. La gente feliz no cae en esa trampa cultural; no espera la oportunidad de ser feliz. Considera la felicidad como una especie de viaje, más que como un lugar al que llegar. El secreto de una vida más feliz descansa generalmente en el presente y no en un futuro incierto y continuamente pospuesto.
Alguien feliz logra lo que quiere porque quiere aquello que es capaz de lograr. Escoge objetivos a su alcance, obteniendo así logro tras logro. La gente infeliz alberga ambiciones imposibles de alcanzar y percibe su vida como una cadena de fracasos. La felicidad está asociada más a éxitos en la consecución de objetivos alcanzables, que a fracasos obtenidos por buscar imposibles.
Desarrollar un pensamiento positivo y optimista: Una mentalidad positiva y optimista es quizá el rasgo más característico de la gente feliz.
El optimismo es una interpretación positiva de los acontecimientos. Lo que determina la felicidad no es lo que se tiene, sino cómo se percibe lo que se tiene.
El optimismo es una actitud perceptiva que centra la atención de alguien. Una persona termina por lograr lo que busca. En el mundo se producen suficientes cosas buenas y suficientes malas como para permitir a cada uno concentrar sus preocupaciones sobre cada una de esas realidades. Si alguien busca cosas negativas en la vida, dispondrá de suficiente material para hacerlo, lo cual también sirve para los asuntos felices.
El optimismo es una predicción que se realiza por sí misma. Si uno trata de que algo funcione bien, su propio comportamiento aumentará la probabilidad de conseguirlo.
El optimismo es una creencia del tipo «Ocurra lo que ocurra, será para bien». La interpretación puede acabar siendo más fuerte que la realidad. Sea cual sea la circunstancia, las emociones de una persona no deben ser necesariamente dictadas por la situación. Una persona es siempre (potencialmente) libre de escoger hasta qué punto se va a sentir feliz.
Estar centrado en el presente: Las personas felices se vuelcan en el presente y parecen extraer el máximo placer de las oportunidades cotidianas. La felicidad se encuentra más fácilmente en el aquí y ahora. La gente feliz valora más sus días que la infeliz, sobre todo porque su atención no está teñida por los pesares y lamentaciones del pasado o por las incertidumbres del futuro.
Trabajar en busca de una personalidad sana: La gente feliz se encuentra mentalmente sana y más libre que la población en general de padecer cualquier padecimiento psicológico. Se ama (tiene un concepto positivo de sí mismo), se acepta (adecuándose a sus imperfecciones e insuficiencias personales), se conoce (con lo que toma decisiones adecuadas), se ayuda (tiene costumbres y capacidades de auto-suficiencia que le permiten alcanzar el éxito en la vida de un modo autónomo).
Desarrollar una personalidad atractiva: La felicidad parece ser más acentuada en quienes gozan de una vida social activa, con una personalidad atractiva, tanto en el plano cognitivo como en el plano del comportamiento.
Ser uno mismo: Las personas felices tienden a seguir siendo ellas mismas. Términos como natural, espontáneo, auténtico, sincero, honrado, expresivo, franco, leal, abierto, tienen que ver con este hecho. La autenticidad es particularmente importante en el amor y la amistad: Cuando alguien se expresa honradamente, las cosas suelen funcionar más a menudo a su favor que en el caso contrario. Para encontrar gente que pueda amarnos tal como somos, tendremos que presentarnos tal como somos desde el primer momento. Además, los lazos de la pareja y de la familia parecen ser la fuente de felicidad más importante, independientemente de la renta o el nivel social.
Reflexionar sobre la felicidad: La gente más feliz atribuye mayor importancia a la felicidad, de lo que lo hacen otras personas. Además, parece haber reflexionado mucho sobre el tema, tiene una intuición penetrante sobre las fuentes fundamentales de la felicidad, una mayor sensibilidad para con las emociones felices y una mejor apreciación de éstas en su vida. El logro de felicidad puede estar estrechamente ligado a la importancia del deseo de ser feliz y al valor que cada cual le atribuye. En este sentido, es un objetivo posible, nada diferente de otros objetivos que una persona pudiera plantearse. La persona que tiene más oportunidades de alcanzarla es aquélla que piensa en su objetivo y que lo ha analizado exhaustivamente, aquélla que realiza mayores esfuerzos y aquélla, sobre todo, que posee una información acertada sobre el modo de lograrlo.

06 mayo, 2007

MAETERLINCK


«Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente.
Creemos que nos hemos sumergido
en las profundidades de los abismos,
y cuando volvemos a la superficie la gota de agua
que pende de la pálida punta de nuestros dedos
ya no se parece al mar de que procede.
Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros
y cuando volvemos a la luz del día
sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio;
y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro.»


El escritor Maurice Maeterlinck nació en Gante (Bélgica),
el 29 de agosto de 1862,
y murió cerca de Niza, el día 6 de mayo de 1949.

*****

(Fotografías de Aletxu Epelde: Cielos de White Sands, en Nuevo México)

01 mayo, 2007

ALLÍ, JUNTO AL MAR

Ventana al mar - Hooper

He estado descansando unos días en Creixell, un pueblito mediterráneo de la costa tarraconense. Allí la primavera es más templada que en el norte, pero también encubre sus sobresaltos: esas repentinas tormentas que asaltan violentamente los caminos pedregosos de tierra rojiza, los pinos, olivos y algarrobos, las matas de arrayanes. Allí me fui casi con lo puesto, además del libro que ahora leo, mi bloc de notas, unos ejercicios de inglés que no he tocado (los de mi quinta le dimos al franchute) y apenas algo más. También música, para sazonar el viaje. Pero sin ordenador ni correo, sin la agenda del trabajo, sin horarios, he estado mejor que bien. Allí, con Pere y Lilí, mis aliados. Y es que lo fantástico de la vacación fuera de temporada, y en un lugar junto al mar, es que el propio tiempo se remansa y uno se siente invitado a zambullirse en esa atmósfera que acicala el incesante lamido de las olas en la arena, en su visión inmensa, en el inagotable susurro de sus entrañas...
Decía Rubén Darío que definir es limitar, y yo añado que definir las sensaciones, los sentimientos, nos lleva a reducirlos, a simplificarlos. Por eso, describir lo que he sentido ante el mar gris, turquesa o turbiamente atormentado que he contemplado en este final de abril, puede parecer que está de más. Como casi lo estuvo, y hasta resultó arrogante por mi parte, escribir hace unos días sobre la sakura de los cerezos, que únicamente figuré gracias a la literatura y a las fotografías. Sin embargo, si lo hice y lo hago es porque tal vez todo está en mirar las cosas, sentirlas y, cuando no, imaginarlas... A partir de lo cual uno se nota complacido, pues encuentra una espléndida remuneración espiritual que compensa el sacrificio impuesto por la rutina del día a día.
Así es que he estado allí, y lo cuento: Llego bien respirado, tras dejarme llevar casi al ritmo de las olas... absolutamente despierto ante lo que se me ofrecía.
Despierto, sí. Creo que no aspiro a mucho más, que no sea a permanecer despierto... incluso a destiempo, fuera de inventario y de sazón; fuera de temporada. También cuando estoy a solas y me miro al espejo, las patas de gallo en las comisuras de los ojos, la frente más que despejada, el tránsito del tiempo afincándose en mi rostro. Sí, un hombre despierto. Porque así podré dar cuenta de lo que veo, de lo que siento y pienso, de lo que hago, por insustancial que parezca, aunque sólo sea ver-sentir-pensar-hacer, el haber estado unos días en un pueblito mediterráneo, de la costa catalana; haber estado, sin más, allí, junto al mar... De donde he vuelto recargado y, por cierto, con la idea reforzada de que lo que no me compete, me incumbe.
Y de que, no en vano, y sobre todas las cosas, me sigue concerniendo la vida.

25 abril, 2007

ANGELDREAMS


Pipe y Gabi

Cuando entré en el universo de los blogs y me decidí a crear el mío, no imaginaba qué tipo de ecos encontraría más allá de la pantalla de mi ordenador. El poeta Paul Élouard escribió en una ocasión: «al fin y al cabo no soy sino la persona que habla; pero, ¿qué habla a quién?». Y un poco ésta era, también, mi pregunta: ¿Habrá alguien al otro lado...? Sencillamente no os conocía y, en realidad, tampoco ahora podría decir algo radicalmente diferente, salvo que de veros y leeros llego a gozar de un conocimiento intuitivo de quienes os acercáis hasta aquí, que para mí tiene un extraordinario valor. Desde entonces, desde que escribí las primeras líneas (hace unos cinco meses) y recibí el primer comentario, lo cierto es que no habéis dejado de asombrarme. Todas las sorpresas han sido más que agradables; la mayor parte de ellas, cargadas de sentimientos, de literatura, de anécdotas, de humor, de solidaridad... siempre con un punto bien cercano y entrañablemente humano, que no admitía duda. Está siendo genial.
Pero la más extraordinaria de aquéllas me llegó ayer, después de que en la entrada sobre la floración de los cerezos comentara de soslayo que, precisamente, era mi cumpleaños. Nunca he sido gran amigo de celebrar mis cosas, aunque me apunto con ganas a los festejos de los demás, desde luego... Y, la verdad, tuve un hermoso y soleado día, del que disfruté sin estridencias, y recibí tantas llamadas y correos que me sentí indeciblemente agasajado. También, anoche encontré en mi alféizar vuestras notas y comentarios y leerlos me dejó muy feliz. Pero lo que nunca hubiera podido imaginar es lo que me hizo la bribona de Angeldreams... Me llegó tan hondo que, cuando lo pienso, encuentro casi más lágrimas a punto de saltar que palabras de gratitud... Uno no está para estos trotes, de verdad. Sólo os digo que me gustaría compartir con quienes sois mi gente de este rincón, una porción de su precioso regalo. Por eso os animo a que entréis en una de sus hermosas páginas, la que comienza diciendo como los viejos los cuentos: Érase una vez...

Gracias por vuestras felicitaciones y gracias, hoy muy en especial, a ti Angeldreams... y a Gaby y a Pipe. Sé que se asoma el sol entre las nubes, cada vez que ellos salen a jugar.

24 abril, 2007

さくら - SAKURA


La floración de los cerezos (sakura) es un hito notable en el calendario japonés, pues señala el final del invierno. En Japón hay decenas de variedades de este bello frutal que, como es sabido, da unas preciosas y delicadas flores, entre blancas y rosáceas. Tengo leído que los cerezales japoneses más famosos son los del monte Yoshino, en donde en la sakura (como aquí, en el Valle del Jerte) se produce una extraordinaria nevada de flores blancas que cubre por completo los campos.
La sensibilidad nipona se complace en la efímera belleza y en el resplandor de los cerezos florecidos, también para trascender del hecho de la propia floración, porque, además, la sakura simboliza la fragilidad de la existencia humana. El cerezo primaveral es un motivo de regocijo, de agradecimiento y de celebración por todo lo que sucede y por todo lo que es. En esta época, corren los días más hermosamente nevados, allá en el Lejano Oriente. Como curiosidad, anoto que la flor del cerezo se precipita a una velocidad de 5 centímetros por segundo... Y, como dato marginal, que, precisamente, un día como hoy mismo, 24 de abril, ajeno a la floración de los cerezales, que también entonces enlucía las campiñas japonesas, tuve la dicha de aparecer por aquí. Claro, que de esto hace ya mucho tiempo... Y debe de ser esa perspectiva la que le da gracia a la cosa, un año y una vez más.

11 abril, 2007

PLUMA EN RISTRE: JUANAN URKIJO


Caminar es una especie de arte, que requiere sortear obstáculos, ceñirse a la realidad y no interferir demasiado en el ritmo natural de las cosas.
Yo, Dédalus, con ser quien humildemente soy, confieso que transito al paso amigo de Juanan Urkijo. Pluma en ristre, jugamos en permanente desafío a prender una fantasía, a idear tal feliz epigrama, a concebir palíndromos imposibles, a levantar acta del día a día... y a exprimir de la vida las más bellas y también terribles razones que concurren en ella, sobre todo para amarla.
Os dejo de Juanan apenas un reflejo de sus pequeñas cosas. Con su permiso, desde luego, tras lo mucho que ha rezongado el muy canalla, hasta permitirme que finalmente lo editara.


ABSOLUTOS
Creo que la verdad no existe.
Y, si existiera, dudo mucho que mi cerebro,
encerrado y a oscuras, esté concebido para encontrarla.

FINGIMIENTO
Si de algo gusta disfrazarse a la vanidad es de falsa modestia.

DESTELLOS
El sexo es un chispazo fugaz, la deflagración de dos cuerpos
reflejando por un instante su amor, en un mar de espejos rotos.

MONOMANÍA
Me siento libre a través del amor,
ese vínculo de mi locura que me amarra a la vida.

LA NEGADA
La razón suele estar del lado de quienes menos necesitan apropiársela
para hacer valer sus argumentos.

VIVAQUEAR
Algunos locos demuestran ser asombrosamente inteligentes,
cuando rompen la realidad en mil fragmentos
y se dan a vivir en sólo uno de ellos.

DESALIENTO
¡Qué más da todo
si, al final de todo,
no todo es lo mismo,
pero todo es igual!

08 abril, 2007

ENCUENTRO CON K

Mujer sentada - Schiele

Decía con bastante gracia Álvarez Solís, hablando de las viudas, que “las mujeres no sólo nos sobreviven sino que, además, se ponen guapísimas cuando nos morimos”. No sé qué habrá de cierto en su galante comentario, pero algo así también les debe de pasar a algunas recién separadas. Como a mi amiga K.
Me encontré con ella en el centro de la ciudad y tomamos un café. K tiene 37 años, un hijo de 13 y desde diciembre está separada. Su ex-marido tuvo una crisis profunda, necesitó su espacio, su tiempo y (por completar la ecuación) su velocidad... pues, como K ya me había informado, tenía alguien que le esperaba.
—Te veo radiante. Estás bien guapa.
—Digamos que me voy encontrando cada vez mejor.
—¿Y tu hijo?
—Bien. Nos tiene a los dos, se ha hecho su composición... y lo va aceptando. Al menos eso parece.
—Sí; por suerte, los enanos se suelen adaptar bastante bien a las nuevas situaciones.
—A veces creo que está haciendo el proceso mejor que yo misma.
—Te quedan muchas cosas pendientes...
—No. Francamente. Supongo que me cuesta aceptar que R pertenece sólo a mi pasado. Siempre aparece alguna huella emocional que me confunde.
—Lo extraño sería lo contrario.
—Porque igualmente su actitud me desconcierta...
—¿?
—Sí, mira: El otro día, sin ir más lejos, me decía en un correo que yo seguiría siendo parte de él, ahora y siempre, lo presente que me tiene en su vida... y que en un futuro le gustaría que fuéramos... ¿amigos? ¡Yo que sé!
—Es la elocuencia compensatoria de quien necesita sacudirse la culpa.
—A estas alturas, me pareció un discurso patético.
—El del desamor... Todo el mundo recurre a lo mismo, cuando se siente mal tras desertar.
—Por eso también, me resultó increíblemente vulgar.
—Supongo que hay comportamientos y actitudes que nos igualan terriblemente.
—Ya. Aún así...
—¿Esperabas, acaso, que te sorprendiera?
—No, ciertamente no. En su día, ya lo hizo bastante.
—Entonces.
—No sé, chico. A ratos me asalta la perplejidad y...
—Date tiempo, que lo estás haciendo muy bien.
—¿Realmente lo crees?
—Lo sé, K. No hay más que verte: Tú te quieres, se te nota.
—Eso es verdad. Además, tengo la suerte de haber tenido a mi gente bien cerca. Y te incluyo.
—Menudo mérito... Por cierto, dile a tu ex que no se aflija, que estás estupenda.
—Lo haré.
—Sí, claro que sí: Que estás bien... y, de paso, dile también que te olvide.
K sonrió. Poco después nos despedíamos en la calle, cada uno tomó una dirección. Permanecí viéndola alejarse, con su paso resuelto, con su toda la vida por delante... Se adentraba por entre la gente, perdiéndose en la grisura del paisaje urbano, como si perteneciera a la ciudad, como si su propia historia se fundiera en ella.

06 abril, 2007

DURERO

Tengo leído que, en el siglo XV, en una aldea cercana a Nüremberg vivía una familia cuyo padre trabajaba duramente en las minas de carbón, para poder mantener a sus hijos. Dos de ellos compartían un sueño: el de dedicarse a la pintura. Pero sabían que jamás podrían ir a estudiar a la Academia. Por esto, los hermanos acordaron lanzar una moneda al aire: El perdedor trabajaría en la mina para pagar los estudios de quien se hubiera visto favorecido por la suerte. Terminados los cursos, quien hubo resultado ganador, con las ventas de sus obras se haría cargo de los estudios del que quedó trabajando. Así, ambos podrían ser pintores. El llamado Albrecht Dürer (Durero) ganó y fue a estudiar a Nüremberg. El otro hermano hubo de laborar duramente durante cuatro años para sufragar los gastos de Albrecht, que pronto causó sensación en la Academia. Sus grabados, tallas y óleos eran mejores que los de sus propios profesores, y antes de graduarse ya ganaba considerables sumas de dinero con la venta de su arte.
Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero celebró una fiesta en su honor. Albretch propuso un brindis y dijo: «Ahora, hermano, es tu turno: irás a Nüremberg a perseguir tus sueños».
Todos se volvieron hacia lugar de la mesa que ocupaba el minero, quien habló emocionado: «Gracias, hermano, pero es muy tarde para mí. Estos años de trabajo han destruido mis manos. Cada hueso de mis dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis me duele hasta al levantar la copa en tu brindis. No podría trabajar con delicadeza, no podría manejar la pluma ni el pincel... Pero soy feliz de que mis manos hayan servido para que las tuyas cumplieran su sueño».
Han pasado más de 450 años desde entonces. Hoy los grabados, óleos, dibujos y tallas de Albretch Durero pueden ser vistos en museos en todo el mundo. Pero, para quien no lo supiera, la obra “Manos Orando”, con las palmas unidas y los dedos apuntando a
l cielo son el homenaje que un día rindió Albretch Durero al sacrificio de su hermano, sin el cual probablemente nunca hubiera llegado a ser quien finalmente fue.

-Albrecht Dürer falleció el 6 de abril de 1528-

02 abril, 2007

POR MODERNOS, QUE NO QUEDE

Mingzhong - Negociación

Del 27 al 29 de marzo se celebró el IV Congreso de la Lengua Española en Cartagena de Indias (Colombia). Quizá por esto, me parece oportuno pasaros este artículo que me llegó hace un par de meses por correo electrónico:

«Desde que las insignias se llaman pins, las comidas frías lunchs y los repartos de cine castings, este país nuestro es muchísimo más moderno. Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los empresarios hacían negocios y no business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera en vez del tupper. Nadie es realmente progre, si al día no dice cien palabras en inglés, que es como todo suena chic. Ciertamente, no es igual decir plum-cake que bizcocho, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Como que ya no tenemos sentimientos, sino fellings. Y sacamos tickets, comemos sandwiches, practicamos rappel, trekking y rafting y, cuando llega el frío, nos limpiamos los mocos con kleenex.
»Esos cambios, tan influyentes en nuestras costumbres, han mejorado también nuestro aspecto. Las mujeres ya no usan medias, sino panties y los hombres no llevamos calzoncillo, sino slip o boxer, y tras afeitarnos nos damos after shave, que refresca más que el tónico. El español moderno ya no corre (que correr es de cobardes), pero hace footing; no estudia: hace masters. Para él, el mercado es marketing, el autoservicio un self-service, el escalafón es ranking y su representante un buen manager. Los auriculares: walkman, los puestos de venta: stands, los ejecutivos: yuppies, las niñeras: baby-sitters... y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento. En la oficina, el jefe está siempre en meetings o brain-storms, te lo dice su public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings. Luego el boss se irá al gimnasio a hacer body-pump, y se topará con las de la jet, tan amantes del fitness y de hacerse liftings.
»¿Tendrá que ser así? El arcaico aperitivo dio paso al cocktail. Alguien de la radio, trabaja en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el speaker dice varias veces OK y baila como un trompo por el escenario, el asunto se llama show, algo bien distinto del vetusto espectáculo, que será heavy si contiene carnaza y reality si destripa la vida real, pero en moderno. Luego no pondrán anuncios sino spots, que te permiten hacer zapping.
Por modernos, que no quede. Para quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: Siesta. Ah, sí, perdón: ¡y paella!»

 
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