18 noviembre, 2007

VIDA

Vuelo - Benson

Como quien pasa la página del libro que lee, he entreabierto una puerta en mi estancia, convocado más allá del silencio por un reguero de palabras perdidas. Las he sentido allegarse calmosas, profanando ese aire de noviembre que juega a mitigar los rumores del día, aboliendo los últimos arrullos de un temprano anochecer. Palabras que irrumpen y me alcanzan, a mí, que soy quien ahora calla y mira por la ventana, a mí que soy el taciturno, el misterioso tras los cristales... Palabras que me empapan y adivinan la profundidad de mis poros hacia ese territorio concebido en mi interior por el terco sueño de ser un hombre: esa mina, ese recóndito boquete, el sustrato biológico de mí mismo desde el que respiro tu nombre: Vida...
Dejo la ventana, dejo el libro que sostenía entre las manos. Dejo la página marcada, la puerta entornada al silencio, dejo todo y me abandono hacia el milagroso encuentro que tiene lugar cuando coronas este día al que me aferro antes del sueño. Y, sentándome, te pienso, Vida, te respiro... Y, mientras te pienso y respiro, quiero encarnar cada segundo, significarlo en esta noche y empaparme de un tiempo que deroga los relojes y me arranca de dentro un tañido, un arrebato y un alocado vuelo. Cientos, miles de sensaciones revolotean nómadas como diminutas grullas, van hendiendo el silencio de mi estudio y descienden hasta el humedal del folio blanco en que bosquejo un rostro de mujer que ponerte, Vida; alígeras aves acuáticas que chapotean en este lago de papel y lo fecundan de palabras... Hasta que, por fin, te vislumbro. Según corre la tinta azul, más y mejor te veo. Ahora tu imagen de hembra y mis sensaciones se entretejen y confunden, y aquí se da el prodigio, cuando comienzan a germinar los términos en que te pienso...
Me recuesto en el respaldo de la silla y respiro hondamente. Miro los trazos y tachaduras de esta hoja, miro el libro que leía y la ventana, miro la noche cerrada y contemplo el lento suicidio del otoño arrojándose al pasado en una heladora despedida de hojarascas. Miro a mi alrededor, sin detenerme en nada concreto, y te retengo, Vida. Cuando repito tu nombre, suena como el eco de una nota tibia en el sagrario de mi mente. Y te digo que aquí estoy de nuevo, yo que soy quien tras los cristales callaba, el taciturno, sí, el misterioso... y también, sin embargo, quien ahora sonríe, como cada vez que te invocan las palabras perdidas y, en una suerte de letanía, se agitan las alas de mil aves que te trazan y representan.
Apago la luz y me fundo en el silencio y en la noche que yace tras la ventana. Miro la hora y pienso en acostarme. Dulcemente aturdido, siento que soy dichoso sin urgencias, cuando una vez más escribo secretamente y, colmado de gratitud por lo que recibo, lo hago ante, para y por ti: Vida.

11 noviembre, 2007

SOBRE EL ARTE Y LA CRÍTICA

Luna - Marta Garralda

SOBRE EL ARTE DICEN...


Hay más divinidad en el arte que en la ciencia;
la ciencia descubre, el arte crea.
JOHN OPIE.


Una obra nunca se acaba, se abandona.
MIGUEL ÁNGEL BUONAROTTI.


PERO TAMBIÉN...


La escultura es aquello con lo que tropiezas
cuando retrocedes para mirar un cuadro.
BARNETT NEWMANN.


Lo malo de la pintura abstracta es que hay que molestarse
en leer el título de los cuadros.
OSCAR PIN.


Debe ser hermoso; no se entiende nada.
JEAN BAPTISTE POQUELIN «MOLIÈRE».


Y LUEGO ESTÁ LA CRÍTICA...

Los críticos son los eunucos del arte;
hablan acerca de lo que no pueden hacer.
PEHMAN.


La diferencia entre la crítica constructiva y la destructiva es muy sencilla:
La primera es la que uno hace;
la segunda es la que le hacen a uno.
FRANK WALSH.


EN FIN, LA GUINDA LA PUSO NUEVAMENTE ÉL:
En los mejores días del arte no existían los críticos del arte.
OSCAR WILDE.

04 noviembre, 2007

CUIXART

Cel de Tardor - Cuixart

Casi recién llegado a casa, el último día de octubre abrí el blog y encontré un comentario de mi amigo Javier, en el que me participaba el fallecimiento de Modest Cuixart, uno de los pintores actuales que más me gustan y de quien, a saber por qué extraño hado, elegí su obra «Nemesius», para encabezar la anterior entrada. Seguía y sigo a Cuixart desde que hace más de 20 años unos amigos barceloneses, que le conocían, nos regalaran una preciosa litografía suya, firmada de su puño y letra, y que cuelga en el recibidor de casa. Por lo que se ha podido leer en la prensa estros días, tuvo una grave caída, como consecuencia de la cual moría aquella mañana del 31. Para hoy tenía preparado el recordatorio de otro pintor de mi agrado, Egon Schiele, sin embargo mi admiración por la obra pictórica de Modest Cuixart tiene un lugar preferente.
Podría extenderme largamente, con información sacada de los medios periodísticos de estos días, pero casi prefiero, sin más, dejar aquí cuatro líneas y un par de cuadros. Diré sólo que creó el grupo Dau al Set, en la Barcelona de mediados los años 50, con varios pintores entre los que se encontraba su primo, el también hoy tan reconocido Antoni Tàpies.
Os invito a localizar parte de su obra en Internet y a visitar, si pudierais, su Fundación en la Plaça Montcada de Barcelona.

28 octubre, 2007

DÉDALUS Y YO

Nemesius - Modest Cuixart

Hace cosa de un año materialicé la idea de abrir una ventana en internet y, por pequeña que fuera, pronto pude sentir que el aire que corría era ciertamente agradable. Manos a la obra, había resultado sorprendentemente sencilla la albañilería de manera que, allá por noviembre, oreé un par de textos como prueba. «¡Vaya, vaya...! —me sorprendí—: Al parecer, esto funciona.» Conque hice mis preparativos, amueblé una plantilla, como si de mi aposento se tratara, y de ahí se derivó el resto: Estaba preparado para inaugurar El alféizar.
Al caso, también decidí disfrazarme para la ocasión: Siendo crío (en casa teníamos la colección El Mundo de los Niños, uno de cuyos tomos era Mitos y Leyendas), me gustaba leer la historia de Dédalo y su hijo Ícaro, representando el viejo anhelo humano de volar..., aunque ellos lo hicieran para escapar del rey Minos y de Creta, cuyo laberinto el propio Dédalo había edificado. Cien años más tarde, leí el Ulises de Joyce, en cuyas páginas mora Stephen Dedalus, un estudiante británico en el Dublín de 1904, reflexivo y tímido, que evoca sus proyectos juveniles con el corazón a veces abatido, y siempre preocupado por encontrar la verdad. Pese a que mi cercanía al estudiante inglés y al arquitecto griego no fuera traducible en términos de un especial parecido, mientras yo elegía el calzado para iniciar mi nueva andadura, ambos me iban a prestar no sólo su nombre sino lo esencial de su indumentaria: un corazón para soñar y unas alas para volar.
De manera que El alféizar comenzó a ser mimado por Dédalus, mi alter ego, quien se mostraba en la red con mayor o menor inmediación, cada vez que yo giraba la falleba para abrir la ventana desde la que miro y escribo este cuaderno. Y sólo hace unos meses me asomé a ella en persona para editar alguno de los aforismos de ese Mi prontuario que, a golpe de inofensivos chispazos, voy componiendo. Luego, tal y como hube aparecido, volví a mi madriguera para ocultarme de nuevo, como un ratoncillo.
Sin embargo, días atrás un amigo me decía: «¿Y por qué no le pones, a lo que haces, tu propio nombre?» Sin una respuesta a mano, más allá del no-lo-sé, me pregunté: «¿Y por qué no...?» Conque llegado a este punto, me he animado a hacerlo. Nada sustancial ha cambiado; simplemente ahora doy la cara con mi nombre real... Y esta misma explicación podría perfectamente estar de más. Pero me ha apetecido dedicar unas líneas a mi otro yo, ése tras el que, confiadamente, me he guarecido durante un buen tiempo: A mi entrañable Dédalus, quien, a buen seguro, permanecerá fisgando sobre mi hombro cuando borronee cuatro notas o abra la ventana para asomarme a El alféizar.
En su nombre y en el mío propio, agradezco la cercanía, que tanto nos conforta, de cuantos nos leéis. Porque, estando ahí, si algo tengo claro es que lo que ambos hacemos os pertenece.

21 octubre, 2007

PERSONAJES - I

Kiwa - Guayasamín

EL ATASCADO
La resaca del amor le llevó a llorar hacia dentro.
Por eso engorda su angustia: porque retiene líquidos.

EL COHERENTE
Nadie supo qué le hizo dimitir al político honrado:
Si la conciencia de sus límites o los límites de su conciencia.

EL SOÑADOR
El viejo combatiente tenía un pequeño jardín, que era su patria.
Cultivaba cuatro principios y un puñado de ilusiones.

EL ESTRATEGA
Se vengaba sin vengarse.
Era lo que más humillaba a sus enemigos.

EL LOCO
Según dicen, comenzó distanciándose del mundo.
Hasta que un día terminó por ausentarse de sí mismo.

EL MUERTO
Llegó la parca a buscarlo y le halló sentado en el retrete.
Rezaba la esquela del militar que murió en Acto de Servicio.

14 octubre, 2007

ACEPTAR

Los recién casados - Marc Chagall

Tengo para mí que ciertos hechos nos resultan relativamente sencillos de entender y, sin embargo, se nos pueden hacer muy difíciles de aceptar. Tal vez así sucede porque entender supone efectuar un ejercicio analítico, intelectual, para el que podernos estar adecuadamente preparados, mientras que aceptar requiere un mayor esfuerzo personal, más tiempo y otra dedicación, desde el momento en que involucra a nuestras emociones. Y este es ya otro cantar. Por hacerlo más gráfico, se me permitirá esta licencia: Entendemos con la cabeza, pero lo de aceptar implica también al corazón... O, sea, a las tripas.
A título personal, intuyo que para crecer humanamente es preciso saber aceptar; aceptar la realidad por dura o dolorosa que sea. Y, en este empeño, apuesto a que uno se puede preparar, porque soy un convencido de que, a aceptar —como a casi todo—, se aprende. Cuando pienso en lo que comento, concluyo que, por más que parezca una paradoja, aceptar es empezar a cambiar. Viene a ser concederse una nueva oportunidad. Si algo ocurrió en el pasado y uno hizo lo que pudo, ha de reconocer la situación, conciliarse consigo mismo y mirar hacia delante, hacia los nuevos caminos que ante sí se le abren. Lo cual nada tiene que ver con el hecho de resignarse, que es una forma de dimitir que esclaviza, porque mantiene a quien sufre rumiando su desgracia y especulando sobre lo que pudo haber sido y no fue, y lo demora y lo deja inmóvil, varado en la auto-conmiseración. Aceptar, al contrario que resignarse, es ver que existe una salida. Por lo tanto, aceptar libera.
Así, vivir en el presente, abrirse a él y experimentarlo sin reservas, tiene que ver con aceptar, del mismo modo que aceptar es, también, ver y apreciar cuáles son nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, y consentir que emerjan, reconocerlos tales cuales son, amistarnos con ellos, apropiárnoslos. Es este sentido, aceptar es absorber e incorporar, metabolizar. Es, en definitiva, fluir en el aquí y el ahora, en la realidad, y también sentir que el otro existe; saberlo y demostrarlo con una actitud positiva; comprender que la ecuación más universal y sencilla admite asimismo otro resultado: A + B = B + A.
Aceptar es todo esto y más, mucho más.
Al caso, confieso que mi agenda anual, con la que a diario me muevo, está encabezada desde hace ya muchos años por una vieja y conocida oración:
“Que Dios me conceda serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valentía para cambiar las que sí puedo, y sabiduría para ver la diferencia.”
Cuando la releo, recuerdo que aceptar viene a ser también dejar de lado la urgencia, sosegarse, extraer vetas de esperanza de esa mina interior nuestra, en la que resguardamos del mundo nuestra intimidad más privativa y nuestros principios e ilusiones, los que son nuestros más preciados tesoros... Y me atrevo a decir que aceptar es saludable, y bueno, porque además funciona.
En resumidas cuentas: A veces creo, cuando pienso en la felicidad, que saber aceptar es la clave.

07 octubre, 2007

LOS TRES FILTROS

Tarde de verano - Hooper

En la Grecia antigua, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que inspiraba a todos cuantos le conocían.
Se dice que un día se le acercó un conocido y le dijo:
—Sócrates, ¿sabes lo que escuché ayer acerca de uno de tus amigos?
—No, desde luego, pero espera un minuto —le interrumpió el filósofo—. Antes de contarme nada, quisiera que pasaras una pequeña prueba. Yo la llamo el triple filtro.
—¿Triple filtro?...
—Eso es —continuó Sócrates—. Puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decirme de mi amigo. Verás —prosiguió el filósofo—, el primer filtro es el de la verdad. Sólo dime: ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a contarme es cierto?
—No —reconoció el hombre—; sólo escuché hablar sobre ello y...
—De acuerdo —dijo Sócrates—. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el de la bondad: ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
—Me temo que no. Al contrario...
—Entonces, deseas contarme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto... Y, sin embargo, podría querer escucharlo, porque queda un tercer filtro: el de la utilidad. La pregunta pues es ésta: ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
—No, tampoco. Tengo que reconocerlo.
—Pues bien —concluyó Sócrates—, si lo que deseas contarme de él no es cierto, ni bueno e incluso no es útil... ¿para qué crees que querría saberlo?

Realmente no sé si este diálogo, que se atribuye a Sócrates, es fiel. Ni siquiera sé si se produjo realmente. Me llegó hace unos meses por correo electrónico y confirmo que ha sido objeto de publicación en otras páginas de la red. Esto me lleva a pensar que, probablemente, lo conocéis... Sin embargo, al releerlo me ha apetecido editarlo, porque supongo que no está de más una lectura de refresco. Personalmente me mueve a revisar mi propia actitud ante mis amigos y por esto le doy un especial valor. Cuántas veces escuchamos comentarios negativos sobre personas a las que queremos... ¡y no hacemos nada! Como pienso que es importantísimo cultivar nuestros afectos más cercanos y, desde luego, cuidarlos, lo publico. Porque pienso que “los nuestros” son lo más preciado que tenemos.

30 septiembre, 2007

NERUDA


POEMA XV

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.


Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


Con tan sólo 19 años, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (Pablo Neruda) publicó Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Durante toda su vida, Neruda hizo poesía de todo cuanto le importaba realmente: el amor, América y el compromiso político. Pocas personas saben que, por ejemplo, intervino decisivamente para fletar un barco en Francia, el Winnipeg, y sacar de España a dos mil personas que huían del horror de la Guerra Civil, llevándolas hasta Valparaíso. Su militancia le llevó a ser candidato a la presidencia de Chile, aunque renunció a favor de Salvador Allende. Precisamente doce días después del golpe militar que derrocó a éste, Pablo Neruda falleció en Santiago de Chile, el 29 de septiembre de 1973.

23 septiembre, 2007

ACERCA DE DIOS

Golconda - Magritte

He soñado que es real lo que siento, que es también cierto lo que soy y tengo. Por eso necesitaba verificar el correcto ejercicio de cada uno de mis sentidos. Están trotados por el uso, pero aparentemente todo funciona... Luego concluyo que no me engaño, que es así: Tengo la dicha de contar conmigo mismo, de aceptar mis limitaciones, de vivir con mis domésticas perplejidades, con mis cortedades y defectos... Soy un ser suficientemente libre como para apreciar el valor de las pequeñas cosas, mis servidumbres no me ciegan, tengo cuatro certezas sobre la vida y un puñado de amigos con quienes exprimirla. Todo ello es así de real, tan real que necesito una vez mostrar mi agradecimiento...
Quizá por esto que comento, en cierto modo hoy he extrañado a Dios: ese punto lejano, una entelequia, el inmotivado presentimiento de trascendencia que escoltó al adolescente aquél que fui, y le he buscado entre los amarillentos papeles que machacaba frenéticamente mi vieja Olivetti: Varios poemas desgarrados y un cuento para la reconciliación... Esto es supuestamente todo, acerca de Dios. Registro mi alma con relativo apremio y recuerdo que, entonces, lo tenía presente para pedirle por aquellos a quienes quería... Pero ahora él ya no está; sencillamente se fue, tan siempre a lo suyo como andaba, ensimismado en sus cuitas de hipocondríaco creador de un imperfecto cosmos.
No sé si Dios es la manera humana de denominar a la ausencia; tampoco sé si, como representación, no es mucho más que otro ídolo al que adorar... Pero lo cierto es que, si aún existiera, allá, dondequiera que se encuentre, sabe que nunca le expulsé de mi modesto paraíso. Él pecó de olvido y tomó su decisión, ambos lo sabemos. Desde entonces, supongo que también a ambos, nos va mejor. Y si alguna vez hemos sentido la tentación de reencontrarnos, ha sido en los lugares y de los modos más insospechados... Con lo que, como era de esperar, no hemos coincidido. Él me habrá buscado para intimarme alguna de sus viejas Verdades. Yo, más de una vez, porque quería engancharle de la pechera y pedirle cuentas sobre asuntos que, sobre el mundo, tendré con él eternamente pendientes. O porque, como hoy, le haría partícipe de esta gratitud que siento por cuanto la vida me viene dando, que es tanto...
De modo que sí, como decía: todo esto es real, lo que siento y mi agradecimiento. Y para una vez que quería tomarme una copa con Dios, resulta que hoy tampoco despacha. Seguimos sin ajustar nuestros credos vitales, qué se le va a hacer. Yo cada cierto tiempo lo intento, lo de vernos; y no precisamente cuando truena. Pero es que él es así de ausente, un tipo dimitido que antes de desertar delegó sus asuntos en hombres ineptos e ineficaces. Que no viene a ser sino una cómoda manera de enmascarar su eterno silencio, eso de delegar.
En fin, que lo que yo buscaba es mostrar mi gratitud. En fin, que, de algún modo, es lo que estoy haciendo. Y, en fin, que la esparzo pues por este extraño éter de códigos binarios, por si valieran mis cuatro letras para contagiar a alguien una migaja de esperanza. De esperanza, sí, incluso para el mismo Dios, si es que está en horas bajas, precisamente para él, que de estos espacios imposibles sabe tanto... Tanto, tanto.

16 septiembre, 2007

MI TERNURA - Salomé

Felicidad - Gauguin

«Mi ternura es ese camino que no supe tomar, descubierto mucho después de los miedos, mucho después de las dudas, más allá de las demandas, más profundo que los deseos.
»Mi ternura está en esta mirada que aumenta las posibilidades y acoge lo imprevisto. Está en la atención que se transforma, en un objeto, un acontecimiento o un ser y lo prolonga más allá...
»Mi ternura es una sonrisa, esa puerta abierta a la inseguridad del fugitivo y a la importancia de lo efímero.
»Mi ternura es un gesto completo con el que puedo crear el presente para hacer un regalo. Es ese hermoso e invisible movimiento de mí hacia ti, donde se borra la angustia de un día triste. Es la confianza del abandono de nuestros cuerpos, inscrita en el espacio de un territorio protegido.
»Con mi ternura, te recito el verbo amar, conjugado siempre en presente».

Jacques Salomé.

02 septiembre, 2007

ENAMORAMIENTO Y AMOR

Los amantes - Magritte.

En muchas ocasiones, me he preguntado dónde reside la diferencia entre lo que usualmente llamamos enamoramiento y amor. A partir de las ideas y vivencias —unas propias, las más ajenas— que he podido absorber con el tiempo, concibo el enamoramiento como una experiencia explosiva de renacimiento y creatividad. La persona enamorada vive a alguien como único y excluyente, desde un estado similar al de la fascinación. Le gusta todo del otro: no percibe defectos, los errores son comprendidos, los disgustos, las pequeñas pérdidas de energía, los primeros sinsabores, incluso los celos, son finalmente aceptados y perdonados. Todo es vivido y consentido intensamente, con la excitación desbordada de quien sólo ve a través de los ojos de quien le enamora... Y la fuerza de semejante emoción engancha y arrastra durante un tiempo, hasta que el mutuo roce (erosión), las rutinas cotidianas (costumbre) y, principalmente, el mutuo conocimiento, imponen sus límites.
Sobre el roce y la rutina, dada su gran visibilidad, quizá no merezca la pena extenderse. Sin embargo, creo oportuno hacerlo en lo que concierne al hecho de conocerse. Tengo para mí que en la experiencia de cada quien está escrito que el conocimiento del otro se cobra su peaje, con una cuota importante de sufrimiento. Al conocernos, participamos en un proceso que en la mayoría de los casos resulta doloroso. De hecho, desnudarse de cuerpo y alma ante quien se ama, supone asumir de un modo descarnado la propia condición de ser vulnerable. Así, la persona amada va a frecuentar no sólo la hondura y la riqueza de nuestra entrega: también accederá al conocimiento de nuestros defectos, miserias y contradicciones; al de nuestra humana fragilidad, ahora al descubierto. A partir de entonces, algo puede comenzar a cambiar: es probable que nos mostremos más inconsistentes, que surjan los errores y las faltas, asomen los desengaños y las diferencias hasta el momento inadvertidas. Aparecerá la decepción, con su inherente crudeza. El río de la fascinación se ve encauzado por los límites de la realidad...

Con todo, nada más lejos de mi intención que restar importancia a lo que el enamoramiento significa: Con cargo a él, todos guardamos entrañables motivos para sentirnos vivos. Y, en este contexto, soñar es fundamental. Cuando escribí en mi prontuario que soy un poco lo que soy y otro poco lo que persigo, precisamente pensaba en ello.

Personalmente, estoy convencido de que al superar la decepción (a cuyos estragos, evidentemente, no todo el mundo sobrevive) se accede a un estado distinto al del enamoramiento; y que, únicamente cuando se comprende su naturaleza real, se encuentra el camino hacia un amor menos urgente y apasionado, tal vez, pero más profundo y duradero. La mayor parte de las experiencias amorosas están jalonadas por situaciones en las que uno renace de la desilusión, para volverse a enamorar. Esto a pesar de haber atravesado paisajes grises, en los que los amantes han descuidado escucharse, mirarse a los ojos y quererse con la ternura que se merecen.

Pienso, finalmente, que exclusivamente la pasión (con lo bella y excitante que pueda ser), no es suficiente para mantener una relación amante sana y madura. Supongo que la vida amorosa, en la que incluyo absolutamente todo, lo bueno y lo menos bueno, se mantiene con el cariño, el respeto, la complicidad, ciertos intereses vitales en común y una parecida manera de enfocar y comprender la existencia. Decía Alberoni algo así como que e
l ser humano es libre y que, cuando es esclavo (de la pasión), desaparece el amor. Y, aunque ésta no pueda ser una verdad universal, tal vez no le faltara una pizca de razón.

31 julio, 2007

VACACIONES

Al sol - Chieh Hung

Estrené El alféizar a finales del pasado año y vi cómo sus letras comenzaban a tener vida propia y a exigirme un tiempo que, por más que quisiera, no les podía dedicar. De modo que probé a recomponer ese inestable equilibrio en el que sostengo mi cotidiana singladura... Entretanto, el blog me evidencia lo enormemente pequeño que se ha vuelto el mundo, de la mano de Internet, desde que casi sin querer cambié mi pluma por el teclado. El planeta se ha encogido en muy poco tiempo, y tener una página como ésta me hace comprobar a diario el milagro que es editar en casa y recibir en minutos un saludo desde Mar del Plata, San Francisco o Puerto de Santa María...
Lo cierto es que continúo conociendo gente y más gente, de esta intuitiva manera en que en la red nos adivinamos, y he aprendido a valorar la lealtad de un buen puñado de camaradas que, pese a mi irregularidad y mis ausencias, ha seguido dejándome lo más preciado que atesora un trabajo de estos: sus comentarios. Detrás de cada alias hay una persona sensible, afectuosa, divertida o solidaria; buena gente, en suma, a la que quiero dar, por estar y continuar ahí, un millón de gracias.
Ahora, en fin, tomo unas vacaciones y me dispongo a restaurar mis coordenadas vitales, a reasentarme probablemente para continuar un poco en el mismo sitio, pero con ese aire distinto que uno respira cuando se instala en el ocio de vagar y disfruta de la libertad que le da el romper con la (tan útil y necesaria, por otra parte) rutina.
Después de todo, quiero dejar constancia de lo mucho que aprecio tanto a los que se acercan anónimamente a leer mi cuaderno como a quienes trastean por ahí, dejando sus preciosas huellas. A muchos y muchas leo y admiro por cuanto escriben en sus páginas: su enorme fuerza, esa forma de expresarse directa, alambicada o socarrona, poética, pedestre, tierna, chispeante, mordaz... y la pasión que derrochan por comunicarse con lo más hermoso que tenemos: la palabra. Es lo que más me llena de este mundo del que hace unos meses entré a formar parte. Por ella brindo, pues: por la palabra. Y por lo que compartimos, gracias a ella, que es tanto.

29 julio, 2007

APRENDIENDO - Borges

Travesía - Richard

«Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa acostarse. Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender... Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale y uno aprende y aprende... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo...»

22 julio, 2007

ALGO DE TI

Vieja calle - Autor desconocido

Algo de ti gobierna mis ratos de estar solo, penetra imperceptible en mi piel, la humedece y refresca. Ese algo de ti comparte el aire que respiro y acompasa el ritmo de mi pecho, que exhala una letanía de palabras por escribir, derrelictos de batallas consumadas en tu cuerpo que arrullan mi ensueño...
Algo de ti visita este silencio y lo engalana evocando roces furtivos, caricias hurtadas por entre las esquinas de esas callejas empedradas en que te hallé... Y sigue siendo algo de ti lo que envuelve mi noche y la nutre de íntima quietud cuando, despierto, te imagino; lo que conduce mi pensamiento, la sosegada cadencia con que cortejo tu sombra desde esa distancia breve del beso que calladamente te dedico.
Algo de ti es lo que escolta mi mano si te escribo y me orienta cuando a oscuras te busco y alienta mi anhelo si te pienso y derrota mis miedos, pues en ti confío... Y sigue siendo algo de ti lo que me conmueve y transporta, lo que me espolea para correr a tus brazos; algo de ti lo que me embelesa en esta duermevela... antes de abandonar mi sonrisa en tu cuello, entornados los ojos, mientras hundiéndome en tu pelo, ese algo de ti, que es tanto y tan tuyo, arranca de mis labios los susurros con que me entrego.

15 julio, 2007

TODO Y NADA - Hierro

Flores para ti - Agustín Úbeda

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!" y el eco dice "¡Nada!"
Grito "¡Nada!" y el eco dice "¡Todo!"
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro.

08 julio, 2007

UN LUGAR EN EL MUNDO

Atlas (Chema Madoz)

Hace unos días, un amiguete me preguntaba cuál sería mi sitio y época ideal para vivir. Sin casi pensarlo, le contesté que mi lugar en el mundo es este en el que estoy, y que mi tiempo es el de ahora. Porque, si bien yo no decidí por mí mismo cuándo aparecer aquí, y muchas de las condiciones de mi vida me fueron dadas, cuando no impuestas, también es verdad que he ido haciendo de mí un poco lo que he podido y, otro tanto, lo que he querido. Por todo ello, le dije, acepto de buen grado estar donde estoy, en este irrepetible momento...
Yo era un crío cuando lo del mayo francés; por eso fue bastante más tarde cuando me interesó, hasta estudiarlo. Recuerdo a Daniel Cohn-Bendit, arengando a los estudiantes con sus originales y rotundas proclamas. Me parecía tan contundente el derecho a querer un mundo nuevo, tan lleno de rebeldía e insumisión, que lo hice mío durante tiempo, canalizándolo hacia la no-violencia y hacia la objeción de conciencia al servicio militar, por entonces obligatorio.
El mundo... A los veinte, todos hemos querido cambiarlo. Ahora, cruzado el ecuador de mi existencia, lucho por tenerme en pie, no sea que precisamente el mundo me tumbe. Y me defiendo de su turbulenta marea con un arrebatado pundonor.
Por todo, acepto que mi lugar sea éste. Mis coordenadas geográficas y vitales me hacen sentirme un privilegiado, pues las probabilidades que tenía de haber sido un indigente eran extraordinariamente mayores... De modo que, agradecido quedo a esa tornadiza Providencia que me dota de una condición que en nada me hace distinto de mis hermanos más alejados en latitudes, razas, costumbres y credos; agradecido quedo, también, al poder afirmar que mi lugar en el mundo es el de cada día cuando me levanto y salgo a trabajar, a batirme el cobre por continuar creciendo junto a quienes me rodean y darles (dentro de mis limitaciones) algo de mí, de cuanto puedo y tengo... Sin perder de vista que un mundo mejor que éste es posible, y que yo formo parte del de hoy, y que, en este sentido, estoy moralmente obligado a hacer algo, por quienes, incluso estando a mi lado, no disfrutan de la enorme suerte que, después de todo, a la mayoría de nosotros nos sonríe.

 
ir arriba