24 febrero, 2008

LAS AFUERAS - Gil de Biedma

Paisaje - Benjamín Palencia

«Casi me alegra
saber que ningún camino
pudo escaparse nunca.
Visibles y lejanas
permanecen intactas las afueras.»

Las personas del verbo, Jaime Gil de Biedma.

10 febrero, 2008

DOSTOIEVSKI

La roja ribera - Kirschner

No sé qué poderosa atracción tendrían algunos de aquellos libros para mí, cuando me subí en el sofá del cuarto de estar de mi antigua y querida casa, para acceder al estante en el que moraban y alcanzar uno entre ellos. Quizá, de éste, el precioso lomo granate, que destacaba entre otras decenas de volúmenes, con sus nervios horizontales y, entre ellos, los hermosos tejuelos con letras doradas en los que uno leía: Las diez mejores novelas rusas. El canto de aquel grueso tomo, conformado por finísimas hojas, estaba igualmente bruñido como el oro y a mí me parecía de una extraordinaria factura, algo realmente delicado y bello. Entonces era un chiquillo que peinaba raya a un lado, no creo que tuviera cumplidos los trece años, y los libros de aquella sala pertenecían a mi padre, muy celoso de las lecturas que convenían o no a sus siete hijos, entre los cuales soy el mayor.
Yo era un mocete formal y respetuoso, pero sé que un día, como digo, definitivamente tentado por la curiosidad, consumé la profanación: Cogí nervioso aquel libro y, abriendo al azar una de sus incontables páginas, comencé a leerlo... Qué sucedió, entonces, para que su minúscula letra me atrapara y me aislara del mundo exterior, es algo que no sabría explicar. Tal vez tuvo que ver la emoción que me reportaba semejante transgresión, la desobediencia de hojear un libro en principio prohibido. Me pregunto si sería también el haber abierto aquel compendio en el principio de las páginas de una obra que decía ni más ni menos que Crimen y Castigo... ¡Crimen y castigo! ¿No era acaso una falta lo que yo perpetraba, y un correctivo lo que merecería por ello? ¿Valía la pena arriesgarse? Recuerdo el sobresalto que me propinó la llegada de mi padre a casa, aquella primera vez que furtivamente llegué a leer apenas unas páginas. A partir de entonces fui buscando los contadísimos momentos en que me hallaba solo, para seguir con la cautivadora lectura, hasta que, con tremenda paciencia y un permanente añadido de inquietud y placer en cada acometida, conseguí terminarla. Nadie se enteró de mi secreto; eso creo... Luego, bastantes años después, compré para mí Crimen y Castigo y volví a penetrar con inquietud en los dilemas morales de Rodya Raskólnikov, el joven estudiante que llevado por sus apuros económicos termina asesinando a una vieja prestamista para hurtarle el dinero con que retomar sus estudios, y se ve forzado a nuevamente a matar... Pero, llegado aquí, creo que no debería contar más detalles, ¿cierto?
Hoy, cuando hace 127 años de la muerte de Fiodor Dostoievsky, he querido que este recuerdo de mi infancia sea un sencillo tributo rendido a su memoria.

03 febrero, 2008

EL ESPEJO

Characters in an alley - Daussy

Se volvió, miró tras de sí en la noche, pero no vio a nadie. Había algo de irreal a su alrededor y, encogido, las manos en los bolsillos del pantalón, avivó el paso. Al andar, sólo su sombra parecía habitarle, tornadiza y fugitiva, a capricho de las farolas de aquella extraña calle. Esperaba ser abordado, arremetido por alguna inspiración; tenía ese presentimiento borbotando inquieto en su cerebro. Llegaría a algún desconocido lugar, no importaba adónde, tal vez a un barrio a medio urbanizar del extrarradio... Estaba intranquilo: Necesitaba arrancarse del alma un molesto desasosiego; de ese alma que le acuciaba el paso, reclamándole a gritos un espejo... Y tornó a volverse, expectante, temeroso de que algo repentinamente aconteciera.
Con esta sensación vagó en la oscuridad y en el tiempo, como quien circunvala una paradoja, para llegar maquinalmente a su destino, sin saber interpretar el sentido del irónico derrotero que lo había guiado, precisamente, hasta su propia casa. Pero ahí estaba, era curioso; ahí, tomando una llave equivocada, atropellándose con los dedos para abrir el portal, subiendo a pie las escaleras; ahí, escuchando el eco abandonado por cada uno de sus pasos, hasta que ganó el descansillo, franqueó la puerta del piso y fue directamente a apoyarse en la mesa de la cocina. La cazadora a un lado, tenía, sí, papel, un bolígrafo a mano y la sensación de haber tramitado desde el principio de los tiempos este tipo de situaciones en las que algo le impulsa a uno a escribir. Pero a escribir qué... Tal vez cualquier cosa; al menos cualquier cosa que no terminara en la papelera, hecha un puñado de papelitos. Eso pensaba. Se sentó, necesitado de tener un nombre, sólo un nombre, un nombre propio. Entonces garrapateó unas líneas y comenzó a sobrarle la ropa, la ropa como una onerosa carga, hasta que se la sacó de encima, permaneciendo desnudo y aturdido, vagamente ensimismado. Los pies sobre el frío azulejo, tenía fervores en la frente, y se sintió tomado por una deliberada improvisación que parecía quebrar su aliento, cuando volvió a escribir y lo hizo nueva y repetidamente para hablar de sí... Sí, sólo, siempre de sí: De cómo había estado vagando y miraba hacia atrás en la noche, sin ver a nadie. De que sólo halló su sombra, habitándole, tornadiza y fugitiva, a capricho de las farolas de una extraña calle. De que esperó ser abordado, arremetido por alguna inspiración; de que tuvo ese presentimiento borbotando inquieto y pertinaz en su cerebro...
Y de ese molesto y eternal desasosiego, que le era como un obstinado rumor, y de ese alma que le acuciaba el paso al andar, una vez más, reclamándole a gritos un espejo...

27 enero, 2008

EL NUEVO DESORDEN AMOROSO - F & B

La Toalla - Leopoldo Fernández

«El modo occidental triunfante de hacer el amor, traduce la angustia fundamental de la sociedad masculina. Lo que el atleta sexual exhibe de manera espectacular es sobre todo su propia debilidad; cuando señala su falo como el apéndice metonímico de su afortunado propietario, cuando narra sus hazañas en términos febrilmente cuantitativos y se afirma contra todos los lastimosos, los jornaleros del pito, los jadeantes de la bragueta, no hace más que seguir conjurando la precariedad de su erotismo. “¡Joder, lo que le habré dado a esa tipa!”; el último grito del conquistador es también una confesión. El Hércules desvergonzado, totalmente infatuado de su material, es ante todo un niño que llora su propia simplicidad.»

El nuevo desorden amoroso, Bruckner & Finkielkraut.

20 enero, 2008

DEL ALAMBIQUE

Camino de noche - Rafols

PRECAUCIÓN
Donde el adulador encera,
el adulado patina.

ES CHOCANTE
Hablamos demasiado;
contra toda lógica nos resulta agotador permanecer en silencio.

POR INDOLENTES
Todos los amores que han sido,
agonizaron en el lecho de la costumbre.

PIEL CON PIEL
La caricia es esa prolongación del alma
en la que nuestra pasión reposa.

AMOLDADO
Ser absolutamente normal
es una manera cualquiera de huir de la vida.

Y EN TODO CASO...
Conocer para pensar;
pensar para dudar;
dudar para saber.

13 enero, 2008

PAN Y CIRCO

El gran Circo - Chagall

Llevo ya tiempo confesando a mi gente una moderada inquietud por sentirme notablemente fuera de onda, cada vez que intento distraerme con cargo a esa irritante actualidad que refleja la televisión. Una especie de inmigrante del tiempo, es como me veo, plantado ante ella, cuando pretendo ponerme al día y reubicarme entre mis coetáneos. Algo así.
Con todo rendibú para aficionados y adictos al medio, diré que mayormente no me interesa la tele (aún reconociendo que hay algún que otro programa sugestivo), por la sencilla razón de que mi umbral de tolerancia a la estupidez y la mezquindad humana es cada vez más bajo, y sólo cinco minutos de zapeo vespertino terminan poniéndome, tal se dice, de los nervios. Por otra parte, las noticias servidas en crudo me provocan indigestiones de pesimismo existencial, de las que tardo un rato en restablecerme, conque casi prefiero metabolizarlas por otros medios. Y en cuanto al tono general de los concursos, tertulias e incluso emisiones culturetas, digámoslo todo: he visto funerales más excitantes. Consecuencia inmediata: me protejo de ese ominoso intruso que es el televisor y casi ni lo enciendo.
Un perspicaz dijo que de las grandes obras de la literatura todo el mundo habla, aún cuando casi nadie las ha leído, y esto parecería aplicable a gran número de telespectadores, si diéramos crédito a la paradoja de que parlamentan con sospechoso conocimiento de aquello que aseguran no ver. Conque tenemos a medio país cotilleando sobre chismorreos, aunque sostenga que no ve programas que alimenten de los famosos esa gloria en calderilla que, decía Victor Hugo, es la popularidad.
¿Por qué nos llama tanto-tantísimo la atención la vida y exigua obra de fantoches, cuyo mérito esencial ha sido descubrir que es bastante más rentable inventarse una biografía, por lamentable que ésta sea, que labrarse un futuro? Cada cual sabrá qué le aportan los chalaneos de semejante peña... Y, si reconoce al menos que le distraen, que piense por un momento de qué le están distrayendo tanto, para que les llegue a conceder tamaña importancia. Por lo que a mí respecta, esto es más de lo de siempre: Pan y Circo. Así que, viendo el menú televisivo que se nos brinda, a nadie le debería sorprender que la cultura moral de un país como el nuestro tenga unas digestiones rebosadas de flatulencias, regüeldos y ventosidades.
Pues bien, aconsejo someterse a un régimen abstencionista que contribuya a eliminar esa sustancia grasienta y pegajosa que se adhiere a nuestras neuronas, cada vez que nos enchufamos al televisor. Porque pocas cosas producen mayor satisfacción que librarse de una servidumbre; sobre todo teniendo en cuenta que siempre es posible que surja algo interesante, capaz de compensar un posible síndrome de abstinencia por tele-adicción. La cosa, supongo, está en encontrar una alternativa. O sea, en preocuparse por dar con ella. Digo yo.

Post Scriptum
: La expresión Pan y Circo pertenece a una de las sátiras del poeta romano Juvenal, que describía la costumbre de los emperadores romanos de regalar trigo y pases para los juegos circenses, buscando distraer al pueblo de los problemas de la política.

06 enero, 2008

PROSEGUIREMOS - Whitman

El plano del aire - Magritte

«Esta mañana, antes del alba, subí una colina para mirar el cielo poblado, y le dije a mi alma:

—Cuando abarquemos esos mundos, y el conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y satisfechos?

Y mi alma me dijo:

—No, una vez alcanzados esos mundos, proseguiremos el camino.»


Walt Whitman.

30 diciembre, 2007

TODO A PULMÓN

El abrazo - Genovés

Me vais a consentir, siquiera por hoy, que cierre el año con esperanza pero también con una lágrima. La última que desembalsaron mis ojos, ayer mismo, escuchando por enésima vez Todo a pulmón, la preciosa canción de Alejandro Lerner, que interpretó como nadie Miguel Ríos. Algo tan universal como la lucha por vivir nos identifica a la gran mayoría de quienes nos encontramos a diario, trabajamos hombro con hombro, nos tocamos y sonreímos, nos leemos y nos llamamos mutuamente por nuestro nombre. Esa pelea tan cotidiana nos retrata y sé que, siendo así, también termina uniéndonos sobre todas las cosas.
Por ese motivo y porque, de un modo que aún me sorprende, siento que os quiero, deseo fervientemente que entréis pletóricos de vida en el nuevo año. Y que lo hagáis con fe, a pesar de que en ocasiones se nos haga difícil mantenernos en este viaje y el esfuerzo requiera que lo entreguemos todo, todo a pulmón.
Gracias por vuestra maravillosa complicidad; os abrazo, y lo hago sin fisuras, de corazón.

23 diciembre, 2007

UN LUGAR EN EL UNIVERSO

Noche Estrellada - Van Gogh

Sé que existe un lugar en el Universo, en el que se amontonan desordenadamente las cosas bellas que no hemos sido capaces de dar. Un remoto rincón, que nadie cuida, repleto de buenos deseos que se ahuyentaron de nuestro aliento, de sonrisas furtivamente desleídas, de miradas extraviadas hacia ningún lugar y lágrimas contenidas que salaron nuestros ojos; un territorio atestado de caricias que nunca rozaron piel alguna, de abrazos que agonizaban poco antes de nacer, de balsámicas palabras que se suicidaron en nuestra garganta, despeñadas inútilmente en la oscuridad de un improductivo silencio.
Tal vez Dios efectivamente descansó aquel séptimo día, después de crear un Paraíso perfecto para un hombre y una mujer imperfectos; y supongo que desde entonces, en el lugar recóndito del que te hablo —acaso no lejos del asteroide B-612 de El Principito—, continúan acumulándose sin tregua ni concierto las sencillas historias cotidianas de amor y ternura que, abortadas por nuestra humana mezquindad, no nos hemos consentido vivir... Quizá, entonces, porque me resisto más que nunca a seguir perdiendo cuanto no sé o acierto a dar o compartir, hoy pretendo nombrarte de manera especial. Llevo un tiempo asomándome al mundo desde este alféizar y, consciente de lo mucho que te debo, he sentido la necesidad de hacerte presente, según me he levantado temprano para recuperar este texto, escrito a medias y olvidado en la oscuridad de un cajón. Después, mentalmente he configurado una lista que te incluye: la de los de casa, la de mis amigas y amigos, la de quienes dejáis vuestros entrañables comentarios y correos o anónimamente transitáis entre las líneas que milagrosamente traduce en palabras este complejo sistema de signos y guarismos que nos enlaza. He pensado en ti, y he salido de buena mañana a darme un dominical paseo con un humor estupendo, decidido a compartir contigo este sentimiento íntimo de ilusión por vivir...
Por todo esto, quiero ahora significarte y darte las gracias, porque me animas a no enviar las cosas que buenamente puedo dar, a ese retiro del universo del que al principio te hablaba: un lugar ignoto que no estará muy lejos del asteroide que un día abandonó el Principito y al que finalmente hubo de regresar, para seguir cuidando su delicada flor... Ese maravilloso Principito que todos y todas alguna vez hemos sido, y cuya feliz ingenuidad probablemente, todavía hoy, cobijamos en algún rincón soleado de nuestro corazón.

16 diciembre, 2007

LOS OJOS MÁS BELLOS - G. Ruano

Estación de Saint Nazare - Monet

«Esta vida me ha enseñado que no hay que insistir sobre la belleza de las tierras, de las criaturas ni de las cosas. Que debería uno tener el valor estético de ser siempre y en todo viajero, sólo viajero, porque al final el mejor recuerdo es el de aquello que no se tuvo nunca, y los ojos más bellos fueron los ojos que en una madrugada lívida vimos desde nuestro vagón de ferrocarril, en la ventanilla de otro tren que se cruzaba irremisiblemente con el nuestro.»

César González Ruano (Madrid, 1903-1965)

02 diciembre, 2007

ÚBEDA

Lento Nacer - Agustín Úbeda

No hay nada más lejos de mi intención que convertir esta página en una especie de recurrente obituario, pero los acontecimientos, de algún modo, me vienen a encarecer el obligado recordatorio de hoy. La casualidad quiso que Modest Cuixart y Agustín Úbeda, dos de los pintores españoles actuales que más admiro, no sólo nacieran en el mismo año (1925) sino que también fallecieran con apenas un mes de diferencia. Si hace bien poco recordaba al primero, hoy traigo aquí a Úbeda, que ha muerto el pasado día 27 de noviembre, muy cerca de cumplir su 83 aniversario.
Tuve el placer de conocerle personalmente, hace ahora siete años, en la que fue su segunda exposición en la galería de Aitor Urdangarín, de Vitoria. Me pareció una persona afable y campechana, que tenía un modo de pintar, un poco al estilo onírico y casi surrealista de Chagall que, desde que fui conociendo su obra, me encantó. Lo suficiente como para centrar mis esfuerzos (económicos) en adquirir uno de sus cuadros, algo que llegó algún tiempo después. Y es que el regalo que me hice hace una década, por dejar de fumar, fue el de dedicar todo aquel dinero que ya no gastaría en tabaco, a darme el capricho de tener algo que siempre me ha cautivado: la pintura. Úbeda fue mi primer objetivo cumplido, y por esto, también, le guardo un especial cariño. A raíz de aquella compra, mantuve cierta relación con él (nos felicitábamos las navidades) y precisamente guardaba la ilusión de volverle a ver... porque en este mes de diciembre está prevista la inauguración de una nueva exposición suya en la galería de Aitor. Lamentablemente, Agustín Úbeda ya no estará en la presentación, como en otras ocasiones, tomando un vino y departiendo con sus admiradores. Permanece su obra, en un montón de paredes, de galerías y museos (más de 60) del mundo.
En su recuerdo, me complace enormemente incluir en esta página una fotografía del cuadro suyo que tengo en casa: Lento Nacer.

Post Scriptum: Hoy es 3 de diciembre y al abrir El Alféizar me he emocionado al ver, entre otros, un cálido comentario de Coral, hija de Agustín Úbeda. Como no quiero que pase inadvertido, porque en él va transcrita la hoja que se leyó en su incineración, la he sacado de su sitio para compartirla con quienes os acercáis hasta aquí.

Hoy nos miran tus cuadros, tus hombres barrocos, tus mujeres desnudas, tus pájaros solemnes y tus flechas, que señalan hacia el infinito y hacia cada uno de nosotros y nos dicen, y nos gritan, que estás dulce, que estás explorando nuevos colores, nuevas formas, nuevas vidas. Tu vacío lo llenarán tus cuadros, porque en cada pincelada estás tú, más infinito que nunca, más genio que nunca, más sabio que nunca… Allá donde estés queremos decirte que te queremos, que sólo nos queda el consuelo de tu arte… pero todavía, y de momento no nos es suficiente, te echamos YA tanto de menos… Mándanos mucha energía, que la necesitamos, VUELVE y termina tu cuadro… En estas circunstancias seguro que tendría alguna palabra ingeniosa que nos haría reír, que nos haría reconfortarnos, tenía un don especial para hacerse querer…
Tu mujer, tus hijos, tus hermanos, tu familia y amigos te queremos y te tendremos siempre con nosotros. Siempre nos quedará tu arte y tu amor…
Besos con sabor a pasteles de chocolate.
Coral.

25 noviembre, 2007

CATÁSTROFES

Renaissance - Hamed Quattara

Algo en mí se rebela contra la forma de hacer de los informativos de la televisión. Duele en el alma ver la imagen agónica de los ocupantes de un cayuco llegando a nuestras costas, la desolación causada por un terremoto, por la ira devastadora de un vendaval o de una violenta tormenta, en la secuencia de trágicas noticias que con demasiada frecuencia destilan los telediarios. Lo cierto es que los medios de comunicación están logrando que el humanitarismo se convierta en un espacio televisivo más, cuyo ingrediente esencial es el sufrimiento humano. Algo fácilmente apreciable en el tratamiento informativo que se da a las catástrofes: Las grandes desgracias mundiales parecen haberse convertido en reality shows de gran audiencia y el espectador se ha transformado, como dice M. Ignatieff, en un voyeur del sufrimiento ajeno, conmovido por la visión de las imágenes: los rostros prietos y deshidratados de quienes atraviesan el Estrecho, la longitud de la hilera de refugiados de Darfur, aguardando un exiguo plato de mijo, los últimos recuentos de víctimas en Perú, Tabasco o Bangla Desh... Actores reales de tan dramáticas escenas, los protagonistas de la consternación y el dolor consolidan la pujanza del género, ante quienes practicamos una piadosa solidaridad de butaca que, en el mejor de los casos, nos lleva a sosegar nuestra conciencia moral haciendo de vez en cuando un donativo.
Entonces es cuando uno se pregunta si este manejo cuasi amarillista del drama humano suscita realmente algún tipo de respuesta comprometida en el espectador. Y es que suscitando una ola de emociones pasajeras, cada vez que se origina una catástrofe, tal vez se consiga un mayor grado de sensibilización con el dolor y una puntual captación de fondos y adhesiones para una causa, pero no una acción moral efectivamente transformadora. Porque sólo se estimula la compasión, y no la comprensión del hecho: La imagen es definitivamente asimilada por el sufrimiento, quedando fuera de la misma el contexto en que se desarrolla. En consecuencia, cedemos a la pura piedad, a la vez que, casi sin otra perspectiva, renunciamos a un mayor compromiso. Y no se debe ignorar que con frecuencia las catástrofes no únicamente tienen raíces naturales, sino también políticas, ligadas a las posibilidades y capacidades humanas, físicas o tecnológicas que hacen tan vulnerable a una determinada región ante el acaecimiento de un desastre de cierta magnitud.
Por todo esto, los medios de comunicación, en general (y muy especialmente la televisión), deberían hacer un esfuerzo deliberado por ir más allá de ofrecernos imágenes. Tendrían que investigar, aproximándose a la contextualización de los hechos y a la búsqueda de responsabilidades, que inexcusablemente deberían formar parte de la noticia. Y deberían acercarse a la realidad, sin temor a la denuncia. Quizá así pueda quedar en algunos telespectadores un poso firme y permanente de compromiso, un tiempo después de que la actualidad sepulte la última catástrofe y se seque esa lágrima postrera que el sufrimiento de las víctimas nos hizo derramar en el telediario poco de antes de cenar.

18 noviembre, 2007

VIDA

Vuelo - Benson

Como quien pasa la página del libro que lee, he entreabierto una puerta en mi estancia, convocado más allá del silencio por un reguero de palabras perdidas. Las he sentido allegarse calmosas, profanando ese aire de noviembre que juega a mitigar los rumores del día, aboliendo los últimos arrullos de un temprano anochecer. Palabras que irrumpen y me alcanzan, a mí, que soy quien ahora calla y mira por la ventana, a mí que soy el taciturno, el misterioso tras los cristales... Palabras que me empapan y adivinan la profundidad de mis poros hacia ese territorio concebido en mi interior por el terco sueño de ser un hombre: esa mina, ese recóndito boquete, el sustrato biológico de mí mismo desde el que respiro tu nombre: Vida...
Dejo la ventana, dejo el libro que sostenía entre las manos. Dejo la página marcada, la puerta entornada al silencio, dejo todo y me abandono hacia el milagroso encuentro que tiene lugar cuando coronas este día al que me aferro antes del sueño. Y, sentándome, te pienso, Vida, te respiro... Y, mientras te pienso y respiro, quiero encarnar cada segundo, significarlo en esta noche y empaparme de un tiempo que deroga los relojes y me arranca de dentro un tañido, un arrebato y un alocado vuelo. Cientos, miles de sensaciones revolotean nómadas como diminutas grullas, van hendiendo el silencio de mi estudio y descienden hasta el humedal del folio blanco en que bosquejo un rostro de mujer que ponerte, Vida; alígeras aves acuáticas que chapotean en este lago de papel y lo fecundan de palabras... Hasta que, por fin, te vislumbro. Según corre la tinta azul, más y mejor te veo. Ahora tu imagen de hembra y mis sensaciones se entretejen y confunden, y aquí se da el prodigio, cuando comienzan a germinar los términos en que te pienso...
Me recuesto en el respaldo de la silla y respiro hondamente. Miro los trazos y tachaduras de esta hoja, miro el libro que leía y la ventana, miro la noche cerrada y contemplo el lento suicidio del otoño arrojándose al pasado en una heladora despedida de hojarascas. Miro a mi alrededor, sin detenerme en nada concreto, y te retengo, Vida. Cuando repito tu nombre, suena como el eco de una nota tibia en el sagrario de mi mente. Y te digo que aquí estoy de nuevo, yo que soy quien tras los cristales callaba, el taciturno, sí, el misterioso... y también, sin embargo, quien ahora sonríe, como cada vez que te invocan las palabras perdidas y, en una suerte de letanía, se agitan las alas de mil aves que te trazan y representan.
Apago la luz y me fundo en el silencio y en la noche que yace tras la ventana. Miro la hora y pienso en acostarme. Dulcemente aturdido, siento que soy dichoso sin urgencias, cuando una vez más escribo secretamente y, colmado de gratitud por lo que recibo, lo hago ante, para y por ti: Vida.

11 noviembre, 2007

SOBRE EL ARTE Y LA CRÍTICA

Luna - Marta Garralda

SOBRE EL ARTE DICEN...


Hay más divinidad en el arte que en la ciencia;
la ciencia descubre, el arte crea.
JOHN OPIE.


Una obra nunca se acaba, se abandona.
MIGUEL ÁNGEL BUONAROTTI.


PERO TAMBIÉN...


La escultura es aquello con lo que tropiezas
cuando retrocedes para mirar un cuadro.
BARNETT NEWMANN.


Lo malo de la pintura abstracta es que hay que molestarse
en leer el título de los cuadros.
OSCAR PIN.


Debe ser hermoso; no se entiende nada.
JEAN BAPTISTE POQUELIN «MOLIÈRE».


Y LUEGO ESTÁ LA CRÍTICA...

Los críticos son los eunucos del arte;
hablan acerca de lo que no pueden hacer.
PEHMAN.


La diferencia entre la crítica constructiva y la destructiva es muy sencilla:
La primera es la que uno hace;
la segunda es la que le hacen a uno.
FRANK WALSH.


EN FIN, LA GUINDA LA PUSO NUEVAMENTE ÉL:
En los mejores días del arte no existían los críticos del arte.
OSCAR WILDE.

04 noviembre, 2007

CUIXART

Cel de Tardor - Cuixart

Casi recién llegado a casa, el último día de octubre abrí el blog y encontré un comentario de mi amigo Javier, en el que me participaba el fallecimiento de Modest Cuixart, uno de los pintores actuales que más me gustan y de quien, a saber por qué extraño hado, elegí su obra «Nemesius», para encabezar la anterior entrada. Seguía y sigo a Cuixart desde que hace más de 20 años unos amigos barceloneses, que le conocían, nos regalaran una preciosa litografía suya, firmada de su puño y letra, y que cuelga en el recibidor de casa. Por lo que se ha podido leer en la prensa estros días, tuvo una grave caída, como consecuencia de la cual moría aquella mañana del 31. Para hoy tenía preparado el recordatorio de otro pintor de mi agrado, Egon Schiele, sin embargo mi admiración por la obra pictórica de Modest Cuixart tiene un lugar preferente.
Podría extenderme largamente, con información sacada de los medios periodísticos de estos días, pero casi prefiero, sin más, dejar aquí cuatro líneas y un par de cuadros. Diré sólo que creó el grupo Dau al Set, en la Barcelona de mediados los años 50, con varios pintores entre los que se encontraba su primo, el también hoy tan reconocido Antoni Tàpies.
Os invito a localizar parte de su obra en Internet y a visitar, si pudierais, su Fundación en la Plaça Montcada de Barcelona.

28 octubre, 2007

DÉDALUS Y YO

Nemesius - Modest Cuixart

Hace cosa de un año materialicé la idea de abrir una ventana en internet y, por pequeña que fuera, pronto pude sentir que el aire que corría era ciertamente agradable. Manos a la obra, había resultado sorprendentemente sencilla la albañilería de manera que, allá por noviembre, oreé un par de textos como prueba. «¡Vaya, vaya...! —me sorprendí—: Al parecer, esto funciona.» Conque hice mis preparativos, amueblé una plantilla, como si de mi aposento se tratara, y de ahí se derivó el resto: Estaba preparado para inaugurar El alféizar.
Al caso, también decidí disfrazarme para la ocasión: Siendo crío (en casa teníamos la colección El Mundo de los Niños, uno de cuyos tomos era Mitos y Leyendas), me gustaba leer la historia de Dédalo y su hijo Ícaro, representando el viejo anhelo humano de volar..., aunque ellos lo hicieran para escapar del rey Minos y de Creta, cuyo laberinto el propio Dédalo había edificado. Cien años más tarde, leí el Ulises de Joyce, en cuyas páginas mora Stephen Dedalus, un estudiante británico en el Dublín de 1904, reflexivo y tímido, que evoca sus proyectos juveniles con el corazón a veces abatido, y siempre preocupado por encontrar la verdad. Pese a que mi cercanía al estudiante inglés y al arquitecto griego no fuera traducible en términos de un especial parecido, mientras yo elegía el calzado para iniciar mi nueva andadura, ambos me iban a prestar no sólo su nombre sino lo esencial de su indumentaria: un corazón para soñar y unas alas para volar.
De manera que El alféizar comenzó a ser mimado por Dédalus, mi alter ego, quien se mostraba en la red con mayor o menor inmediación, cada vez que yo giraba la falleba para abrir la ventana desde la que miro y escribo este cuaderno. Y sólo hace unos meses me asomé a ella en persona para editar alguno de los aforismos de ese Mi prontuario que, a golpe de inofensivos chispazos, voy componiendo. Luego, tal y como hube aparecido, volví a mi madriguera para ocultarme de nuevo, como un ratoncillo.
Sin embargo, días atrás un amigo me decía: «¿Y por qué no le pones, a lo que haces, tu propio nombre?» Sin una respuesta a mano, más allá del no-lo-sé, me pregunté: «¿Y por qué no...?» Conque llegado a este punto, me he animado a hacerlo. Nada sustancial ha cambiado; simplemente ahora doy la cara con mi nombre real... Y esta misma explicación podría perfectamente estar de más. Pero me ha apetecido dedicar unas líneas a mi otro yo, ése tras el que, confiadamente, me he guarecido durante un buen tiempo: A mi entrañable Dédalus, quien, a buen seguro, permanecerá fisgando sobre mi hombro cuando borronee cuatro notas o abra la ventana para asomarme a El alféizar.
En su nombre y en el mío propio, agradezco la cercanía, que tanto nos conforta, de cuantos nos leéis. Porque, estando ahí, si algo tengo claro es que lo que ambos hacemos os pertenece.
 
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