12 septiembre, 2010

EN BTT JUNTO AL LOIRA

Tándem - Casas

Uno de estos días de vacaciones, hice una preciosa ruta en bicicleta junto al Loira, un río que me conquistó hace ya mucho tiempo y que, desde entonces, baña mi corazón. Tantas veces como lo he admirado, me ha regalado lo mejor de sus paisajes estacionales y su cambiante y preciosa luminosidad. Si uno se acerca por los alrededores de Angers, especialmente entre mayo y octubre, y tiene oportunidad de agenciarse una bici todo terreno, que no dude en comenzar a pedalear para disfrutar de los parajes que acompañan el curso del río, con sus pueblitos y sus fértiles vegas engalanadas de viñedos.
Arrancamos a primera hora de una tarde desde Bouchemaine, en La Pointe, el precioso lugar en el que el Maine y el Loira hermanan sus cauces, e hicimos, sin ninguna prisa, una veintena de kilómetros por lugares apenas visibles sobre el mapa, y con nombres lógicamente extraños para quien no conoce la zona, pero igualmente bellos y llenos de historia y encanto. Como, por ejemplo, Béhuard, con apenas doscientos habitantes, cuya coqueta capilla del siglo XV, construida sobre una roca, sirvió en numerosas ocasiones de refugio a la pequeña población, ante las crecidas del Loira. Merece ver su interior, una de cuyas paredes está constituida por el propio e irregular peñasco a la que permanece adherido.
De Béhuard, cruzando pistas seguras, perfectamente señalizadas, se puede acceder a la zona vitivinícola de Savennières y atravesar los viñedos que dan nombre a la denominación de unos espléndidos blancos, secos o dulces, estos últimos ideales para tomar como aperitivo o acompañando un foie-gras. Los esmerados rótulos que hacen referencia a los domaines (propiedades) y a los châteaux (casas de los viñedos, algunas verdaderos palacios), comenzaban a proliferar según cruzábamos la región. Dando un rodeo, llegamos a Chalonnes, una isleta del Loira, con una preciosa ribera (muy cerca de otro lugar con indudable encanto, Rochefort-sur-Loire), y desde la que regresamos para acabar en La Possonière. Allí pudimos repostar en una de las tan célebres guinguette francesas, una suerte de merenderos ubicados en las orillas de los ríos, donde se disfruta del ambiente francés más típico y tradicional, tomando y picando algo y, en los fines de semana, escuchando canciones populares, interpretadas normalmente por el tan clásico acordeón. La guinguette de La Possonière tiene de muy especial su enclave sobre el Loira. En ella, sentados alrededor de un velador, vimos morir la tarde, con un vino fresco y joven del país, mientras una vez más me dejaba embelesar por el río, disfrutando en esta ocasión de la serena y plateada luz con la que replicaba el paisaje de sus orillas...

05 septiembre, 2010

PLENITUD

Jardín de Giverny - Monet

Madrugué, porque mi sueño no entiende de vacaciones, y era un día cualquiera de la tercera semana del pasado agosto. Desde la terraza, vi cómo se asomaba un sol prometedor en el perfil del horizonte que enaltecen las cuatro torres de la ciudad. Frescor matinal, sumamente agradable, que luego remontaría hasta poco más allá de los 20º. Pura delicia de día, un auténtico regalo para una jornada que no tenía nada de particular. Recogí un poco la casa, limpié a fondo el frigorífico, fui hasta el Punto Verde con chismes de complicado reciclaje y me preparé una comida fresca y frugal... antes de ir a la piscina, para darme un chapuzón y tomar el sol. Sin prisa, con todo el tiempo del mundo. De lujo marujo.
Sobre la bici (en bermudas, la toalla al cuello), pedaleé hacia El Estadio por entre los formidables castaños de La Senda, casi vacía, con una sensación de bienestar creciente que me hacía respirar a fondo. Mis sentidos se habían puesto a tono, detectando la porción de vida que los envolvía. Recibí, capté sus mensajes... y recordé el escrito que hice sobre Nanou, hace un año, valiéndome de su fuerza y su encanto juvenil, para expresar la sensación de plenitud que he sentido en momentos puntuales de mi vida. Y si pensé en ello fue porque la energía insólita que esa mañana me invadía era la misma que pasé a limpio en aquellas líneas de entonces. Un gozo radiante me surcaba el pecho y el vientre, como una salva de aire, ensanchándose por mis brazos aferrados al manillar, mientras la brisa me acariciaba con alborozada confianza. Me mantuve suspenso, dejándome asaltar por una pleamar que me inundó de vida... Fueron unos pocos segundos, pero, cuando sucedía, deseé gritar de gozo. O cantar o brincar o sonreír o abrazar al primero que se me acercara... Y me pregunté: ¿Puede haber algo más parecido a la felicidad?
Probablemente una experiencia tan deliciosa puede ser explicada en términos de descargas del sistema nervioso (conexiones sinápticas y neurotransmisores, pura química), gestadas al haberse filtrado e interpretado muy positivamente los pequeños acontecimientos del día, las inmediatas experiencias cotidianas. Lo cierto es que, en esos momentos, uno se siente tan involucrado en la vida, tan concernido por ella, que se sabe parte de cuanto existe a su alrededor, sin que ningún pensamiento extraño llegue a importunarle. Durante unos instantes, es consciente de que todo es pleno, luminoso, armónicamente fluido. Se establece una conducción perfecta, una sintonía entre uno y su mundo inmediato; las cosas están en su sitio; y uno también, entre ellas.
Así sucedió mientras pedaleaba, en la soleada mañana de aquel día de la tercera semana de agosto. Y es la última vez que puedo contar que, durante un soplo de tiempo y de vida, sentí profundamente que era feliz.

31 julio, 2010

UN ABRAZO

Abrazo - Aranyshev

Llegará un día en el que, por más que uno de los dos quiera, no nos podremos abrazar. Ese día, que quiero suponer todavía muy lejano, sin embargo llegará. Llegará y, entonces, tu pecho y el mío se sentirán huérfanos de calor; unos brazos, tal vez los tuyos, quizá los míos, se verán desfallecidos, anhelando estrechar contra sí a quien, de los dos, ya no esté.
Esta simple reflexión, este pensamiento fugaz como el tiempo que me lleve pasarlo al papel, una vez más me asalta y me toma, me empuja nuevamente hacia ti. Hacia ti, tan importante en mi vida; hacia ti que eres uno de casa, cualquiera de los míos, de la gente bendita con la que me juego los cuartos, desde hace un largo trecho, sobre este camino pedregoso que nos es tan familiar y común.
Por esto, hoy, mientras esos días de irremediables ausencias se demoran, quiero robarte medio minuto. El tiempo justo que me llevará abrazarme a ti, para sentir tu respiración y tu energía, tu aliento. Déjame que te disfrute, que sea plenamente consciente del calor que me das y que, yo también, te deseo trasmitir. Un intenso afecto nos acerca, nos funde. Y eso es realmente grande. Dime: ¿no crees que sienta francamente bien cogerse? Pues ven, no perdamos tontamente otra oportunidad. Déjame que la apure, antes de que este momento se disipe... y las urgencias nos invadan de nuevo, haciéndonos relegar los pequeños detalles que tanto sentido dan a nuestras vidas.
Ven, antes también de que llegue ese día en que ya no lo podamos hacer... Démonoslo ya, enteramente, un abrazo.

25 julio, 2010

EL REY DE MUSTANG

Frec de Maloia - Cuixart

Quise un día ser monarca del reino de Mustang. Durante un tiempo, perseguí exiliarme de los fragores del mundo, más allá de las últimas montañas, cercado por cielos de una luz hepática y mortecina que los ojos humanos raramente alcanzan a ver. El último rey, el rey proscrito, el rey solo. Buscaba ser rajá de un pequeño feudo en el que mi corazón soportaría los más crudos climas, soberano de un territorio poblado por mil vientos heladores que arrastran consigo los lamentos de los dioses. Ingenuamente protegí mi dominio de las corrientes extranjeras y levanté muros de piedra suturando cada herida de aquella tierra yerma que sería mi gobierno...
Eso quise un día ser, el rey de Mustang. Pero, necio de mí, no supe renegar de mi plebeyo origen, de mi humana condición de amante. Así, cada atardecer resucité un episodio de mi vida anterior, descuidando el desfiladero de los recuerdos, por el que calladamente discurre un riachuelo de oro gris... Y fue, siguiendo su curso, por donde al caer de una tarde llegaste tú. Tú, entre mis evocaciones; tú que, inocentemente, burlabas mis defensas con tu reveladora presencia, humillada sin embargo ante mi fortificación absurda. ¡Iluso de mí...! Todos mis propósitos se truncaron, cuando te vi aparecer descalza, caminando sin urgencias, penetrando en el castillo de desechos que había erigido en torno al más inútil de mis empeños... ¡Ah, mi remoto reino de Mustang! Mi loco y estéril dominio, tomado en un solo asalto por ti, en la conmovedora luminiscencia del crepúsculo. Sí, allí, tú... la magia de la vida y la luz.

Hoy vuelvo la vista atrás y bendigo el día en que robaste mi mirada y, de tu mano, abandoné el viento glacial y las montañas más altas, para regresar al mundo real. Hoy, después de aquello, después de tanto... Sin embargo, también hoy, un resto de aquel frío virgen y acerado permanece todavía en mi interior. Es el poso del tiempo de expatriación, el aliento de mi pretérita locura... Descubro ante ti mis viejas cicatrices y sonrío. Camino a tu lado y sé que, pese a todo, siempre vivirá en mi más profunda entraña algo de eso que, imposiblemente, quise un día ser: el último rey del lejano, baldío y olvidado reino de Mustang.

18 julio, 2010

MARCUSE

El Gran Juego - De Chirico

La filosofía radical de Herbert Marcuse inspiró la ideología política crítica de los años 60 y de la revuelta estudiantil del mayo francés. Sólo por esto, que ya me parece mucho, bien merece un recordatorio en estos días.
En lo más propiamente personal, leí a Marcuse en mi época de estudiante y sus
ideas cambiaron mi forma de ver el mundo y de situarme en él. Tengo lleno de subrayados y notas marginales El hombre unidimensional, un libro en el que explicaba cómo el consumismo y la “liberación de las costumbres” de la sociedad capitalista avanzada hacen del hombre un ser cada vez más adaptado e integrado al sistema... A partir de lo cual se diluyen la oposición y la crítica, pues la sociedad unidimensional las asimila, absorbiendo en su seno cualquier alternativa.
Leyendo a Marcuse, la realidad se le volvía a uno engañosa: El capitalismo avanzado ejerce sutilmente su control, manipulando los deseos y las necesidades de las personas. No sólo determina las ocupaciones, las habilidades y las actitudes socialmente requeridas, sino también las necesidades y aspiraciones individuales.
La aparente libertad de los sistemas democráticos esconde formas organizadas de represión y control social.
¿Qué significaba entonces la democracia? ¿Qué era realmente la libertad? Marcuse se estaba anticipando a las doctrinas del “pensamiento único” y de la “globalización”, cuando denunciaba la unidimensionalidad, la homogeneidad aplastante del pensamiento y la acción, que eliminan todo impulso crítico y transformador. No existe una verdadera oposición, no hay disidencia. Hasta el proletariado pierde su marca revolucionaria, seducido por el confort y el consumismo...
Todo esto era desalentador. En plena Transición, me avanzaba la idea de que terminaría viviendo en una cómoda, razonable y democrática no-libertad.
Si el capitalismo absorbía la potencialidad emancipatoria de la clase trabajadora, ¿qué esperanza nos quedaba a quienes queríamos un mundo más justo y solidario? Lo denunciaba Marcuse, que existía una venenosa “tolerancia represiva”, basada en el “bienestar” y en un control social absoluto cada vez menos identificable. Cualquier contestación, nacía ya debilitada... ¿No era acaso cierto? Y concluía señalando que la esperanza de una liberación y la consecución de una sociedad abierta y libre, había dejado de estar en manos del proletariado, para pasar a las de las minorías no integradas, los grupos marginales, los excluidos del sistema, cuya sola presencia muestra la necesidad de poner fin a condiciones e instituciones intolerables. ¿Y no sucede esto también hoy, incluso más que nunca?
Marcuse estaba convencido de que sólo los desposeídos
podían ejercer una oposición radical y una verdadera emancipación. Por eso les prestó su apoyo, impulsando una nueva izquierda contraria al marxismo ortodoxo y radicalmente crítica y opositora contra el establishment.
Marcuse falleció el 29 de julio de 1979. Guardo recortado, entre las páginas de El hombre unidimensional, el obituario del periódico por el que supe de su muerte.

11 julio, 2010

EL LINCE

Peatones - López Román

Sí... ¿Joaquín? Este... No, no se espante. Y perdone que me entrometa de este modo en su pensamiento. Lo siento, es la única manera... Aunque usted no lo va a entender. En fin, no nos conocemos, pero aguante un poco. Y estese tranquilo, por favor. No, no soy una vaina de alucinación auditiva; no, no está usted pirucho, créame. Sé lo que piensa, pero escuche, se lo ruego, e intente relajarse. Eso es, gracias... Mire, me llamo Rafael o, mejor dicho, me llamaba hasta hace unos días, porque el jueves pasado, a las siete y veintidós de la tarde, fallecí. Lo sé, suena increíble. Yo tampoco estaba preparado para esta joda, y es que todo llega tan de una... Sí: soy un intruso, pero le repito que sólo así puedo llegarle al bocho, quiero decir a ese lado, adonde están usted... y la vida. Este... Naturalmente se preguntará por qué lo elegí para colarme como un plomazo en su cabeza. Joaquín, no rebulla tanto, no se inquiete y... ¡Escuchá, mierda! Perdón, atiéndame, que apenas tengo unos minutos. El asunto es el que sigue: Soy argentino y tengo 43 años o, más bien, ambas cosas era y tenía. Llevaba cuatro en España, doce casado y seis meses con una amante. De acuerdo: un medio trucho... pero le confieso, en mi descarga, que no fui yo quien primero tiró los galgos. Tuve mis motivos para dejarme llevar, pero no divagaré con detalles. El caso es que mi amante es o era Flora, exactamente, ya la conoce, su vecina, y que si lo engancho a usted es porque me consta que no pertenece a esa manga de boludos que simulan cordura y sensatez, pero que son insensibles al dolor humano. Porque le cuento lo que sucede: Yo había quedado con Flora en su departamento el pasado jueves, o sea el día de autos, ahí mismo, puerta con puerta de la suya... Joaquín, ¡bancáme loco!, veo que hace por escucharme, pero, ¿le importaría apagar el televisor? Ahora lo necesito entero, ¿sí? Eso es, soberbio. Este... Le explicaba que habíamos quedado en vernos, lo cual era decir en amarnos... ¡Ah, amigo: qué minón tiene usted ahí enfrente! Tierna, gauchita, sensual. No la olvidaré mientras... ¡mierda!, mientras esté muerto. ¿Quiere saber cómo me llamaba, después de yacer? Escuchá, loco, y tomá nota: “Mi lince”, che; me decía “mi lince”. Disculpe mi vehemencia, y también que me salga vosearlo, pero ¿no le parece bárbaro? Porque, para mí que vengo de donde sos más grande si te dicen tigre o puma o potro, que una piba te llame lince es lo más. Lo más, ¿entiende, Joaquín? “Mi lince...” Aún muerto, ardo de vanidad... Pero le decía que nos veíamos los jueves, cuando el marido de Flora, sí, su vecino, lo sé, por favor, no me cruce su pensamiento... Gracias. O sea que los jueves, este, nos veíamos a las siete y media, minutos después de que él saliera hacia su club para jugar al póquer. Nada de celulares ni boludeces, ninguna pista que pudiera liarnos. Yo caía en el Café Moderno, frente a su bulín, y aguardaba desde un velador, junto a la vitrina, a que ella bajara la persiana de su habitación. Era la señal. Entonces me colaba discretamente en el portal, subía... y allá que apurábamos nuestra hora de gloria. Una hora. Se me hacía cortito como patada de chancho, pero fue el límite convenido. Si la viera... Sus manos, sus ojos, sus pechos... Estoy seguro de que, usted mismo, más de una vez se los mira al bies... Pero, sí, perdone, este... Resulta que el pasado jueves salí de mi casa (vivo en López Aranguren) y, al poco, empezó a llover y hube de refugiarme para no llegar hecho sopa. Aquella mierda no paraba y, no viendo un taxi libre, no tuve otro remedio que cagarme mojando, por estar a la hora de la cita. Así que corrí literalmente de cuadra en cuadra y crucé los semáforos en rojo que me permitió el jodido tráfico. Pero no todos, desgraciadamente, porque fue en uno de éstos, en la calle José Luis Sampedro, cuando precisamente un taxista pelotudo me llevó puesto. Reconozco mi cagada, pero créame que, loco como iba y en medio del diluvio, no lo vi llegar. Verdad que el choque no fue violento, pero la puta leche dio con mi cabeza contra un macetero de piedra... Y ahí terminó todo: en aquel mismo instante me morí. ¡La gran concha de su madre! Uno corre tras la felicidad y la guadaña va y le pega el tajo... Pero no, no tengo tiempo de filosofar y, además, no me consta que mi jodida suerte me dé nuevamente chance de estar con usted. Oh, sí: entiendo su alivio... Sin embargo, le pido que me comprenda. Como puede suponer, mi pechugona nada sabe de mí desde la última vez, y la sé sumida en una angustia terrible. Por mi parte, intenté ingresar en su pensamiento, como he hecho con usted, pero al cabo hice que confundiera sus deseos con desvaríos y sólo conseguí mortificarla. Cada vez que le hablé, creyó volverse loca y no dio crédito a mis palabras, que atribuyó a su imaginación delirante. Sí, veo que lo entiende. Yo, este... ya recién le pido disculpas, Joaquín. Pero es que mañana es jueves y, como otros jueves, la pobre flaca bajará su persiana sobre las siete y cuarto de la tarde, confiando en volverme a ver. Esta vez lo hará inquieta, carcomida por la duda... Vos sabés, Joaquín, que no hay mayor tormento que la incertidumbre. Y, precisamente por esto, le solicito fervorosamente un favor: que la libere de la tortura por la que habría de pasar tras mis ausencias, aunque le cause un sufrimiento en apariencia mayor, cuando le diga que he muerto. Estoy convencido de que con la verdad consolará su pena... pues, en la vida, lo que a uno lo mantiene en pie son las certezas. Se lo suplico: Baje usted mañana a las siete al Café Moderno y ocupe mi lugar en uno de los veladores que da a la calle. Cuando baje la persianita, llame a su casa y pídale permiso para entrar. Seguro que ella buscará nerviosamente una excusa para despachar a su inoportuno vecino, pues esperará que yo aparezca. Pero, aproveche que se tratan de hace años, para rogarle que le atienda. Dígale entonces que llega de parte de Rafael, dígale del Lince... y ella, muy loca, lo presiento, le hará pasar. ¡Oh, pobrecita flaca...! Entonces cuéntele la verdad, Joaquín: Explíquele que me colé en su pensamiento, como había intentado hacer en el suyo. Dígale que le relaté lo que me aconteció el pasado jueves, que fallecí... y, por favor, confírmele que fue la maldita lluvia la que me apartó de su lado. ¿Lo hará por mí...? Gracias por no cagárseme en las patas, con este entrometimiento, de veras... Ah, este... Y dígale también que la quiero; se lo imploro... Después ya nunca más lo molestaré. Le juro, Joaquín, amigo mío, que no lo haré, créame, que lo dejaré en paz... por toda esta puta eternidad.

04 julio, 2010

LA UTOPÍA - Birri

Paisaje magnético - Polke

«Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, sé que nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve entonces la utopía? Para eso sirve, para caminar.»

27 junio, 2010

ALGO DE TI

Luminiscenze - Toffoletti

Algo de ti me roza en un escalofrío, cuando tu imagen fecunda mi sueño en el núcleo mismo de la noche. No sé si es el recuerdo de tu mano acariciando mi duermevela, si el de tu respiración concebida como un anhelo cuando me abrazas... o si, acaso, la evocación de aquella dulce malvasía que jamás osé robar de tus labios. Es algo de ti que no alcanzo a concretar, algo de ti que me arrulla y estremece, que infunde luminosidad y plenitud al recogimiento de mi pecho... Y basta un átomo de cuanto ese algo me inspira, para llenar de ti el lugar entre cuyas paredes de absurdas magnitudes soy centinela de tu ausencia. Reapareces inabordable y descubro en tu mirada el destello de vida que me invita a rondarte para terminar recalando en nuestros íntimos humedales, a amarte para morir en ti como muere la luz purpúrea del atardecer, exhausta y satisfecha, serenamente diluida en los profundos añiles de la noche...
Y en la noche te quiero. Y en la noche pienso que ese algo de ti me toma entero, mientras garrapatea mi mano estas notas, y me vuelco en el deseo de perdurarme a tu lado. Dibujo una caricia sobre el vuelo de tu memoria, vislumbro tu cara en un juego de espejos y me dejo ir, acotado en este paréntesis, empapado de un dulce y progresivo abandono. Cierro entonces los ojos, meciéndome en el calidoscopio de las quimeras, y me deslizo hacia ese otro lado del sueño, de un modo que apenas acierto a expresar... Y, mansamente aturdido, aún intento un último asalto a tu imagen, cuando advierto el forcejeo de cada una de mis letras huyendo vivarachas del papel, buscando a oscuras llegarte, aleteando juguetonas en un espejismo que rocía de besos tu mejilla.

20 junio, 2010

PERROS-GUIREC

Regatas en Perros-Guirec - Denis

Bretaña es tierra de costas barridas por fuertes vientos y mareas vivas, con campos de un intenso verdor, bosques frondosos y multitud de riachuelos. Sus casonas de granito denotan la arraigada identidad de un país marcado por sus orígenes celtas, sus historias de druidas y las leyendas medievales de los caballeros de la Tabla Redonda. Tomada en su conjunto, Bretaña pasa por ser la región mejor conservada de Francia.
En el noroeste de la comarca, se sitúa el departamento de Armor, la tierra asomada al mar, donde encontramos uno de los lugares más encantadores de la vieja Breizh: La costa de granito rosa, que debe su nombre a la original tonalidad de sus acantilados. Esta franja se extiende entre Trébeurden y Paimpol y, justo enfrente de la misma, están las Siete Islas, abrigo de la mayor reserva ornitológica de Francia.
Precisamente en el corazón de la costa de granito rosa, se sitúa Perros-Guirec, un lugar con verdadero encanto, al que merece dedicar como poco un fin de semana. El enclave es de una gran belleza natural. Es obligado hacer el Sendero de los Aduaneros que, arrancando de Perros llega hasta Ploumanach, bordeando los preciosos acantilados que dan al Mar de la Mancha. El camino, jalonado por matas de tojo y espino, discurre junto a enormes formaciones graníticas, modeladas desde tiempos inmemoriales por la fuerza del viento y del mar. Apenas en una hora y media de agradable caminata, por entre rocas y landas, se llega a la pequeña y hermosa playa de Saint Guirec, resguardada entre dos pequeños picos. Allí se encuentra el oratorio del mismo santo, un curioso monumento, construido sobre un montón de peñascos, sumergido por los flujos en marea alta, que tiene su origen en el siglo XII.
De vuelta a Perros, la playa, los paseos por el puerto o por la pequeña zona comercial que rodea la Plaza del Ayuntamiento, son opciones para pasar agradablemente una jornada de primavera entrada o de verano, los mejores momentos para visitar una comarca con tan alta pluviosidad como la bretona. Para comer, en Perros-Guirec hay varios restaurantes típicos en la zona portuaria, en los que degustar un sabroso pescado fresco (la raya, exquisita) o el plato más típico de la región: los mejillones, preparados de más de una docena de diferentes maneras. Y, hablando de pequeñas delicias palatinas, una buena opción es la de comprar las típicas galletas bretonas de mantequilla (las mejores: las Traou Mad), en sus pintorescas cajas de hojalata. Un bonito detalle para regalar y ofrecer a los nuestros.

13 junio, 2010

DANY, EL ROJO

Manifestación - Berni

Venimos padeciendo una conmoción social que será objeto de especial interés en los futuros libros de Historia y nadie sabe por dónde saldremos de ésta. Lo real es que, en un contexto cada vez más incierto y movedizo, se ha ido reemplazando la sabiduría por el conocimiento y estamos a punto de reducir el conocimiento a mera información. Como si todo fuera lo mismo. Sabemos de muy poco, pero estamos aparentemente informados... Y hasta Dios se ha puesto las pilas y tiene un vicario en la red, con un nombre tan cachondo como Google.
Como sea, sin embargo, cada vez más nos invade la certeza de que juegan con nosotros. De que la información que nos llega está contaminada, manipulada por depredadores oportunistas cuya codicia y falta de escrúpulos amenaza nuestro bienestar y el de nuestros países. Y mientras nos recortan derechos, asistimos perplejos a las decisiones de esos títeres que son nuestros líderes, en manos de los grandes bancos y el mercadeo de los especuladores.
Afortunadamente, pese a todo, aún hay quien denuncia la hipocresía de los gobernantes y plantea alternativas revolucionarias para atenuar la crisis. Daniel Cohn-Bendit, por ejemplo, hablando claro y proponiendo desarmes en el Parlamento Europeo. No le harán caso, pero reconforta verle urgiendo con vehemencia cambios profundos. Y es que los necesitamos.
Recuerdo con especial simpatía los acontecimientos del 68, cuando el entonces Dany el Rojo arengaba a sus compañeros universitarios de Nanterre. «Queremos un mundo nuevo y original —decía—. Nos negamos a crecer en éste, donde la certeza de no morir de hambre se cambia por el riesgo de morir de aburrimiento...» Y sucedió lo del mayo francés. Y yo era un chiquillo. Y aquello estuvo bien, más tarde lo supe. Al menos, mientras duró.
Quise ver a Daniel Cohn-Bendit años después, hacia el 80, en uno de los viajes en que, mochila y saco de dormir a la espalda, solía cruzar Europa en autoestop, buscando una anhelada progresía que en este país, si no permanecía oculta, aún era incipiente y algo pacata. Sabía que Dany trabajaba en la librería Karl Marx de Frankfurt... Pero finalmente no me cuadró la ruta y no tuve de él sino impresiones: Se había convertido en una suerte de pequeño-burgués, de porte intelectual, que colaboraba en periódicos y revistas liberales. Las malas lenguas (mis amigos de la izquierda alternativa alemana) le descalificaban tachándole de revisionista. Y, quien era yo entonces, sintió una cierta pesadumbre ante la imagen del revolucionario ligeramente fondón y recauchutado que me pintaban, y el empolvado recuerdo de sus soflamas, removiendo conciencias estudiantiles... tiempo atrás.
Hoy sé que le juzgué mal. Desde hace varios años, Cohn-Bendit es diputado de Los Verdes en el Parlamento Europeo y últimamente ha vuelto a la palestra con el asunto de Grecia, la crisis que nos asola y la falsedad y el doble juego de nuestros dirigentes. Por esto, quiero ser justo con él y reconocer lo bien que me ha sentado su genio y su compromiso, por lo que de excepcional tiene, al verle peleando por revelar los artificios y cambalaches que encubre la crisis, por hacer transparente la información... En definitiva, por seguir siendo quien, para muchos, siempre fue: un soñador que quiso cambiar el mundo. Como tantos de nosotros.

P.S. El enlace para ver a Daniel C-B en la red: La estafa de Grecia.

06 junio, 2010

HABLAR Y ESCUCHAR

Tertulia en la Sophiensaal - Engelhart

Hablar cuando sea preciso hablar, y sabiendo más o menos lo que se quiere decir, adónde llegar. Y, cuando hablar toca, hablar con alguien. Olvidar eso de hablar-a-alguien, como si ese alguien fuera un mero receptáculo sobre el que volcar nuestras palabras. La clave es con. Siempre hablar con. Y dejar de hablar, para dejar hablar. O sea: escuchar... y hacerlo como un acto de reconocimiento hacia quien nos habla, y en cierto modo de gratitud; como un acto más de amor, no obstante, por qué no, incluso.
Después de todo, tener alguien con quien hablar es un precioso regalo del que deberíamos ser muy conscientes. Poder hablar y, también, poder compartir la secreta complicidad de los silencios. Porque el hecho de comunicarnos nos vincula y nos revela como lo que somos: seres humanos.
Sí; hoy escribo y hablo de hablar, y pienso que es lo que estoy haciendo ahora contigo, cuando tanteo sin prisa lo que mis labios casi imperceptiblemente insinúan... Algo que me procura un sincero placer, una entrañada alegría. Y saberte ahí, pensando también: ¡quién pudiera algún día escucharte!
Dijo alguna vez el viejo Diógenes: Callando es como se aprende a escuchar; escuchando es como se aprende a hablar; y, luego, hablando es como se aprende a callar.
Escrito lo cual, y pareciéndome tan sabio, decido disolverme en el silencio que me rodea, porque probablemente demasiado he hablado; que, por tanto, mejor ya me callo... Que callarme es algo que aprendí a hacer y que, además y de verdad, sé que hago muy bien.

30 mayo, 2010

EL AMOR LÍQUIDO - Bauman

Soledad - Delvaux

Todos hemos visto, oído, y aún escuchado, a pasajeros del tren que, a nuestro lado, hablan sin parar por sus teléfonos. Uno diría que están contando los minutos que los separan de sus seres queridos y que no ven la hora de poder mantener esas conversaciones cara a cara. Pero quizá no haya pensado que muchas de esas charlas de móvil, que usted captó por azar, no eran el prolegómeno de una conversación más sustancial a producirse al llegar, sino un sustituto de ella. Que esas charlas no preparaban el terreno para algo real, sino que eran lo real en sí... Que muchos de esos jóvenes anhelantes de informar a sus invisibles interlocutores acerca de su paradero, no bien lleguen a sus hogares correrán a sus cuartos a cerrar la puerta con llave detrás de sí.
(...)
La idea misma de relación sigue cargada de vagas amenazas y premoniciones sombrías: transmite simultáneamente los placeres de la unión y los horrores del encierro. Quizás por eso, más que transmitir su experiencia y expectativas en términos de "relacionarse" y "relaciones", la gente habla cada vez más de conexiones, de "conectarse" y "estar conectado".
(...)
Tal como señaló Ralph Waldo Emerson, cuando uno patina sobre hielo fino, la salvación es la velocidad. Cuando la calidad no nos da sostén, tendemos a buscar remedio en la cantidad. Si el "compromiso no tiene sentido" y las relaciones ya no son confiables y difícilmente duran, nos inclinamos a cambiar; en vez de hablar de parejas, preferimos hablar de "redes".

El amor líquido, Zygmund Bauman.

23 mayo, 2010

EL RITUAL

Fin de semana - Bracegirdle

Con el tiempo, el juego de la depilación se había convertido en una suerte de liturgia entre ambos. Solía acontecer casi siempre en fin de semana, después de que Rocío tomara su ducha nocturna y se hidratara con aceite corporal y cremas faciales, en tanto Alberto, normalmente, leía ya acostado.
Esa noche de viernes, ella entró en el dormitorio desnuda, con una toalla seca en el antebrazo, un bol con agua tibia, el gel y la maquinilla de afeitar. Alberto alzó la vista del libro y sonrió: Allí estaba su chica, espléndida, invitándole a participar en uno de sus rituales preferidos. Tentadora, Rocío le dijo: ¿Te animas? Y él, con falsa resignación, contestó: ¡Si no hay más remedio...! Y es que, acudiendo a la estadística, la probabilidad de que tras la sesión depilatoria hicieran el amor era del cien por cien.
De modo que Alberto dejó el libro, extendió la toalla para ella, y se puso manos a la obra. Rocío yacía felizmente relajada, las manos bajo la nuca, mientras a horcajadas sobre su vientre, Alberto extendía el gel sobre la primera axila humedecida, para rasurarla delicadamente hasta dejarla inmaculada. Con el mismo esmero depiló la segunda, la secó a toquecitos con una punta de la toalla y, cuidadosamente, movió sus útiles y descendió para arrodillarse entre las piernas de Rocío. Acudiendo a la estadística, eran dos minutos los que, por término medio, dedicaba a cada axila; entre ocho y diez a ambas ingles. Tomó del bol un poco de agua, mojó la zona que iba a rasurar y untó una gota de gel en sus dedos. Entonces vio la cana. Primeramente pensó que era una hebra y la intentó retirar con el canto del meñique... Pero no, allí seguía, destacando insolente en medio del vello púbico. Ahora vengo, dijo entonces. Y regresó del cuarto de baño con una tijerita. ¿Qué haces? Nada; tienes algo, como pegado. Rocío se incorporó sobre sus codos ¿Dónde? Que no es nada... Túmbate, anda. Ella obedeció, mientras Alberto cortaba aquel pelo impertinente... ¡Ris! Parecía asomar algo, conque lo cercenó junto a los contiguos, ¡ras! ¿Ya...?, dijo ella. Sí. ¿Qué era? No sé, un hilo. Alberto dejó la tijera y comenzó a rasurar maquinalmente la primera ingle. Aquella cana pareció haberle descentrado. Una cana, justamente ahí... Aún buscó un resto del pequeño brote, mientras depilaba precipitadamente la segunda ingle, sin mimo ni detalle. Chico, hoy no estás nada fino, le reprochó Rocío, sentándose, cuando terminó. Él contestó: ¡Te quejarás, encima! Y, con gesto hosco, llevó el bol, el gel y la maquinilla al cuarto de baño, antes de retomar su lectura. Rocío retiró la toalla y se puso el pantaloncito y la camisola que había dejado doblados en la alfombra camera. Se acostaron sin hablar.
Acudiendo a la estadística, la probabilidad de que el ritual depilatorio mantuviera para Alberto y Rocío parecidos interés y frecuencia acababa de disminuir considerablemente. Pero la de que continuaran, tras él, haciendo el amor lo hizo aún más... Por extraño que parezca, bastante más.

16 mayo, 2010

MICRORRELATOS

Ritual de lilas - Rothko

ESPEJISMOS

Se arrastraba por la arena ardiente,
cuando vio que se le aproximaban
tres bellas huríes con cántaros de agua.

Nada enturbió la celestial visión del explorador;

ni siquiera la docena de buitres
que rondaban sobre su cabeza.

INTENCIONES
Aquella fue una fecha muy especial para él.
Decidió que a partir del día siguiente
se plantearía hacer una lista de las cosas que, en un futuro,
le podrían servir para comenzar a tomar determinaciones
que le ayudaran a mejorar su capacidad resolutiva.


VENGANZAS

Entonces ella dio un portazo,
dejándome una vez más con la palabra en la boca.

Estaba bien dura, pero me tomé mi tiempo,
la mastiqué a conciencia y la rumié.

Luego, la escupí sin ruido.

Desde entonces, mastico, rumio y escupo palabras en su memoria.

Mi mayor placer se ha convertido en su, también mayor, tortura:

Digiero en silencio.

09 mayo, 2010

EL ÚLTIMO BESO

El beso (detalle) - Klimt

Busco deliberadamente tus labios, para robar de ellos esa dulzura de amante complacida que me dispensa tu mirada. Entorno los ojos y te desdibujas en la bendita ceguedad de la cercanía. Quiero amarte, ceñirme a ti, y todo mi envite se condensa en el manso deseo de decomisar tus besos, de aspirar tu más breve suspiro, de beberlo y hacerlo enteramente mío, entregándome para sólo sentirte como ahora mismo te siento: de alma.
Y te tomo desde la oscuridad mantenida, con una leve presión en la nuca, mientras mis labios se demoran en la comisura de los tuyos, sisándote el aliento, besándote con besos menudos, ligeros como una cosquilla... Luego se tientan y forcejean, para después abandonarse, esos labios, labios grávidos como fruta en sazón, carne de cerezas maduras, tierna y húmeda huella del amatorio responso. Tus labios... Apenas mis dientes registran con un suave mordisco su lisura, mi lengua su rocío, dulce como la malvasía, y entonces me retiro y tomo aire... Reclino mi cara contra la tuya, resbalo a través de su cálido roce para emboscarme en tu pelo, en la firmeza soberana de tu cuello, rindiéndome en tu abrazo, pendiendo de él, como del tiempo...
Pero todavía amago y nuevamente me aparto. Por un instante me dejo acunar en el momento, mirando ese regalo que es tu sonrisa a ojos cerrados, y morosamente vuelvo a fundirme en tu boca. Busco tus labios, una vez más, para robarte el aliento, para hurtarte como un canalla un último, este beso, el último beso...

02 mayo, 2010

VITORIA DE VERDE

El restaurante - Díaz Olano

Recomiendo visitar Vitoria entre mayo y julio. Si bien es verdad que las fiestas de La Blanca, en agosto, invitan al bullicioso ambiente que en ellas se respira, pasadas éstas, merced a una nefasta política comercial y hostelera, la ciudad permanece desierta, con la mayor parte de los negocios, bares y restaurantes cerrados para desolación del visitante.
Pero en primavera, como decía, Vitoria se viste de verde. Éste es sin duda su color, el de su anillo, sus paseos y parques. Si se va a pernoctar, propongo el Jardines de Uleta, un tranquilo hotel situado en Armentia, con apartamentos estupendamente dotados y a un precio bien asequible. Desde él hasta el corazón de la ciudad (veinte minutos) se desciende por La Senda, fresca y agradable, jalonada por castaños, plátanos y varias construcciones interesantes, sobre todo en el tramo de Fray Francisco, donde se ubican los palacios de Ajuria Enea y Augusti. Éste último es la sede del Museo de Bellas Artes de Álava, en el que merece visita la obra costumbrista de Díaz Olano, el pintor más destacado que ha dado esta ciudad. La Senda nos abocará al parque de la Florida, ya en el centro, desde el que podremos encaminarnos hacia la almendra medieval y, a través de sus calles gremiales, llegar a la catedral de Santa María.
Ver este santuario me parece obligado. La acertada apuesta del Abierto por reformas que preside el acceso al viejo y enfermo templo ha dado pie a que se lo realce en obras de Follet o Coelho. Un recorrido guiado por su interior (previa reserva), nos dará una idea del esfuerzo que está suponiendo mantener en pie un edificio rehecho a lo largo de los siglos y que, torcido y cansado, amenazaba con venirse abajo. Gracias al empeño de la fundación que lleva su nombre y a una tecnología puntera, la visita a esta UVI arquitectónica resulta un placer, al situarnos ante la halagüeña expectativa de que, efectivamente, por enferma que estuviera, poco a poco la catedral se recupera de sus males.
Llegada la hora de comer, las inmediaciones del lugar ofrecen varias opciones. En el Bar Santiago, de la calle Santo Domingo, modesto, chiquito, de mantel de hule, una ensalada ilustrada, su pulpo a feira (sabrosísimo) y unos mejillones con tomate nos dejarán espléndidamente, por un moderado precio. En otro y muy diferente plan, El Portalón es un genuino museo enclavado en una admirable casa medieval de la Plaza de las Burullerías. Su variada carta de cocina tradicional vasca, un deleite para los sentidos. Con crianza de Rioja alavesa, el cubierto rondará los cincuenta euros.
Tras el café en terraza (o la saludable opción de paseo y siesta), la tarde puede dedicarse a recorrer el centro de la ciudad: Plazas de la Virgen Blanca y de España, el Machete y Los Arquillos, Plaza de los Fueros... para terminar degustando unas tapas. Como opciones: Toloño, La Malquerida, en la calle Correría, Sagar-Toki, en Prado, o cualquiera de los bares del tramo central de la calle Dato; muy cerca entre sí, todos ellos.
El regreso a pie al aparthotel vendrá bien para bajar lo ingerido y predisponernos para un sueño reparador. Ni que decir tiene, en cualquier caso, que el hecho de coincidir con el siempre magnífico festival de jazz que todos los julios se celebra en Vitoria, merece una tarde-noche de concierto. Esta próxima edición promete, con Chick Corea, Dianne Reeves, Paco de Lucía...
 
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