30 septiembre, 2007

NERUDA


POEMA XV

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.


Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


Con tan sólo 19 años, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (Pablo Neruda) publicó Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Durante toda su vida, Neruda hizo poesía de todo cuanto le importaba realmente: el amor, América y el compromiso político. Pocas personas saben que, por ejemplo, intervino decisivamente para fletar un barco en Francia, el Winnipeg, y sacar de España a dos mil personas que huían del horror de la Guerra Civil, llevándolas hasta Valparaíso. Su militancia le llevó a ser candidato a la presidencia de Chile, aunque renunció a favor de Salvador Allende. Precisamente doce días después del golpe militar que derrocó a éste, Pablo Neruda falleció en Santiago de Chile, el 29 de septiembre de 1973.

23 septiembre, 2007

ACERCA DE DIOS

Golconda - Magritte

He soñado que es real lo que siento, que es también cierto lo que soy y tengo. Por eso necesitaba verificar el correcto ejercicio de cada uno de mis sentidos. Están trotados por el uso, pero aparentemente todo funciona... Luego concluyo que no me engaño, que es así: Tengo la dicha de contar conmigo mismo, de aceptar mis limitaciones, de vivir con mis domésticas perplejidades, con mis cortedades y defectos... Soy un ser suficientemente libre como para apreciar el valor de las pequeñas cosas, mis servidumbres no me ciegan, tengo cuatro certezas sobre la vida y un puñado de amigos con quienes exprimirla. Todo ello es así de real, tan real que necesito una vez mostrar mi agradecimiento...
Quizá por esto que comento, en cierto modo hoy he extrañado a Dios: ese punto lejano, una entelequia, el inmotivado presentimiento de trascendencia que escoltó al adolescente aquél que fui, y le he buscado entre los amarillentos papeles que machacaba frenéticamente mi vieja Olivetti: Varios poemas desgarrados y un cuento para la reconciliación... Esto es supuestamente todo, acerca de Dios. Registro mi alma con relativo apremio y recuerdo que, entonces, lo tenía presente para pedirle por aquellos a quienes quería... Pero ahora él ya no está; sencillamente se fue, tan siempre a lo suyo como andaba, ensimismado en sus cuitas de hipocondríaco creador de un imperfecto cosmos.
No sé si Dios es la manera humana de denominar a la ausencia; tampoco sé si, como representación, no es mucho más que otro ídolo al que adorar... Pero lo cierto es que, si aún existiera, allá, dondequiera que se encuentre, sabe que nunca le expulsé de mi modesto paraíso. Él pecó de olvido y tomó su decisión, ambos lo sabemos. Desde entonces, supongo que también a ambos, nos va mejor. Y si alguna vez hemos sentido la tentación de reencontrarnos, ha sido en los lugares y de los modos más insospechados... Con lo que, como era de esperar, no hemos coincidido. Él me habrá buscado para intimarme alguna de sus viejas Verdades. Yo, más de una vez, porque quería engancharle de la pechera y pedirle cuentas sobre asuntos que, sobre el mundo, tendré con él eternamente pendientes. O porque, como hoy, le haría partícipe de esta gratitud que siento por cuanto la vida me viene dando, que es tanto...
De modo que sí, como decía: todo esto es real, lo que siento y mi agradecimiento. Y para una vez que quería tomarme una copa con Dios, resulta que hoy tampoco despacha. Seguimos sin ajustar nuestros credos vitales, qué se le va a hacer. Yo cada cierto tiempo lo intento, lo de vernos; y no precisamente cuando truena. Pero es que él es así de ausente, un tipo dimitido que antes de desertar delegó sus asuntos en hombres ineptos e ineficaces. Que no viene a ser sino una cómoda manera de enmascarar su eterno silencio, eso de delegar.
En fin, que lo que yo buscaba es mostrar mi gratitud. En fin, que, de algún modo, es lo que estoy haciendo. Y, en fin, que la esparzo pues por este extraño éter de códigos binarios, por si valieran mis cuatro letras para contagiar a alguien una migaja de esperanza. De esperanza, sí, incluso para el mismo Dios, si es que está en horas bajas, precisamente para él, que de estos espacios imposibles sabe tanto... Tanto, tanto.

16 septiembre, 2007

MI TERNURA - Salomé

Felicidad - Gauguin

«Mi ternura es ese camino que no supe tomar, descubierto mucho después de los miedos, mucho después de las dudas, más allá de las demandas, más profundo que los deseos.
»Mi ternura está en esta mirada que aumenta las posibilidades y acoge lo imprevisto. Está en la atención que se transforma, en un objeto, un acontecimiento o un ser y lo prolonga más allá...
»Mi ternura es una sonrisa, esa puerta abierta a la inseguridad del fugitivo y a la importancia de lo efímero.
»Mi ternura es un gesto completo con el que puedo crear el presente para hacer un regalo. Es ese hermoso e invisible movimiento de mí hacia ti, donde se borra la angustia de un día triste. Es la confianza del abandono de nuestros cuerpos, inscrita en el espacio de un territorio protegido.
»Con mi ternura, te recito el verbo amar, conjugado siempre en presente».

Jacques Salomé.

02 septiembre, 2007

ENAMORAMIENTO Y AMOR

Los amantes - Magritte.

En muchas ocasiones, me he preguntado dónde reside la diferencia entre lo que usualmente llamamos enamoramiento y amor. A partir de las ideas y vivencias —unas propias, las más ajenas— que he podido absorber con el tiempo, concibo el enamoramiento como una experiencia explosiva de renacimiento y creatividad. La persona enamorada vive a alguien como único y excluyente, desde un estado similar al de la fascinación. Le gusta todo del otro: no percibe defectos, los errores son comprendidos, los disgustos, las pequeñas pérdidas de energía, los primeros sinsabores, incluso los celos, son finalmente aceptados y perdonados. Todo es vivido y consentido intensamente, con la excitación desbordada de quien sólo ve a través de los ojos de quien le enamora... Y la fuerza de semejante emoción engancha y arrastra durante un tiempo, hasta que el mutuo roce (erosión), las rutinas cotidianas (costumbre) y, principalmente, el mutuo conocimiento, imponen sus límites.
Sobre el roce y la rutina, dada su gran visibilidad, quizá no merezca la pena extenderse. Sin embargo, creo oportuno hacerlo en lo que concierne al hecho de conocerse. Tengo para mí que en la experiencia de cada quien está escrito que el conocimiento del otro se cobra su peaje, con una cuota importante de sufrimiento. Al conocernos, participamos en un proceso que en la mayoría de los casos resulta doloroso. De hecho, desnudarse de cuerpo y alma ante quien se ama, supone asumir de un modo descarnado la propia condición de ser vulnerable. Así, la persona amada va a frecuentar no sólo la hondura y la riqueza de nuestra entrega: también accederá al conocimiento de nuestros defectos, miserias y contradicciones; al de nuestra humana fragilidad, ahora al descubierto. A partir de entonces, algo puede comenzar a cambiar: es probable que nos mostremos más inconsistentes, que surjan los errores y las faltas, asomen los desengaños y las diferencias hasta el momento inadvertidas. Aparecerá la decepción, con su inherente crudeza. El río de la fascinación se ve encauzado por los límites de la realidad...

Con todo, nada más lejos de mi intención que restar importancia a lo que el enamoramiento significa: Con cargo a él, todos guardamos entrañables motivos para sentirnos vivos. Y, en este contexto, soñar es fundamental. Cuando escribí en mi prontuario que soy un poco lo que soy y otro poco lo que persigo, precisamente pensaba en ello.

Personalmente, estoy convencido de que al superar la decepción (a cuyos estragos, evidentemente, no todo el mundo sobrevive) se accede a un estado distinto al del enamoramiento; y que, únicamente cuando se comprende su naturaleza real, se encuentra el camino hacia un amor menos urgente y apasionado, tal vez, pero más profundo y duradero. La mayor parte de las experiencias amorosas están jalonadas por situaciones en las que uno renace de la desilusión, para volverse a enamorar. Esto a pesar de haber atravesado paisajes grises, en los que los amantes han descuidado escucharse, mirarse a los ojos y quererse con la ternura que se merecen.

Pienso, finalmente, que exclusivamente la pasión (con lo bella y excitante que pueda ser), no es suficiente para mantener una relación amante sana y madura. Supongo que la vida amorosa, en la que incluyo absolutamente todo, lo bueno y lo menos bueno, se mantiene con el cariño, el respeto, la complicidad, ciertos intereses vitales en común y una parecida manera de enfocar y comprender la existencia. Decía Alberoni algo así como que e
l ser humano es libre y que, cuando es esclavo (de la pasión), desaparece el amor. Y, aunque ésta no pueda ser una verdad universal, tal vez no le faltara una pizca de razón.

31 julio, 2007

VACACIONES

Al sol - Chieh Hung

Estrené El alféizar a finales del pasado año y vi cómo sus letras comenzaban a tener vida propia y a exigirme un tiempo que, por más que quisiera, no les podía dedicar. De modo que probé a recomponer ese inestable equilibrio en el que sostengo mi cotidiana singladura... Entretanto, el blog me evidencia lo enormemente pequeño que se ha vuelto el mundo, de la mano de Internet, desde que casi sin querer cambié mi pluma por el teclado. El planeta se ha encogido en muy poco tiempo, y tener una página como ésta me hace comprobar a diario el milagro que es editar en casa y recibir en minutos un saludo desde Mar del Plata, San Francisco o Puerto de Santa María...
Lo cierto es que continúo conociendo gente y más gente, de esta intuitiva manera en que en la red nos adivinamos, y he aprendido a valorar la lealtad de un buen puñado de camaradas que, pese a mi irregularidad y mis ausencias, ha seguido dejándome lo más preciado que atesora un trabajo de estos: sus comentarios. Detrás de cada alias hay una persona sensible, afectuosa, divertida o solidaria; buena gente, en suma, a la que quiero dar, por estar y continuar ahí, un millón de gracias.
Ahora, en fin, tomo unas vacaciones y me dispongo a restaurar mis coordenadas vitales, a reasentarme probablemente para continuar un poco en el mismo sitio, pero con ese aire distinto que uno respira cuando se instala en el ocio de vagar y disfruta de la libertad que le da el romper con la (tan útil y necesaria, por otra parte) rutina.
Después de todo, quiero dejar constancia de lo mucho que aprecio tanto a los que se acercan anónimamente a leer mi cuaderno como a quienes trastean por ahí, dejando sus preciosas huellas. A muchos y muchas leo y admiro por cuanto escriben en sus páginas: su enorme fuerza, esa forma de expresarse directa, alambicada o socarrona, poética, pedestre, tierna, chispeante, mordaz... y la pasión que derrochan por comunicarse con lo más hermoso que tenemos: la palabra. Es lo que más me llena de este mundo del que hace unos meses entré a formar parte. Por ella brindo, pues: por la palabra. Y por lo que compartimos, gracias a ella, que es tanto.

29 julio, 2007

APRENDIENDO - Borges

Travesía - Richard

«Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa acostarse. Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender... Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale y uno aprende y aprende... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo...»

22 julio, 2007

ALGO DE TI

Vieja calle - Autor desconocido

Algo de ti gobierna mis ratos de estar solo, penetra imperceptible en mi piel, la humedece y refresca. Ese algo de ti comparte el aire que respiro y acompasa el ritmo de mi pecho, que exhala una letanía de palabras por escribir, derrelictos de batallas consumadas en tu cuerpo que arrullan mi ensueño...
Algo de ti visita este silencio y lo engalana evocando roces furtivos, caricias hurtadas por entre las esquinas de esas callejas empedradas en que te hallé... Y sigue siendo algo de ti lo que envuelve mi noche y la nutre de íntima quietud cuando, despierto, te imagino; lo que conduce mi pensamiento, la sosegada cadencia con que cortejo tu sombra desde esa distancia breve del beso que calladamente te dedico.
Algo de ti es lo que escolta mi mano si te escribo y me orienta cuando a oscuras te busco y alienta mi anhelo si te pienso y derrota mis miedos, pues en ti confío... Y sigue siendo algo de ti lo que me conmueve y transporta, lo que me espolea para correr a tus brazos; algo de ti lo que me embelesa en esta duermevela... antes de abandonar mi sonrisa en tu cuello, entornados los ojos, mientras hundiéndome en tu pelo, ese algo de ti, que es tanto y tan tuyo, arranca de mis labios los susurros con que me entrego.

15 julio, 2007

TODO Y NADA - Hierro

Flores para ti - Agustín Úbeda

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!" y el eco dice "¡Nada!"
Grito "¡Nada!" y el eco dice "¡Todo!"
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro.

08 julio, 2007

UN LUGAR EN EL MUNDO

Atlas (Chema Madoz)

Hace unos días, un amiguete me preguntaba cuál sería mi sitio y época ideal para vivir. Sin casi pensarlo, le contesté que mi lugar en el mundo es este en el que estoy, y que mi tiempo es el de ahora. Porque, si bien yo no decidí por mí mismo cuándo aparecer aquí, y muchas de las condiciones de mi vida me fueron dadas, cuando no impuestas, también es verdad que he ido haciendo de mí un poco lo que he podido y, otro tanto, lo que he querido. Por todo ello, le dije, acepto de buen grado estar donde estoy, en este irrepetible momento...
Yo era un crío cuando lo del mayo francés; por eso fue bastante más tarde cuando me interesó, hasta estudiarlo. Recuerdo a Daniel Cohn-Bendit, arengando a los estudiantes con sus originales y rotundas proclamas. Me parecía tan contundente el derecho a querer un mundo nuevo, tan lleno de rebeldía e insumisión, que lo hice mío durante tiempo, canalizándolo hacia la no-violencia y hacia la objeción de conciencia al servicio militar, por entonces obligatorio.
El mundo... A los veinte, todos hemos querido cambiarlo. Ahora, cruzado el ecuador de mi existencia, lucho por tenerme en pie, no sea que precisamente el mundo me tumbe. Y me defiendo de su turbulenta marea con un arrebatado pundonor.
Por todo, acepto que mi lugar sea éste. Mis coordenadas geográficas y vitales me hacen sentirme un privilegiado, pues las probabilidades que tenía de haber sido un indigente eran extraordinariamente mayores... De modo que, agradecido quedo a esa tornadiza Providencia que me dota de una condición que en nada me hace distinto de mis hermanos más alejados en latitudes, razas, costumbres y credos; agradecido quedo, también, al poder afirmar que mi lugar en el mundo es el de cada día cuando me levanto y salgo a trabajar, a batirme el cobre por continuar creciendo junto a quienes me rodean y darles (dentro de mis limitaciones) algo de mí, de cuanto puedo y tengo... Sin perder de vista que un mundo mejor que éste es posible, y que yo formo parte del de hoy, y que, en este sentido, estoy moralmente obligado a hacer algo, por quienes, incluso estando a mi lado, no disfrutan de la enorme suerte que, después de todo, a la mayoría de nosotros nos sonríe.

29 junio, 2007

KLEE

El Pez de Oro

Me gusta la pintura, leo sobre pintura y, siempre que puedo, visito museos y exposiciones. Incluso he comprado algún óleo, de esos no prohibitivos que por suerte están a mi alcance. No soy un crítico y me guío básicamente por sensaciones. Los cuadros que me gustan son como esos amores a primera vista; los guardo en la retina, los memorizo con el sentimiento, absorbo de ellos cuanto puedo, los llevo conmigo… Algo así me pasa con determinados pintores: De Durero a Millet, de Monet a Klimt, Chagall, Kandinsky, Sorolla, Magritte, Hopper, Agustín Úbeda... o Paul Klee. Podría haber tomado cuatro notas en Internet, a propósito de este último, porque es uno de mis preferidos. Pero he optado por seleccionar algo de lo que hizo, pensando que dice más una mirada a uno de sus cuadros que cuanto yo intente copiar aquí.

Pirámides de Agua

Si recuerdo hoy a esta figura del arte abstracto que fue Klee y le acerco a mi página, de un modo especial, es porque murió en Locarno (Suiza), tal día como hoy: un 29 de junio de 1940.

Los Arcos del Puente

21 junio, 2007

EL CAMBIO QUE NO CESA

Cielo - Iman Maleki

Cambios, cambios y más cambios. Antes teníamos un trabajo, un amor, una vida; sin embargo, ahora tenemos muchos trabajos, muchos amores y hasta muchas vidas, algunas incluso paralelas. Vivimos instalados en el cambio y, colateralmente, en el riesgo, pues cada vez es mayor la imprevisibilidad de todo... y también nuestra fragilidad ante todo. Somos más vulnerables. En medio de las profundas convulsiones a que asistimos, dos amigos que hace tiempo no se vieran podrían, perfectamente, preguntarse: ¿Aún trabajas en el mismo sitio? ¿Todavía sigues casado?
Leí ayer que en el Reino Unido el 50% de las casas han suprimido la mesa del comedor, y recordé a Bertrand Russell diciendo que él, a los nueve años, interrumpió su educación para ir a la escuela. La familia, hasta hace tres décadas era fundamental... y admito lo absurdo de evocar algo que difícilmente va a volver, pero, aún así, creo que es importante saber de dónde se viene, para decidir hacia dónde se quiere ir.
Como sea, esta es una sociedad cada vez más individualizada, en la que uno pierde progresivamente sus contactos y sus vínculos. Si el eje clásico de la desigualdad antes era vertical (los de arriba y los de abajo), ahora existe otro esquema axial: los de dentro y los de fuera; o sea: excluidos y no, solos y acompañados. Ha ido dejando de existir el ciudadano estándar y hoy en día cada quien se representa a sí mismo: un tipo único en su especie, que acarrea una mochila bien diferente a la de otros... y bastante compleja, por cierto. Porque es que además vivimos en la época de la diversidad, un valor que está pillando a los tecnócratas con el paso cambiado. La Administración, por ejemplo, con su pesada y lenta maquinaria burocrática asiste perpleja a tanto cambio, pues en sus genes está la idea de que todos los ciudadanos responden a un prototipo y que, en este sentido, son, y somos, casi iguales. Concebida para atender categorías, se las ve y se las desea para atender a personas, a casos concretos, e intenta convertir los problemas de la gente en algo aceptable para el sistema. No tiene compasión con el usuario, cuando se presenta en una ventanilla:
—Yo tengo un problema.
—Está bien. Tráigame los papeles.
En consecuencia, parece que es necesario dar una nueva respuesta a las nuevas necesidades. Y la diversidad ha de ser abordada transversalmente, por gente que trabaja junta, para resolver los problemas de un modo integral. Las políticas sociales tienen que recobrar su visibilidad. El bienestar de la ciudadanía no es un elemento abstracto sino algo concreto, del día a día, que implica la descentralización y la atención personal, la proximidad. Abordar un caso conlleva romper con la lógica de la derivación y ponerse a trabajar en red, sobre la base a una interdependencia estructural y horizontal (no jerárquica). A los cambios, en fin, hemos de responder con cambios. Por esto, la audacia tal vez deba de ser un nuevo valor en alza. De lo contrario, probablemente, estamos apañados.

16 junio, 2007

JOYCE

El jueves 16 de junio de 1904 sería inmortalizado por James Joyce, a través del Ulises, aquel extraordinario meteorito que le cayó al planeta novelístico en 1922.
Confieso que fue cien años después de aquel día, en verano de 2004, cuando en un arrebato de pundonor me enfrenté por quinta vez a la tarea de leer esta obra maestra. No sé qué me pudo haber sucedido en las cuatro anteriores ocasiones, en las que no pasé de las ochenta primeras páginas; es probable que aún no estuviera preparado para gozar de su lectura. Pero entonces lo conseguí, con enorme agrado. Con ser difícil, lo que puedo garantizar a quien se acerque al Ulises es que la excelencia en el manejo de la técnica narrativa de Joyce, el modo en que usa el fluir interior de la conciencia y su virtuosidad verbal, no le dejarán indiferente. Dicen que Joyce se inspiró en La Odisea de Homero. Lo cierto es que el Ulises viene a ser también un viaje: el que el judío irlandés Leopold Bloom emprende en Dublín, a lo largo de un solo día cuyo clímax llega en el momento en que se encuentra con el estudiante Stephen Dedalus. El fondo argumental de la novela gira en torno a la búsqueda simbólica de un hijo por parte del propio Bloom y a la conciencia emergente de Dedalus, entusiasmado por dedicarse a la escritura.
Como pequeña muestra, el comienzo del Capítulo II del Ulises:

«El señor Leopold Bloom comía con fruición órganos internos de bestias y aves. Le gustaba la espesa sopa de menudos, las ricas mollejas que saben a nuez, un corazón relleno asado, lonchas de hígado fritas con raspaduras de pan, ovas de bacalao bien doradas. Sobre todo le gustaban los riñones de carnero a la parrilla, que dejaban en su paladar un rastro a sabor de orina ligeramente perfumada.»

04 junio, 2007

CON EL CORAZÓN

Figuras - Montserrat Gudiol

Al contestar un correo, observaba ayer la cantidad de encajes que nuestro idioma nos permite hacer con el corazón. Se lo debemos lógicamente a ese latín, moribundo en las aulas de algunos institutos y universidades, que nos ha nutrido durante siglos como una buena madre, hasta que nos fuimos haciendo lo suficientemente mayores como para correr por nuestra cuenta.
Ilustra lo que comento (pues cor-coris es la raíz de la palabra corazón), el que despidamos los escritos con «un cordial saludo», que es un entrañable modo de llegar al otro. Lo mismo sucede cuando decimos a alguien «te recuerdo», ya que, sin saberlo (al re-cordare), estamos pasando a ese alguien nuevamente por nuestro infatigable corazón. O, también, cuando discrepan unos cualesquiera y se oyen sus «discordantes» voces.
Acordar
, incordiar, coraje, concordancia, cordíaco o cardíaco y sus derivados, cuerdo, etc., son sólo una parte de los casos que indefectiblemente nos remiten al corazón cuando hablamos. Un viejo atavismo que deriva de las tinieblas científicas de unos tiempos en los que se reverenciaba la primacía absoluta del corazón sobre los demás órganos, y así lo trasladaba el lenguaje.
Dicho lo cual, me permito una recomendación: A quienes tengan cierto entusiasmo cirujano por satisfacer su curiosidad, hendiendo la epidermis de nuestra lengua para conocer algo mejor sus entrañas, el «Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana», de Corominas, es un excelente escalpelo.

31 mayo, 2007

LO QUE QUEDA POR VIVIR - Neruda

Mujer con sombrilla - Renoir

LO QUE QUEDA POR VIVIR


Para que no crean que voy a morirme,

me pasa todo lo contrario,

sucede que voy a vivirme,

sucede que soy y que sigo.


Se trata de que tanto he vivido

que quiero vivir otro tanto.


Pablo Neruda


23 mayo, 2007

LEVANTAR ACTA

Cativo - Klee

Me levanté el pasado sábado de buena mañana y, apurando un café, pergeñaba un par de planes para la jornada cuando se me insinuó repentina una cierta necesidad de ponerme a escribir. Escribir, eso es, como un acto habitual más, nuevamente escribir. Me preguntaba entonces por qué siento que debo hacerlo; deber, como imperativo vital. Y dejando un poso de aguachirle en el fondo de la taza, cogí papel y un boli que tenía a mano, sin mayor propósito que escribir buscando saber por qué lo hago...
Pues bien, he aquí la cuestión y también he aquí la probable respuesta que se me reveló: Escribo sencillamente porque me ayuda a vivir. Y lo puse y lo digo así, con rotundidad, porque sé que al escribir, de algún modo, trasciendo sobre mi propia existencia. Pero, trascender, entendámonos, no en términos de perpetuarme (¡pobre de mí!), no como un modo de acceder a la Historia (después de todo, también cabría preguntarse: ¿y quién era ese tal Cervantes?). No. Cuando digo trascender, pienso en ensancharme sobre el presente, que se me escapa, en atrapar el ahora mismo en el que eternamente se desarrolla mi vida. Porque comencé a escribir cuando para mí era el momento presente y continúo haciéndolo en el que es mi momento presente. Será el momento presente, también, cuando ponga punto final a estas líneas...
Y es que soy ahora. Tal vez parezca insólito, pero esto es así.
—¿Usted escribe para la posteridad? —le preguntó un periodista a Groucho Marx.
A lo que éste contestó:
—La posteridad, la posteridad... Dígame, por favor: ¿qué ha hecho por mí la posteridad?
El tiempo que siento, el que vivo en lo cotidiano, me lleva a rehacerme constantemente. Mi pasado nunca es el mismo, se hace distinto cada día que transcurre. Y siento la necesidad de dejar constancia de ello, de dar fe de haberlo vivido y de confirmar que estoy vivo. Quizá por esto, algo en mi interior me emplaza a levantar acta del acontecer de mis días, del eterno devenir que decía Heráclito. Quizá por eso me ensayo en esta página abierta, mientras desnudo mi miedo (un miedo doméstico y familiar) a aventurarme en el cielo atormentado de otras empresas de mayor calado...
Y quizá por esto, también y una vez más, cobra sentido aquel epigrama que un día apunté de corrido en mi libreta de notas, cuando me aseveraba a mí mismo que siento la necesidad de escribir, cada vez que el alma me pide a gritos un espejo.

12 mayo, 2007

SOBRE HABLAR Y CALLAR

Noche de fiesta - Cain.


Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien,
ni la ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca.

JEAN de la BRUYÈRE.


Existen dos tipos de personas que no dicen mucho:
las que no hablan y las que hablan demasiado.
LEIN AN-JAI.

A quien habla mal a mis espaldas, mi culo le contempla.
WINSTON CHURCHILL.

Callando es como se aprende a escuchar;
escuchando es como se aprende a hablar;
y, luego, hablando se aprende a callar.
DIÓGENES.

Dos buenas maneras de molestar a los otros son:
hablarles con la boca llena y hablarles con la cabeza vacía.
LEÓN DAUDÍ.

Hay personas que hablan y hablan...
hasta que encuentran algo que decir.
SACHA GUITRY.

Se necesitan dos años para aprender a hablar
y sesenta para aprender a callar.
ERNEST HEMINGWAY.

Es mejor estar callado y parecer tonto,
que hablar y despejar las dudas definitivamente.
GROUCHO MARX.

Si la gente sólo hablara cuando tuviera algo que decir,
el ser humano perdería muy pronto el uso del lenguaje.
WILLIAM SOMERSET MAUGHAM.

Siempre me llama la atención que alguien hable
de cosas de las que entiende.
WIM WENDERS.

A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo
y soy tan inteligente que, en ocasiones,
no entiendo ni una palabra de lo que me digo.
OSCAR WILDE.


 
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