28 septiembre, 2008

LA CALLE - Octavio Paz


Callejón - Javier Sampedro

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

21 septiembre, 2008

METAS VITALES

Luminiscencia - Toffoletti

Parece indiscutible que la vida no tiene un significado universal para todo el mundo; pero sí es posible que cada cual llegue a darle un sentido. Cuando pienso en mi posición ante este asunto, me remito a las ilusiones que conservo y a los propósitos y esfuerzos que hago para conseguir algo (por pequeño y cotidiano que sea), porque unas y otros otorgan una razón de ser a mi existencia. Así tengo la sensación de que me reinvento con cierta necesidad... y de que mi pasado y mi futuro son un poco distintos cada día.
Dice mi querido profesor Andrés Ortiz-Osés que el sentido de la existencia es la insistencia; que existir es insistir. Otra pequeña verdad, guardada con mimo en un inspirado aforismo. Lo cierto es que cuando nos marcamos una meta vital contamos con infinidad de propuestas atractivas. Es cosa entonces de optar... Pero pienso que, por ser tantas, elegir nos genera incertidumbre; una incertidumbre grave e incómoda que mina la audacia de nuestro impulso vital, muchas veces hasta el punto de que terminamos depreciando la elección que habíamos hecho. Cuestión de insistir, sí; pero, ¿qué camino tomar?
Entonces es cuando me planteo seriamente si esta libertad, basada en la enorme oferta que existe, nos ayuda a darle significado a la propia vida... o si, más bien, al confundirnos e inquietarnos, sucede lo contrario. Y ante esta cuestión me encuentro un tanto perplejo, lo confieso. Porque el compromiso con una meta, y la propia manera de alcanzarla, parece mucho más fácil cuando las elecciones son pocas y están claras. Abundancia o restricción: ¿Cómo resolver este dilema? Personalmente siempre he concedido importancia a los límites y he aprendido que, de algún modo, aceptar las limitaciones libera. No me gustaría que se me malinterprete, pero cada vez estoy más convencido de ello.

14 septiembre, 2008

RECORRIDOS

Holiday resort - Jeffrey Smart

POR DETRÁS...
Uno vive a fuerza de reinventarse,
de gozar de un pasado distinto cada día.

Y POR DELANTE
El futuro es esa permanente emboscada que nos tiende el azar
haciéndonos peregrinar por insospechados caminos.

POR FUERA...
Buscar a Dios en los templos es buscar el contorno de una sombra
allí donde no hay luz.

Y POR DENTRO
El fuero interno de uno es algo así
como la cara oculta de su conciencia.

DE CABEZA...
El problema de que me den la razón
es que después no sé muy bien qué hacer con ella.

Y DE CORAZÓN
La enfermedad más grave del amor no son los celos,
sino la decepción.
Todos los amantes la padecen,
pero muy pocos sobreviven a sus estragos.

PERO, EN TODO CASO, CON ÁNIMO
La satisfacción comienza con el esfuerzo:
Uno termina por sentirse mejor, en la medida en que lo intenta.


07 septiembre, 2008

EL PADRE DE MAFALDA

Hombre en una hamaca - Gleizes.

Creo que nunca me he sentido tan como el padre de la entrañable Mafalda, como el ya lejano día en que María, mi hija mayor, que tendría entonces 12 años, llegó a casa del cole, dejó su cartera y se acercó a la sala, donde yo leía plácidamente El Correo, y, con su sempiterna sonrisa, me soltó a bocajarro:
Aita, ¿tú te masturbas?
Me faltó periódico para esconderme, pero en teoría un buen padre no está para eso... De modo que, sin saber muy bien de qué modo salir airoso, comencé por defender mi comprometida posición con la trillada técnica de rebotar el asunto.
—¿Y por qué me haces esa pregunta?
—Es que hoy hemos hablado en clase de lo que es la masturbación y...
—Oh, vaya.
—Dicen que todo el mundo lo hace.
—Ah, claro: Dicen —tomé aire—. Bueno... ¿Y no os han explicado en clase qué es la intimidad?
—No. Creo que no.
—Pues bien, Marieta: La intimidad tiene que ver con que hay cosas que pertenecen a la vida personal de cada uno... y que todos los demás deben respetar. ¿Me explico?
María asintió recogiendo a un lado sus labios. Luego sonrió y fue a por su merienda.
—Te he entendido perfectamente —me dijo saliendo de la sala.
Tras lo cual tragué saliva, a sabiendas de que conocía la respuesta a su pregunta, y, aliviado, yo también sonreí, hundiéndome un poco en el sofá tras las páginas de sucesos... como en tantas viñetas del genial Quino he visto hacer al papá de Mafalda.

01 septiembre, 2008

SOROLLA


Cosiendo la vela

De Sorolla, la luz. Luz mediterránea a raudales, resplandeciendo sobre los blancos velámenes de las barcas y los vestidos de las mujeres en la playa, sobre los cuerpos desnudos de los niños, bañándose en la orilla del mar. En Sorolla, el protagonismo de la luz es absoluto, esa magia con la que supo envolver el dinamismo de las representaciones pictóricas que componen sus cuadros, siempre con presencia humana. Como hicieran los impresionistas franceses, su pintura de exterior (en plein air) refleja con viveza y realismo el paisaje levantino de finales del siglo XIX, en el que la luz y los colores vibran en un apacible ambiente costero y parecen conferir movimiento a las figuras que representa.
Supe de Sorolla, bien de pequeño, por los sellos conmemorativos de su obra que emitió la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. El hermano Ricardo P. (del colegio de La Salle, en el que estudié) me había iniciado en la filatelia y recuerdo que las series que más me gustaban eran las dedicadas a pintores españoles. Así fui conociendo a los Velázquez, Zurbarán, Murillo, El Greco... y de ahí probablemente nació mi interés por la pintura, aunque entonces yo debía de tener nueve o diez años.
Y, sí, ahí estaba también Sorolla y sus Niños en la playa. Nada se podía adivinar en los sellos esa locura suya por atrapar la luz, pero, con todo, siempre me parecieron pequeñas joyas que aún conservo clasificadas entre las páginas de alguno de mis viejos álbumes... y son por esto, sin duda, una pequeña parte de mí.



Niños en la playa

Joaquín Sorolla y Bastida falleció el 10 de agosto de 1923.

30 julio, 2008

VIEJAS PINCELADAS


Joven desnudo - Flandrin

Que disfrutéis enormemente del mes de agosto, allí donde estéis.
Hasta septiembre.


EL VÉRTIGO

AMOR DESPRENDIDO

LEVANTAR ACTA

ACEPTAR

VIDA


Hijo de Príamo - Flandrin

20 julio, 2008

EL CUARTO DE JUGAR

Cuento de hadas - Klee

Recuerdo vivamente el cuarto de jugar de la casa vieja. Era nuestra habitación, la de ambos, un pequeño universo cuajado de trastos, juguetes, libros y cachivaches, con un imborrable olor a cartera de cuero y a plumier, y entre cuyas paredes fuimos niños. Estoy seguro de que tienes frescos los partidos de fútbol que, en el espacio inverosímil que dejaban las camas, disputábamos apasionadamente después de la escuela y la merienda. Más de un cristal de la ventana roto, más de una consiguiente reprimenda, más de un balón requisado por la autoridad competente en la materia... Y sin embargo nos las ideábamos para continuar jugando, ¡sin meter ruido!, aunque fuera con la cabeza de goma de alguna muñeca de Isabel, la mayor de nuestras hermanas. Otra bronca, otro escondite inventado... ¡Cuidado, que viene papá! No entiendo todavía, créeme, cómo conseguíamos trepar y ocultarnos sobre aquel alto y enorme ropero, para hacernos un silencioso ovillo, con el corazón latiendo fuerte... y prácticamente desaparecer.
—Más os vale salir de donde estéis: Os he dicho mil veces que en casa no se juega al fútbol, y menos con la cabeza...
Mientras tanto Isa se quejaba con mamá de nuestro abuso, impotente y compungida. Ahora que lo pienso, mi portería fue siempre más pequeña que la tuya y no recuerdo que protestaras. Supongo que algún privilegio me confería el hecho de ser el mayor.
Como fuera, el recuerdo del cuarto de jugar me confirma que, de algún modo, somos hijos de las paredes que cobijaron nuestra infancia. En él dormíamos, hacíamos los deberes, montábamos el Scalextric y las carreras de ciclistas, en él nos reñimos y peleamos, nos hicimos íntimos y aprendimos a ser los niños que aún nos habitan; en él, y desde él, sellamos pactos imperecederos de fraternal lealtad.
Casi veinte años después de todo aquello, demolieron la casa vieja de la plaza en que nacimos y llegamos a vivir los siete hermanos. Han pasado casi otros veinte, que definieron nuestras vidas: Yo seguí la mía en otra ciudad, tú te hiciste un tipo conocido, sin dejar nuestro pueblo. Frecuentemente pasaban meses sin que coincidiésemos. A lo mejor leía alguna declaración tuya, la entrevista que te hacían en algún periódico... o te seguía en un debate televisivo, escuchándote con admirada atención.
Ayer leía el último correo que me enviaste y, mira por dónde, son las 4:10 de la mañana de este viernes de pos-mediado julio e, insomne como un semáforo de la ciudad dormida, pensaba precisamente en que hace siglos que no te veo. Por eso me he levantado de la cama y me he llegado al estudio: para escribirte estas líneas y para moverte a sonreír, si acaso las lees, con el recuerdo del maravilloso rincón que compartimos en nuestra infancia: aquel cuarto de jugar en el que disfrutamos como lo enanos que éramos, crecimos y cultivamos gran parte de nuestros sueños, algunos hoy reales... y en el que, sobre todo, querido Txema, quedó soldado para siempre mi corazón al tuyo.

Texto incluido en el Banco de Recuerdos de la Fundación Reina Sofía (lucha contra el Alzheimer): http://www.bancoderecuerdos.es/recuerdo23190

29 junio, 2008

LA ESTAMPA DE TERENCI

Autorretrato - Basquiat

(Terenci Poquet, torturado opositor ajudicatura, vive desde hace medio año en un ático de alquiler en Barcelona, adonde llegó con el solo objeto de acartujarse para estudiar. Su aislamiento es cada vez mayor y apenas sí sale, casi únicamente a proveerse de embutidos).

«A todo lo cual, por fuera, la estampa que lucía Terenci era la de un desenterrado recién salido de sus propias exequias. No se afeitaba por pura desidia, y el pelambre se le entreveraba grasiento asfaltándole el cráneo de lacias crenchas, toda vez que una sombra levemente azulada almohadillaba sus marcadas ojeras. En el itinerario usual de compras, bajo un soleado mediodía, de tal facies fruncida, cual era la suya, afilada, de malcomido, parecía colgar su escabullido tronco que, haciendo de percha, soportaba un tronado atuendo.
Claudio el charcutero, su proveedor por excelencia, advirtiendo la mala cara que gastaba, le preguntaría afablemente si había estado enfermo. Argumentó, para no pecar de ligereza, que hacía un tiempo que no le veía por la tienda.
—¿Yo? No, qué va —le había pillado fuera de juego, esperando la vez, y efloreció pigmentándose milagrosamente como un heliotropo—. Me encuentro... bien —atinó a decir—. Gracias.

—Pues me alegro —apuntó Claudio, él ya de por sí colorado, de rollizo, exhibiendo una comercial sonrisa—. La salud es lo primero, sí señor.»

22 junio, 2008

DÍAS DE JUNIO

N.º 8 - Pollock

Tienen algo privativo estos días de junio. Será que, pese la obertura estival, no han terminado de acaecer en su benéfica plenitud los contrastes de la primavera. Antes bien, todo ha sido lluvia: lluvia a diario y casi sin parar en las últimas semanas. Y quizá por ello hay algo de inopinada premura en el correr del calendario, algo de desconcertante espera en una transición que subsiste en sí misma, y un resto de perdurada expectación en la gente. Estas fechas tienen, sobre todas las cosas, que el sol se hace de rogar, inaccesible tras las nubes que, allá por marzo, se instalaron bíblicas y eternas en nuestro cielo, y que la luz y el calor no llegan con la intensidad de la época... Tienen estos días de junio que las aguas consagraron su reinado absoluto, al parecer para la perpetuidad.
Pero, según escribo, me corrijo y pienso en ser justo: Son las seis, acaba de amanecer y, ahora en la cocina, escucho cercano el gorjeo de los pajarillos, sé que los ríos y embalses se han visto plenos y magníficos, y siento cómo la tierra revienta agradecida con la primera claridad, henchida de verdes matices que abrigan los extrarradios de la ciudad. Incluso, al desperezarme con un café hacia el frescor de la terraza, veo un hermoso claro avecinándose a lo lejos, entre los edificios y las cuatro torres del casco medieval que perfilan enhiestas el horizonte urbano. Emisario del verano, parece asomarse por detrás de la catedral de Santa María un benéfico y raso chorro de sol. Añoranza de luz y calor para todos aquellos que, en estos días de junio, aún sienten en sus vidas la humedad incómoda del desaliento...
La naturaleza es sabia, concluyo convencido. Y según la observo ahí fuera, huelo el café antes de sorber, y deseo fervientemente que, pese a nuestra falta de escrúpulos, así siga siendo.

15 junio, 2008

SER Y NO SER - Ortiz Osés

Vasarely - Pareja de cebras

«He aquí la cuestión: ser español o no serlo, ser vasco o tampoco, ser católico o negarlo. Para algunos fundamentalistas el ser es una esencia fija e inmutable, por eso son españoles y nada más, son vascos eta kitto (y se acabó), son católicos y amén. Pero un tal ser como esencia es una abstracción, algo que no es real sino suprarreal o metafísico, algo que no es humano... sino inhumano o dogmático. En efecto, en la realidad vital somos y no somos, somos variada y diversamente, somos en el modo existencial del estar: pues no somos de una pieza ni de una vez para siempre, sino que somos en proceso, estamos en devenir, existimos abiertamente.
»Así que la cuestión no es ser o no ser, sino ser y no ser. Pues somos hombres y animales, españoles y europeos, vascos y españoles o franceses, católicos y ecuménicos, listos y tontos. No nos podemos definir por la esencia purista o puritana, sino por la existencia impura o concreta. Por eso tampoco somos de derechas o de izquierdas, heterosexuales u homosexuales, ricos o pobres, buenos o malos, sino que lo estamos existencialmente. El estar es un modo de ser pos- moderno, fluido o fluente, abierto y mixto, ambivalente y relacional. Pues somos no solamente lo que somos, sino también lo que no somos por modo de privación, ya que tanto nos marca ser o estar en un lugar como no estar en otro; ser o estar leyendo este escrito como no estar leyendo otro diferente; ser o estar siendo católico como no estar siendo protestante o agnóstico.»


Extraído de La herida romántica, Andrés Ortiz-Osés. Ed. Anthropos, Barcelona.

Andrés es (y no es) teólogo, filósofo doctorado en hermenéutica, profesor de la Universidad de Deusto-Bilbao, y unas cuantas cosas más, además de un tipo estupendo. Precisamente el lunes, día 16, le entrevistan en el El Correo, y es mencionado este libro suyo.

08 junio, 2008

UNA DE MIEDO

Misterio - Katia Loritz

Tendría yo veinte años, cuando en la madrugada de un domingo de invierno sucedió lo que voy a contar. Dormía por entonces en el camarote de la casa de mis padres: un amplio compartimiento abuhardillado (con su tragaluz y algunos muebles antiguos, separados por cortinas de mi zona de estar), en un quinto y último piso ocupado sólo por trasteros, y en el que atesoraba esas pequeñas posesiones investidas de incontables huellas emocionales, que acompañan a uno en ciertos tramos de su vida. En aquel rincón disfrutaba de una autonomía funcional suficiente como para garantizarme el poder escuchar música tranquilo, echar mis pitillos (entonces fumaba), estudiar, escribir poemas y no tener que rendir cuentas a nadie cuando salía o entraba a horas intempestivas.
Pues bien, la noche que comento regresé a mi cubil eso de las tres de la madrugada. Acababa de dejar a mis amigos y no había bebido una gota de alcohol (creo importante anotarlo), porque estaba tomando antibióticos a cuenta de una molesta faringitis. Conque estuve un rato leyendo y, vencido de sueño, apagué la luz y me metí en la cama, cuya cabecera quedaba contra la pared, justo al lado de la puerta. El silencio era absoluto a esas horas, y me arrebujé confortado bajo las sábanas... Sin embargo, no llevaba cinco minutos con los ojos cerrados cuando, de repente, sentí que una llave se introducía en la cerradura, hasta abrir mínimamente la puerta y dejar entrar un haz de luz de la escalera en mi habitación. Sobresaltado, me incorporé como un resorte y, alargándome entero hasta casi caer de la cama, cerré de un fortísimo palmetazo.
—¡Quién es! ¡Quién anda ahí!
Pegándome a la puerta, di la luz, agucé el oído... pero sólo fui capaz de escuchar los latidos de mi corazón, que parecía írseme a salir por la boca.
—¡Quién eres! —repetí en voz alta...
Pero nada: Ni el ascensor, ni siquiera un ruido de pasos que se alejaran por el descansillo hacia la escalera... Recuerdo que mantuve bastante tiempo la luz encendida y que, de nuevo en la cama y totalmente espabilado, me costó conciliar el sueño. Confieso que tenía miedo.
Al día siguiente, al bajar a casa a desayunar (mis padres y hermanos vivían en el tercero), pregunté hoscamente quién había tenido la feliz idea de subir al camarote de madrugada, abrir la puerta y largarse de puntillas dejándome con un susto de muerte en el cuerpo. Pero no conseguí sino que todos me miraran perplejos, sin entender de qué les estaba hablando. Huelga decir que no logré resolver el misterio. El ruido de la llave al girar se produjo, se había abierto lentamente la puerta, entró un nítido filamento de luz, yo cerré de un golpazo... Todo lo sucedido resultó espantosamente real...

Menos mal que aquella extraña noche, mientras intentaba conciliar el sueño, casi sin atreverme a cerrar los ojos, únicamente consideré una de las dos hipótesis más probables: La de que, en la oscuridad de mi estancia, ese algo o alguien hubiese abierto la puerta... desde fuera.

31 mayo, 2008

LA DEGLUCIÓN - Juan Yanes

Le iene - Galliano

Nadie sabe lo que puede un cuerpo.
B. Spinoza

«Decía el informe que la secuencia axial mostraba un cartílago excéntrico de aspecto protuberante en ambos cuernos, anterior y posterior, con una concavidad irrisoria indemne del cuerpo delicuescente anterior. Decía que había rotura oblicua de grado II del cuerno histriónico de carácter metafísico. Los ligamentos oblongos, anterior y posterior, y laterales aparecían dislocados, formando un dédalo, encontrándose fisuras retroparietales con líquido de coloración de gules tornasolados. Decía que había plicas de conglomerados orgánicos en los recesos laterales. Decía que la rótula mostraba una lesión crónica, como consecuencia de una degeneración erosiva condrial en edema patelar, sin subluxación valorable, con lesión parcial de tendinitis del cuadricipital e indemnidad del rotuliano, sugestivo de condriopatía moderada...

»No pude seguir leyendo el informe. Me quedé hipnotizado por aquella sucesión misteriosa de palabras. Empecé a darme cuenta de la verdadera naturaleza de la escritura fantástica. Fue entonces cuando me saqué el menisco con los dedos y me lo comí. Tenía un sabor amargo y su consistencia era la de una lámina de vidrio.»

Texto de Juan Yanes, publicado en su genial Máquina de coser palabras.

25 mayo, 2008

SIN URGENCIAS

Los novios - Antonio López

(Dirás que soy una tontorrona o que me hago la niña, porque te pido que me vuelvas a contar cosas. Lo dirás una vez más y no me importará escucharlo de tus labios, ver bosquejarse la sonrisa que entreabre tu boca.)
—Pareces una niña pequeña. Si te lo he contado mil veces...
(¿Ves? Lo has dicho: una niña. Y a mí me gusta oírlo; que me lo digas de nuevo. Como aquello del cosquilleo que se te ponía en el estómago, cuando quedábamos para vernos, y terminábamos conquistando rincones urbanos en los que besuquearnos a hurtadillas...)
—¡Mil veces!... Venga, no te pases tío. Anda, ¡cuéntamelo!
—Hacía lo imposible por estar contigo.
—¿En serio?
—Aunque fueran cinco minutos.
—Y qué más.
—Me dirás que no te acuerdas...
(Claro que me acuerdo.)
—De qué.
—Pues de eso, chica: de lo que tantas veces te he contado.
—¿Y ahora?
—Ahora lo llevo con otra serenidad.
—Por la edad.
—Por el tiempo que ha pasado y por lo que hemos compartido.
—Yo también. Me siento más tranquila...
—Sí, sin urgencias.
—Pues, ¿sabes qué? Que también me gusta cómo es ahora. Y creo que esto es así por la manera en que ha sido antes.
—Seguramente.
—Pero me gusta recordar. Y al recordar me siento más cerca de ti, te noto más dentro. No sé...
—¡Ay, estas mujeres...!
(Me habrás puesto los ojos en blanco y yo te daré un amistoso codazo y caminaré a tu lado, cavilando que sí, que es cierto, que casi sin darnos cuenta hemos dejado de lado las premuras. Y, entonces, te diré lo importante que sigues siendo para mí...)
—¿En qué piensas ahora?
—En que eres un granuja, chaval.
—Por cierto, yo también te quiero.
—¿Lo ves?: Un bicho.
(Gracias por contármelo, una vez más. Será así como dices, sin urgencias, pero suena tan bien...)

18 mayo, 2008

IDENTIDADES

1fk - Toffoletti

Me llama la atención constatar que, de algún modo, el camino hacia la identidad personal se plantee como una tensión permanente entre el deseo de libertad y la demanda de seguridad. Parece que ambas aspiraciones se invadan mutuamente, disputándose nuestra vida interior en una lucha sin cuartel. Y este es un asunto que me preocupa y al que vengo dando vueltas desde hace un par de siglos.
El psicólogo norteamericano de impronunciable apellido, Mihaly Csikszenmihaly
, relaciona la libertad con la diferenciación y la demanda de seguridad con la integración. Según él, una personalidad madura es el resultado de estos dos procesos psicológicos: La diferenciación implica un movimiento que se dirige hacia uno mismo, hacia la originalidad y, en este sentido, hacia la separación de los demás. La integración, por el contrario, es el movimiento opuesto: uno sale de su ser individual y, de un modo centrífugo, tiende hacia la unión con otras personas, con ideas y entidades que existen más allá de sí mismo. Según el autor de Flow, ambos movimientos son necesarios y deben guardar entre sí un equilibrio.
Intuyo, después de todo, que una personalidad rica y compleja es la que consigue combinar ambas tendencias sin desgarrarse; armonizarlas, por opuestas que entre sí sean... La identidad de uno depende en cierto modo de esta elasticidad y hace que que ese uno sea quien realmente es: un ser único e irrepetible.

11 mayo, 2008

A VUELA PLUMA

Dos cabezas - Guayasamín

CRUDAMENTE
Lo siento terriblemente —le confesó—:
En realidad estoy enamorado de tu ausencia.

UN SARCASMO
Era un desdichado. Lejos de sonreírle,
la vida se le carcajeaba.

EVIDENCIA
Hoy he visto a un hombre con la mano agujereada. Era un mendigo,
y lo sé porque en su hueco cabía una moneda.

CARPANTA INSACIABLE
Comía con la vista. Tras una somera exploración,
el oftalmólogo diagnosticó un Síndrome de Diógenes en su retina.

SIN PROBLEMAS, HOUSTON
Ni siquiera supo que perdía definitivamente
toda conexión con la Tierra.
Absurdos, los pensamientos erraban
felizmente ingrávidos por la mente del astronauta.

PRESUNTUOSO
Me encanta definir las cosas. Por ejemplo, el amor:
El amor viene a ser eso, digamos que no es que yo, pero bueno;
o sea que vaya de algún modo en fin.


04 mayo, 2008

UNA RICA RECETA

Bodegón con peces - Isidro

No pretendo rivalizar con mi amigo Modes Amestoy, todo un experto en la materia, pero la cocina me gusta. Cuando uno ha crecido en un país en el que, desde tiempos inmemoriales, se rinde culto tanto al hecho de preparar la comida como al de degustarla, la verdad es que no tiene gran mérito confeccionar media docena de platos. Esto es lo que yo hago, que nadie se lleve a engaño. Con productos saludables y de temporada (esto sí: salpimentados con cariño), se pueden hacer pequeñas y sencillas delicias.
Hace un tiempo improvisé la receta que hoy os paso. Como no requiere grandes preparativos, ni tiene mayor secreto, cualquier día es bueno para prepararla.

Ingredientes para 4 comensales:
· 1 merluza o pescadilla
· 350 gr. de setas
· 1 calabacín
· 2 dientes de ajo
· 1 guindilla seca
· Aceite de oliva virgen
· Sal

Poned a fuego medio una sartén con un poco de aceite, dos dientes de ajo fileteados, una punta de guindilla o cayena y las setas cortadas (de cultivo, como los Pleurotus Ostreatus), para que se vayan haciendo. Mientras tanto, en la fuente de horno echad el aceite y extended un lecho de calabacín sin pelar, que previamente habréis pasado por agua, secado con un trapo y cortado en láminas finas.
Encended el horno a 180º y, mientras se calienta, podéis introducir ya la fuente con el calabacín para que se vaya haciendo. Cuando lleve diez minutos, sacad el recipiente y colocad la merluza, abierta y convenientemente salada, sobre la base de calabacín y esparcid las setas, que habrán de estar ya prácticamente cocinadas.
Tenedlo entre 16’ y 20’ en el horno (según vuestro gusto) y servidlo caliente, a ser posible con un chacolí o un vino blanco bien fresco.
Animaos. Os quedará una merluza bien sabrosa y disfrutaréis de un buen plato.
 
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