03 mayo, 2009

DESDE MI VENTANA


Casa revuelta - Klee

Mi piso está en un edificio que hace medio óvalo, con forma de concha. Por su trasera, desde el estudio en que tecleo, observo los latidos urbanos de la ciudad que me adoptó, desvaneciéndose entre grises capilares hacia las montañas que rodean esta vasta llanada. Veo también algunas casas del barrio adyacente, de las que me separa a un centenar de metros la cicatriz del ferrocarril que, parece ser, algún día soterrarán y una campa que a duras penas se distingue tras la arboleda de tilos... Pero sobre todo hoy veo y miro el cielo, un azul intenso y primaveral cielo que, entre hilachas de cirros, nos regala sus primeras y tibias caricias de sol.
Cuando entre jardineras me asomo a la terraza de la parte delantera, ante mí se abre un enorme y verde parque. Chopos y algún sauce sueltos, hileras de castaños, abedules, hayas y cerezos demarcan los senderos por los que los viejillos y los amantes, las madres con sus niños, las cuadrillas de jovenzuelos, se reparten las horas del día para pasear, hasta que el frescor de la noche los va recogiendo a todos y apenas sí algún tipo meditabundo con su perro o un deportista extemporáneo, caminan por entre las farolas de una soledad impuesta por el recogimiento. Hay también un lago en este parque, a la izquierda de mi vista, que pese a estar cerca casi me tapan los árboles, con docenas de patos solazándose a diario con el agua y las migas que, de su merienda, los críos les arrojan. No sé si son los patos de siempre y si su renovación es meramente generacional, como tampoco tengo seguro si el estanque es exactamente el mismo que el urbanista del entorno diseñó e hizo en un principio... Porque escuché una vez que una noche de un pretérito y muy crudo invierno la helada fue tan increíble que los patos quedaron aprisionados en las aguas y al despertar, asustados, salieron volando en bandada hacia regiones más cálidas, llevándose a bloque en sus zancas el helado lago del parque.
Pero esto lo cuentan y yo, la verdad, no he podido comprobar que fuera así. Ya que vine a vivir aquí, en su día pregunté. Hablé entonces con alguno, que me dijo que le habían dicho de otro que supo de alguien que dijo haber visto algo en una película, de lo que yo ahora cuento sobre los patos y el lago...
Pero , en fin: ésta, como cabe suponer, es ya otra historia.

26 abril, 2009

PERSONAJES - II

Reflection - Lucien Freud

EL EJECUTIVO

Se quitaba por las noches la corbata, con la esperanza
de deshacerse de un permanente nudo en la garganta.

EL CAMPANTE
Su memoria era tan extraordinaria,
que se olvidaba siempre de lo que se tenía que olvidar.

EL TERTULIANO
Dominaba siempre las conversaciones.
Sabía callarse, y lo hacía muy bien.

EL CONDENADO
Dios le castigó a vivir cien años, por reincidente.
En más de una ocasión, le había sorprendido matando el tiempo.

EL FILÓSOFO
Para su desgracia, le daban siempre la razón.
El problema es que luego no sabía qué hacer con ella.

EL POETA
Sus lectores le reconocían el don de la palabra.
Sólo él sabía que su don era el de la mirada.

19 abril, 2009

NAIALE

Night Flash - Duma

(Del Diario de Naiale)
11 de abril.


Desde que, en junio, terminé la carrera suelo venir a hacer cross-trainer en el gimnasio. Media hora sintiéndote como una esquiadora de fondo noruega, en un paisaje fitness que huele a ungüentos y a sudor matizado por una higiene mayormente saludable. Hoy me encontraba sola en una hilera de varias máquinas, mientras en otra zona varios pavos se afanaban en derretir calorías a media tarde. Estaba a diez minutos de terminar, cuando ha entrado un tipo (de unos 50, calculo, algo menos que mi padre) y se ha subido a la máquina que estaba a mi izquierda. Precisamente. «Hola», me saluda; «hola», contesto. Sin más. He sabido que al menos en una ocasión me miraba... aunque no de un modo descarado. No creo siquiera que haya deslizado la vista hacia mi pecho y menos hacia mi trasero o mis piernas (llevaba un short). Lo digo porque nunca me han gustado un pelo esos cincuentones que te repasan con increíble descaro o aprovechan la mínima para largarte un par de comentarios supuestamente graciosos, y entablar una ridícula conversación que les haga creer ilusamente que están ligando. Es decir, que aún pueden ligar. Los detesto con ganas. Pues vaya, deseando que éste no fuera de esos, he hecho por distraerme, yo a lo mío, hasta que he notado que, él también, comenzaba a transpirar. Sin mirarle, era fácil advertir el esfuerzo, su manera de inhalar y expulsar el aire: relativamente contenida, profunda, casi melódica. Entonces he pensado algo tan estrambótico como que ambos estábamos en la misma onda, jadeando de un modo rítmico que por momentos parecía acompasarse... Y, de repente, he sentido que esa respiración ajena se me hacía cercana, no sé; armónica, agradable... Pero, ¿qué te está pasando, Naiale? Me he asombrado, tentada por un insospechado impulso de mirarle. ¡Ya te vale, tía! Sin embargo, algo conmovía superficialmente mi vientre: un caracoleo leve como una cosquilla; ese algo hinchaba mi pecho, falto de aire, y me ha llevado a tragar saliva y beber un poco de agua del botellín que siempre tengo a mano. Cuando le he vuelto a mirar, se ha girado hacia mí sudoroso, brillante... Nos hemos sonreído cumplidamente y he enrojecido de vergüenza, más allá del esfuerzo. ¿Por qué estaba deseando acercarme a él hasta rozarle? ¿Por qué, al sentirle respirar, me he imaginado colándome en la ducha de su vestuario, para besarle bajo el agua y abrazarle...?
El pitido final del programa me ha sobresaltado. He bebido un resto de agua y me he secado el sudor de la cara con la toalla. Al bajar de la máquina, presentía que él estaba pendiente de mí y he comenzado a andar hacia el vestuario un tanto nerviosa, con necesidad de soltar de golpe el aire...
«¡Adiós!», me ha dicho entonces. «¡Adiós!» me he girado para contestarle y he visto una franca sonrisa iluminando su expresión, en medio del esfuerzo; una serena y madura mirada. Luego, cabeceando incrédula, he bufado largamente, camino de los vestuarios... Y todavía he estado un buen rato sonriendo, bajo el agradable chorro hilado de la ducha.

12 abril, 2009

LUCIDEZ INFANTIL


Una mirada - Miguel Rodríguez

Rescato una anécdota familiar, que recuerdo con cariño: Anna, mi hija pequeña, apenas tenía doce años, hace ahora cuatro. Ambos estábamos en la sala, yo hojeando una revista, ella viendo en la tele uno de esos magazines intrascendentes, plagado de absurdas discusiones. A nada que uno prestase un mínimo de atención al programa, podía ver que era realmente malo. Entonces, como venía a cuento con lo que estaba sucediendo en el plató, le pregunté quién le parecía que generalmente domina una conversación entre dos personas: la que habla o la que escucha.
—Aunque puede haber más de una respuesta —le advertí con cariñosa guasa—, es una pregunta para niñas inteligentes.
Después de pensárselo durante unos segundos, Anna me respondió:
—La que escucha.
Entonces, bastante sorprendido, volví a la carga:
—¡Vaya! ¿Y por qué supones que es así?
—Pues la verdad es que no sé muy bien —me contestó tan pancha—. Pero, como me has dicho que era una pregunta para niñas inteligentes, he imaginado que la contestación sería la contraria de lo que parece.
La inmaculada lucidez de los niños puede llegar a ser admirable. Dio igual sobre qué hubiera ido la pregunta. No pude por menos que sonreír y estrecharla contra mí.
—Muy bien, chata —le dije—: Un once en perspicacia.

05 abril, 2009

EL DON DE LA FELICIDAD - Aranguren

Primavera - Sergei Chaplygin

"En todos los tiempos, en todas las culturas ha sido constante el anhelo del ser humano por alcanzar la felicidad. Todos aspiramos a la felicidad y la buscamos de mil maneras. ¿Lograremos encontrarla?
Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por lo tanto, no es feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero, ¿no es todo esto sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada? Otro modo de búsqueda es la autocomplacencia: así el goce del propio placer, el deseo de perfección o la propia virtud. Aspiramos a la felicidad, pero aspirar no es lo mismo que buscar y, todavía menos, que conquistar, ni fuera ni dentro de nosotros mismos.
Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en la mano sino siempre volando. Pero, tal vez, con suerte y quietud por nuestra parte, se pose por unos instantes sobre nuestro hombro."

(José Luis López Aranguren, 1909-1996)

22 marzo, 2009

EL PERE

Homenaje a Gogol - Chagall

Mi amigo Pere nació con la primavera de hace medio siglo, y he aquí que lo celebro con él y los suyos, en Barcelona. Aperitivo en su casa de Muntaner, comida en L’Oliana, calle Santaló. Allí hemos sido invitados, su familia y tres parejas de amigos; es decir, dos parejas, mi ex y yo. La protocolaria asignación de lugares me sitúa entre Toño Fernández (Fer), celebrado humorista gráfico que edita sus inconfundibles viñetas en Avui y en El Jueves; antes en El Papus, etc. y su mujer, Virginia Mascaró. Fer es un tipo con una dilatada carrera que arranca en los años previos a la Transición. Aparentemente tímido, sutil y agudo observador, tiene una gran visión periférica; se lo digo y calculamos con humor las imprevisibles consecuencias que puede tener el querer estar-a-todas. Hemos coincidido en varias ocasiones y sé que nos tenemos un mutuo aprecio. Fer me comenta lo sentido que está por la muerte de su amigo, el actor Pepe Rubianes. Se le van cayendo varios de la agenda, gente como Jaume Perich, Manolo Vázquez Montalbán y otros. De algunos de ellos conserva sus SMS en el teléfono y le digo que no los borre. Fer es leonés, y ejerce y se le nota, a pesar de toda una vida en Catalunya. Su mujer, Virgínia tiene un dulce encanto, además de un fuerte acento mallorquín. Se interesa por mi blog y por la novela que tengo escrita. Entonces Lilí, la mujer de Pere, entra en la conversación y me pone más arriba de lo que yo me siento: «Es una pasada, escribe fenomenal.» Cuando le suelto que no es para tanto, dice que siempre me quito importancia. «El Juanan té vergonya», le informa. Pues quizá. Quizá esa mínima vergüenza... y un notable pudor. También hablamos de política. Desde que llegué hace un par de días a Barcelona, no cesan de preguntarme por esa extraña e inaudita coalición PSE-PP que parece ir a desbancar al nacionalismo conservador, después de treinta años de hegemonía. Les resulta difícil entender un pacto de esta naturaleza, y les digo que es difícil concebir la política vasca, si no se tiene en cuenta el peso específico de ETA. Virgínia, periodista, me pregunta a bocajarro a quién he votado. Y, claro, yo le contesto. Le digo que provengo ideológicamente de la malograda Euskadiko Ezkerra... y blablablá. Enric, que está frente a nosotros, se interesa y mete baza. Es un tipo afable y grandullón, con pinta de buena gente, casado con Amaya Hervás, vasca y psicóloga, como el menda, nacida el mismo día del mismo mes del mismo año que yo. Hemos celebrado la coincidencia con una copa de cava, en algún momento de los postres.
Por lo demás, Pere ha recibido mucho cariño estos días, y cabe el gozo de haber participado, de ser testigo de ello. Lo necesita, además, porque su trabajo se ha resentido enormemente con esta crisis que asola el país y medio planeta. Espero que reflote lo suyo, porque las cosas están realmente muy mal.
En fin, la comida ha sido del agrado de todo el mundo, y el vino (un Casajús) ha merecido. No ha habido discursos, ni Pere los deseaba. Dicho todo lo cual, una vez terminada la sobremesa, nos hemos retirado, cada quien a lo suyo. Ha sido bien grato estar con mi gente catalana, entre la que tan bien y bien tratado me he sentido siempre.

15 marzo, 2009

ELOGIO DEL OPTIMISMO

Optimismo - Slaby

Frente al pesimismo de la realidad,
el optimismo de la voluntad.
Antonio Gramsci.

Es difícil mantenerse optimista en un mundo como el que tenemos, complejo e inestable, regido por la incertidumbre; en una vida que nos enfrenta permanentemente a cuestiones de profundo calado como la búsqueda de la felicidad, las conmociones del amor... o el tan humano temor a la muerte. Todo cuanto rodea nuestra cotidianidad nos obliga de algún modo a movernos, a reubicarnos, a situar nuestra posición existencial en unas coordenadas que nos permitan mantener un equilibrio relativo, el justo, cuando menos, para permanecer a flote.
Ante este panorama vital, uno puede (yo diría debe) intentar ser positivo; lo cual, en mi opinión, es una cuestión voluntad y, hasta cierto punto, de obstinación: Quiero ver la cara amable que me brinda el mundo, las cosas hermosas que me ofrece la vida, porque sé que una y otras existen, las conozco, y practico un modo de mirar mi propia existencia, y la de los demás, que me aporta el beneficio de la confianza, del optimismo.
Con frecuencia, la seguridad de cada cual gana fuerza cuando combate los absolutos. Si uno antes sufría por su incertidumbre, con el tiempo va sintiéndose más firme y entero porque entrevé que en la vida todo, definitivamente todo, es mucho menos sólido de lo que durante bastante tiempo creyó. Parece cosa, entonces, de adoptar una actitud distinta, aceptando lo que se es y se tiene, no con un amoldamiento resignado, pero sí con ganas de mejorar y compartir el aprendizaje que se deriva de los propios logros. Sentir que se avanza (sólo el hecho de saberlo), ya supone un motivo para el optimismo.
En mi plano más personal, cuando pienso en situarme, organizo mi entorno para saberme a gusto en él, y preparo algún pequeño plan. Obsequio a mi ilusión con varios propósitos y me digo a mí mismo que sólo existe el presente y (al igual que las posibilidades que plantea) éste es infinito.

08 marzo, 2009

EL SABOR DE LOS DÍAS


Sólo se descubre un sabor a los días
cuando se escapa a la obligación de tener un destino.
-Emil Cioran-


Acabo de publicar en Internet El sabor de los días, una novela que no sé si será lo mejor, pero sí lo más costoso, de cuanto he llegado a escribir desde que aprendí a coger un lápiz, allá en el pleistoceno. Fue en una época geológica más cercana, ¡hace casi veinte años!, cuando emborroné sus primeras páginas, sin saber muy bien hacia dónde me llevaría el hilo argumental del que comencé a tirar. Llegué a hacer de ella siete versiones... y tuvo hasta tres títulos diferentes. Cansado de pelearme con cada una de sus páginas, terminé condenándola a la remota oscuridad de un cajón; yo, por mi parte, me hice el muerto. Una posición de la que, sin embargo, resucitaría para dar cuenta de ella un par de veces en este mismo cuaderno, y finalmente para revisarla con ganas, en el pasado mes de enero, revitalizado por la posibilidad de autoeditarla en Bubok.
Confieso que han sido los ánimos de cuatro estupendos (y poco imparciales) amigos, junto a un resto de vanidad que me queda, los que me han empujado a sacar la historia de Terenci Poquet a la luz, ahora que la tecnología nos brinda tan increíbles oportunidades. Pero, sobre todo, con ello lo que he querido es saldar la deuda que tenía contraída con el jovenzuelo aquel que la inició, vivió y soñó, con tanta fe como voluntad e ilusión... y que, de un modo muy presente, todavía vive en mí.
Gracias por vuestras visitas y por vuestra atención.

Juanan Urkijo Azkarate.

01 marzo, 2009

LAWRENCE

El Nilo - Marta Garralda

Yo soy parte del sol, como mis ojos son parte de mí. Mis pies saben perfectamente que yo soy parte de la tierra; y mi sangre es parte del mar. No hay ninguna parte de mí que exista por su cuenta, excepto quizá mi mente. Pero en realidad mi mente no es más que un fulgor del sol sobre la superficie de las aguas.
(Apocalipsis, David Herbert Lawrence)

Supe de la existencia de Lawrence cuando, en el Cine-Club de Llodio, en el que colaboraba (¡lástima que prácticamente hayan desaparecido estos espacios!), se proyectaba un ciclo sobre el director Ken Russell y, entre otras películas suyas, pude ver Mujeres enamoradas. A Glenda Jackson le habían concedido un Oscar por su papel por su magnífica interpretación, como una de las hermanas Brangwen... y me faltó tiempo para ir a comprar el libro en el que estaba basada. Me fascinó aquella lectura, que superaba el fiel reflejo en el que se había convertido sin duda la peli. Así fue como Lawrence, díscolo, atacado, controvertido y enfermo, entró en mi inquieta juventud. Aquel libro, junto a El Arco Iris y El amante de Chatterley, configuraron una trilogía que, en mi particular biografía literaria, dejarían una huella indeleble.
Creo haber leído tres veces Mujeres enamoradas, y otras tantas haber visto la película. Por eso admiro el tratamiento abierto que Lawrence dio a la sexualidad (se habló de esta novela como la "épica del vicio", en plena moral victoriana), su forma de confrontar las formas de pensar, las creencias y las pasiones de quienes protagonizan sus novelas.
D. H Lawrence fue un incansable viajero, movido por su afán de conocer, pero también por la necesidad de encontrar climas benignos para sobrellevar una tuberculosis que arrastró de por vida y a la que, finalmente, no pudo vencer. Moriría el 2 de marzo de 1930.

22 febrero, 2009

RELIEVES


Cabeza de mujer - Montserrat Gudiol

Déjame atraparte, emboscar tu cuerpo entre mis brazos, deslizar sin prisa cada una de estas palabras en la marmórea declinación de tu cuello. Quiero sentir cómo suavemente se despeña contra mi pecho tu aliento, envuelto en una cascada de cabellos... y estrujarte, y aplacar el ansia que me tienta a desertar contigo del tiempo y del mundo. Sueño; sueño y figuro en ti mi abandono, en el mar cálido y profundo de tu abrazo, cuando me embarco en él, suspenso, como un remero absuelto de su tarea por la corriente... Y si alguna certeza abrigo es la de quererte. Porque te quiero y te he querido desde la distancia inexorable del pasado, y mucho antes de hallarte ya se apretaba mi vientre al tuyo, mis dedos ya registraban tu espalda y añoraban retenerte un segundo más mis manos, cercando con caricias tu inmaculada nuca.
Me entrego a tus relieves de diosa griega y pienso en la serenidad de este amor que te trajo desde lugares imposibles para hospedarte en mi vida; de este afecto nacido y perpetrado entre viejos duelos y silenciosas complicidades; de esta ternura que me asila entre tus besos, el trasueño sin horizontes que regala tu mirada...
Hundo mi anhelo en tu pelo, eternamente, y consiento que mis ojos enceguezcan, que se silencien por siempre mis labios.

15 febrero, 2009

POEM 69 - Camille Stein


Astro Perdido - Úbeda

"Nunca mi padre me dijo que mirara al cielo, aunque en los días de lluvia asomara en silencio sus ojos trémulos, más allá de los ventanales, más allá de los edificios, más allá del agua y de las nubes de pana, más allá de las estrellas e idénticas mañanas. Y yo miraba a mi padre mirando estas cosas invisibles, estas imposibles quimeras, esta tristeza que se escurría inútil por las paredes y los tejados. Y nunca pude hacer nada para aliviar sus entrañas, que siempre fueron mías y a la vez extrañas. Mi mano permanecía como la suya, quieta, a la espera de esta nada. Ahora soy yo quien escudriña los secretos que el cielo jamás enseñará a mis ojos. Y mi mano también se cierra sola contra ese cristal sobre el que azota el viento, la lluvia."

Del Diario póstumo de una muñeca, cuaderno que Camille Stein atesora para deleite de sus visitantes: Camilleblog .

08 febrero, 2009

LOST IN TV

La casa de la casa de la casa... - Iturria

En el televisor hacían un barrido visual de la calle, una calle en una ciudad cualquiera. A paso rápido, la cámara seguía a su reportero pertrechado con un micrófono, buscando la noticia entre la gente. Entonces he podido entrever, en una esquina, por un instante, a un hombre en cuclillas, con la mano abierta y llagada. La cámara lo ha dejado a un lado, obcecada en adentrarse en el tumulto que rodeaba a una mujer joven y atractiva, tal vez famosa. Ya la tiene enfocada; el reportero se abre paso a codazos hacia ella... Y yo apago la tele; no me interesa. Sin embargo, algo permanece en mi retina tras esa sucesión de imágenes: una instantánea que poco después consigo integrar. Aquel hombre con la mano extrañamente agujereada era un mendigo... y lo sé porque en su hueco cabía una moneda.
Dejo la sala, recalo en el estudio, me acerco a la ventana. Alguien detrás de mí susurra mi nombre. Imposible, me digo, estoy solo en casa; y no me vuelvo. La nieve se derrite por segundos, como la luz poniente del día. Miro la calle vacía, miro por mirar la moribunda tarde, y veo ahí abajo a un hombre hurgando en un contenedor. Viste ropas sucias y ajadas, va forrado de harapos como un viejo clochard, tiene una bolsa de plástico en una mano y en la otra un... una gran llaga... ¡No puede ser! Siguiendo un repentino impulso, corro de un modo impremeditado hasta la cocina, preparo un bocadillo al voleo, cojo una lata de cerveza de la nevera y, franqueando la puerta, sin tiempo para esperar al ascensor, me lanzo escaleras abajo. Cuando salgo al frío de la calle, en mangas de camisa, allí no hay nadie. Permanezco perplejo, clavado en mitad de la calzada, de la nieve sucia y gris, girando el cuello a uno y otro lado... El contenedor, mudo testigo de una imposible confesión, está abierto. Voy hasta él como un autómata, haciéndome absurdas preguntas; lo cierro de un golpe seco y me inunda una vaharada de fétido olor a podredumbre. Finalmente subo cabizbajo. Bocata, lata en mano, ahora tomo el ascensor.
Incomprensiblemente, el televisor está encendido cuando entro en casa. ¿Acaso no lo había apagado? ¡Qué extraño domingo!, pienso yendo al baño. Me miro en el espejo y oigo cómo una voz, tras de mí, susurra nuevamente mi nombre. Pero estoy solo y, por esto, no me vuelvo. Al hilo del último suceso, me encuentro pensando en toda esa gente anónima y proscrita, condenada a vivir eternamente de nuestra escoria. Otra vez la voz que me nombra... Voy a quitar ese ruido de la tele. No estoy soñando, lo sé. Y, sin embargo, lo único que parece real a mi alrededor es ese locutor que mecánicamente habla al parecer del fútbol de hoy, y habla y habla y habla... Mientras retóricamente me pregunto: ¡Dios mío, hasta cuándo...!

01 febrero, 2009

CREPÚSCULO DE COBRE

Ventanas de noche - Hooper

(Tras iniciar una pedestre investigación, para descubrir quién le escribe unas bellas y anónimas cartas de amor, el opositor Terenci Poquet cree haber dado con su enigmática remitente: una mujer de cuya sola visión se ha enamorado y a la que felizmente puede espiar, pues vive a no más de cien metros del ático de alquiler que él ocupa. Así, en ocasiones la observa en secreto; otras veces se exhibe en la terraza deliberadamente, para provocar su atención. Sea como sea...)

«En aquellas semanas, fueron casi treinta las veces que anotó haberla visto, asomándose a su ventanita con el geranio en el alféizar. Verificó que lo regaba, entrada la tarde, cada tres o cuatro días y que también, a ratos, se quedaba mirando la calle, mirando sin más, hasta que desaparecía tras las cortinillas. Y con la esperanza de que ella le ubicara en el centro de su amoroso universo, Terenci se dejaba ver en la terraza y le otorgaba azarosamente su presencia de infatigable oteador de horizontes, en las tardes soleadas de la primavera. Consagraba su alma, bajo el testimonio tácito del atardecer, hasta que el crepúsculo vertía su baño de cobre sobre los perfiles quebrados de la ciudad. Y cuando la noche arrastraba las horas hacia el precipicio del pasado, él se abría nictante, como un dondiego en flor, para ofrecer lo mejor de sí, y en un ritual de oración le renovaba sus votos de amor.»

25 enero, 2009

EL REGALO

El tragaluz - López Villaseñor

Adela cumple hoy 52 años. Ha bajado a comprar al supermercado, porque quiere preparar algo especial para la cena. Son las cuatro y diez de la tarde, cuando se dirige a la caja con su cesta. Apenas hay gente. En la cola, un par de chicos con latas de cerveza y alguna botella de alcohol en el carro, llegan a la única caja abierta. Algo azorada, la dependienta que la atiende se disculpa ante ellos:
—Perdonadme, vuelvo en un minuto.
Adela piensa: Va al lavabo, espero que no tarde. Ve que los chicos hablan entre sí, de repente toman las bebidas, las pasan por un lateral evitando el escáner, empujan el carro vacío, cogen bolsas, cargan apresuradamente y se largan casi a la carrera. No suena alarma alguna, nadie les ha visto, sólo ella que permanece boquiabierta... Entonces le asalta un pensamiento insólito. Su cesta tiene cuatro cosas: un bloc de foie, una caja de langostinos, algo de lomo y jamón ibérico, una botella de vino... Unos 30 euros, calcula, y se sorprende a sí misma pensando que, de ahorrárselos, le daría menos cargo de conciencia comprarse el caro bolso que tanto le gusta. Conque, alterarda y desconocida, comprueba que nadie le ve y, salvando el escáner, atraviesa ella también el embudo de la caja.
En el preciso momento en que comienza a embolsar, aparece la empleada.
—¡Pero, qué hace? —le espeta, según corre a la caja contigua, para tomar un pequeño micro y levantar nerviosa la voz: —¡Seguridad, por favor; seguridad, acuda a Caja 2!
Con el corazón desbocado, Adela queda paralizada. No tiene sentido revolverse, ni siquiera le sale decir lo siento. Súbitamente todo se vuelve tan bochornoso, tan espantosamente ridículo, que no hay una triste palabra que acuda en su descargo. Permanece en blanco, mientras un agente de seguridad le invita a acompañarle.

Son las seis de la tarde, cuando Jaime y Naiale llegan a casa. Según abren la puerta, padre e hija entonan el Cumpleaños feliz... Pero Adela no sale a recibirlos; la encuentran en la cocina, sentada, brazo sobre brazo, dos bolsas con compras en el suelo. Apenas sí sonríe al verlos entrar con ese feliz humor de fiesta. Con esfuerzo, se levanta, se deja besar.
—¿Todo bien, cariño? —pregunta Jaime.
—Bueno —intenta salir de su abatimiento—; no he tenido un buen día; ya se me pasará.
Entonces Naiale muestra el paquete que mantenía escondido tras de sí.
—Hoy no vamos a dejar el regalo para los postres, ¿verdad papá?
—Para la mejor de las mujeres —sentencia Jaime.
Adela sonríe a medias el cumplido, comienza a abrir el envuelto y, antes de quitar por completo el papel, ha necesitado sentarse de nuevo. Se echa las manos a la cabeza, comienza a temblar entera, se encoge tapándose los ojos y, ante la atónita mirada de los suyos, rompe a llorar, hipando amarga y desconsoladamente. Aprieta con fuerza contra su regazo el precioso y deseado bolso; el bolso que tanto, tanto le gusta...

18 enero, 2009

LO NOVELESCO - Finkielkraut & Bruckner

La calle - Balthus

«La aventura, dice la canción, está a la vuelta de la esquina; en la esquina de mi casa hay un banco, delante del banco un poli, a los pies del poli una mierda de perro. La única aventura posible es que el poli pise la mierda y se parta la cara.»

«Mientras existían grandes razones para vivir, políticas, sociales o religiosas, la aventura estaba desacreditada en nombre de valores más profundos; el humanismo condenaba la anécdota a la futilidad. Ahora bien, desde que vivimos bajo la gerencia y la regencia de lo cotidiano, la aventura es cuanto hay de significativo y memorable en una jornada o en una vida, todo lo que puede hacer historia, incluidos los episodios más ínfimos. En suma, es el mismo acontecimiento lo que funda el sentido y el valor. Consecuencias múltiples de esta inversión: todas las certidumbres se tambalean, pero, a cambio, la anécdota conoce una promoción increíble, nuestras vidas pasan íntegramente al lado de lo novelesco: la propia existencia se convierte en una categoría literaria. Lo más profundo es ahora la peripecia.»

La aventura a la vuelta de la esquina, Bruckner y Finkielkraut.

04 enero, 2009

NUEVE PALÍNDROMOS

Cara y cruz - Genovés

EL AS A POR ROPA SALE

(¿Tal vez de rebajas?)

OTRA ORA ARO HARTO
(¡Qué duro es el campo!)

A SU CAN ACUSA
(Él no lo haría)

ANA LLEVA AL AÑA LA AVELLANA
(Variaciones sobre un socorrido tema)

A SOR ADELA, LE DA ROSA
(Lo que no se sabe es qué)

ADÁN, SIN ANÍS, NADA
(¡Será borrachín...!)

A SU RODADOR USA
(El jefe de filas, en las etapas llanas)

SABES A CACA, SEBAS
(¡Vaya corte, tú!)

SACAS O NO SACAS
(Por ejemplo, un palíndromo. ¿Te animas a intentarlo?)

 
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