06 mayo, 2007

MAETERLINCK


«Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente.
Creemos que nos hemos sumergido
en las profundidades de los abismos,
y cuando volvemos a la superficie la gota de agua
que pende de la pálida punta de nuestros dedos
ya no se parece al mar de que procede.
Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros
y cuando volvemos a la luz del día
sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio;
y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro.»


El escritor Maurice Maeterlinck nació en Gante (Bélgica),
el 29 de agosto de 1862,
y murió cerca de Niza, el día 6 de mayo de 1949.

*****

(Fotografías de Aletxu Epelde: Cielos de White Sands, en Nuevo México)

01 mayo, 2007

ALLÍ, JUNTO AL MAR

Ventana al mar - Hooper

He estado descansando unos días en Creixell, un pueblito mediterráneo de la costa tarraconense. Allí la primavera es más templada que en el norte, pero también encubre sus sobresaltos: esas repentinas tormentas que asaltan violentamente los caminos pedregosos de tierra rojiza, los pinos, olivos y algarrobos, las matas de arrayanes. Allí me fui casi con lo puesto, además del libro que ahora leo, mi bloc de notas, unos ejercicios de inglés que no he tocado (los de mi quinta le dimos al franchute) y apenas algo más. También música, para sazonar el viaje. Pero sin ordenador ni correo, sin la agenda del trabajo, sin horarios, he estado mejor que bien. Allí, con Pere y Lilí, mis aliados. Y es que lo fantástico de la vacación fuera de temporada, y en un lugar junto al mar, es que el propio tiempo se remansa y uno se siente invitado a zambullirse en esa atmósfera que acicala el incesante lamido de las olas en la arena, en su visión inmensa, en el inagotable susurro de sus entrañas...
Decía Rubén Darío que definir es limitar, y yo añado que definir las sensaciones, los sentimientos, nos lleva a reducirlos, a simplificarlos. Por eso, describir lo que he sentido ante el mar gris, turquesa o turbiamente atormentado que he contemplado en este final de abril, puede parecer que está de más. Como casi lo estuvo, y hasta resultó arrogante por mi parte, escribir hace unos días sobre la sakura de los cerezos, que únicamente figuré gracias a la literatura y a las fotografías. Sin embargo, si lo hice y lo hago es porque tal vez todo está en mirar las cosas, sentirlas y, cuando no, imaginarlas... A partir de lo cual uno se nota complacido, pues encuentra una espléndida remuneración espiritual que compensa el sacrificio impuesto por la rutina del día a día.
Así es que he estado allí, y lo cuento: Llego bien respirado, tras dejarme llevar casi al ritmo de las olas... absolutamente despierto ante lo que se me ofrecía.
Despierto, sí. Creo que no aspiro a mucho más, que no sea a permanecer despierto... incluso a destiempo, fuera de inventario y de sazón; fuera de temporada. También cuando estoy a solas y me miro al espejo, las patas de gallo en las comisuras de los ojos, la frente más que despejada, el tránsito del tiempo afincándose en mi rostro. Sí, un hombre despierto. Porque así podré dar cuenta de lo que veo, de lo que siento y pienso, de lo que hago, por insustancial que parezca, aunque sólo sea ver-sentir-pensar-hacer, el haber estado unos días en un pueblito mediterráneo, de la costa catalana; haber estado, sin más, allí, junto al mar... De donde he vuelto recargado y, por cierto, con la idea reforzada de que lo que no me compete, me incumbe.
Y de que, no en vano, y sobre todas las cosas, me sigue concerniendo la vida.

25 abril, 2007

ANGELDREAMS


Pipe y Gabi

Cuando entré en el universo de los blogs y me decidí a crear el mío, no imaginaba qué tipo de ecos encontraría más allá de la pantalla de mi ordenador. El poeta Paul Élouard escribió en una ocasión: «al fin y al cabo no soy sino la persona que habla; pero, ¿qué habla a quién?». Y un poco ésta era, también, mi pregunta: ¿Habrá alguien al otro lado...? Sencillamente no os conocía y, en realidad, tampoco ahora podría decir algo radicalmente diferente, salvo que de veros y leeros llego a gozar de un conocimiento intuitivo de quienes os acercáis hasta aquí, que para mí tiene un extraordinario valor. Desde entonces, desde que escribí las primeras líneas (hace unos cinco meses) y recibí el primer comentario, lo cierto es que no habéis dejado de asombrarme. Todas las sorpresas han sido más que agradables; la mayor parte de ellas, cargadas de sentimientos, de literatura, de anécdotas, de humor, de solidaridad... siempre con un punto bien cercano y entrañablemente humano, que no admitía duda. Está siendo genial.
Pero la más extraordinaria de aquéllas me llegó ayer, después de que en la entrada sobre la floración de los cerezos comentara de soslayo que, precisamente, era mi cumpleaños. Nunca he sido gran amigo de celebrar mis cosas, aunque me apunto con ganas a los festejos de los demás, desde luego... Y, la verdad, tuve un hermoso y soleado día, del que disfruté sin estridencias, y recibí tantas llamadas y correos que me sentí indeciblemente agasajado. También, anoche encontré en mi alféizar vuestras notas y comentarios y leerlos me dejó muy feliz. Pero lo que nunca hubiera podido imaginar es lo que me hizo la bribona de Angeldreams... Me llegó tan hondo que, cuando lo pienso, encuentro casi más lágrimas a punto de saltar que palabras de gratitud... Uno no está para estos trotes, de verdad. Sólo os digo que me gustaría compartir con quienes sois mi gente de este rincón, una porción de su precioso regalo. Por eso os animo a que entréis en una de sus hermosas páginas, la que comienza diciendo como los viejos los cuentos: Érase una vez...

Gracias por vuestras felicitaciones y gracias, hoy muy en especial, a ti Angeldreams... y a Gaby y a Pipe. Sé que se asoma el sol entre las nubes, cada vez que ellos salen a jugar.

24 abril, 2007

さくら - SAKURA


La floración de los cerezos (sakura) es un hito notable en el calendario japonés, pues señala el final del invierno. En Japón hay decenas de variedades de este bello frutal que, como es sabido, da unas preciosas y delicadas flores, entre blancas y rosáceas. Tengo leído que los cerezales japoneses más famosos son los del monte Yoshino, en donde en la sakura (como aquí, en el Valle del Jerte) se produce una extraordinaria nevada de flores blancas que cubre por completo los campos.
La sensibilidad nipona se complace en la efímera belleza y en el resplandor de los cerezos florecidos, también para trascender del hecho de la propia floración, porque, además, la sakura simboliza la fragilidad de la existencia humana. El cerezo primaveral es un motivo de regocijo, de agradecimiento y de celebración por todo lo que sucede y por todo lo que es. En esta época, corren los días más hermosamente nevados, allá en el Lejano Oriente. Como curiosidad, anoto que la flor del cerezo se precipita a una velocidad de 5 centímetros por segundo... Y, como dato marginal, que, precisamente, un día como hoy mismo, 24 de abril, ajeno a la floración de los cerezales, que también entonces enlucía las campiñas japonesas, tuve la dicha de aparecer por aquí. Claro, que de esto hace ya mucho tiempo... Y debe de ser esa perspectiva la que le da gracia a la cosa, un año y una vez más.

11 abril, 2007

PLUMA EN RISTRE: JUANAN URKIJO


Caminar es una especie de arte, que requiere sortear obstáculos, ceñirse a la realidad y no interferir demasiado en el ritmo natural de las cosas.
Yo, Dédalus, con ser quien humildemente soy, confieso que transito al paso amigo de Juanan Urkijo. Pluma en ristre, jugamos en permanente desafío a prender una fantasía, a idear tal feliz epigrama, a concebir palíndromos imposibles, a levantar acta del día a día... y a exprimir de la vida las más bellas y también terribles razones que concurren en ella, sobre todo para amarla.
Os dejo de Juanan apenas un reflejo de sus pequeñas cosas. Con su permiso, desde luego, tras lo mucho que ha rezongado el muy canalla, hasta permitirme que finalmente lo editara.


ABSOLUTOS
Creo que la verdad no existe.
Y, si existiera, dudo mucho que mi cerebro,
encerrado y a oscuras, esté concebido para encontrarla.

FINGIMIENTO
Si de algo gusta disfrazarse a la vanidad es de falsa modestia.

DESTELLOS
El sexo es un chispazo fugaz, la deflagración de dos cuerpos
reflejando por un instante su amor, en un mar de espejos rotos.

MONOMANÍA
Me siento libre a través del amor,
ese vínculo de mi locura que me amarra a la vida.

LA NEGADA
La razón suele estar del lado de quienes menos necesitan apropiársela
para hacer valer sus argumentos.

VIVAQUEAR
Algunos locos demuestran ser asombrosamente inteligentes,
cuando rompen la realidad en mil fragmentos
y se dan a vivir en sólo uno de ellos.

DESALIENTO
¡Qué más da todo
si, al final de todo,
no todo es lo mismo,
pero todo es igual!

08 abril, 2007

ENCUENTRO CON K

Mujer sentada - Schiele

Decía con bastante gracia Álvarez Solís, hablando de las viudas, que “las mujeres no sólo nos sobreviven sino que, además, se ponen guapísimas cuando nos morimos”. No sé qué habrá de cierto en su galante comentario, pero algo así también les debe de pasar a algunas recién separadas. Como a mi amiga K.
Me encontré con ella en el centro de la ciudad y tomamos un café. K tiene 37 años, un hijo de 13 y desde diciembre está separada. Su ex-marido tuvo una crisis profunda, necesitó su espacio, su tiempo y (por completar la ecuación) su velocidad... pues, como K ya me había informado, tenía alguien que le esperaba.
—Te veo radiante. Estás bien guapa.
—Digamos que me voy encontrando cada vez mejor.
—¿Y tu hijo?
—Bien. Nos tiene a los dos, se ha hecho su composición... y lo va aceptando. Al menos eso parece.
—Sí; por suerte, los enanos se suelen adaptar bastante bien a las nuevas situaciones.
—A veces creo que está haciendo el proceso mejor que yo misma.
—Te quedan muchas cosas pendientes...
—No. Francamente. Supongo que me cuesta aceptar que R pertenece sólo a mi pasado. Siempre aparece alguna huella emocional que me confunde.
—Lo extraño sería lo contrario.
—Porque igualmente su actitud me desconcierta...
—¿?
—Sí, mira: El otro día, sin ir más lejos, me decía en un correo que yo seguiría siendo parte de él, ahora y siempre, lo presente que me tiene en su vida... y que en un futuro le gustaría que fuéramos... ¿amigos? ¡Yo que sé!
—Es la elocuencia compensatoria de quien necesita sacudirse la culpa.
—A estas alturas, me pareció un discurso patético.
—El del desamor... Todo el mundo recurre a lo mismo, cuando se siente mal tras desertar.
—Por eso también, me resultó increíblemente vulgar.
—Supongo que hay comportamientos y actitudes que nos igualan terriblemente.
—Ya. Aún así...
—¿Esperabas, acaso, que te sorprendiera?
—No, ciertamente no. En su día, ya lo hizo bastante.
—Entonces.
—No sé, chico. A ratos me asalta la perplejidad y...
—Date tiempo, que lo estás haciendo muy bien.
—¿Realmente lo crees?
—Lo sé, K. No hay más que verte: Tú te quieres, se te nota.
—Eso es verdad. Además, tengo la suerte de haber tenido a mi gente bien cerca. Y te incluyo.
—Menudo mérito... Por cierto, dile a tu ex que no se aflija, que estás estupenda.
—Lo haré.
—Sí, claro que sí: Que estás bien... y, de paso, dile también que te olvide.
K sonrió. Poco después nos despedíamos en la calle, cada uno tomó una dirección. Permanecí viéndola alejarse, con su paso resuelto, con su toda la vida por delante... Se adentraba por entre la gente, perdiéndose en la grisura del paisaje urbano, como si perteneciera a la ciudad, como si su propia historia se fundiera en ella.

06 abril, 2007

DURERO

Tengo leído que, en el siglo XV, en una aldea cercana a Nüremberg vivía una familia cuyo padre trabajaba duramente en las minas de carbón, para poder mantener a sus hijos. Dos de ellos compartían un sueño: el de dedicarse a la pintura. Pero sabían que jamás podrían ir a estudiar a la Academia. Por esto, los hermanos acordaron lanzar una moneda al aire: El perdedor trabajaría en la mina para pagar los estudios de quien se hubiera visto favorecido por la suerte. Terminados los cursos, quien hubo resultado ganador, con las ventas de sus obras se haría cargo de los estudios del que quedó trabajando. Así, ambos podrían ser pintores. El llamado Albrecht Dürer (Durero) ganó y fue a estudiar a Nüremberg. El otro hermano hubo de laborar duramente durante cuatro años para sufragar los gastos de Albrecht, que pronto causó sensación en la Academia. Sus grabados, tallas y óleos eran mejores que los de sus propios profesores, y antes de graduarse ya ganaba considerables sumas de dinero con la venta de su arte.
Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero celebró una fiesta en su honor. Albretch propuso un brindis y dijo: «Ahora, hermano, es tu turno: irás a Nüremberg a perseguir tus sueños».
Todos se volvieron hacia lugar de la mesa que ocupaba el minero, quien habló emocionado: «Gracias, hermano, pero es muy tarde para mí. Estos años de trabajo han destruido mis manos. Cada hueso de mis dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis me duele hasta al levantar la copa en tu brindis. No podría trabajar con delicadeza, no podría manejar la pluma ni el pincel... Pero soy feliz de que mis manos hayan servido para que las tuyas cumplieran su sueño».
Han pasado más de 450 años desde entonces. Hoy los grabados, óleos, dibujos y tallas de Albretch Durero pueden ser vistos en museos en todo el mundo. Pero, para quien no lo supiera, la obra “Manos Orando”, con las palmas unidas y los dedos apuntando a
l cielo son el homenaje que un día rindió Albretch Durero al sacrificio de su hermano, sin el cual probablemente nunca hubiera llegado a ser quien finalmente fue.

-Albrecht Dürer falleció el 6 de abril de 1528-

02 abril, 2007

POR MODERNOS, QUE NO QUEDE

Mingzhong - Negociación

Del 27 al 29 de marzo se celebró el IV Congreso de la Lengua Española en Cartagena de Indias (Colombia). Quizá por esto, me parece oportuno pasaros este artículo que me llegó hace un par de meses por correo electrónico:

«Desde que las insignias se llaman pins, las comidas frías lunchs y los repartos de cine castings, este país nuestro es muchísimo más moderno. Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los empresarios hacían negocios y no business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera en vez del tupper. Nadie es realmente progre, si al día no dice cien palabras en inglés, que es como todo suena chic. Ciertamente, no es igual decir plum-cake que bizcocho, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Como que ya no tenemos sentimientos, sino fellings. Y sacamos tickets, comemos sandwiches, practicamos rappel, trekking y rafting y, cuando llega el frío, nos limpiamos los mocos con kleenex.
»Esos cambios, tan influyentes en nuestras costumbres, han mejorado también nuestro aspecto. Las mujeres ya no usan medias, sino panties y los hombres no llevamos calzoncillo, sino slip o boxer, y tras afeitarnos nos damos after shave, que refresca más que el tónico. El español moderno ya no corre (que correr es de cobardes), pero hace footing; no estudia: hace masters. Para él, el mercado es marketing, el autoservicio un self-service, el escalafón es ranking y su representante un buen manager. Los auriculares: walkman, los puestos de venta: stands, los ejecutivos: yuppies, las niñeras: baby-sitters... y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento. En la oficina, el jefe está siempre en meetings o brain-storms, te lo dice su public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings. Luego el boss se irá al gimnasio a hacer body-pump, y se topará con las de la jet, tan amantes del fitness y de hacerse liftings.
»¿Tendrá que ser así? El arcaico aperitivo dio paso al cocktail. Alguien de la radio, trabaja en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el speaker dice varias veces OK y baila como un trompo por el escenario, el asunto se llama show, algo bien distinto del vetusto espectáculo, que será heavy si contiene carnaza y reality si destripa la vida real, pero en moderno. Luego no pondrán anuncios sino spots, que te permiten hacer zapping.
Por modernos, que no quede. Para quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: Siesta. Ah, sí, perdón: ¡y paella!»

26 marzo, 2007

WHITMAN


Walt Whitman y su amor a los hombres
:

«Quiero al esclavo de los algodonales
o al que limpia las cloacas,
le beso en la mejilla como a un hermano.
Y juro por mi vida que nunca lo negaré.»


Walt Whitman y los dolores de la Humanidad:

«No hay un muchacho acusado de robo sin que yo esté
también en el banquillo, y me juzguen y me condenen.
No hay un enfermo de cólera que exhale su último suspiro
sin que yo agonice con él.
Mi rostro es ceniciento, mis músculos están tensos,
la gente se aparta de mí.
Los pordioseros se encarnan en mí y yo me encarno en ellos.
Tiendo mi sombrero, me siento avergonzado y pido limosna.»


Walt Whitman y Dios:

«Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo. Ni comprendo cómo puede existir algo
más prodigioso que yo mismo.
¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro
y en cada uno de sus minutos.
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios,
y en mi propio rostro en el espejo».

-Walt Whitman falleció el 26 de marzo de 1892-

Extractos de Hojas de Hierba.


24 marzo, 2007

FRACTALES

Texto del libro "Variaciones 95", de Salvador Pániker.

12 de diciembre.

-Háblame de los objetos fractales- dice ella.
-Diablo, JX, no hay tiempo de saberlo todo.
-No olvides que soy un bicho ávido.
-Ávido y comestible.
-Y que acabo de contemplar unas imágenes bellísimas de fractales marineras.
-Deberías preguntarle a Jorge Wagensberg, que es el hombre que más sabe de eso en España.
-¿Qué tal ese Wagensberg?
-Es un sabio con pinta de emperador romano.
-Pero tú, algo sabrás.
-Si tuviera que examinarme, diría que los fractales son formas indefinidamente fragmentadas construidas por iteración, representaciones ideales de fenómenos naturales irregulares e impredecibles.
-O sea que también juega el azar.
-Dice Mandelbrot, el padre de la criatura, que entre el caos y Euclides está el orden fractal. Dice Wagensberg que los fractales son la manera más sencilla de generar complejidad.
-¿Nuestra relación es fractal?
-No lo sé.
-Pensémoslo.
-Parece ser que, en el reino de las formas, la naturaleza ha seleccionado dos grandes familias: la de la esfera y la de los fractales.
-Lo nuestro no tiene aspecto de esfera.
-Pues será fractal.

(Y el enlace de una amiga a quien le encantan los fractales)

17 marzo, 2007

RECUERDO A MARÍA - Brecht

Vi a primeros de marzo La vida de los otros, una tan extraordinaria película que estuve en un tris de traerla al blog, por comentarla. En todo caso, uno de los muchos momentos emotivos que tiene es aquel en el que, uno de los protagonistas, lee el Recuerdo a Maria A., de Bertolt Brecht, sin saber que está siendo escuchado por la policía secreta de la Stasi, en la RDA. Hacía muchos años que no leía ese poema, y según llegué a casa lo desempolvé; y con él otros recuerdos. Es un diferente Brecht el que lo escribió: el más lírico. Y está estupendamente elegido, en el contexto de la trama. El poema puedo acercároslo, la película no; pero os recomiendo encarecidamente que no dejéis pasar la oportunidad de verla.

RECUERDO A MARIA A.

Fue un día del azul septiembre cuando
bajo la sombra de un ciruelo joven
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.
Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla ya no estaba.

Pasaron, desde entonces, muchas lunas
navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor? »
Debo decirte que ya no lo recuerdo;
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sé que un día la besé.

Y hasta el beso lo habría olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
Era muy blanca y alta, y descendía.
Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
Cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.

04 marzo, 2007

LA MIRADA: LUIS LUCÍA

Farola

Conocí casualmente a Luis Lucía, a través de la red y fue para mí una grata sorpresa ir descubriendo su estupendo trabajo. También por la red nos hemos comunicado: él desde BCN, yo desde el Norte, como suelen nombrar a esta tierra.
Una de las cosas más extraordinarias que propicia Internet es que determinadas eventualidades insospechadamente se produzcan, con mucha frecuencia para nuestro asombro y deleite. Así me sucedió con Luis y con sus fotografías, de las que os dejo aquí una pequeña muestra, junto a la invitación a que conozcáis con más detalle la profundidad de su mirada, a través de la página Web en la que aloja sus trabajos.


Mirador

Puentes

25 febrero, 2007

ABECEDARIO DE LAS PEQUEÑAS COSAS

La primavera - Magritte

Amar ante sobre por todo (lo primero y principal);
Beber zumo de la manzana que tomó Eva del Árbol de la Ciencia;
Cuidar la flor del Asteroide B-612, sólo en ausencia de El Principito;
Descubrir sonrisas en las que da el sol todo el día y bendecir el regalo que ha sido descubrirlas;
Emitir señales y gestos amistosos, en frecuencias de onda solidaria;
Felicitar a siete amigos a la semana, por lo bien que te hacen sentir;
Gobernar las cosas que se llevan a cabo y que dan sentido a los días;
Hacer una guerra de soda entre amigos, armados con viejos sifones;
Idear un palíndromo, en menos de cuatro años y un día de condena;
Juguetear con los dedos sobre el muslo de un pavo o de una pava (preferentemente humanos);
Knowing the people and accepting them the way they are, because they are no others;
Leer Alicia en el País de las Maravillas, aunque lo de uno nunca hayan sido las mates;
LLover tormentas de palabras sobre la desierta planicie de un folio;
Mirar unos ojos y ver si en el fondo de sus pupilas arde levemente una llama;
No desesperarse salvo en situaciones desesperadas, que realmente son muy pocas;
Ñefender ñuestra Ñ en los teclados del muñdo muñdial;
Oler las estelas fragantes que se nos cruzan y aspirarlas intensamente según se van yendo;
Pensar en ser libre, a ojos cerrados, como si se fuera una mariposa a la grupa de un hierbajo sin creencias;
Querer ser de mayor Jean Valjean e intentar parecerse a él;
Rescatar la palabra ternura del Baúl de las Palabras Vulnerables;
Sentir las cosas que huelen mejor que saben, como el café recién hecho o las castañas asadas en otoño;
Tener la mesa servida para los amigos, aun cuando un Iscariote venga a cenar;
Urdir usos uniformemente unívocos utilizando únicamente una U;
Verificar el buen tono de la gente a la que se quiere y el de la relación que se tiene con la gente que se quiere;
Walking in New York (la canción de esta semana, aquí al lado);
Xilofonear al ritmo de nuestras fibras más vivas, para ilusionar a quienes nos escuchan;
Yacer sobre la hierba si hace bueno, y saber que la primera persona del presente de indicativo del verbo yacer es: yo yazgo o yago;
Zapear por entre blogs, con la ilusión de volvernos a ver... agradeciéndote por mi parte que llegaras hasta aquí y que me permitas pensar que, de algún modo, con tus pequeñas cosas, te gustaría prolongar este texto.

23 febrero, 2007

KEATS


«Here lies one whose name was writ in water.»

«Aquí yace alguien, cuyo nombre fue escrito en el agua.»

Epitafio del poeta londinense John Keats, fallecido el 23 de febrero de 1821,
a causa de una tuberculosis, cuando contaba tan sólo 25 años.


* * * * * * *

«Siempre eres nueva.
El último de tus besos siempre fue el más dulce,
la última sonrisa, la más brillante, el último gesto, el más grácil…»

09 febrero, 2007

SUERTE Y DESTINO

La cuerda sensible - Magritte

Parece más que evidente que, como los hábitos, las actitudes, los microbios y las hortalizas, la suerte se cultiva. A la sazón, que ésta última le aborde y colme a uno mientras está tirado como un pánfilo en la hamaca de la pigricia, parece algo más bien milagroso. Y, por contra, a nadie le debería extrañar que, a aquél a quien le va francamente bien, la suerte le haya encontrado trabajando (como dijo Picasso que a él le abordaba la inspiración, y como tan acertadamente remató S. Leacock: Creo muchísimo en la suerte y descubro que cuanto más trabajo más suerte tengo). Así, tal vez porque la suerte dependa en buena medida de una acertada combinación de preparación y oportunidad, lo que nos sucede, por lo general, no queda tanto en manos del azar como pudieran presagiar algunas-bastantes-muchas criaturas desencantadas de la vida.
En mi dinámica (y modesta) opinión, algo similar sucede con el destino. Es muy frecuente idear el destino como algo ajeno a nosotros, esencialmente inaccesible, que escapa a nuestro entendimiento y a nuestra voluntad, lo cual nos lleva a concebir la existencia humana de un modo determinista. «Era su destino», se suele decir. «Lo que tenga que ser, será», afirma también, con toda lógica, un proverbio sufí... Y parece que hayamos de resignarnos a aceptar los designios del hado, aquí con cargo a nuestra herencia judeo-cristiana, como si bien poco pudiéramos hacer por modelar y alterar nuestro guión de vida. Sin embargo...
Sin embargo, me resisto a semejante sometimiento y quisiera reivindicar otro modo de enfocar la cuestión. Tengo anotado en mi prontuario que el destino es la consecuencia de nuestro pasado, que nos sigue por delante. Y detrás de este aforismo y de la aparente paradoja que encierra, se sitúa para mí la clave interpretativa de muchos de los acontecimientos que nos suceden, y es ahí donde cobra sentido nuestra libertad para influir sobre ellos, a pesar del ineludible gobierno del azar.
Al igual que cultivamos nuestra suerte, todo cuanto vamos perpetrando no sólo modifica el presente, también afecta a nuestro futuro, influye en nuestro alrededor o, lo que es lo mismo, nos involucra en la vida y, en esta medida, no únicamente nos conforma sino que, asimismo, modela nuestro destino. «Cela que tu fais, te fait», dice un viejo proverbio francmasón.
Por todo ello, intuyo que cualquier momento es apropiado considerar lo importante que es no ceder a la fuerza de la corriente y labrarse la suerte e ir esculpiendo con voluntad el destino de cada quien. No deja de ser una manera de ir creciendo en libertad y de dar un sugestivo sentido (otro más) a nuestra propia vida.

04 febrero, 2007

PARÁBOLA ORIENTAL

Tamarack Swamp - Harris

A veces cargamos pesos que no merecemos, nos sentimos responsables de cosas en las que no tenemos parte y hacemos nuestros los problemas de otros, aunque para estos otros, los suyos, ni sean problemas. No permitimos que fluyan los acontecimientos sin más y, ansiosamente, nos obligamos a intervenir donde probablemente no hay ninguna necesidad de que aparezcamos, si no es para complicar más las cosas.
Viene esto a que tengo un amigo que lo repiensa todo y termina entrando en cien huertos, para salir de noventa de ellos escaldado. «Déjalo estar, hombre», le suelo decir. Pero de qué. Más que un punto de incorregible lo tiene ya de irrecuperable. Todavía hace unos días me vino con otra de sus cuitas. Realmente no había sucedido nada extraordinario, pero su preocupación no era tanto lo que había pasado sino lo que podía haber llegado a ocurrir ; total que, francamente apesadumbrado, no se quitaba de encima... el problema. Esto me recordó cierta parábola oriental que escuché hace años y que, al caso, terminé contándole. Finalmente, aceptó revisar la forma de encarar esos asuntos e intentar dejar que todo fluya con mayor naturalidad. Ya veremos.

Cuenta un relato budista que dos monjes, de regreso a su monasterio, caminaban orando en silencio por la ribera de un río. A la vuelta de un recodo, vieron a una joven y bella mujer que dudaba en la orilla a la hora de cruzar, consternada ante lo crecidas y revueltas que bajaban las aguas. A pesar de que, por su voto de integridad, los monjes tenían prohibido tocar a las mujeres, el mayor en edad de ambos se separó de su compañero, habló con la joven y, tomándola en brazos, la pasó no sin dificultad vadeando los rápidos a través del torrente. Varios minutos más tarde, regresaba desde la orilla opuesta junto a su acompañante, a quien, con una leve sonrisa, invitó a retomar la oración y el camino.
Cuando en el crepúsculo vespertino llegaron al monasterio, el monje novicio, taciturno y desconcertado por el comportamiento inapropiado de su compañero, pidió audiencia con el Venerable.
—Maestro —le explicó—: Estoy inquieto y terriblemente escandalizado, por lo que te voy a contar: Hoy orábamos junto al río, cuando mi compañero, viendo a una hermosa mujer que trataba de cruzar, la ha tomado en brazos y la ha cargado de una a otra orilla. Me temo que con su conducta ha violado su voto de pureza.
A lo cual, el Maestro le replicó:
—¿Y, dime, tú crees que lo que ha hecho es censurable? Deberías retirarte a meditar y mirar bien en tu interior, para ver quién está faltando a nuestro precepto: si tu compañero, que dejado hace tiempo a la mujer en la orilla, o tú... que aún cargas con ella encima.

Ni que decir tiene que, de existir, la moraleja es libre. Probablemente tanto como el espíritu del monje más añoso de esta ejemplarizante leyenda.
 
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