28 diciembre, 2008

YO, QUIEN HUMILDEMENTE SOY...

El sueño - Rousseau

Manifiesto mi condición y mi oficio de ser humano, como animal racional y sensible. Reivindico asimismo mi perspectiva de hombre igual que otro hombre cualquiera, igual que cualquier mujer. Declaro mi naturaleza híbrida y me proclamo mestizo, en un mundo felizmente diverso y plural. Ser de donde soy no añade o resta algo esencial a mi existencia, pues no es mi mérito como tampoco fue mi elección. Antes bien, mis coordenadas me sitúan en deuda con la mayoría de mis semejantes, pues aquí no me faltan alimento y cobijo, puedo trabajar y no me siento extraño o perseguido. Tampoco de mí ha dependido que mi piel tenga de un color más claro que oscuro, ser miope o calzar el cuarenta y dos. Todo esto, qué mas dará.
Sostengo por ello mi condición de ciudadano del mundo, como se declaró el viejo Diógenes, por encima de las fronteras arbitrarias, de las razas y etnias, ideologías o creencias, y me siento con el deber moral de exigir un presente libre de absolutos y de fundamentalismos; un planeta sostenible en el que reinen la justicia, la libertad, la paz y la solidaridad... porque sin ellas no concibo modo alguno de reivindicar la vida.
Manifiesto, igualmente, mi vocación de habitar el tiempo azaroso y complejo en que me ha tocado respirar y mi ambición por vivir en él despierto. Así como deseo hacer público mi compromiso íntimo de ser leal y coherente con lo que siento y pienso, de intentar estar a la altura mi humilde retórica y de defender mi posición con la palabra como único arma que acepto esgrimir, objetando el uso de cualquiera otra que hiera, atormente, destruya o mate.
Y cuando pregono mis deseos quiero hacerlo firme, sin gritar, pero con letra clara y minúscula. Pues es tristemente sabido que desde siempre se han perpetrado incontables fechorías en defensa de la Unidad, de la Justicia, del Partido, de la Libertad, de la Guerra Santa, de la Paz y de la propia Vida y, como dice Pániker, “en cuanto comienzan las palabras con mayúsculas, comienzan los crímenes”.
Y, cuando me manifiesto, lo hago también por honrar la grandeza del ser humano que hay detrás de cada una y cada uno de nosotros y para agradecer infinitamente el delicado regalo que es la vida, el despertar cada día y poder sentirme más o menos pleno, pero siempre vivo.
Y lo hago aquí, en estos días entrañables, asumiendo sin pretensiones la identidad que me confiere llevar el nombre que me nombra. Yo que soy lo que conozco y lo que ignoro; lo que digo y lo que callo; lo que hago y omito hacer. Yo que soy un poco lo que soy, y otro poco lo que persigo...
Uno más en el mundo, yo: vuestro amigo, humildemente vuestro igual y, en ese sentido, vuestro hermano.

21 diciembre, 2008

TODO ESTÁ POR VIVIR

Tengo por norma saltarme de vez en cuando mis propias normas, y esto es algo que ahora mismo estoy haciendo. No soy amigo de insertar vídeos en un espacio de carácter literario, pero llegadas estas fechas no he encontrado mejor manera de dirigirme a quienes os acercáis hasta aquí, que a través de esta genial puesta en escena de Matt Harding. Creo que su alegría es felizmente contagiosa y tan espontánea y universal que no sólo abre los pulmones y hace sonreír, también conmueve.
Con él os dejo mis mejores deseos de felicidad compartida y una incalculable gratitud.
Todo está por vivir.


14 diciembre, 2008

SIN UN DESPUÉS

Trance - Jonathan Viner

Carla entra en su casa. Se anuncia con un ¡hola! sin respuesta. Qué raro, piensa; son las ocho de la tarde. Deja el bolso sobre la consola, cuelga su abrigo en el ropero del vestíbulo y se calza las zapatillas (el zapatero está en la despensa de la cocina). ¿Jorge?, inquiere en el umbral de la sala. Jorge, ¿no me oyes? Desconcertada lo mira: Jorge está sentado en un extremo del sofá, el periódico abierto ante sí, no ha levantado la vista; ni siquiera un gesto, permanece congelado en la lectura. Cuando, con cierta hosquedad, Carla se dispone a preguntarle a qué se debe su actitud, siente que algo extraño está sucediendo. Se sitúa frente a Jorge, que pasa maquinalmente una hoja, y le observa: la camisa a cuadros, los sempiternos vaqueros, las pantuflas a medio calzar. Carla busca sus ojos, pero sólo percibe unos párpados levemente hinchados sobre las gafas de medialuna. Ve sus sienes encanecidas, el pelo desordenado, se lo ha mesado, lo hace cuando lee... Como cada día, piensa Carla, habrá ido al trabajo, habrá comido el menú en un bar del centro, habrá vuelto a la oficina, habrá tomado una cerveza antes de llegar a casa, en donde habrá... Habrá, habrá, habrá... Curioso tiempo gramatical que se sirve de un futuro para mentar el pasado, se dice Carla; y repara en lo terriblemente triste que resulta conocer de antemano ese habrá.
De repente, se siente profundamente abatida. Es consciente de que la relación con Jorge, a la que dedicó toda su energía, está edificada sobre el deseo de crear algo que finalmente no existe. Es eso: un anhelo, un ideal... Ni siquiera pueden tener un hijo y la sola mención del asunto, el mero planteamiento de las alternativas, les consume. Ella no puede; él, entonces, no quiere. Ya no hay amor, tampoco voluntad; ésta convicción es su cárcel. Sólo ve una existencia tejida de rutinas e impulsada por el insignificante acontecimiento de pequeñas, pero pesadas, obligaciones diarias. Carla mira a Jorge ya sin mirarle, y piensa; siente un vacío insondable, una insondable tristeza. Acaba de dar forma a un pensamiento que se insinuaba en su interior, tal vez desde tiempo atrás. De golpe todo es concreto, sustancial, tangible... y una certeza afilada como un cristal hiere su estómago, en el que parece licuársele una angustia heladora...
Compungida, Carla toma aire, recobra la mirada, desenfocada en un punto ciego del periódico que sostiene Jorge, y se dirige pausadamente hasta la despensita. Ha tomado sus zapatos, se calza. Luego desembaraza el abrigo de la percha, se lo pone y coge el bolso de encima de la consola. Cabizbaja sale del piso, sin hacer ruido. Vuelve a perder la mirada, mientras aguarda el ascensor. Le parece que hubiera sido hace años cuando entró en su casa y se anunció con un ¡hola! que no tuvo respuesta. Ahora sabe, sin embargo, que nunca será lo mismo, que no habrá un después, que no regresará jamás.

07 diciembre, 2008

TRASTADAS DE PUTAS - Gabo


La espera - Alfredo Salazar

«Florentino Ariza lo escuchó impasible, aprobándolo todo con un movimiento leve de la cabeza, sin atreverse a decir nada por miedo de que lo traicionara la voz. Sin embargo, dos o tres frases más le bastaron para comprender que al doctor Juvenal Urbino, en medio de tantos compromisos absorbentes, todavía le sobraba tiempo para adorar a su esposa casi tanto como él, y esa verdad lo aturdió. Pero no pudo reaccionar como hubiera querido, porque el corazón le hizo entonces una de esas trastadas de putas que sólo se le ocurren al corazón: le reveló que él y aquel hombre que había tenido siempre como el enemigo personal, eran víctimas de un mismo destino y compartían el azar de una pasión común: dos animales de yunta uncidos al mismo yugo. Por primera vez en los veintisiete años interminables que llevaba esperando Florentino Ariza no pudo resistir la punzada de dolor que aquel hombre admirable tuviera que morirse para que él fuera feliz.»

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.

30 noviembre, 2008

RILKE EN OTOÑO

El bosque de Beeches - Klimt

El hecho es que he estado sentado en el sofá de la sala, releyendo a Rilke, y que se me ocurre que Rilke es para leer en otoño; sus Elegías del Duino, por ejemplo. En mi dinámica opinión, claro está. Compruebo, al llegarme al estudio, para dejar el pequeño volumen en su hueco de la estantería, que las hojas de mis libros de Rilke han amarilleado con el tiempo. Debe ser que los libros también tienen un otoño de oros y cobres, cuando las páginas impresas se tornan frágil hojarasca, cosida y pegada a un lomo que igualmente envejece...
Y es que parece que el destino de los libros sea el de ser abandonados en un paisaje de estantes, desheredados y proscritos como cualquier viejo clochard de ciudad, mientras el tiempo los ignora y, sin embargo, atrapa. Rilke también se sentía hondamente solo, recluido en su torturada manera de ser y, sobre todo, de amar. Sentía una soledad desproporcionada, una soledad que le puso a prueba durante casi todos los días de su vida. En una página de Mi Testamento escribió con insondable dolor: «Ha quedado en mi corazón una tenebrosidad extraña, que me lo hace irreconocible».
Rilke amó, sufrió y vivió, no sé si por este orden. Cuantas espinas hirieron su alma asombrada, escoltaron los veinte años que un día tuve, y aún hoy se clavan, produciéndome un dolor melancólico y dulce, en mis recuerdos literarios. Es así, porque registro una fugaz añoranza en mi memoria emocional cada vez que retomo uno de estos libros y lo abro después de tanto olvido. Casualmente, releo ahora un precioso proverbio turco, que copié en una hojita y guardé muy entonces entre las páginas de las Elegías: «Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas.» Me parece delicadamente bello, y supongo que hasta se me ha insinuado una leve sonrisa al volverlo a leer...
Pero ya debo salir a mis quehaceres, conque empujo el lomo del libro, lo inserto en su lugar. Amor, servidumbre, espinas... Cuadra con lo que sé y recuerdo de aquel Rilke a quien veneré tanto. Tal vez por eso archivé ahí la cita, para leerla en cada reencuentro, como el de hoy, en este nuevo otoño que comienza a recogernos y nos invita a disfrutar de él, inestable y antojadizo, con sus días alternos veteados de los rayos de un sol broncíneo o de gotas de lluvia caprichosamente juguetonas sobre los cristales.

23 noviembre, 2008

QUERIDO MIGUEL

J. Minton - Freud (detalle)

Miguel me llevaba unos años y éramos, además de primos, amigos. Fue tremendamente duro para toda la familia ir viendo que un cáncer implacable terminaba con él, y lo hacía apenas una semana después de que cumpliera 33 años. Ciertamente ha pasado mucho tiempo, pero no tengo esa impresión... sabiendo cómo le recuerdo.
He sacado hoy este poema, de una vieja carpeta. El lejano día de noviembre que lo escribí, me había acercado hasta la casa de Miguel para felicitarle; aquélla fue la última vez que, consumido por la enfermedad, le pude ver. Después vagué roto y consternado bajo la lluvia, por entre esas calles de nuestro pueblo que él nunca más volvería a recorrer.
Dos besos para ti, querido Miguel, y un abrazo inmenso, sin fisuras.

A MIGUEL,
EN EL DÍA DE SU ÚLTIMO CUMPLEAÑOS.

Será que se acerca la noche
nunca más inoportuna,
y se me ha desfallecido la gana
de comentarte las cosas de ahí fuera,
como si tal aliento de mi boca yaciese
a la grupa de un pretexto mutilado
y transido.

Será que el frío se moja de lluvia
sobre mi espalda derrotada
arañando las viejas paredes
de una arquitectura húmeda y gris,
y mis propias manos me delatan
temblorosas y tibias,
cuando, acurrucado en una esquina,
quiero calentar los labios que te besen.

¡Qué podría decirte hoy, querido Miguel,
más allá de esta rota endecha,
si se me corta la garganta todo intento,
si en la sién se me agolpa
tenaz, rotundo,
un silencio lacerante que te reclama sin remedio,
y no tengo voz sino lágrimas
para mimar tus últimos latidos!...

Quizá por eso me he escondido,
cobardemente crispado,
detrás del papel arrugado que te llora,
detrás de una esquina cansada,
detrás del dolor de esta noche,
¡Dios mío, Miguel!... nunca más inoportuna.

Miguel falleció en Llodio, Álava, el 20 de noviembre de 1985

16 noviembre, 2008

SOBRE ESCRIBIR

El asesino amenazado - Magritte

Decía Oscar Wilde que no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo bien. Supongo que casi cualquiera puede estar de acuerdo con él.
Fue Blaise Pascal (creo) quien se disculpó en una ocasión ante algo que había escrito, comentando que había hecho una carta más larga que lo usual, porque no tenía tiempo para hacer una más corta. Eso es tener una dimensión bien real de lo que supone sintetizar, desde luego.
De mayor calado es la entrañable imagen que sugería el venerable José Luis Sampedro, cuando afirmaba que uno escribe a base de ser minero de sí mismo. Qué metáfora tan bella...

Y Manolo Vázquez Montalbán, agudo e inteligente como era, dejó este aviso para navegantes:
El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, la víctima y el asesino. El asesino de mi novela es el escritor; es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura.
Genial, ¿no os parece?

09 noviembre, 2008

BIEN CONTIGO

El álbum - Juan Gris.

Me siento bien contigo cuando nuestras miradas se cruzan y, de la fugacidad de ese encuentro, mi retina hereda el brillo intenso de tus ojos. Bien, cuando pronuncias mi nombre y tu voz se me antoja el solvente reclamo de una incondicional cercanía... Y cuando te dibujas en un mohín, con esa reposada elocuencia que interpreta sabiamente mi silencio...
Me agrego a ti, como si tal tu sombra fuera, y juego al ciego vinculado a tu brazo en un dejarme guiar por las aceras que transito; y entonces, del mismo modo, me siento bien tan a tu paso, tan a tu lado, tan contigo.
Eres reina de esa constelación de mundos que me pueblan y algo de tu gesto, cuando te ladeas y furtivamente sonríes, te otorga el fulgor de una estrella incandescente y te vuelve íntima, mi feliz compinche, esos ojos que lo dicen todo, la mano leal que, según se despide, aprieta un poco la mía...
Por eso consagro a tu memoria esta noche y, bajo su manto de celeste obsidiana, repito devotamente tu nombre con una cadencia que tiene algo de breve arrullo... Entonces cierro los ojos y, ya ves: sólo pienso que me siento bien contigo.

02 noviembre, 2008

BUSCAR LA VERDAD - Deleuze

Sol de otoño - Schiele

«Sólo buscamos la verdad cuando estamos determinados a hacerlo en función de una situación concreta, cuando sufrimos una especie de violencia que nos empuja a esta búsqueda ¿Quién busca la verdad? El celoso bajo la presión de las mentiras del amado. Siempre se produce la violencia de un signo que nos obliga a buscar, que nos arrebata la paz. La verdad no se encuentra por afinidad, ni buena voluntad, sino que se manifiesta por signos involuntarios.»
«La equivocación de la filosofía consiste en presuponer en nosotros una buena voluntad del pensar, un deseo, un amor natural por lo verdadero. Por eso la filosofía sólo llega a verdades abstractas que no comprometen a nadie y no trastornan nada.»
Proust y los signos, GUILLES DELEUZE.


26 octubre, 2008

PENSANDO EN ÉL


Marne - Cuixart

(Alguien ha descubierto la existencia de Terenci Poquet, el torturado opositor a judicatura enclaustrado en un ático de Barcelona, para preparar sus oposiciones... ).

Pensando
en él, se sentó en un banco de madera adyacente a un sendero de los jardines del Parc Güell, hasta donde había caminado desde su casa. Hacía bueno allá arriba; corría un airecillo fresco que no llegaba a resultar desagradable. Después de una noche de migraña, una migraña violenta e incoercible, ahora se sentía mejor. Apenas había dormido tres horas y su cansancio era patente, pero necesitó salir... Respiró con deliberada lentitud, empleando toda la energía de sus pulmones, y cerró prolongadamente los ojos. Notaba que sólo en cortísimos tiempos el silencio parecía absoluto, el silencio de aquel prominente oasis rodeado de asfalto y exasperación urbana. Y el aire... El aire era rico, si respirar se convertía en un acto consciente, si se deseaba inhalar. «El aire...» Se dedicó a apreciarlo, a descansar y a mirar; a mirar a la gente que por aquel camino transitaba: Dos parejas sueltas, un grupo de orientales pertrechados con tecnología óptica y poco más. También reparó en la naturaleza contenida a su alrededor, en el perceptible estrago de los meses fríos en los arriates, en las plantas melladas, en los árboles caducifolios... Se dio a escuchar el bullicioso trino de algunos pajarillos que, en la vivacidad de su jolgorio, parecían convocar prematuramente a la primavera. Las hojas de la arboleda que los acogía parpadeaban filtradas por un tibio sol. Varias cotorras se alborotaban en unas copas cercanas; cotorras forasteras de incierta procedencia, que imprevistamente habían comenzado a proliferar por la ciudad. Se entregaba, en suma, a relajar sus sentidos... Pero cada una de sus percepciones le llevaba a ensimismarse en él. Porque desde que él apareció todo le resultaba más soportable: su existencia tejida de obligatorias rutinas, la regularidad descorazonada de los días monótonos y hueros, el helado invierno interior en el que se había ido convirtiendo su vida... Con él, sin embargo, todo parecía ser distinto. Se sintió mecer, doblándose en el acurrucamiento al que le sometía un cansancio perdurado...
Pero estaba bien; mejor, según prosperaba la mañana. Sumergiendo su mirada en un solitario charco de luz del camino, se recreó en aquella porción de cielo azul nítidamente reflejado en el agua, para fugaz deleite de su recogimiento... Y entonces, volviendo a él, a su adorado opositor, calibró una idea que le hizo sonreír. Como sabía dónde vivía, no estaba de más ensayar una primera aproximación: Pensó en escribirle, una carta. Sí, lo haría... Y, levantándose del banco, los hombros sumisos, las manos en los bolsillos de su tabardo, caminó hacia la salida del parque, regresando al mundo, volviendo a adentrarse pausadamente en la ciudad.

19 octubre, 2008

PEQUEÑA ODISEA - José Ángel Cilleruelo


The hat makes the man - Ernst


Por favor, me puedes indicar dónde encuentro un ejemplar de La Odisea.
—¿Quién es el autor? —pregunta el joven dependiente con naturalidad.
—Homero.
—Homero... —repite y se inclina servicial sobre el ordenador. Teclea. Medita. Vuelve a teclear. Se rasca la cabeza. Levanta la vista de la pantalla—. Pero, ¿ese nombre va con hache o sin hache?
—¿Homero? Va con hache.
—Ajá, ¡aquí está! —exclama con júbilo, se da la vuelta encarando el otro extremo de la librería y vocea a grito pelado—: Julia, guapa, búscame La Odisea de un tal Homero, que está por tu sección. Se escribe con hache.

Texto de J. A. Cilleruelo, editado en su blog El Visir de Abisinia, una recomendable página de contenido literario que os animo a visitar.

05 octubre, 2008

COSA DE SER

Testigo - Lam

Ser
, pues se trata de ser.
De asumir el ser quien se es.
De ser como tú eres y lo que tú eres;

negro, blanco, pajizo, azul... Te lo digo a ti,
según me viene, a borbotones
y con un palíndromo prestado:
«Somos raza, ese azar somoS»,
donde el paisanaje es un bol de canicas de colores.
Ser
, digo. Y permanecer despierto,
aunque no en la noche, que termina agotando.
Porque la noche es para amar, desvariar y dormir. Ah, dormir...
Y para compartir deliciosas locuras, como ésta
de tener a Rebecka Törnqvist, cantándome en sueco al oído:
Till och med en kung
(Incluso un rey).
Me enamora perdidamente, de madrugada,
me retrepa su voz por la nuca y me encojo en un escalofrío...
Siempre imagino una caricia, si pienso en algo suave.
O en la delicada flor del cerezo, precipitándose
a una velocidad de 5 cm. por segundo.
O en una sábana tibia y perfumada de ti, según la abandonas.
Pienso y escribo, tal me complace.
Y mientras tanto unos entran, otros salen,

y apenas se nos ve un poco. O se nos vislumbra.
Siendo que cada cual es cada cual, y tiene sus cadacualadas.
Esto es lo que supone, ser uno quien es.
¡Ser, ser, ser!
Escucho a la dulce Rebecka en un adormecido devaneo
y me vuelco al coleto un resto de cerveza.
Al fin y al cabo, es estupendo saberse bien, incluso un rey...
y lo quiero compartir contigo, antes de evaporarme,
cuando te digo que me embruja sentirte ahí
bailoteando con mis letras,
porque sé que nada me obliga a mostrarme como no soy.
Y porque, sin pretenderlo, me ayudas un poco a ser...
el tipo que siempre he buscado ser.
Y por ello, como nunca, me siento hoy
serena y profundamente agradecido.

28 septiembre, 2008

LA CALLE - Octavio Paz


Callejón - Javier Sampedro

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

21 septiembre, 2008

METAS VITALES

Luminiscencia - Toffoletti

Parece indiscutible que la vida no tiene un significado universal para todo el mundo; pero sí es posible que cada cual llegue a darle un sentido. Cuando pienso en mi posición ante este asunto, me remito a las ilusiones que conservo y a los propósitos y esfuerzos que hago para conseguir algo (por pequeño y cotidiano que sea), porque unas y otros otorgan una razón de ser a mi existencia. Así tengo la sensación de que me reinvento con cierta necesidad... y de que mi pasado y mi futuro son un poco distintos cada día.
Dice mi querido profesor Andrés Ortiz-Osés que el sentido de la existencia es la insistencia; que existir es insistir. Otra pequeña verdad, guardada con mimo en un inspirado aforismo. Lo cierto es que cuando nos marcamos una meta vital contamos con infinidad de propuestas atractivas. Es cosa entonces de optar... Pero pienso que, por ser tantas, elegir nos genera incertidumbre; una incertidumbre grave e incómoda que mina la audacia de nuestro impulso vital, muchas veces hasta el punto de que terminamos depreciando la elección que habíamos hecho. Cuestión de insistir, sí; pero, ¿qué camino tomar?
Entonces es cuando me planteo seriamente si esta libertad, basada en la enorme oferta que existe, nos ayuda a darle significado a la propia vida... o si, más bien, al confundirnos e inquietarnos, sucede lo contrario. Y ante esta cuestión me encuentro un tanto perplejo, lo confieso. Porque el compromiso con una meta, y la propia manera de alcanzarla, parece mucho más fácil cuando las elecciones son pocas y están claras. Abundancia o restricción: ¿Cómo resolver este dilema? Personalmente siempre he concedido importancia a los límites y he aprendido que, de algún modo, aceptar las limitaciones libera. No me gustaría que se me malinterprete, pero cada vez estoy más convencido de ello.

14 septiembre, 2008

RECORRIDOS

Holiday resort - Jeffrey Smart

POR DETRÁS...
Uno vive a fuerza de reinventarse,
de gozar de un pasado distinto cada día.

Y POR DELANTE
El futuro es esa permanente emboscada que nos tiende el azar
haciéndonos peregrinar por insospechados caminos.

POR FUERA...
Buscar a Dios en los templos es buscar el contorno de una sombra
allí donde no hay luz.

Y POR DENTRO
El fuero interno de uno es algo así
como la cara oculta de su conciencia.

DE CABEZA...
El problema de que me den la razón
es que después no sé muy bien qué hacer con ella.

Y DE CORAZÓN
La enfermedad más grave del amor no son los celos,
sino la decepción.
Todos los amantes la padecen,
pero muy pocos sobreviven a sus estragos.

PERO, EN TODO CASO, CON ÁNIMO
La satisfacción comienza con el esfuerzo:
Uno termina por sentirse mejor, en la medida en que lo intenta.


07 septiembre, 2008

EL PADRE DE MAFALDA

Hombre en una hamaca - Gleizes.

Creo que nunca me he sentido tan como el padre de la entrañable Mafalda, como el ya lejano día en que María, mi hija mayor, que tendría entonces 12 años, llegó a casa del cole, dejó su cartera y se acercó a la sala, donde yo leía plácidamente El Correo, y, con su sempiterna sonrisa, me soltó a bocajarro:
Aita, ¿tú te masturbas?
Me faltó periódico para esconderme, pero en teoría un buen padre no está para eso... De modo que, sin saber muy bien de qué modo salir airoso, comencé por defender mi comprometida posición con la trillada técnica de rebotar el asunto.
—¿Y por qué me haces esa pregunta?
—Es que hoy hemos hablado en clase de lo que es la masturbación y...
—Oh, vaya.
—Dicen que todo el mundo lo hace.
—Ah, claro: Dicen —tomé aire—. Bueno... ¿Y no os han explicado en clase qué es la intimidad?
—No. Creo que no.
—Pues bien, Marieta: La intimidad tiene que ver con que hay cosas que pertenecen a la vida personal de cada uno... y que todos los demás deben respetar. ¿Me explico?
María asintió recogiendo a un lado sus labios. Luego sonrió y fue a por su merienda.
—Te he entendido perfectamente —me dijo saliendo de la sala.
Tras lo cual tragué saliva, a sabiendas de que conocía la respuesta a su pregunta, y, aliviado, yo también sonreí, hundiéndome un poco en el sofá tras las páginas de sucesos... como en tantas viñetas del genial Quino he visto hacer al papá de Mafalda.

 
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