30 diciembre, 2007

TODO A PULMÓN

El abrazo - Genovés

Me vais a consentir, siquiera por hoy, que cierre el año con esperanza pero también con una lágrima. La última que desembalsaron mis ojos, ayer mismo, escuchando por enésima vez Todo a pulmón, la preciosa canción de Alejandro Lerner, que interpretó como nadie Miguel Ríos. Algo tan universal como la lucha por vivir nos identifica a la gran mayoría de quienes nos encontramos a diario, trabajamos hombro con hombro, nos tocamos y sonreímos, nos leemos y nos llamamos mutuamente por nuestro nombre. Esa pelea tan cotidiana nos retrata y sé que, siendo así, también termina uniéndonos sobre todas las cosas.
Por ese motivo y porque, de un modo que aún me sorprende, siento que os quiero, deseo fervientemente que entréis pletóricos de vida en el nuevo año. Y que lo hagáis con fe, a pesar de que en ocasiones se nos haga difícil mantenernos en este viaje y el esfuerzo requiera que lo entreguemos todo, todo a pulmón.
Gracias por vuestra maravillosa complicidad; os abrazo, y lo hago sin fisuras, de corazón.

23 diciembre, 2007

UN LUGAR EN EL UNIVERSO

Noche Estrellada - Van Gogh

Sé que existe un lugar en el Universo, en el que se amontonan desordenadamente las cosas bellas que no hemos sido capaces de dar. Un remoto rincón, que nadie cuida, repleto de buenos deseos que se ahuyentaron de nuestro aliento, de sonrisas furtivamente desleídas, de miradas extraviadas hacia ningún lugar y lágrimas contenidas que salaron nuestros ojos; un territorio atestado de caricias que nunca rozaron piel alguna, de abrazos que agonizaban poco antes de nacer, de balsámicas palabras que se suicidaron en nuestra garganta, despeñadas inútilmente en la oscuridad de un improductivo silencio.
Tal vez Dios efectivamente descansó aquel séptimo día, después de crear un Paraíso perfecto para un hombre y una mujer imperfectos; y supongo que desde entonces, en el lugar recóndito del que te hablo —acaso no lejos del asteroide B-612 de El Principito—, continúan acumulándose sin tregua ni concierto las sencillas historias cotidianas de amor y ternura que, abortadas por nuestra humana mezquindad, no nos hemos consentido vivir... Quizá, entonces, porque me resisto más que nunca a seguir perdiendo cuanto no sé o acierto a dar o compartir, hoy pretendo nombrarte de manera especial. Llevo un tiempo asomándome al mundo desde este alféizar y, consciente de lo mucho que te debo, he sentido la necesidad de hacerte presente, según me he levantado temprano para recuperar este texto, escrito a medias y olvidado en la oscuridad de un cajón. Después, mentalmente he configurado una lista que te incluye: la de los de casa, la de mis amigas y amigos, la de quienes dejáis vuestros entrañables comentarios y correos o anónimamente transitáis entre las líneas que milagrosamente traduce en palabras este complejo sistema de signos y guarismos que nos enlaza. He pensado en ti, y he salido de buena mañana a darme un dominical paseo con un humor estupendo, decidido a compartir contigo este sentimiento íntimo de ilusión por vivir...
Por todo esto, quiero ahora significarte y darte las gracias, porque me animas a no enviar las cosas que buenamente puedo dar, a ese retiro del universo del que al principio te hablaba: un lugar ignoto que no estará muy lejos del asteroide que un día abandonó el Principito y al que finalmente hubo de regresar, para seguir cuidando su delicada flor... Ese maravilloso Principito que todos y todas alguna vez hemos sido, y cuya feliz ingenuidad probablemente, todavía hoy, cobijamos en algún rincón soleado de nuestro corazón.

16 diciembre, 2007

LOS OJOS MÁS BELLOS - G. Ruano

Estación de Saint Nazare - Monet

«Esta vida me ha enseñado que no hay que insistir sobre la belleza de las tierras, de las criaturas ni de las cosas. Que debería uno tener el valor estético de ser siempre y en todo viajero, sólo viajero, porque al final el mejor recuerdo es el de aquello que no se tuvo nunca, y los ojos más bellos fueron los ojos que en una madrugada lívida vimos desde nuestro vagón de ferrocarril, en la ventanilla de otro tren que se cruzaba irremisiblemente con el nuestro.»

César González Ruano (Madrid, 1903-1965)

09 diciembre, 2007

YO CREO

La lectora - Benson

Tomo aire cuando escribo; reposa el puntillo de mi pluma durante un instante, en cada punto y seguido. Después continúo. Hablo para ti, Miralles, aferrándome al vano intento de reemplazar el espacio que nos separa, con un encuentro sucedáneo nacido del impulso de escribir para contarte, para responderte. Apenas sí supone esta tentativa un adarme del enorme placer que sería tenerte enfrente, a un café de distancia, sentados al tibio sol de este moribundo otoño, en cualquier velador de tu hermosa ciudad. Pero los derroteros de esos destinos tuyo y mío, los mismos que nos llevaron un día a conocernos, han querido que nuestra amistad madure en la distancia, soterrada en la penumbra acogedora y cómplice de estos silencios que, a pluma rasgada sobre el papel, sólo de cuando en cuando compartimos.
Eres para mí un vínculo con el ensueño, Miralles, una figuración que no quiero abandonar. Y porque eres esto, y tanto más, hoy quiero rendirte pleitesía. Lo hago cuando te digo que me entusiasma recibirte, que adoro tu manera de remunerar cada una de mis contemplaciones con una flor de papel, con una lágrima, con una duda. Me asaltas desde ese misterio de hembra que te envuelve, y a veces me reafirmo, al leerte, en que no únicamente nos diferencia el género: que, hombres y mujeres, pertenecemos en realidad a especies diferentes. Sí, de verdad, lo digo en serio y sin embargo... ¿Sonríes? Apuesto a que lo haces, evaluando mis boberías intelectuales con los ojos pícaramente entrecerrados. Y disfruto pensando que, quizá, así sea. Me recreo imaginándote. Igual que gozo releyendo tus últimas letras, en las que defiendes sin fisuras la importancia de creer en algo, y reprochas el escepticismo en que me enroco, y hurgas en él con frases sueltas y viejas citas que me mueven a pensar. Me siento confortado en el galanteo intelectual al que me convidas, cuando me preguntas en qué creo yo, realmente; si creo en algo, me dices. Y yo me planteo, ¿cómo contestar sin embarullarme? Lo cierto es que, en mi realidad más trotera, compruebo que me he vuelto un ser práctico y funcional y, sí, desde luego, creer es importante, pero actuar... Actuar es fundamental. Y actuar, para mí, significa aceptar, emprender, modificar, transformar... y crear. Después de todo, es más que una sutileza que los verbos creer y crear entreveren algunos de sus tiempos verbales y que incluso mutuamente se presten sus dos juegos significantes. Porque, cuando digo que «yo creo», en realidad, ¿qué estoy haciendo, sino dos declaraciones a la vez? La fe y la acción, todo uno...
Absuélveme por este retruécano, Miralles. Sucede asimismo, cuando pienso en ti, que sobre todo te extraño. Y, al pretender suplir este imposible anhelo de tomarte de la mano, de caminar junto a ti, lamento no ser tan claro como ciertamente mereces. Releo ahora mi escrito y sonrío: No lo corregiré, sin embargo, aunque finalmente me haya enredado, un poco por seguirte de corrido, sin vacilaciones, encantado de jugar contigo, un día más, mi cielo, eternamente al escondite.

02 diciembre, 2007

ÚBEDA

Lento Nacer - Agustín Úbeda

No hay nada más lejos de mi intención que convertir esta página en una especie de recurrente obituario, pero los acontecimientos, de algún modo, me vienen a encarecer el obligado recordatorio de hoy. La casualidad quiso que Modest Cuixart y Agustín Úbeda, dos de los pintores españoles actuales que más admiro, no sólo nacieran en el mismo año (1925) sino que también fallecieran con apenas un mes de diferencia. Si hace bien poco recordaba al primero, hoy traigo aquí a Úbeda, que ha muerto el pasado día 27 de noviembre, muy cerca de cumplir su 83 aniversario.
Tuve el placer de conocerle personalmente, hace ahora siete años, en la que fue su segunda exposición en la galería de Aitor Urdangarín, de Vitoria. Me pareció una persona afable y campechana, que tenía un modo de pintar, un poco al estilo onírico y casi surrealista de Chagall que, desde que fui conociendo su obra, me encantó. Lo suficiente como para centrar mis esfuerzos (económicos) en adquirir uno de sus cuadros, algo que llegó algún tiempo después. Y es que el regalo que me hice hace una década, por dejar de fumar, fue el de dedicar todo aquel dinero que ya no gastaría en tabaco, a darme el capricho de tener algo que siempre me ha cautivado: la pintura. Úbeda fue mi primer objetivo cumplido, y por esto, también, le guardo un especial cariño. A raíz de aquella compra, mantuve cierta relación con él (nos felicitábamos las navidades) y precisamente guardaba la ilusión de volverle a ver... porque en este mes de diciembre está prevista la inauguración de una nueva exposición suya en la galería de Aitor. Lamentablemente, Agustín Úbeda ya no estará en la presentación, como en otras ocasiones, tomando un vino y departiendo con sus admiradores. Permanece su obra, en un montón de paredes, de galerías y museos (más de 60) del mundo.
En su recuerdo, me complace enormemente incluir en esta página una fotografía del cuadro suyo que tengo en casa: Lento Nacer.

Post Scriptum: Hoy es 3 de diciembre y al abrir El Alféizar me he emocionado al ver, entre otros, un cálido comentario de Coral, hija de Agustín Úbeda. Como no quiero que pase inadvertido, porque en él va transcrita la hoja que se leyó en su incineración, la he sacado de su sitio para compartirla con quienes os acercáis hasta aquí.

Hoy nos miran tus cuadros, tus hombres barrocos, tus mujeres desnudas, tus pájaros solemnes y tus flechas, que señalan hacia el infinito y hacia cada uno de nosotros y nos dicen, y nos gritan, que estás dulce, que estás explorando nuevos colores, nuevas formas, nuevas vidas. Tu vacío lo llenarán tus cuadros, porque en cada pincelada estás tú, más infinito que nunca, más genio que nunca, más sabio que nunca… Allá donde estés queremos decirte que te queremos, que sólo nos queda el consuelo de tu arte… pero todavía, y de momento no nos es suficiente, te echamos YA tanto de menos… Mándanos mucha energía, que la necesitamos, VUELVE y termina tu cuadro… En estas circunstancias seguro que tendría alguna palabra ingeniosa que nos haría reír, que nos haría reconfortarnos, tenía un don especial para hacerse querer…
Tu mujer, tus hijos, tus hermanos, tu familia y amigos te queremos y te tendremos siempre con nosotros. Siempre nos quedará tu arte y tu amor…
Besos con sabor a pasteles de chocolate.
Coral.

 
ir arriba