11 enero, 2009

ANHELOS


El globo rojo - Klee

Pues nos llegó el invierno y con él la Navidad y el cambio de año, Miralles. Tres efemérides en un suspiro. Te diré que he entrado en 2009 en un aceptable estado de revista y con cierta indiferencia (no nueva) ante los convencionalismos que envuelven estas fechas. Tal parece que, salvo algún que otro acto involuntario, como nacer y morir, en la vida casi todo sea mero ritual, forme parte de liturgias establecidas, una pura convención. Pero reconozco que, aún así, tiene su aquél arrancar la última hoja del almanaque para ingresar en un nuevo ciclo. Porque, en el trayecto vital, todos necesitamos hitos, siquiera para tomar aire y volvernos a situar.
El caso es que, llegado enero, uno decide tomar el rábano por las hojas y se hace propósitos, consciente de los asuntos que tiene pendientes consigo mismo. Cobra fuerza la idea de desertar de alguna vieja servidumbre, de soltar lastres o de volver a ser un poco mejor de lo que se venía siendo. Parece que el cambio de año nos otorgue una renovada perspectiva. Ese nimio recorrido que jalonan las doce campanadas, marca una brecha de distancia que saltamos con la idea de afinar, de desasirnos y suprimir los condicionamientos... Y es que somos seres curiosos, Miralles. Seres empeñados en adaptarnos, a fuerza de arrebatos cervicales, a la complejidad e incertidumbre de la vida, a su hermosa pero feroz asimetría.
Sin embargo, pese a las buenas intenciones que envuelven de celofán el planeta, los noticiarios no han dejado de escupir frío, hambre y balas. El mundo que heredamos sigue ensimismado en su hostilidad. Una obtusa hostilidad que me mueve a escribir en defensa propia y a proteger el terruño en el que cultivo mis principios e ilusiones a base de alambradas. Una hostilidad amurallada ante la que sólo acierto a enfrentar esa terca esperanza que conservo en el poder de la solidaridad, de la actitud amorosa, de la palabra... Sé que nos hemos de mantener a la grupa de esa creencia, querida Miralles, batallando para que, no habiendo podido cambiarlo, al menos el mundo nos respete como queremos ser. Es ahí donde debemos permanecer alerta, como otros muchos, también ambos, tú y yo... Y, cuando digo ambos, créeme, noto un punto de emoción y siento que algo nos contiene de un modo tan intenso, tan íntimo que, por más que quiera, no sabría expresarte de otro modo que no fuera sonriendo en tu mirada...
Recuerdo que, de niño, solía perpetrar mis pequeñas gestas armado de ilusión y, ahora que lo pienso, es la más hermosa munición que jamás he tenido a mano. Luego, como tantos, decidí habitar en el mundo real, donde todo es transitorio y nada es ficticio. Y hoy este sigue siendo mi lugar; un lugar en el que, a pesar del frío, el hambre y las balas, aún marco mis hitos, aún tengo propósitos y anhelos...
Y en el que, te confieso, Miralles, sólo sueño con vivir despierto.

 
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